España y Catalunya

Rolf Tarrach
Catedrático de física teórica. Presidente de la European University Association. Ex rector de la Universidad de Luxemburgo.

Desde hace unos años el tema de la independencia de Catalunya domina el pensamiento y debate político en la sociedad catalana y ocupa un espacio importante del debate político y social en España. Las circunstancias han querido que me sea útil expresar por escrito mi punto de vista sobre esta problemática tan importante para ambas partes. Obviamente mi visión es el producto de la educación que recibí, de las personas que he conocido y me han influido, de mis lecturas, de mi vida de científico y de mis múltiples experiencias internacionales, y por todo ello muy personal.

Quisiera añadir aquí que he tenido la suerte de vivir mi vida española entre Valencia, Madrid y Barcelona y que en las tres ciudades he hecho amistades extraordinarias que en gran parte mantengo. Quiero también dejar claro que comprendo mucho de lo que tanto unos como otros aportan como argumentos, y los acepto cuando estos están suficientemente basados en hechos y datos relevantes y con una lógica mínimamente racional, y no en interpretaciones ideológicamente sesgadas. Y finalmente, y correspondiendo a mi idiosincrasia, me interesan más las soluciones que la victoria de una de las partes, y por lo tanto derrota de la otra, que tendría como consecuencia una ciudadanía amargada y por ello la reaparición posterior del problema. Empecemos con unas sencillas preguntas.

¿Podría Catalunya ser un estado económicamente viable y próspero? No hay duda alguna.

¿Continuaría siendo España, sin Catalunya, España? Indudablemente no.

Estas dos respuestas resumen el dilema de la independencia.

Barcelona,11 de setembre de 2016. Foto Pepe Encinas

Todos tenemos ciertas creencias, yo más bien pocas pero sí algunas. Una de ellas es que el Estado de Derecho, y por lo tanto la Constitución es, en una democracia, el marco que debe ser respetado en toda discusión política. La Constitución Española no permite la independencia de Catalunya, por lo que se podría considerar el tema zanjado. Pero si una parte importante de la población de Catalunya ansía la independencia, es también una obligación democrática ofrecer el marco legal que permita una discusión equilibrada y serena sobre el tema, para poder así alcanzar una solución que de alguna forma ambas partes puedan aceptar, aunque pierdan algo, porque colectivamente ganan algo. Solo así se puede alcanzar un nuevo consenso. Si no el problema volverá, posiblemente con más virulencia, cuando una nueva crisis sacuda nuestra sociedad. No creo pues ni en una declaración de independencia fuera del marco constitucional, ni en una negación del problema justificada por el hecho de que la Constitución prohíbe la independencia. Así pues el primer paso es modificar la Constitución de forma tal que, con todas las dificultades razonables que se quiera, permita el justo debate sobre la independencia de Catalunya. No olvidemos que las constituciones no se escriben para la eternidad, y la española, que ha hecho un buen papel durante muchos años, debe ahora adaptarse a las nuevas circunstancias de nuestro país.

Entonces debemos plantearnos la siguiente pregunta.

¿Quiere una mayoría catalana clara e inequívoca la independencia? Yo soy poco partidario de referéndums pero este es un caso en el que una consulta a la sociedad se impondría. En mi libro El placer de decidir explico cómo se deberían desarrollar los referéndums, por lo que no entro en detalles en este breve texto, pero sería conveniente que antes del referéndum los ciudadanos conociesen las líneas directrices de las dos constituciones que serían el marco legal de los dos países resultantes en caso de que Catalunya fuese independiente. Sin ello no se sabe muy bien qué es realmente lo que se vota.

Ahora quiero responder a otra pregunta relacionada.

¿Perdiendo España mucho, no deberían los demás españoles tener el derecho a expresar lo que piensan sobre ello? Pues sí, desde luego, ¿pero cómo se pesan los dos referéndums, o si fuera uno solo, el voto de las dos poblaciones? Porque lo que no puede ser es que en el referéndum el voto del español no catalán tenga el mismo peso que el de los catalanes, ya que entonces de hecho los catalanes no decidirían nada. Este ya es un tema de detalle, importantísimo, pero de detalle. Como botón de muestra quiero mencionar aquí una posibilidad sencilla y con una cierta lógica democrática: pesar el voto del no catalán con el peso demográfico de Catalunya y el del catalán con el peso demográfico del resto de España. Sin embargo, el dar el mismo peso colectivo a los no catalanes y a los catalanes, que es lo que corresponde a esta propuesta, tiene un inconveniente: no sería nunca aceptado por los independentistas, ya que ningún pronóstico mínimamente realista les daría la victoria. Para acercarnos a una ponderación que les diese alguna opción de ganar, y que por ello podría ser aceptada por algunos independentistas, tendría que contar colectivamente el voto no catalán la mitad del catalán, pero reconozco el carácter ad hoc de esta variante.

