Esta agonía feliz

crisis_240412Juan Tallón
Periodista

Mucha felicidad no es buena. Ni siquiera la felicidad, a secas, basta algunos días para ser feliz. Digamos que la felicidad requiere, según el momento, unas leves dosis de tribulación. Algunos eso lo aprendimos de Azcona, que contaba que en su familia, modestamente pobre, las grandes alegrías, y escasas, se vivían con alborozo, aunque sólo durante unos minutos, por supuesto. Enseguida aparecía su madre, vestida de negro, meneaba la cabeza con fatalismo, y decía, «ya lo pagaremos». Todos necesitamos, periódicamente, jarros de agua fría. Si tenemos claro que el bienestar también tiene que ver con experimentar ciertas molestias, porque la vida no es una fiesta, creo que estaremos en mejores condiciones de advertir que la recuperación económica ha empezado, sí.

 

No hay tanto que dejarse llevar por las experiencias personales, pues es evidente que sólo tenemos penas que contarnos unos a otros, como reparar en que hace unas semanas salimos oficialmente de la recesión. Eso sí que merece atención, y no las tristezas de unos ciudadanos que no levantan cabeza, en paro, o desesperados porque no saben cómo pagar las facturas. No puede ser que las personas, con sus afligidas historias, no nos dejen ver las cifras. Las cifras hablan, iluminan, cantan, bailan. Qué sería de las personas sin cifras. Ni siquiera sabríamos cuántas personas somos, ni qué debemos, ni a qué tocamos, ni cuántos pobres se acumulan silenciosamente, ni cuánto se ha robado. Un país son sus números, sus ochos, sus cincos, incluso sus ceros.

Si nos parece poco pasar de la recesión a crecer una décima, podemos echar un vistazo a la prima de riesgo, y acabar de convencernos de que, por fin, se ha asentado eso que podríamos llamar la «dura, cruda y coja felicidad». Suena cínico, seguramente, pero no se me ocurre otro modo de hallar comodidad en mitad de esta mortificación. A menos que tú, concretamente, vivas a cuerpo de rey y consideres que el que no es rico es porque no quiere, como sugieren Alierta y Botín. A veces, para animarme, me digo que tenía razón Henry Miller cuando defendía que trabajar incómodo era de gran utilidad para la imaginación. Ahí está William Faulkner, que según la leyenda, probablemente falsa, pero bella, escribió Mientras agonizo en condiciones agónicas, en efecto, sentado en una piedra, y apoyando los folios en una carretilla dada la vuelta. Y nada de eso fue excusa para no escribir una obra.

Un pensament a “Esta agonía feliz”

  1. Juan,

    Otra vez el “Séptimo cielo”? Mentira tras mentira? Que nos quieren hacer creer?

    Yo creo en los números, soy economista, pero también sé que se pueden “disfrazar” y hacernos pasar gato por liebre … (cuando no se es honrado). Y ahí estamos, no?

    Bel

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