¿Es Narcís Serra un ladrón?

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Narcís Serra i Serra. Foto: Antena 3

Antología de sandeces políticas (30) 
Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

La prensa informó hace tres semanas que el exministro socialista Narcís Serra se había quejado ante el juez Josep Maria Pijoan de que en la calle le habían llamado “ladrón” y que las protestas delante de su casa le habían causado “perjuicios familiares.” Todo ello era consecuencia de la imputación por su gestión como presidente de Catalunya Caixa. A él y a 52 exmiembros del consejo de administración se les acusaba de haber aprobado aumentos salariales para el director general y su adjunto cuando la entidad era “insolvente” y había recibido 1.200 millones de euros de fondos públicos.
En su declaración judicial, el que fuera vicepresidente del Gobierno se defendió diciendo que la decisión de subir los sueldos fue “legal, leal y conveniente”. ¿Legal? O sea,que los responsables de la caja se atuvieron a la ley vigente. Incluso Serra llegó a decir a modo de enigmático desafío: “Que quede claro quién ha actuado cumpliendo la ley y quién no.” Toma ya.

Más: “Nosotros nos asesoramos. Era la forma normal de retribuir en el sector.” Sigamos. Además de legal, habló de leal. ¿A cuento de qué? ¿Lealtad a quién? Como no sea lealtad a su director general Adolf Todó… De hecho, el delito imputado alude a administración desleal.

Pero lo más curioso es lo de conveniente. ¿A quién convenía cobrar más a costa de lo que fuera? Está claro, si bien Serra lo explicó poniendo el único énfasis en que si los altos ejecutivos recibían una retribución mayor se les incentivaba para no marcharse a la competencia. ¿Cabe mayor despropósito que hablar de conveniencia cuando hay clientes que han perdido gran parte de su dinero y la entidad bancaria ha tenido que ser rescatada con fondos públicos ?

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Felipe González y Narcís Serra en la época en la que fue ministro de defensa. Foto: Manuel Escalera

–Por un buen puñado de euros—

Cuando en 2005 Serra fue nombrado presidente de Caixa Catalunya no se le asignó un salario como tal, sino que cobraba en concepto de dietas, que debían de ser muy cuantiosas a juzgar por la expresión “elevados emolumentos” que ha utilizado el fiscal. A partir de 2007, ya percibió una remuneración como presidente no ejecutivo. Y en 2010, cuando se avecinaba la fusión de su caja con las de Manresa y Tarragona (que dieron pie a Catalunya Caixa), el legal, leal y conveniente Narcís se aumentó el sueldo (¿para evitar la tentación de fichar por la competencia?). Entre 2007 y 2010, cobró más de un millón de euros, a buen seguro bastante menos que su antiguo socio y buen amigo Miquel Roca, quien, por cierto, convierte en oro todo lo que toca con su bufete de alto copete (con clientes como la hija del Rey). La alusión a Roca no es gratuita. Es conocida la anécdota de que el padre de la Constitución quiso afiliarse al socialismo catalán antes de entrar en el partido de Jordi Pujol. No pudo ser. Los socialistas le dijeron que con el ingreso de Serra ya se había cubierto el cupo de centristas socialdemócratas, que hasta ahí podía llegar la broma. Y Roca acabó en Convergència para triunfar por todo lo alto hasta que en 1986 se estrelló en la operación política que llevó su nombre, sin duda la más ruinosa que ha habido y habrá. Serra, en cambio, fue el primer alcalde de Barcelona en la etapa democrática (1979-1982), ministro de Defensa (1982-1991) y vicepresidente del Gobierno de Felipe González (1991-1995). Al margen del vergonzoso espionaje del Cesid, que le costó la dimisión por ser el valedor de Emilio Alonso Manglano, que era el jefe de los servicios secretos, Serra consiguió, al frente de Defensa, neutralizar el golpismo de los militares y que estos aceptaran que el único mando lo asumiera el poder civil, es decir, el presidente del Gobierno. Reseñable fue también el gran impulso que dio como alcalde de Barcelona a la victoriosa candidatura de los JJOO del 92, que luego secundó su sucesor Pasqual Maragall.

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Manifiestaciones contra la gestión de Narcís Serra en Catalunya Caixa. Foto: El Confidencial

–Ejecutivos de guante blanco—

En fin, volvamos a la pregunta del título de este artículo –¿es Serra un ladrón?—a ver si obtenemos una respuesta más o menos clara. Si echamos una ojeada al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), podemos leer que ladrón es “el que hurta o roba.” Continuemos desentrañando el significado de las palabras. Hurtar es “tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño sin intimidación en las personas o fuerza en las cosas.” ¿Y robar? Robar es “quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno.” Una segunda acepción no matiza tanto: “Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea.”

