Elecciones vascas: beneficios, ganancias, descalabros y éxitos

eMail del País Vasco

Por Ander Gurrutxaga Abad

Hemos pasado la campaña electoral en el País Vasco sabiendo que los resultados estaban cantados. Las tendencias de fondo determinaban el triunfo popular, el desplome del voto socialista y la buena salud del voto nacionalista. El partido más votado ha sido el PNV. A sus 323.517 votos no ha llegado nadie. Gana 17.000 votos respecto a las generales de marzo del 2008. El partido-coalición que más se acerca es Amaiur; la coalición de la antigua Batasuna, unida ahora con Aralar, EA, Alternatiba y algunos ciudadanos autocalificados como independientes. La suma de votos obtenidos es significativa; 284.528. En las elecciones de marzo del 2008 no se presentaron, aunque dos de los partidos que la integran sí lo hicieron; Aralar y EA que obtuvieron 29.989 y 50.371 votos. El PSE obtiene 254.105 votos, lejos de los 430.690 que le hicieron triunfar en 2008. La pérdida de más de un 40% de sus votantes confirma la debacle socialista vasca. Nunca partido alguno había perdido tanto de unas elecciones a otras. El oxigenado Partido Popular saca 210.000 votos, casi los mismos que obtuvo en el 2008; 209.244.

DEBACLE SOCIALISTA
Las conclusiones iniciales son obvias; el único dato, en comparación, con los del resto de España, que se repite en el País Vasco es la debacle socialista. Aquí parece aún más significativa por que el gobierno autonómico que nació –recordemos- como un experimento, está liderado por el partido del descalabro. La situación habida en las generales reproduce la tendencia expresada en las recientemente celebradas elecciones municipales y forales. El emergente Partido Popular simplemente mantiene los muebles, no pierde pero tampoco gana. Ciertamente, el éxito electoral de Rajoy no está en el País Vasco. Los vencedores son los partidos nacionalistas; Amair con seis escaños-además de los votos le han favorecido los restos, está visto que cuando juegas y estás en racha es difícil que ésta se quiebre- y el PNV con cinco- con más votos pierde un escaño- diseñan la cara triunfadora de los comicios. La aportación vasca al “éxito popular” es el incremento del voto nacionalista- en especial, la aparición del nuevo invitado, Amaiur- la caída libre del voto socialista y el mantenimiento del votante popular. Más de la mitad de los ciudadanos vascos que se acercaron a las urnas lo hicieron para votar nacionalismo en sus dos versiones.

¿AHORA, QUÉ?
Estoy convencido que los estrategas de la derecha popular española estarán felices con el resultado, pero éstos y sus beneficios no se mueven con similar velocidad. Ahora, por ejemplo, no podrán negar la respuesta a la pregunta sobre qué hacer con votos y escaños, cómo enfrentar los dilemas de España y los problemas ciudadanos. La indeterminación, la ambigüedad y la simulación de la que han hecho gala en los últimos años, por cierto con maestría e inteligencia práctica, se volverá contra ellos sino expresan con obras y palabras “de qué va” lo que quieren y deben hacer. Se acaba la prórroga que ha consumido el tiempo de espera. A partir de hoy la pregunta es: ¿Ahora qué? Esa es la cuestión que queda tras la noche de “vino y rosas” para unos, de decepción para otros y de preocupación para todos. Gestionar la incertidumbre y sacar brillo a los problemas-muchos, además, quizá no tengan clara solución-es la misión que enfrenta el triunfo popular. Debe hacerlo con los instrumentos menos queridos para la política; restricciones presupuestarias, revisiones a la baja de servicios públicos, dudas y temores. El PP cuenta con poder político para enseñar músculo. Lo ha acumulado en los últimos años; poder municipal, autonómico y, ahora, el gobierno del Estado central. Lo tiene todo para modificar el país, cambiar leyes y hacer realidad aquello de lo que presume; poner letra, música y melodía a la partitura que quiere interpretar. La ciudadanía española le ha dado la dirección de la orquesta. Esta es su misión en los próximos años.

