El riesgo de un Ebro radioactivo

Santiago Vilanova
Periodista y consultor ambiental

El lobby nuclear, liderado por el Fórum Atómico Español y la patronal eléctrica Unesa, está logrando su objetivo: silenciar el riesgo nuclear en la cuenca del Ebro en los medios de comunicación y en el nuevo arco parlamentario: desde el PP hasta Podemos, y en Cataluña desde Ciutadans hasta la CUP. Es más, se está utilizando el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), dominado por nucleócratas, para intentar reabrir la central de Garoña y de esta manera lograr que el Gobierno central permita alargar la vida útil del actual parque nuclear hasta los 60 años, lo que comportaría una beneficio neto para las eléctricas de 37.000 millones de euros.

Sería el equivalente al coste de cinco nuevos reactores de nueva generación (el Club de la Economía de Le Monde sitúa el coste de un reactor entre 6.000 y 7.000 millones de euros, 20-2-2016). Los 50 millones de euros que cobraría la Generalitat de Cataluña por el impuesto nuclear de Ascó y Vandellòs resultan ridículos si los comparamos con los beneficios que obtendrían las eléctricas.

Durante la movilización contra el Plan Hidrológico del pasado 7 de febrero en Amposta no escuchamos ninguna intervención ni referencia al riesgo nuclear que afecta la cuenca del Ebro y a su delta; ni de los partidos políticos que participaron en la manifestación, ni de los representantes de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), ni de los líderes de la  Plataforma en defensa de
l´Ebre (y me consta la posición antinuclear de sus portavoces). ¿Somos conscientes que el peligro más grave para el futuro de las tierras del Ebro es el funcionamiento de Garoña, Ascó y Vandellòs? Si la Generalitat quiere efectuar una consulta popular para el proyecto BCN World considero que es más urgente hacerlo primero sobre el futuro de la energía nuclear. Y lo más coherente sería que este referéndum se llevase a cabo en todas las comunidades regadas por el río.

En el caso de un hipotético accidente grave, del nivel 6 o 7, probabilidad que va en aumento a medida que los reactores envejecen, la radiactividad se extendería en función de los vientos dominantes en toda la cuenca (donde se produce el 32% de la energía nuclear española) contaminando regadíos y tierras de cultivo, con o sin Plan Hidrológico. No olvidemos algunos datos significativos  de este riesgo: el sistema de refrigeración de la central de Ascó vaporiza más de tres m3 de agua del río cada 1.000 kWh generados (un total de 50 hm3 en un año). El funcionamiento normal emite al agua y al aire, entre otros elementos radiactivos, tritio (un isótopo del hidrógeno) con una radiactividad del orden de 100 billones de becquerelios (1) cada año. Incluso los análisis de los lodos del río y las algas han revelado la huella radiactiva de los vertidos autorizados legalmente.

Un “Chernóbil” o un “Fukushima” en el Ebro destruiría toda esperanza de los soberanistas de un Estado catalán próspero y arruinaría el turismo, la agricultura y la pesca de Tarragona. Y no quiero ni pensar en un intento de sabotaje terrorista como el recientemente detectado por la Agencia Federal de Control Nuclear belga en el centro nuclear de Doel.

El pacto de gobernabilidad entre Junts pel Sí y la CUP cierra los ojos ante este inmenso riesgo, con efectos ecológicos superiores a los del Plan Hidrológico que se nos quiere imponer. O la sociedad civil reacciona a tiempo o el lobby nuclear español logrará ser más poderoso aún de lo que ha sido durante el franquismo y la Transición.

(1) Unidad del Sistema Internacional de Unidades que mide la actividad radiactivaEquivale a una desintegración nuclear por segundo.

Foto de portada: río Ebro en su paso por Mora d’Ebre

 

 

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