El juez Pin y los Fabra

Jacobo Pin - LAS PROVINCIAS
El juez Jacobo Pin – Foto: ‘Las Provincias’

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Javier Andrés Beltrán
Periodista

Acabó la semana de Pasión de Carlos Fabra. Esa que comenzó el Viernes de Dolor cuando conjugó en primera persona el verbo dimitir pocas horas después de que un juez decretara la apertura del juicio oral contra él. Han tenido que pasar nueve años desde que fuera denunciado por un ex socio en el negocio de los fitosanitarios, Vicente Vilar, quien, por cierto, a día de hoy cumple pena de cárcel por un delito de agresión sexual. En contra de lo que pronosticaron en su día muchos escépticos, y otros tantos aduladores, el Caso Fabra acaba finalmente en una sala de vistas y con el político más poderoso e influyente que ha dado esta tierra desde el franquista Fernando Herrero Tejedor sentado en el banquillo de los acusados. Será así gracias a la labor de un juez de ‘casa’, Jacobo Pin Godos, nacido en Borriana (Castellón) en 1981, que ha trabajado con eficacia y sin ceder, entre otras, a las presiones de la Audiencia Provincial de Castellón por las que tuvo que solicitar el amparo del CGPJ. Poca broma.

Alberto Fabra, Francisco Camps y Carlos Fabra
Alberto Fabra, Francisco Camps y Carlos Fabra

Aunque no goza del reconocimiento mediático de los primeros espadas de la Audiencia Nacional, ni tampoco el de la jueza Mercedes Alaya su colega sevillana elevada a los altares de la independencia por la derecha patria por su instrucción de los ERE en la Junta de Andalucía, el juez Pin es un ejemplo (anónimo) de imparcialidad y buen hacer. Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra -obtuvo el premio Aranzadi por tener el segundo mejor expediente de su promoción-, llegó al juzgado de Nules (Castellón) en 2009 y se hizo cargo del juzgado número 1 vacante desde diciembre de 2007. Pidió voluntariamente una plaza sobre la que recayó la instrucción del Caso Naranjax que comenzó su andadura judicial en enero de 2004 y por el que habían pasado hasta ocho jueces. Todos acabaron ‘huyendo’ de un sumario que por aquellos días superaba los 25.000 folios, aunque era mayor su peso mediático y político al transformarse en el Caso Fabra.

Un ‘aterrizaje’ no exento de polémica por suspicacias familiares y políticas que se han mostrado infundadas. El juez encargado de instruir el proceso contra el entonces todopoderoso presidente de la Diputación de Castellón y del PP provincial es hijo de Emilio Pin Arboledas un reputado abogado de Castellón muy vinculado al PP –llegó a figurar en la lista municipal de los populares en Borriana- partido al que representó ante la junta electoral en varias consultas electorales. Su tía, Margarita Pin, fue diputada nacional por el PSOE por la circunscripción de Valencia en varias legislaturas y en 2010 sustituyó a María Teresa Fernández de la Vega,tras las renuncia de ésta para incorporarse al Consejo de Estado. Otro tío, José Ramón Pin, fue diputado por UCD en la legislatura constituyente y en la siguiente, además de ponente del Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana.

Una prolija relación familiar con la política en la que muchos quisieron ver otro palo más en la rueda del lento proceso y los peor pensados el primer paso para su archivo. Se equivocaron. Desconozco qué pensó Fabra cuando supo que su caso caía en manos del hijo de un amigo del partido, pero si que sabemos lo que declaró al diario Las Provincias: “Yo no tengo ninguna manía al juez Jacobo Pin porque él hace su trabajo, aunque estoy en total desacuerdo con él”. Ese juez, poco amigo de los focos y los micrófonos, lo acaba sentando en el banquillo de los acusados poniendo así el peor broche ético y estético a la carrera política de quien controló vidas y haciendas, listas y ejecutivas, y que todavía hoy se jacta de haber ganado hasta 21 elecciones consecutivas. El juez instructor acaba su trabajo y la vista será resuelta en la instancia que intentó sin éxito que no incluyera en su auto final el delito de cohecho que se sumará a los de tráfico de influencias y otros cuatro delitos fiscales.

Ahora el ‘otro’ Fabra, Alberto, le desea suerte en su futuro judicial después de hacer valer el pacto, desvelado por el propio president de la Generalitat, según el cual Carlos Fabra dejaría la presidencia de Aerocas –la empresa pública que gestiona el aeropuerto sin aviones de Castellón- sólo cuando fuera llamado a juicio, como Francisco Camps en su día. Y así ha sido. En el adiós, Carlos Fabra deja la última demostración de su poder en el partido: se va en el momento que él elige y el que se queda, Alberto Fabra, queda retratado una vez más por su sumisión a quien fuera su jefe durante años. Por cierto, president Fabra: ¿Tiene usted algún pacto similar con algún otro de sus múltiples compañeros imputados ó encausados? Es sólo curiosidad.

javierandres@ftp2000.net