El lenguaje grosero-machista no distingue entre derecha e izquierda

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Sánchez Gordillo. Foto: ABC

Antología de sandeces políticas (27)
Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

“Queremos soberanía, ser dignos, y que la Europa de los mercaderes se vaya al coño de su puta madre.” Esta frase pronunciada el domingo por el alcalde de Marinaleda y diputado autonómico andaluz por Izquierda Unida, Juan Manuel Sánchez Gordillo, ilustra muy a las claras cómo la formulación de un anhelo perfectamente legítimo y digno de admiración –la soberanía y la dignidad de un país— se ve lastrada gravemente por la alusión machista y tabernaria del final. Si este artículo arranca con este comentario de Sánchez Gordillo se debe a que es el más actual de los que se recogen a continuación, aunque no el más vejatorio para las mujeres. La violencia de género verbal no distingue entre derecha e izquierda. El diputado Gaspar Llamazares acierta cuando dice: “La cultura machista es transversal. No tiene clase.”

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Salvador Sostres

Del “chochito de oro” a las vírgenes sin “ácido úrico”

También está reciente el escándalo que organizó el concejal del independentista Bloque Nacional Galego Xaquín Charlín cuando en su blog de internet criticó los gastos de la Vicepresidencia del Gobierno en un programa de revisión ginecológica. Si plausible era su interés por el tema, e incluso la mención explícita de una factura de 40.000 euros que un ginecólogo libró a Soraya Sáenz de Santamaría, la frivolidad machista le perdió del todo al utilizar la vomitiva expresión de “chochito de oro.” El edil de Cambados (Pontevedra) se vio forzado a dimitir y a colgar la siguiente nota en la web: “Se ha retirado el apelativo recogido en el titular a petición de diversos colectivos, algunos de ellos feministas.”

Por el contrario, nadie dimitió en la cadena pública Telemadrid cuando en noviembre de 2010 –siendo todavía presidenta de la autonomía Esperanza Aguirre— el colaborador del espacio Alto y claro Salvador Sostres soltó una catarata de obscenidades contra la dignidad femenina. Antes de empezar a emitirse el programa, las cámaras captaron una conversasión entre Sostres y la presentadora Isabel San Sebastián que pudo escuchar el público invitado al plató, entre el que se encontraban tres colegios. “Todo el mundo sabe –comentaba el rijoso Sostres con las risitas de fondo del no menos rijoso Alfonso Ussíaque las chicas jóvenes, cuando tienen 17, 18, 19 […] Esa situación casi virginal… Ellas no huelen a ácido úrico. Están limpias. […] Parecen lionesas de crema, elegantes, limpias, dulces…” ¡Qué vergüenza! Y pensar que este Sostres, miembro del “club de los poetas putrefactos”, como en una ocasión lo calificó la colega Rosa Cullell, cobraba de los contribuyentes por denigrar a la mujer…

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Juan Hormaechea

“La Tocino no me sirve ni para masturbarme”

Asquerosamente soez e hiriente, el pendenciero Juan Hormaechea, exalcalde de Santander y expresidente de Cantabria, ocupa por deméritos propios el primer puesto en el cuadro de deshonor de los políticos que ofenden la dignidad de la mujer. “Me encantan los animales, y si son hembras y con dos patas, mejor […] Soy racista, pero no con las mujeres.” Así se despachó en 1983, cuando era alcalde y se autodefinía: “Yo no soy la derecha, eso lo primero. Yo soy más comunista que fascista…” El punto culminante de la zafiedad se produjo en 1990, en una noche de jarana y borrachera que le costó una moción de censura de PP y PSOE. “La Tocino [Isabel Tocino, mujer de la máxima confianza de Manuel Fraga], si se va desnudando lentamente, no me sirve ni para masturbarme.” Luego, le tocó el turno al presidente del PP: “Aznar es un charlotín. ¿Qué se puede esperar de alguien que solo se acuesta con su mujer?” En 1991, meses después de ser desalojado de la presidencia cántabra, volvió a ganar las elecciones para mayor vergüenza del sentido común.

Javier Leon de la Riva
Javier León de la Riva

“La cara y esos morritos” de Leire Pajín

A Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid desde 1995, con excelentes resultados electorales, le han motejado de “machista” y de “misógino” por los desafortunados comentarios salidos de su boca (“piensa antes con la lengua que con la cabeza”, en palabras de un líder vecinal). El más sonado, si duda, fue el dedicado en octubre de 2010, en la emisora radiofónica Onda Cero, a Leire Pajín, entonces ministra de Sanidad,: “Es una chica preparadísima, hábil y discreta. Va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y va a ser la alegría de la huerta.” Y como el cuerpo le pedía más, añadió: “Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir.”

León de la Riva se disculpó públicamente y también por escrito. Reconoció que su mujer era “la primera sufridora” de sus “excesos.” A esas alturas, ya casi nadie recordaba que en 2007 había opinado sobre las cotas femeninas en las listas electorales: “No creo en las paridades; me parecen paridas.” También en aquel año, durante la campaña de las municipales, se le disparó una dosis letal de sexismo: “Me han acusado de todo menos de violar a Soraya [Soraya Rodríguez, rival del PSOE], pero se comprende.”   Un año después, en 2008, no desperdició la ocasión para atacar a otra socialista, la ministra de Defensa Carme Chacón, quien, para él, era “la señorita Pepis vestida de soldado.” Qué mal ejemplo el de este médico, ginecólogo de Ana Botella desde los tiempos de Aznar de presidente de Castilla y León.