HOMÉRICA CAÍDA.
El PSOE termina la etapa Zapatero sin detener la homérica caida. Ésta se estudiará en los textos de ciencia política. El descalabro tiene nombre, pero lo tiene por sus dimensiones y profundidad. El éxito popular, si se miran los resultados globales no es tan grande-no llega a 500.000 votantes más que en las elecciones del 2008-, pero el vigor y la fuerza de la victoria se la da el descalabro socialista. Si alguien pierde 4.000.000 de votos en cuatro años o cambia de profesión, se dedica a otros menesteres en la vida o se va a su casa. Le esperan al socialismo español tiempos difíciles porque no tiene donde cobijarse. Sus otrora santuarios autonómicos dejaron de serlo- probablemente el último que le queda, Andalucía, lo perderá en las próximas elecciones autonómicas-. Los municipios balsámicos ya no existen y su poder en el Estado es testimonial. Le queda esperar, reflexionar y pensar por qué no fue capaz de darse cuenta de lo que ocurría, por qué no supo comprender los nuevos tiempos y por qué derrochó la confianza que los ciudadanos le habían dado. Tiempo de cambios internos y buen momento para que su olfato y sensibilidad por el futuro pueda florecer. Queda la duda de qué es lo que han aprendido de la debacle, cómo la interpretarán y, sobre todo, qué sabrán hacer.

En el País Vasco, los resultados permiten detectar y, en algunos casos, revisar algunos problemas domésticos. Permite, por ejemplo, certificar, que el nuevo estatus de ETA suscita cambios sustanciales en agentes y discursos, demostrando no sólo que sin ETA las cosas son mejores, sino que además lo son de otra manera.

En el PNV se dibujan algunas cuestiones detrás de los resultados. Los cinco escaños y sus casi 323.517 votos no son una mala cosecha. Es bueno recordar que nunca las elecciones generales han sido el mejor momento político para este partido y donde han coleccionado los mejores resultados, pero así y todo ha cumplido dos objetivos básicos; tener grupo parlamentario y ser la fuerza más votada en la CAV.

GIPUZKOA ES AMAIUR
Hay algunos interrogantes que le afectan a tener en cuente. El primero es que la disputa dentro del mundo nacionalista con Amaiur le coloca en una posición compleja. El campo de juego que define el final de ETA y la emergencia, previsible por otra parte, de la izquierda abertzale ampliada con partidos como Aralar, EA y Alternatiba, altera algo sus previsiones y afecta, aunque menos de lo que a veces se dice, a sus caladeros electorales. Gipúzkoa es el ejemplo más claro de la mutación. Al PNV le cuesta asumir y, quizá comprender, por qué una parte de las clases medias nacionalistas, sobre todo en Gipuzkoa, -su pesquería social habitual- no le votan en la proporción esperada y desplazan el voto hacia Amaiur ¿Por qué municipios con rentas per capita por encima de la media de la CAV y con porcentajes de paro por debajo y donde mayor representación tienen el movimiento cooperativo vasco votan mayoritariamente Amaiur? o porqué sólo en seis municipios guipuzcoanos-Fuenterrabia, Irún, Eibar, Lasarte, Zumárraga y Donostia-San Sebastián-triunfa otro partido distinto a Amaiur.

Los resultados dejan ver también otra tendencia peligrosa para un partido con las características del PNV; la territorialización del voto y la consiguiente provincialización de sus apoyos; el voto del PNV se refugia cada vez más en Bizkaia, y cada vez es menos guipuzcoano y alavés.

UNA PARADOJA DIFÍCIL.
El tercer hecho es que acertar con el discurso; frente al Estado central y frente al nacionalismo de la izquierda abertzale, es –todavía- una asignatura donde le cuesta progresar. La disputa ideológica con el nacionalismo de Amaiur no es tampoco el terreno donde más a gusto se siente. De hecho, no ha sido -al menos todavía- capaz de crear una narrativa identitaria frente a la propuesta por la coalición abertzale. Estos elementos le provocan cierta debilidad y le causan bastantes molestias porque, al menos todavía, no termina de calar en sus filas que son la acción política pragmática y los contenidos del proyecto de sociedad son los que le separan de la opción abertzale radical, pero tampoco son los que le acercan a las posiciones populares o socialistas. Ni la estrategia seguida en los últimos años ni su tradición se lo ponen fácil para recorrer este camino.

La conclusión es que el PNV vive una paradoja difícil de tratar. Depende para crecer electoralmente cada vez más del voto de ciudadanos “independientes”, y no marcadamente nacionalistas. Es decir, para seguir siendo nacionalista necesita convencer a ciudadanos que viven en ámbitos sociales, originariamente no nacionalistas, que le voten. Las elecciones demuestran que el PNV tienen un electorado fiel-aproximadamente 250.000 votantes- pero también que más del 60% de sus electores tienen más de 50 años y que crecer por encima de sus caladeros fieles tiene que hacerse en base a votantes que no son nacionalistas. Da la impresión que la estrategia de futuro no puede consistir en mantener lo que se tiene, sino ampliar límites y fronteras desde una opción pragmática, socialmente definida y menos identificada con el radicalismo identitario.

