El zafarrancho madrileño

Al paso que va el zafarrancho de la corrupción del Partido Popular en Madrid se hará realidad el viejo chiste:

-No hablaré sin la presencia de mi abogado -dice el acusado.

-Su abogado también ha sido detenido esta mañana -replica el policía.

Más allá del chiste, conviene recordar en tiempo de pérdida de memoria  cómo esa gentuza del PP llegó al poder en la Comunidad de Madrid.

Fue el 2003. José Luis Balbás, hombre de aspecto desastrado, viscoso, grasiento, pobre diablo en su apariencia externa pero que controla una fortuna  y tiene en su órbita a profesionales valiosos, da el golpe de mano en el mercadeo de votos del socialismo madrileño, un gallinero en los  tiempos de la República y gallinero el 2003: rudos fajadores guerristas, Barranco y Acosta, frente a finos estilistas como Almunia y Leguina con la izquierda socialista de Morán y Santasmases recibiendo bofetadas de unos y otros justo por estar en medio.

En ese contexto de guerras internas, dos diputados socialistas en la órbita de Balbás,  un hombre, Tamayo, y una mujer Sáez, rompen la disciplina de voto socialista y como tránsfugas que se venden no se supo a cambio de qué, pero a cambio de algo sería, dan la victoria al PP liderado por Esperanza Aguirre, que había perdido las elecciones.

Así empezó todo. Dos trásfugas miserables en una operación en la que se mezcló negocio y política de forma confusa dieron paso a gobiernos presididos por Esperanza Aguirre primero y González después, años en los que la política estuvo al servicio del negocio y la corrupción.

En esos años, insistiendo en lo que escribí en una columna anterior, Mariano Rajoy “estaba por ahí”.

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