Un referéndum acordado por los dos gobiernos y en el que participan todos los españoles sería un primer paso hacia una solución aceptablemente definitiva del conflicto. En caso de un resultado favorable a la independencia sería seguido de unas negociaciones entre las partes. En este caso, e igual que puede pasar con el Brexit, podría ocurrir que las condiciones acordadas al final puedan tener tales consecuencias que muchos ciudadanos quieran reconsiderar su voto. Un referéndum posterior debe confirmar la voluntad de la mayoría cualificada.

Una independencia en la que todos nos hacemos la vida imposible no es una buena independencia, pero prohibirla en base a conceptos ajenos a un verdadero sistema democrático solo es posponer el problema y dejarlo para la próxima generación. Por ello debemos todos hacer un esfuerzo para resolver el tema de forma civilizada y aceptable para ambas partes. Yo personalmente no veo esto tan difícil, ya que es una cuestión de voluntad; en una democracia con una cierta madurez es evidentemente posible.

No sé cuál sería el resultado de un procedimiento como el esbozado aquí, pero sí que quiero añadir dos reflexiones más personales. La primera es que un procedimiento así podría ser bastante largo, de hecho lo debe ser, ya que es demasiado importante para que se decida en base a fluctuaciones en el espectro de las opiniones o en la distribución de poderes, por lo que los que realmente quedarían afectados por las consecuencias son los jóvenes. De alguna forma su opinión debería tenerse más en cuenta que la de aquellos que vivirían las consecuencias en el mejor de los casos en el ocaso de sus vida.

La segunda es Europa. Yo soy un europeísta convencido, por muchas razones: he vivido en varios países europeos y me encuentro como en casa en bastantes de ellos, me cuesta entender el nacionalismo, y en cualquier caso una Europa globalmente débil es lo que dudo que le pueda interesar a ningún europeo, y desde luego a ningún español, catalanes incluidos. Bien, y ¿cómo ven los europeos la independencia de Catalunya? Pues bastante mal, y por una sencilla razón: no quieren añadir a la larga lista de problemas serios que sufrimos en Europa, y que no parecemos ser capaces de resolver, uno más que además podría abrir una caja de Pandora de consecuencias altamente inciertas y quizás desestabilizadoras. Claro que algunos pueden argüir que quizás sea esa la vía para crear una Europa distinta y más eficaz en la solución de sus problemas, aunque la lógica subyacente no es evidente.

Quiero acabar haciendo algo que va contra mis principios, porque voy a pronosticar el futuro, en este caso el de Europa (y posiblemente equivocarme). La Unión Europea actual no será capaz de imponer las medidas que permitirían resolver sus problemas. Por ello creo que la Unión se dividirá al menos en dos. La pregunta que en este caso nos concerniría es: ¿estaremos en el grupo de los países avanzados, o en el de los rezagados? No sé qué posibilidades tenemos de estar en el primero, pero casi seguro que el proceso que llevaría a la independencia de Catalunya disminuiría esta probabilidad.

Intentemos todos juntos resolver nuestros problemas de la mejor forma posible, con corrección y con el cerebro, y no con ideologías y pasiones, aunque eso sea lo que esté de moda en estos tiempos.

5 pensaments a “España y Catalunya”

  1. Un cas Scala contra l’independentisme?
    Reprodueixo pel seu interès un fragment de l’article del 15 de febrer de 2017 del periodista valencià Vicent Partal.

