Empapelar

Por José Martí Gómez

La palabra empapelar tiene varias acepciones. Una de ellas es la de poner tu destino en manos de la Justicia. Esa acepción es la que tenía presente Macià Alavedra desde que se la escuchó repetir muchas veces a Ramón Trías Fargas.

Según Alavedra, Trías Fargas, ex conseller de Economía con Jordi Pujol, liberal, culto, bibliófilo, hombre del Banco Urquijo en Cataluña, lo tenía claro: “Parece que no hace nada pero un día el Estado se despierta y te empapela”. Hace un año, cuando todavía no se sabía la fecha del juicio que ahora le ha sentado en el banquillo, Alavedra me repitió esa frase: “El Estado empapela”.

Según Salvador Paniker, Alavedra tiene cabeza de procónsul romano. Yo añado que tiene un sentido de la ironía muy acusado. Durante muchos años fue “la sonrisa del régimen” de Jordi Pujol y confieso que siempre me he sentido fascinado por el cinismo elegante, la cultura y el humor de este hombre. Verlo en el banquillo me ha causado pesar, lo cual no quiere decir que justifique los delitos que le han empapelado.

Me dolería que en el curso del juicio se revelara que el lenguaje de Alavedra es en la intimidad tan zafio, tan machista, tan impresentable como el de dos de sus socios en negocios fraudulentos.

Se habla mucho del machismo de esta sociedad, de la necesidad de erradicarlo, y  te cae el alma a los pies (Alavedra no cree en la existencia del alma) cuando lees la transcripción de las conversaciones grabadas a dos de los capitostes del sucio tinglado: hija de puta, puta interventora, imbécil asquerosa… refiriéndose a la mujer que puso en duda tejemanejes  que los delincuentes  con cargo político iban pergeñando.

-¿Todavía eres cristiano? -me preguntó Alavedra la última vez que nos vimos.

-Sí – respondí.

-¡Qué  raro eres! -dijo.

Más raro él, que por afán de amasar una fortuna se metió en negocios que han destruido su biografía pese a la advertencia de Trías Fargas de que a la postre el Estado empapela.

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