LA HORA DE TENER AMIGOS.
Amaiur, como decía uno de sus candidatos, vive de sentimientos. Es verdad que, al menos hasta ahora, su emergencia electoral no ha necesitado más que movilizar sentimientos y arbitrar promesas basadas en vagos principios. Le ha ido bien, muy bien. De hecho regresa al Parlamento español con seis escaños en la CAV, uno en Nafarroa, y como segunda fuerza política más votada, por la puerta grande y con un considerable apoyo ciudadano. No sé hasta cuando pueda durarle la explotación de este programa mínimo, pero en este momento no se ve su fin, aunque quizá sí los límites electorales y sus limitaciones programáticas. Ante las elecciones generales los votantes le han exigido que luzca músculo y traduzca el sentimiento en poder para ser reconocido, reconocible y ¿quizá temido? El resultado es que salen del ciclo electoral fuertes, sin desgaste y con todas sus expectativas vivas y abiertas. No sé si el contacto con el virus democrático, el trabajo en las instituciones y la rutinización de la propuesta política les hará sumar paradojas imposibles de desmontar. Pero da la impresión que cuentan con un electorado amplio, que les exige, al menos, hasta el momento poco, -quizá por que se han acostumbrado a que cuando no estaban otros les hacían el trabajo para que ellos mantuviesen su estatus quo y su nivel de vida-. La gobernabilidad de la decenas de municipios que controlan y el trabajo en la gestión de la Diputación Foral de Gipúzkoa puede pasarle factura, pero de momento las elecciones autonómicas son su mirada al sol y, probablemente, el próximo punto de llegada.
El PSE en Euskadi pierde algo menos de la mitad de su patrimonio electoral y más de la mitad de sus escaños. La doble influencia sobre la que giró su discurso; el poder autonómico y la caída libre en el Estado de su partido hermano, le dejaba-de entrada-“sin aire”. Optaron por la solución de “salvar los muebles”. No aspiraban a lo que no podía conseguir y sí a perder lo mínimo posible. Pero, el resultado es peor del esperado. La duda, como siempre en estos casos, es cómo administrar la pérdida de capital electoral y, sobre todo, cómo va a afectar a su papel en el gobierno vasco, con su capital político en retroceso, muchos de sus votantes desaparecidos o descontentos y administrando el patrimonio político a precio de bonos basura, ¿podrán soportar vivir sin el apoyo de su partido hermano en Madrid, apoyados en el PP que ya no los necesita y con los dos partidos nacionalistas recordándole todos los días el origen de su gobierno y su extrema debilidad hacia adentro y hacia fuera? ¿Podrán el lehendakari y su gobierno tener ideas, impulso y energía suficiente para encabezar y liderar el cierre de ETA y las crisis que nos atenazan como comunidad? Un gobierno débil y debilitado por los resultados electorales, con el partido que le sostiene sumando descalabros electorales hacia adentro y hacia fuera, ¿tiene la fortaleza y confianza suficiente para encarar lo que queda de legislatura política?
Los resultados de las elecciones vascas, por primera vez sin ETA, demuestran que en Euskadi el triunfo nacionalista es el dato que mejor define los resultados. El descalabro socialista no ha podido ser detenido por el gobierno autónomo y el PP se queda como está; ni sube ni baja y poco contribuye a la marea popular de otros lugares de España.
En la pugna por el voto nacionalista, parece que tanto Amair como PNV han encontrado fuerza en sus caladeros habituales y su hipotético crecimiento electoral tendrá que venir de votantes ajenos, inicialmente, a esas tradiciones. Detrás del escenario de las elecciones quedan los problemas domésticos y las posiciones de partidos-nacionalistas o no nacionalistas- que saben que su lugar bajo el sol está amenazado en uno y otro espacio. Pero también han aprendido que tienen capital para administrar y que sólo la política de pactos ayuda a sobrellevar las paradojas de la gobernabilidad porque ninguno disfruta, o tiene capacidad para atraer hacia sí, de mayorías absolutas. Euskadi, después de las elecciones generales, debe reinventarse en términos políticos, y debe hacerlo desde el pacto y la alianza entre diferentes. Nunca como ahora pactar, aliarse, tener amigos y socios es una necesidad y una obligación, si se quiere ser alguien o aspirar a algo.