El perdón de Cospedal

José María Mena
Jurista. Ex fiscal Jefe de Catalunya

La ministra de Defensa pidió perdón a las familias de las víctimas del Yak-42 “en nombre del Estado”. Para formalizar este gesto se eligió un escenario menor, en una sala en la que ni siquiera cabían todos los destinatarios de esa petición de perdón. La mayoría tuvieron que presenciarlo desde una sala adjunta, y a través de una pantalla. No se hizo en el Pleno del Congreso, como merecían las víctimas. No lo hizo Rajoy, como merecían las víctimas. No se hizo ninguna referencia a Trillo, como merecían las víctimas. Dio la cara Cospedal, que no era nadie hace catorce años, pero no la dieron los responsables de que aquel avión-chatarra con aquella tripulación cutre y agotada despegara aquel fatídico día.

Pedir perdón es, según la Real Academia de la Lengua española, pedir la remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. Se perdona el castigo merecido por los delitos, los pecados, las ofensas. No cabe perdón sin previa culpa o deuda. Pedir perdón implica, inexcusablemente, que las víctimas han sufrido un perjuicio causado por quien pide la remisión del castigo merecido.

Ha pedido perdón a las víctimas en nombre del Estado, no del Gobierno. Pero el Estado no fue el causante de la catástrofe. Fue el gobierno de Aznar, Rajoy y Trillo. Pedir perdón en nombre del Estado es como decir que la culpa de aquello fue de todos. Porque el Estado somos todos, representados por el conjunto de las instituciones. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho (artículo 1 de la Constitución). El rey es el jefe del Estado y asume su más alta representación (artículo 56). Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado (artículo 66). El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en Comunidades Autónomas (artículo 137). Está claro: Ni el rey, ni las Cortes, ni las Comunidades autónomas, ni los Ayuntamientos ni Diputaciones ni los ciudadanos tuvimos nada que ver con el fatídico vuelo del avión-chatarra. Es tramposo, y profundamente injusto, socializar la culpa de aquella decisión culpable. La culpa de contratar el Yak 42 y la culpa de no vigilar que los militares españoles viajaran con plenas garantías de seguridad sólo fue del gobierno de Aznar, Rajoy y Trillo. Y estos no han pedido perdón. Se han salido de rositas, encomendando a Cospedal que despache el asunto, tarde, deprisa y con pocas alharacas, con cuatro besos a los parientes y un discursito “de corazón”. Y, como no han pedido perdón, no tiene perdón lo que hicieron.

 

4 pensaments a “El perdón de Cospedal”

  1. Debo suscribir y sucribo todas y cada una de las palabras de este rotundo y brillantd artículo que ha contribuido a recordarme algo que olvidamos con facilidad: que el Estado somos todos y el Gobierno son unos pocos. Gracias, José María Mena.

  2. Es absolutamente increíble señor Mena que alrededor de 7’5 millones de españoles con derecho a voto, les confíe su papeleta a estos malhechores. Desde la comparecencia de la señora Gospedal, ando angustiado por la parte de culpa que me ha endosado de aquel maldito viaje y de aquel montón de chatarra que se contrató. Empeño mi palabra de que yo no participé ni estampé mi firma en ese contrato-basura. Pero claro, luego la señora del ” finiquito en diferido, que no se paga al momento, pero que si se abona después y no sé qué de un trabalenguas” manifiesta que es el “ESTADO” el que pide perdón y la Constitución que ampara el susodicho “ESTADO” dice a las claras que el ESTADO somos todos, está claro ya sea en diferido o en directo que todos somos culpables. ¡Lo que nos faltaba! Y termino con una pregunta que siempre me ronda en las entretelas de mi apolillado cerebro: ¿Qué habremos hecho para merecer esto?
    Gonçal Évoe

  3. “Dio la cara Cospedal que no era nadie hace catorce años”. Precisamente; de eso se trata. Es el problema de un país huérfano de Revolución burguesa. No han hecho un sólo ejercicio de constricción en dos siglos, ni en cinco.

    Todo se resume en el “Aquiétense criaturas”. Nosotros, pecadores, no comprendemos que somos “criaturas de Dios”; es decir, “pecadores todos, y en igual medida, por el simple hecho de nacer”. ¿Quiénes somos para juzgar a Trillo cuando sólo el Altísimo puede hacerlo? ¿Cómo osamos siquiera dirigirnos a él?, ¿hasta erigirnos en dioses? Sólo rinden cuentas en el más allá.

  4. Gracias Sr. Mena por su concisa y directa claridad.
    Comparto todo el texto pero especialmente “La culpa de contratar el Yak 42 y la culpa de no vigilar que los militares españoles viajaran con plenas garantías de seguridad sólo fue del gobierno de Aznar, Rajoy y Trillo. Y estos no han pedido perdón. Y, como no han pedido perdón, no tiene perdón lo que hicieron.”
    No se si para las familias de las víctimas será suficiente esta cínica pantomima del Gobierno que, una vez más, no tiene perdón.

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