El último cante del gallo Margallo

“Gobernantes, políticos, banqueros, empresarios, militares, eclesiásticos, intelectuales y personajes influyentes de nuestro país caen a menudo en excesos dialécticos que podrían definirse como sandeces. Esta sección pretende dejar constancia de algunas de ellas difundidas tanto en el presente como en el reciente pasado.”
 

Antología de sandeces políticas (4)

 
José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación

Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

La más reciente extravagancia verbal protagonizada por el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo y Marfil, ha apuntado al presidente de la Generalitat de Cataluña con estas palabras: “Si Artur Mas convoca un referéndum de autodeterminación dará un golpe de Estado en términos jurídicos.” Menos mal que ha precisado lo de en términos jurídicos, porque nada más oírle hablar de golpe de Estado ya nos venia a la memoria el general Pavía liquidando en 1874 la Primera República Española. Y es que no hay que ignorar los abundantes genes castrenses del citado ministro por parte de padre. Su bisabuelo paterno fue general y gobernador de Melilla, donde murió en 1893 en una refriega con las tribus indígenas, que le acusaron de haberlas provocado él. El incidente llegó a conocerse como la guerra de Margallo. Lo del bisnieto de ahora no alcanza la categoría de guerra, aunque sí contiene bastantes dosis de provocación.

Porque provocar es, como hizo Margallo el pasado 11 de octubre en el Congreso de los Diputados, comparar los nacionalismos con el nazismo, aunque lo disfrazase de un barniz filosófico. Dijo textualmente: “En política solo hay dos divisiones entre dos movimientos: los que consideran que el individuo es el destinatario final, el objetivo que debe centrar toda nuestra atención, y aquellos que sitúan al individuo al servicio de una idea abstracta, sea esta la de clase en el marxismo, la de raza en el nazismo o el nacionalismo al servicio de la nación absoluta.”  No se cortó un pelo al añadir que su partido, el PP, siempre “sirve al individuo y garantiza el Estado de bienestar.”

¿Tendrá algo que ver su tendencia a la provocación y a la locuacidad con su afición a los gallos? “En el colegio –ha recordado en alguna ocasión–, mis compañeros me llamaban el gallo Margallo. Mi primer barco se llamó Kikirikí y tenía una bandera con un gallo.” Debía ser un gallito político cuando en 1960 (a los 16 años) se afilió a las Juventudes Monárquicas Españolas, que ya es mérito teniendo que vérselas con los falangistas de los puños y de las pistolas. Por eso, en la transición se incorporó a un partido (también llamado popular) que pilotó el monárquico José María de Areilza y que acabó diluido en la UCD, adonde llegó de la mano de Pío Cabanillas, quien siendo ministro de Cultura en 1977 le dio una dirección general, que fue su primer cargo político. Dentro de UCD promovió un grupo llamado Jóvenes Turcos, cuyo objetivo no era otro que reclamar más democracia interna en un partido en que cada vez se hostigaba más a Adolfo Suárez. Su alejamiento de la política española en 1994, cuando fue elegido eurodiputado, resultó muy beneficioso para él, que a esas alturas se había chamuscado como diputado en el Congreso. El periodista Luis Herrero, autor del libro El poder popular (editado en 1996), escribió que Margallo era “muy aficionado a la política de cabildeos y tiene más detractores que defensores entre sus compañeros de partido.” Y remataba: “Le gusta la intriga más que a un tonto un lápiz.”

Su amistad con Mariano Rajoy resultó decisiva para picar alto ahora. Margallo sabe que puede decir lo que le venga en gana, aunque sean sandeces como la de que la pitada al himno de España en la última final de la Copa de fútbol había incrementado la prima de riesgo; que la señora Kirchner, al expropiar a Repsol, se había pegado un tiro en el pie (al nieto del Rey acababa de disparársele la escopeta); o que se le ocurriera responder al saludo afectuoso de un eurodiputado británico con un “Gibraltar español.”

Ah, Margallo suele aclarar: “Yo no soy nacionalista. Soy patriota, porque amo a España.”  Faltaría más.