Parece evidente que el término robar, que implica más o menos algún tipo de violencia, no se ajusta mucho a los consejeros de administración de un banco, todos ellos bien trajeados y sin pinta de cacos con antifaz (en todo caso se trataría de ladrones de guante blanco, ¿no?). Más adecuado al caso que nos ocupa parece el verbo hurtar, ya que si se considera que los pingües sueldos de los ejecutivos en cuestión han salido del dinero público que aportamos entre todos a base de impuestos, se habrían tomado o retenido “bienes ajenos contra la voluntad de su dueño.” El dueño no era ya Catalunya Caixa (en bancarrota, y nunca mejor dicho), sino el colectivo de paganos, que en este caso, además, habrían sido doblemente desposeídos de sus bienes si tuvieron participaciones preferentes. En suma, si a Serra le hubieran llamado granuja, bribón o bellaco, que figuran como sinónimos de ladrón en lenguaje coloquial, quizá no se habría molestado tanto. O sí.

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Arcadi Calzada

Arcadi Calzada, el banquero de las “prácticas irrelevantes”

Otro político metido a banquero como Serra, aunque de segunda división, ha sido noticia por su gestión como presidente de Caixa Girona. Hablamos de Arcadi Calzada, quien de 1980 a 1995 desempeñó diferentes cargos nada desdeñables: presidente de la Diputación de Girona (1980-1983), alcalde de Olot (1993-1994) y diputado autonómico, siempre en las filas pujolistas de CDC. ¿Qué ha hecho este caballero en su etapa de mandamás de Caixa Girona (1996-2009) para que haya sido objeto de investigación por parte de la comisión del Parlament de Catalunya que analiza las responsabilidades por la desaparición de las cajas de ahorros catalanas? Según el propio Calzada, lo suyo han sido ciertas “prácticas irrelevantes.” Veamos las irrelevancias. Al margen de la concesión de créditos muy ventajosos a sus propios consejeros y de la emisión de facturas falsas, tomen note de otras dos prácticas irrelevantes: 1) la venta de cuadros de una galería de arte del propio Calzada para regalar en Navidades a los consejeros de su caixa, por un importe de 130.000 euritos; y 2) la contratación por parte de la Fundació de Caixa Girona (también presidida por él) de una empresa de asesoría, copropiedad de una hija suya, a la que pagó por sus servicios 500.000 euros.

¿Qué es lo que entenderá Calzada por verdaderamente relevante? Quizá esté dicho todo si se tiene en cuenta la respuesta dada al diputado David Fernández cuando este le preguntó si el presidente de una caja no habría de conocer que la ley no permite según qué actuaciones incompatibles: “Siempre consideré que no me afectaba en este tema.”

El cinismo es un gran invento.

 

2 pensaments a “¿Es Narcís Serra un ladrón?”

  1. Mi problema con Narcís Serra no es otro que la gran decepción que he tenido al conocer que él, al que consideraba diferente por haber sido dirigente del socialismo catalán, ha acabado cayendo en los ‘malos usos’ que pensaba yo (ingenuamente, eso sí) que eran patrimonio de los políticos de derechas.

  2. Narcís és algo más

    No soy amigo de Narcís Serra, aunque hayamos coincidido en muchas ocasiones desde los tiempos de la facultad de Ciencias Económicas (éramos de la misma promoción, la zita, si no me falla la memoria). Cuando coincidimos nos saludamos, y, si el entorno no le reclama y él considera su deber seguir donde está (en un funeral, por ejemplo), intercambiamos unas cuantas frases sobre un tema neutro (que acostumbra a ser musical). No hemos compartido ideas, aunque sí amigos, algunos de ellos ciertamente íntimos. Y ahora ya, unos están enterrados y otros perdidos; hace años que no se de Narcís ni del resto.

    Pero esto me ha permitido conocer de él (que es un personaje conspicuo) mucho más de lo que él puede saber de mí (que es prácticamente nada). Y digo esto porque quiero dejar claro que no pretendo defender ni a un correligionario ni a un amigo.

