Elogio del retrato

Àngel Alonso

Baltasar Garzón. Foto de Pedro Madueño

2/4/2012 (19:30) Pedro Madueño. Retratos periodísticos, 1977-2012 en el Caixa Fòrum de la montaña de Montjuïc.

Hasta aquí, y aparentemente, una más de la infinidad de muestras artísticas que animan la ciudad.
Pero no es una más; en la confortable mediocridad a que nos han acostumbrado, apetece archivar una obra de arte en la carpeta del no borrar de la memoria.
El retrato, en cualquiera de sus formatos, acostumbra a fijar al personaje en algunas de las más de diez mil expresiones faciales que puede generar el ser humano; un proceso de selección que convierte al retratista en un inevitable manipulador como destacan los estudiosos al comparar los retratos reales de Goya y de Velázquez.
Janis Tomlinson, una historiadora del arte opina al respecto que: “…lo que en Velázquez era epopeya ha pasado a ser novela en Goya… Velázquez nos dice de dónde han venido los reales progenitores, dónde están y a dónde van. La familia de Carlos IV (Goya) no viene de ninguna parte y no tiene ningún sitio a donde ir”.
27 años “1977-2012” separan las fotografías del medio centenar de desnudas intimidades retratadas por Pedro con una tierna y delicada frialdad; una muy cuidada selección que el artista nos invita a contemplar y, en mi caso, a observar entre turbado y fascinado.
Nazario desnudo en Chaise longue con abanico, mantones de Manila y sonrisa sensual y resabiada” le señalé a Nazario al contemplar juntos el retrato que lo convertía en el goyesco majo desnudo de la exposición. Nada que ver con el prístino desnudo de un Ferran Adrià ofreciéndose a la posteridad sin salsas, ni aderezos, ni bombos, ni platillos.
Pedro Madueño, Retratos periodísticos 1972, 2012 son medio centenar de grandes personajes sorprendidos en el interior de su espejos más privados: El ojo omnipresente de Martí Pol; las trabajadas arrugas de Marsé; el Hitchcockiano y claro oscuro perfil del rey Juan Carlos; el sutil escorzo y fuga de Felipe González, el…, la… un parnaso de reconocibles personalidades con las luces, sombras y texturas de sus vidas y adjetivadas por la mirada humilde y ambiciosa del fotógrafo en el delicado equilibrio que define la obra de arte.
Pero no el equilibrio de baja intensidad, ni el del papel en blanco; hablo de la difícil armonía entre fuerzas que se opones: de la vitalidad de un rostro marchitado, del humo del cigarro de Terenci Moix afirmando el triunfo de la voluntad y en cada rostro, un inventario y extracto de fuerzas, contrastes y tensiones en su más delicada y frágil armonía.

Un pensament a “Elogio del retrato”

  1. Excelente noticia. Quería ir un día de estos a ver la exposición de Goya; ahora tengo un doble motivo para aprovechar el viaje. Y acabo de descubrir que hay otra dedicada a Delacroix. ¿Se puede pedir más?

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