El inicio del fin de la Era del Fuego

Pep Puig
Doctor ingeniero industrial. Vice-presidente de Eurosolar – Asociación Europea por las Energías Renovables

Los países que firmaron y ratificaron la Convención Marco de la Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en la Asamblea General de las Naciones Unidas (Mayo 1992), han conseguido llegar a un acuerdo en París en la COP21 (la 21ª Conferencia de las Partes) para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El Acuerdo de París dice: “Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2oC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5oC con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”.

Según la doctora Rachel Warren (East Anglia University): “En la quinta evaluación del IPCC, cuando evaluamos los motivos de preocupación sobre el cambio climático y consideramos los sistemas amenazados y únicos, se encontró que ocurría una transición en aquellos sistemas desde un riesgo moderado a alto en algún lugar entre 1.1/1.6oC por encima la temperatura de la era preindustrial , mientras que por encima de los 2oC los riesgos para aquellos sistemas eran ya altos”. Y según el doctor Carl-Friedrich Schleussner (asesor de Climate Analytics): “Los impactos climáticos, como olas de calor extremas, reducciones en el rendimiento de los cultivos en las regiones tropicales y la escasez de agua subtropical, se prevé que aumenten de manera significativa entre 1.5oC y 2oC”.

CarbonSegún el IPCC, el Carbon budget global (la cantidad estimada de dióxido de carbono que el mundo puede emitir sin dejar de tener la probable oportunidad de limitar el aumento de la temperatura global a 2 grados por encima de los niveles pre-industriales) es del orden de 1 billón de toneladas de carbono (1.000 PgrC), del cual la humanidad ya ha ‘gastado’ 600.000 millones. En el gráfico adjunto se puede ver cuantos años, continuando con las emisiones actuales, se puede usar el Carbon budget, para probabilidades del 33%, 50% y 66% de mantener la temperatura por debajo de 1,5oC, 2oC y 3oC.

¿Cómo es que, ante la gravedad del problema climático y después de 23 años de haberse firmado la Convención y después de 21 reuniones de la COP, los gobiernos de los Estados-nación aún no han llegado a un acuerdo que contemple compromisos concretos y acotados en el tiempo de reducción de las emisiones?

'En busca del fuego', la película de J. J. Annaud
‘En busca del fuego’, la película de J. J. Annaud

La simple razón no es otra que la dependencia humana del fuego para disponer de energía. Lo que comenzó con nuestros ancestros, los neandertales, se ha ido manteniendo a lo largo de los tiempos y culminó a lo largo del siglo XX: quemar materiales fósiles (y fisionar materiales nucleares) extraídos del subsuelo de la tierra para disponer de la energía necesaria para todas las actividades de la sociedad industrial.

La cultura del fuego, heredada del pasado, manifiesta aún su adicción a la combustión de los materiales fósiles, combustibles que la denominada ‘civilización’ industrial comenzó a usar ante la escasez creciente de madera para posibilitar el uso generalizado de las máquinas de vapor. Y como todo proceso de quema de materiales tiene efectos sobre la naturaleza, la combustión de materiales fósiles también los tiene, pues devuelve a la atmosfera el carbono que había originalmente en ella, y que mediante lentos procesos bio-geo-químicos quedó atrapado en el subsuelo, haciendo posible el surgimiento de la vida en la tierra. Así mismo, el uso de materiales nucleares (desde su extracción en la mina hasta el almacenamiento de los residuos generados a lo largo de todo el ciclo del combustible nuclear) además de generar CO2 y otros gases de efecto invernadero, encadenan a la humanidad durante milenios a guardar y velar ingentes cantidades de productos radioactivos que atentan contra la vida misma.

Evitar que la atmósfera llegue a tener concentraciones de CO2 que dificulten la vida humana en nuestro planeta debería ser la prioridad política más importante de las personas que asumen responsabilidades de gobierno y debería ser también la prioridad económica de las personas que asumen responsabilidades empresariales. Pero la realidad de la larga sucesión de COPs, que se van reuniendo anualmente, nos demuestra que la urgente, drástica y necesaria reducción de emisiones no es precisamente, de momento, su prioridad para los próximos años.

A pesar del lento proceso para adoptar compromisos, algunos países y algunas empresas, en vez de estar cruzados de bazos a la espera de acuerdos multilaterales, de muy difícil consecución, han optado por una vía más directa y efectiva: crear marcos para el desarrollo de tecnologías que permitan, en el presente y en un próximo futuro, prescindir completamente del fuego para que la sociedad pueda disponer, eficientemente, de energía sin necesidad de recurrir a la combustión de materiales fósiles.

Dinamarca satisface su demanda inerna con energía eólica
Dinamarca satisface su demanda inerna con energía eólica

Así Dinamarca, por ejemplo, se ha convertido en líder indiscutible en el desarrollo de la tecnología que nos permite disponer de electricidad a partir de la captación de la energía contenida en el viento. Austria se ha convertido en líder tecnológico en la conversión térmica de la energía solar y de la biomasa. Alemania, tras seguir los pasos de Dinamarca en tecnología eólica, ha hecho posible que la tecnología para la conversión directa de la radiación solar en electricidad sea hoy una plena realidad. Y no solo esto, sino que también es pionera en la conversión metanogénica de la materia orgánica, para obtener biogás. Cabe citar también el papel pionero, en el pasado, de nuestro país en diferentes tecnologías (eólica, solar fotovoltaica y solar termoeléctrica), antes de que políticos incendiarios del clima (como gustaba decir Hermann Scheer), y al servicio de la cultura del fuego, paralizaran su desarrollo, destruyendo empresas y eliminando puestos de trabajo.

Todas estas tecnologías, y muchas otras que contribuyen a mejorar la eficiencia en la conversión de una forma de energía en otra, son la manera mas efectiva (ecológicamente y económica) de combatir el desbocado aumento de emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo.

Y no solo eso, sino que en conjunto, estas tecnologías disruptivas, ponen entre las cuerdas al modelo de negocio energético, que se generalizó a lo largo del siglo XX, basado en el fuego, modelo de negocio ineficiente y sucio, pues quemar combustibles fósiles, con muy bajas eficiencias, para disponer de energía útil (sea térmica, mecánica y/o eléctrica), deja por el camino todo tipo de contaminaciones, además de concentrar la riqueza en manos de unas pocas grandes corporaciones, que algún día deberán rendir cuentas ante los tribunales por sus actuaciones criminales, pues ellas sabían, desde hace mucho tiempo, los efectos causados por la combustión de los materiales que extraen, procesan y venden, para crear y mantener la adicción al fuego en muchos sectores de la sociedad.

Por otro lado es muy esperanzador constatar que cada vez más países, regiones y ciudades han empezado ya la transición energética hacia el objetivo 100% renovable. Son ellos los que nos marcan el camino, pues, ante la poca ambición de los acuerdos internacionales, se hace necesario movilizar la ciudadanía para que proceda a la apropiación social (individual y/o colectiva) de las tecnologías que nos permiten abandonar para siempre la cultura basada en la obtención de energía a partir del fuego, y reservar el fuego únicamente para el uso eficiente, y ecológicamente responsable, de las diversas formas de biomasa.

Con ello, no solamente combatiremos eficazmente el cambio climático, sino que pondremos la energía, considerada como bien común, en manos de las personas y las comunidades, posibilitando que la riqueza creada mediante la captación, transformación y uso de la energía contenida en los flujos biosféricos y litosféricos se reparta de una forma mas justa y equitativa.