    “El matí del 15 de gener del 1978 una manifestació convocada per la CNT va recórrer Barcelona. Era una manifestació per oposar-se als recent signats pactes de la Moncloa, on la majoria dels sindicats de classe havien acceptat seure al costat del govern nascut de la transició. Dels sindicats amb una presència important en aquell temps la CNT era el principal que no els acceptava.
    Acabada la manifestació algú va llençar uns còctels molotov contra el restaurant i sala d’espectacles Scala, que estava situada al xamfrà entre Consell de Cent i Passeig de Sant Joan. S’hi va provocar un incendi que va destruir l’edifici causant la mort de quatre treballadors. Immediatament el govern espanyol va acusar la CNT de terrorisme, acusació que va ser secundada per la major part de la premsa i acceptada de forma acrítica per la majoria dels partits democràtics. Van ser detinguts diversos militants d’aquest sindicat i se’ls va jutjar, condemnant-los, en un judici ple d’irregularitats, a dèsset anys de presó. L’atemptat va acabar amb la progressió que aquest sindicat estava fent a Catalunya, gràcies a una campanya de criminalització com mai no s’havia vist abans. Mai no se’n va recuperar.
    Malgrat això, tot era massa estrany. Els pèrits, per exemple, van demostrar que hi havia sofre en zones del local on era impossible que els còctels molotov haguessen arribat i l’edifici va ser ensorrat de forma precipitada i anormal abans que els forenses el pogueren inspeccionar. Tres anys després i amb molt de treball pel mig es va poder demostrar que l’atemptat havia estat dirigit i preparat per un confident de la policia espanyola, treballant a les ordres de la policia, de nom Joaquín Gambin. Gambin finalment seria condemnat però a dia d’avui el cas Scala segueix sense estar resolt excepte pel que fa a l’objectiu que es buscava: volien enfonsar la CNT i la van enfonsar, fent servir la guerra bruta.
    Aquells anys de la transició van estar plens de casos rars, de moviments i situacions incomprensibles que només tenien de comprensible l’efecte desitjat: acabar amb els moviments opositors als pactes entre el franquisme i els partits democràtics moderats. L’estat va demostrar aleshores que si calia era capaç de fer qualsevol cosa per arruïnar els seus adversaris polítics, fins i tot fent servir el terrorisme, com va quedar provat i demostrat amb els GAL.
    Abans, però, gràcies al cas Scala vam aprendre que una acció en teoria molt radical i trencadora podia ser en realitat un instrument repressiu en mans de la reacció, una trampa mil•limètricament planificada. I també vam aprendre que importava molt poc que la veritat arribara finalment, perquè l’efecte ja s’havia aconseguit: la CNT va deixar de ser un gran sindicat per culpa d’una acció planificada i executada per un confident policial.
    Ara l’aprovació del pressupost de la Generalitat i és possible que també la important reacció internacional contra el judici del 9N ha generat molts nervis a Madrid. A Madrid i a aquella Barcelona que vol impedir com siga la independència. Veuen que d’opcions els en queden ja ben poques. La gent no s’espanta davant les amenaces, el govern segueix ferm en la decisió de convocar el referèndum, les possibilitats d’aturar el procés per la via judicial són cada volta menys creïbles i la idea que tenien segons la qual al final estaríem sols contra la comunitat internacional ja no se la poden creure ni ells.
    Supose que és a la vista de tot això que els darrers dies alguns polítics i mitjans espanyolistes han començat a travessar una barrera molt delicada, que és la d’afirmar que a Catalunya s’exerceix la violència contra els no independentistes, intentant així fabricar una mena de cas Scala del no res. El lamentable espectacle de la fiscal en cap de Catalunya afirmant unes coses que el simple visionat del vídeo desmenteixen és molt greu però també és, en aquest sentit, extraordinàriament significatiu.
    Però quan pensem en tot això fem-ho sabent que és el moment final, amb data de caducitat al calendari i que som nosaltres els forts, els qui hem girat el país com un mitjó en cinc anys. Ells poden intentar el que vulguen però guanyar ara ja només depèn de nosaltres, de la nostra fermesa, de la nostra calma, de la nostra seguretat, dels nostres somriures. Per això es regiren tant, per això somien amb que nosaltres ens equivoquem, que és l’únic que els queda per fer.”

  2. La part més interessant del seu article és al que fa referència a Europa. Estic amb vostè quan diu que la Unió Europea es dividirà. És lamentable, però força probable. En canvi, crec que Espanya, en cap cas, formarà part del grup dels països avançats, entre altres coses perquè no ho és un país avançat, tot i que certament, ha progressat molt en els últims decennis, sobretot, a base de practicar el que s’anomena “europeisme de caixer automàtic”.