    Narcís es una persona que desde antes de dedicarse plenamente a la política (o sea, en tiempos de la dictadura) realizó diversos trabajos que no tenían nada que ver con la banca, por los que cobró unos sueldos discretos, más o menos como los demás profesionales jóvenes de la época. En cuanto llegó la democracia ocupó puestos de muy alto nivel: alcalde de Barcelona, ministro… en todo este tiempo no tuvo más ingresos que los correspondientes a sus cargos, sin simultanear nada, ni sobres ni sobresueldos. Ni montar ni participar en negocios o comisiones de conseguidor de ninguna especie. Su mansión era un sencillo apartamento fuera de Barcelona, en unas viviendas que promovió un amigo suyo. Al margen de la política, sus amigos eran los del barrio. Su yate era una pequeña barca de pesca, sin camarotes ni cubierta, con un motorcito de los que hacen puf-puf. Cuando en alguna ocasión quería hacer algún exceso (como ir con su mujer a algún concierto especialmente bueno que se celebrara en el extranjero) tenía que pedir ayuda a un amigo pudiente para llegar a fin de mes.

    Serra

    Serra, en su barco, en Deià, en agosto de 1995

    Su trabajo como alcalde de Barcelona fue extraordinario, viniendo de donde se venía. Comenzando por lograr averiguar cuánta gente ‘trabajaba’ en el Ayuntamiento hasta dejar embocados los juegos olímpicos. Su trabajo en Madrid fue extraordinario. Meter en cintura y acabar ‘para siempre’ con el ejército franquista y golpista que encontró es una tarea que nunca será suficientemente alabada. Y no basta con anotarlo de pasada. Basta mirar cómo está el país por no haber hecho lo mismo con la judicatura, por ejemplo. Tuvo la gallardía de dimitir por las pifias de un subordinado. A la vista de la realidad actual se precisaría un tratado de mil páginas para explicar a las nuevas generaciones lo que eso significa.

    De vuelta de Madrid desarrolló diversas funciones más o menos secundarias, hasta que cometió el error de su vida. Caixa Catalunya se había enradado en un berenjenal por culpa de su anterior presidente, Serra Ramoneda, que, buen profesor y organizador universitario, se metió de rebote a banquero, creyendo que ese es un oficio como el de seleccionador nacional de fútbol, para el que todos hemos nacido enseñados (se lo que me digo: yo también, en una ocasión, me metí a banquero). No es tan sencillo.

    Y Serra Ramoneda la pifió con una idea genial que acabó siendo catastrófica: meterse en el terreno de los seguros (que, como el de la banca, es un campo sólo para profesionales, y muy buenos). Caixa Catalunya perdió ahí la intemerata. Se habló de decenas de miles de millones de pesetas. Lógicamente, le tocó marcharse.

    Para intentar resolver la situación se llamó a Narcís, que era un ‘ex’ con todas las relaciones del mundo (eso de sus relaciones es algo que merecería una capítulo a parte). Error pedírselo. Error aceptar. Si un banquero debe ser siempre un profesional, un banquero para arreglar una gran chapuza debe ser un banquero superprofesional, y Narcís ni lo era, ni lo es ni lo será.

    Su solución fue sacar el dinero de lo que parecía ser manantial inagotable: la especulación inmobiliaria. En un principio todo parecía bajo control. Al final pasó lo que los verdaderos banqueros sabían que acabaría pasando.

    (Por cierto, que sus herederos, para salir de este segundo embrollo, se metieron en lo de las preferentes. Es una vieja ley: No la pifies a la primera, que después, cuando quiera arreglarlo, irás de mal en peor)

    Durante esos tiempos, Narcís cobró unos sueldos que hoy se dice que son desorbitados. Si algún día aparece un periodista de investigación (si es que no se ha extinguido la especie) espero que en lugar de acumular adjetivos, adverbios, metáforas y sarcasmos de alta carga emocional, nos presente un cuadro con los ingresos de todos los responsables bancarios de esa época. Por lo poco que se, me temo que los 250.000 € anuales que ingresaba (más o menos) ocuparían un modesto lugar en el ranking. De paso esa rara avis periodística podría anotar en el margen los negocios en los que estaba metido cada banquero para redondear el sueldo. Ahí también que creo que Narcís estaría en la cola.

    ¿Qué hay políticos que, con esas, están dispuestos a ganarse una ovación de los votantes? ¿Y jueces y fiscales que están dispuestos a hacerse un nombre? ¿Y periodistas que pueden aumentar su audiencia? ¿Y ciudadanos cabreados que, enardecidos por todos los anteriores, vomitarán mierda a tutiplén? No tengo nada que decir. Cada quien nos ganamos la vida como podemos y nos damos marcha como queremos.

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