Marcelino Iglesias, ex-secretario de organización del PSOE

El gol de Marcelino

No nos referimos aquí el histórico gol del futbolista Marcelino Martínez Cao contra la URSS en 1964 y que le valió a España su primer título europeo. El Marcelino que nos ocupa ahora se apellida Iglesias, es socialista y fue presidente de Aragón. La semana pasada en un mitin electoral de la campaña catalana en Lleida, se descolgó diciendo:“Los que quieren poner fronteras quieren ir hacia atrás, y cuando se han puesto fronteras en Europa y han ganado los hipernacionalismos ha habido muchos desastres en este continente y más de cien millones de muertos.” ¿Qué ha hecho Pere Navarro, candidato del PSC, para que le metan semejante gol sus hermanos (¿o primos?) del PSOE, con argumentos propios del PP? Hace unos seis meses, el catalanohablante Iglesias afirmó en una entrevista: “Al PP, todo lo que le suena a catalán le produce urticaria.” A juzgar por el mitin de Lleida, a Marcelino parece que le están brotando los primeros granitos.

Alfons López Tena, diputado del Parlament de Catalunya por Solidaritat per la Independència

Una dictadura para López Tena

El pasado mayo, en el minoritario Canal Català, el periodista Víctor Amela le dirigió al diputado del Parlament de Catalunya Alfons López Tena la siguiente pregunta: “Entre una Cataluña inserta en una España democrática o una Cataluña independiente con una dictadura, ¿qué elegiría?.” El líder de Solidaritat per la Independència (SI) no vaciló: “Una Cataluña independiente con una dictadura.” Y argumentó: “La dictadura, siempre estaríamos a tiempo de quitárnosla de encima, pero nunca seremos soberanos mientras no seamos indepedientes”.

La insólita respuesta pasó inadvertida entonces, pero ahora ha recobrado actualidad. Si no fuera por su gravedad, diríase que este caballero valenciano de Sagunt, notario de profesión y ex militante de Convergència (a propuesta de este partido en 2001 fue vocal del Consejo General del Poder Judicial), lo que persigue es llamar la atención. Pero, ¿puede un auténtico demócrata defender por principio una dictadura del signo que sea? Ya fue cruel negarse, como se negó en octubre de 2011, a firmar el apoyo a dos cooperantes secuestradas en Kenia por el mero hecho de que solo una de ellas era catalana y la otra no. Y hablando de secuestros, he aquí una joya referida a la selección española de fútbol: “España debería tener la decencia de jugar con sus jugadores y no secuestrar a los catalanes […] Habría de haber quedado eliminada de la Eurocopa [de 2012] desde el primer momento.”

Claro que esto es peccata minuta si López Tena es capaz de acudir a Intereconomía TV (en septiembre de 2011) y pregonar que hay que “reventar España.” Pacíficamente, por supuesto.

Cuatro perlas más como cierre

En plenas vísperas electorales en Cataluña, veamos cuatro perlitas cultivadas algún tiempo atrás:

“La burguesía catalana es la peor de España.”

(JULIO ANGUITA. Julio de 1994)

“Los españoles somos los judíos preferidos de los nazis catalanes.”

(FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS. Septiembre de 2009)

— “El que ha robado la cartera y buena parte del futuro de los extremeños ha sido el Gobierno catalán.”

(JOSÉ ANTONIO MONAGO. Enero de 2010)

— “Los nacionalistas, da igual que sean catalanes, vascos o gallegos, no odian al Estado […] Pero sí odian España, la patria común con un milenio de unidad a sus espaldas […] Esa es la diferencia. España y el Estado. La misma que se establece entre una madre y un hijoputa.”

(ALFONSO USSÍA. Agosto de 2010)

 

Un pensament a “El último cante del gallo Margallo”

  1. Confirmado: después de Escocia (por otros motivos, claro), España o el estado español o “esta cosa” (según el futbolista Susaeta, que es un crack), es el pais o nación o Estado con más soplagaitas por metro cuadrado.

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