Fármacos y médicos

La palabra tarugo tiene varias acepciones. Entre ellas, dice el diccionario de Manuel Seco y Gabino Ramos, la comisión pagada por un laboratorio farmacéutico a los médicos que receten sus productos.

En las décadas 60/70/80 el tema fue tan escandaloso que los laboratorios cambiaron de  táctica: el tarugo puro y duro fue sustituido por un sistema más sofisticado:  pagar viajes a congresos a los médicos que receten sus fármacos.

Viene esto a cuento de que me llega un runrún: los de Ciudadanos, gente liberal, ya se sabe,  piden que esté libre de impuestos  el dinero que las farmacéuticas pagan a los médicos que asistan a fiestas sociales.

Perdón: quería decir congresos y seminarios.

¿En qué estaría yo pensando?

3 pensaments a “Fármacos y médicos”

  1. Ahora no lo recuerdo muy bien si fue en La Vanguardia o en el extinto Correo Catalán. ¡Son ya tantos año conociendo a Martí, que ya me pierdo! Escribía también sobre el tema de los “tarugos” y explicaba el sagaz -y sin embargo amigo- reportero que a un laboratorio le había quedado un generoso stock de un medicamento inocuo. Para darle salida no se les ocurrió mejor idea que aprovechar un fin de semana y acudieron a determinados médicos de guardia y farmacias de los alrededores que tenían abiertas sus puertas, ya fuera el sábado o el domingo. Todo aquel que acudía a urgencias, salía con la receta del antiguo Instituto de la Seguridad Social con la prescripción del medicamento. No hace falta añadir que las farmacias ya estaban advertidas de la circunstancia e hicieron acopio de las pastillas que “volaron” en un santiamén de las estanterías del laboratorio, sobre todo en las farmacias de Sant Adriá del Besós , Badalona, Sta. Coloma y alrededores. ¿Lo recuerdas Martí? ¡Qué tiempos aquellos y quién sabe si estos! A los médicos ni Dios sabe como se les recompensó.
    Economía de libre mercado, se llama a eso.
    Gonçal Évole

  2. En los noventa,en la añorada sección Diario de un reportero, publicada en La Vanguardia, el sagaz reportero recogía una paradójica noticia. En la excelente, hasta su clausura por el equipo de la ministra Ana Mato, Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, revista bimensual de información terapéutica, la primera en España iniciada a finales de los setenta, se hacía anualmente una valoración de todos las novedades farmacéuticas del año anterior. Se clasificaban sino recuerdo mal en tres apartados: importante, escasa aportación respecto a los fármacos similares ya autorizados y nulo valor terapéutico. Los fármacos calificados como de importante mejora respecto a la farmacopea disponible eran una minoría, cada año, en algunas ocasiones alrededor del 20% de las novedades. Insisto, según la revista oficial del Ministerio de Sanidad que era también el responsable de la autorización de la comercialización de las novedades y de decidir si se financiaban por el Sistema Nacional de Salud (Posteriormente la decisión de la comercialización a pasado a la Agencia Europea del Medicamento, pero la decisión sobre su financiación pública continua siendo de cada estado).
    Una vez más en nuestro país falla la regulación y la transparencia.
    Sería una manera muy eficaz de ahorrar en los costes de determinadas fiestas sociales, sin comillas.

  3. Seguramente en los congresos médicos que se hacen a pie de pista en las estaciones de esquí o en paraísos…

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