    Dit d’una altra manera, en molts països centreeuropeus i nòrdics hi la sensació que molts Estats del sud i de l’est veuen la UE com un caixer automàtic gegant i quan algun líder polític del sud demana “més Europa”, un europeu del nord es posa la mà a la cartera, perquè ho percep “com més transferències cap al sud sense garanties de control (AVEs, aeroports fantasmes, corrupció, i moltes més coses..)”.

    Aquesta “solidaritat europea” no s’ha vist mai corresposta per Espanya, Itàlia i Grècia. S’ha demostrat, en tots aquests anys, que no n’hi ha prou amb la injecció massiva de fons de cohesió, si no hi ha canvis de mentalitat en la població i reformes de tipus econòmic i social. El mateix està passant amb alguns estats de l’est que s’estan convertint en campions de “l’europeisme de caixer automàtic”: Hongria (transferències europees del 6 % del PIB) i Polònia que rebrà 16.000 milions d’euros anuals de la UE fins el 2020. I tots dos són models de democràcia avançada!
    Espanya, després de rebre fons europeus durant 20 anys es va negar a contribuir a la solidaritat amb els països de l’est. Típic de “l’europeisme de caixer automàtic”: l’esperit solidari s’acaba quan un ha de començar a contribuir.

    Conclusió: res a veure amb si Catalunya esdevé un Estat o no.

  3. La situació a què s’ha arribat és fruit d’una doble realitat: d’una banda, la persistent força de l’independentisme a les urnes i al carrer, i la seva capacitat -no sense dificultats- de mantenir la unitat d’acció; i de l’altra, la incapacitat de l’unionisme de construir un relat convincent o oferir una alternativa, més l’immobilisme del govern espanyol a l’hora d’encarar el repte. La seva resposta ha sigut la judialització, amb l’anomalia democràtica de tenir encausats l’expresident Artur Mas i l’actual presidenta del Parlament, Carme Forcadell; el primer per haver fet possible una consulta no vinculat (9-N) i la segona per haver permès un debat en comissió sobre el procés constituent. La judicialització no contribueix a cap solució. Espanya es nega a mirar als ulls a la realitat. I això tard o d’hora té un preu.

  4. Espanya no és una dictadura. De carències n’hi ha i no són menors. Els judicis als responsables del 9-N o la suspensió del dret a deliberació que persegueix judicialment el Parlament són la conseqüència natural d’una democràcia que arrossega un forat negre buit de legitimitat.
    No és cap novetat. Des de la Transició, el règim del 78 s’ha caracteritzat per ocultar l’arbitrarietat darrere les institucions. Però Espanya no és una dictadura. Al costat de totes les carències, hi ha hagut un desenvolupament innegable de la democràcia, tant mentalment com políticament, tant pel que fa a l’estructura econòmica de la població com a la legitimitat i el funcionament de les institucions.
    De fet, l’apel•lació constant a la llei per part del govern i els partits que remenen el poder a Madrid en connivència amb les forces de control social de Barcelona és la prova que aquesta és una batalla que guanyarà qui vagi més lluny en la defensa dels valors de fons que constitueixen les democràcies, perquè la llei és l’única repressió que les democràcies poden exercir sense desintegrar-se. No hi ha alternativa.
    La repressió no es pot exercir com en una dictadura. Per tant, si posin com si posin, el referèndum és l’única alternativa democràtica. Espanya no pot jugar-s’hi la democràcia que tant li ha costat assolir!

  5. Se afirma que “prohibir la independencia en base a conceptos ajenos a un verdadero sistema democrático sólo es posponer el problema”. Ahora bien, prácticamente ningún estado admite la posibilidad de independencia de partes de su territorio. Véase reciente sentencia alemana sobre un posible referéndum sobre la independencia en Baviera. Igual en Italia y EE.UU. ¿No son democráticos dichos países? . Publicitariamente ha sido un éxito la consigna del “derecho a decidir” pero sólo es una frase vacía, ya que es un derecho inexistente. Es una versión 2.0 del derecho de autodeterminación pensado para situaciones coloniales y por lo tanto no aplicable a Cataluña. Coincido en el hecho que es impensable que Europa reconozca una Cataluña independendiente por los problemas añadidos que comportaría.

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