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Alfonso Guerra. Foto: El Confidencial

La economía sumergida equiparada a las mujeres

Ejercía Alfonso Guerra de vicepresidente del Gobierno socialista cuando fue entrevistado, en mayo  de 1986, por el desaparecido Diario 16. Si el personal fenemino ha sido frecuentemente moneda de cambio de posiciones ideológicas muy manidas, esta equiparación guerrista resultaba cínicamente sobrecogedora: “Hay que convivir con la economía sumergida como con algunas mujeres. No se las puede eliminar.” La reacción del colectivo femenino fue perfectamente descriptible. Y es que a Guerra se le ve la oreja de la misoginia más veces de las que él quisiera. Por ejemplo, cuando en 2010 se refirió a Trinidad Jiménez, toda una ministra de Asuntos Exteriores, como “la señorita Trini.” Claro que peor librada resultó Soledad Becerril [actual Defensora del Pueblo] cuando en diciembre de 1981 se convirtió en la primera mujer ministra en España desde Federica Montseny. Dijo Guerra que la ministra de Cultura era “Carlos II [rey enfermizo y raquítico] vestido de Mariquita Pérez.” ¿Y qué opinión le merecía, en 1989, Pedro Pacheco, el andalucista alcalde casi eterno de Jerez? Esta: “Pacheco pasa tantas horas en las peluquerías de señoras que no se le ocurren más que chorradas.” ¿Ha ido él alguna vez a una peluquería de caballeros?

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Matías Llorente

“La gorda” y el “felpudo”

Otros dos socialistas, aunque de rango diferente, han caído también en el pecado de género. Guillermo Galeote era un dirigente importante del PSOE cuando perdió los estribos al comentar la presencia de Cristina Almeida, entonces diputada de IU, en la misión española que viajó a Irak para negociar con Saddam Husein la liberación de 15 rehenes. “A esa gorda, en cuanto llegue a Bagdad, le van a poner un velo en la cara y entonces se va a enterar.” Por cierto, la mediación fue un éxito.

En enero de 2012, Matías Llorente, portavoz del grupo socialista en la Diputación de León, denunció a la presidenta Isabel Carrasco (PP) por el “uso personal e indiscriminado” para tratamiento de belleza delos gastos destinados al mantenimiento del grupo popular. Si Llorente parecía circular bien, acabó descarrilando: “En el PSOE de León nadie ha dedicado un euro a arreglarse el felpudo en un centro de belleza.” En pleno desbarre, acabó llamando “jumento” a la señora Carrasco.

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Jordi Pujol y su mujer Marta Ferrusola

Unas cuantas perlas más como remate

“¿Es que han hecho cocinas en las nuevas oficinas?” (Enrique Múgica, ministro de Justicia de Felipe González, respondiendo en septiembre de 1990 a una pregunta de Cristina Alberdi sobre la conveniencia de una mayor representación de mujeres en el Consejo General del Poder Judicial. Gracias a un pacto entre PSOE y PP, 10 años más tarde Múgica fue elegido Defensor del Pueblo)

“¿La cualidad que prefiero en un hombre? La responsabilidad. ¿La cualidad que prefiero en una mujer? Que sea mujer.” (José María Aznar, mayo de 1996, 20 años antes de que metiera un bolígrafo en el escote de la periodista Marta Nebot, que le había dado a firmar un libro presentado por él)

“Mañana, la Constitución cumple 18 años. Si fuera niña, se vestiría de largo; si fuera ciudadano, mañana podría votar.” (Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno de Aznar, en diciembre de 1996, cuando no podía sospechar que un día sería multado por conducir bebido)

“Lo único interesante que esa señora [Clementina Díez de Baldeón, diputada del PSOE] exhibió fue su escote.” (Manuel Fraga, comentando el plan de Humanidades que se debatió en el Congreso en octubre de 1997. Años antes, se había puesto en su boca el dicho popular de “tiran más dos tetas que dos carretas”)

“El regadío hay que utilizarlo como a las mujeres, con mucho cuidado, que le pueden perder a uno.” (Miguel Arias Cañete, en octubre del año 2000, como ministro de Agricultura y Pesca. Desde 2011 repite ministerio y come yogures caducados)

“Cuánto ganaría la Cámara si usted, que es tan aficionada a disfrazarse de vez en cuando, un día, aunque solo fuera un día, se vistiera de vicepresidenta del Gobierno y cumpliera con su obligación.” (Eduardo Zaplana, portavoz parlamentario del PP, dirigiéndose en marzo de 2006 a María Teresa Fernández de la Vega, que había vestido atuendos típicos en un viaje al continente africano)

“La libertad de la maternidad es la que hace a las mujeres auténticamente mujeres.” (Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia, en marzo de 2012 en el Senado. La socialista Patricia Hernández le replicó: “Usted no reparte carnets de mujeres auténticas”)

“Las leyes son como las mujeres. Están para violarlas.” (José Manuel Castelao Bragaña, presidente del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, organismo dependiente del Ministerio de Empleo. Dimitió en octubre de 2012 a raíz de difundirse la infamia).

Como colofón a cuanto se ha dicho, he aquí la singular opinión de una dama singular: “Lo más importante para una mujer es tener contento a su marido.” Lo dijo Marta Ferrusola en marzo de 1986, cuando Jordi Pujol llevaba consumidos 6 años de los 23 que estuvo presidiendo la Generalitat.