El Servicio Andaluz de Salud necesita todo un completo

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Manifestación de los trabajadores frente a la Consejería de Salud, en Sevilla. Foto: eldiario.es

e-Mail de Andalucía
Jesús Páez
Licenciado en Ciencias del Trabajo

El Servicio Andaluz de Salud (SAS) se deteriora pasito a pasito. A este servicio, que ha llegado a alcanzar cotas muy altas de excelencia y una estimable valoración ciudadana, le están saliendo cada vez más grietas y, entre unos y otros, vamos a terminar por descomponerlo.

Sobre diciembre y enero la Presidenta de Andalucía, según cuentan los medios, hizo varias visitas a distintos centros sanitarios. Algunas de ellas oficiales aunque sin muchas alharacas y otras en plan privado como usuaria. Fue en estas visitas, acompañando a una pareja amiga y viviendo el ambiente de las salas de espera de los hospitales Virgen del Rocío y San Juan de Dios, de Bormujos, cuando, al parecer, comprobó el deterioro del SAS consecuencia de los recortes presupuestarios que este está sufriendo.

Esa inmersión en la realidad –salir del caparazón del “aparato” y pisar donde pisa la gente y respirar el mismo aire, parece saludable- la llevó a hablar, desde la tribuna del Parlamento,  del “colapso” de los servicios de urgencia y anunció la contratación de 250 profesionales para reforzar este tipo de servicios. Según el propio SAS a finales de enero se habían contratado 297 profesionales. Han debido ser tan eficientes que ya solo quedan contratados 61 y van a menos.

Pero la realidad es la realidad y el SAS, solo en el pasado año 2013, ha descontado de su nómina 3.224 empleos fijos. Empleos que no se han repuesto y que no se van a recuperar. Como no se van a recuperar los alrededor de 7.000 que, según las organizaciones sindicales, se han perdido desde que se inició la crisis-estafa que padecemos. No se van a recuperar, primero por las restricciones impuestas por el Gobierno de Rajoy que solo permiten sustituir a un 10% de las bajas que, por diversos motivos como jubilaciones y otros se producen y, segundo, porque la Junta aún no se ha pronunciado sobre si va a realizar la convocatoria de empleo correspondiente para incorporar los 322 profesionales  que, respecto a la cifra de bajas de 2013, permiten la restricciones. Los precedentes no auguran nada bueno. La Junta de Andalucía, desde 2007, solo ha hecho una convocatoria pública de empleo para el SAS y fue el año pasado con la que se cubrieron 915 plazas.

Hay que añadir que el SAS desde hace mucho tiempo tiene una política de contratación de personal que, al menos, habría que denominar peculiar. Aplicando fórmulas de contratación que se compadecen poco con lo que sería unas condiciones decentes de trabajo. Me refiero, por ejemplo, a  hacer contratos temporales de lunes a viernes. Me imagino que esta práctica no será exclusiva de la Junta de Andalucía, pero ello no es óbice para considerarla una práctica chapucera y bastante impresentable en una Administración Pública y menos si ésta se dice de izquierdas y dice defender el empleo decente.

No seré yo quien diga que el SAS no necesita todo un “completo” de limpieza, desinfección, desinsectación y “desratización”; o que no necesite, de manera urgente, escamondar, en su doble sentido de poda y  lavado, todos y cada uno de servicios, dependencias y rincones varios. O que no esté pidiendo a gritos, una reorganización de sus procesos estratégicos, claves y básicos; o que le sobrase un buen plan de uso eficiente de sus recursos materiales, espaciales, técnicos, organizativos  y de conocimientos. Pues claro que lo necesita. Como necesita con premura, un  permanente “reciclado” en  conocimientos, destrezas y habilidades una gran mayoría del personal que los compone. Tampoco soy tan ingenuo que piense que en una plantilla de unas 85.000 personas, no encontraremos un muy alto porcentaje al que el SAS y sus usuarios, les importan un bledo; o que llevan 25 años trabajando y no han hecho ni un taller de 2 horas de actualización de conocimientos, destrezas o de habilidades relacionales. O desconocer la inveterada costumbre de escamotear horas de trabajo diarias por llegar tarde o por irse antes o por alargar el tiempo de desayuno hasta equipararlo al  de la cena de navidad con discurso real incluido.

Ni tampoco seré yo quien exima de su responsabilidad, en el estado actual del SAS, a los sindicatos que sestean hace muchos años en ese verde y plácido prado. Ni su corresponsabilidad en el deterioro acumulativo del organismo sanitario. Sin entrar en detallar otras feas prácticas que estas organizaciones han venido llevando a cabo y aún y como están las cosas, las siguen practicando. Ni siquiera nos voy a eximir de responsabilidad a los usuarios del SAS.  Llenando las urgencias por un picor en la axila; las consultas de médico de cabecera con síntomas “graves” que se arreglan no siendo tan glotón, masticando mejor o andando más y cogiendo el coche menos. Ni conocer que no hay usuario que no tenga un primo de su cuñada  en el SAS y que no lo busque para que le “eche una mano”.

Todo esto es así y puede que más. Pero que todos aparezcamos en la cinta no es sinónimo de que la proporción de responsabilidad  sea la misma para los distintos actores de esta película.

Y a lo que voy, el coste del arreglo del  SAS no puede recaer,  en exclusiva, en los trabajadores y usuarios del organismo. Entre otras cosas porque ni usuarios ni trabajadores, de médicos para abajo, tenemos capacidad legal ni cauces efectivos para tomar las  medidas que se necesitan. Y una cosa es cierta, no pretenda nadie equivocarnos en esto, el deterioro del Servicio Andaluz de Salud, no se reconduce a golpe de efectismo por muy “efectista que sea la artista”.  De el golpe la señora Presidenta o su prima segunda la que vive en el pueblo.