El éxito de la marea blanca

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Reportaje fotográfico: Luís Manglano

e-Mail de Madrid
Lourdes Lancho
Periodista

Concentración en el Hospital de La Princesa en Madrid para celebrar la marcha atrás de la privatización sanitaria madrileña, que se ha llevado por delante; de momento, al consejero de sanidad Javier Fernández-Lasquetty. Es una mañana muy fría y con viento. Eso hace que en la puerta de La Princesa no haya mucha gente. No hace falta. Están los que han estado, los que lo iniciaron todo. El Gobierno Autónomo de Madrid pinchó hueso intentando desmantelar este hospital. Y como en el poema de Rubén Darío me pregunto “Qué tendrá la Princesa”… Lo que tiene es una comunidad de usuarios que se revelaron y durante más de un año se han concentrado cada día a las 11 de la mañana en su puerta. Se han movilizado, y han movilizado. ¿Quién no sucumbe ante estos abuelitos y abuelitas pertinaces y cargados de razones?

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Ventura es médico, y dice que su colectivo es muy reacio a manifestarse pero hacía tiempo que se cargaban de razones para echarse a la calle. No han parado de sufrir los recortes y malos tratos de la administración. Jubilaciones y bajas que no se cubren, quirófanos que se cierran… Él, que ya tiene una edad, recuerda cuando el servicio que daban los médicos en ese hospital era a la vez asistencial, docente y de investigación. Había tiempo para comentar los casos con compañeros de otros servicios. De hacer las pruebas y pedir opiniones antes del diagnóstico. Ahora a duras penas pueden hacer su trabajo. En su servicio, donde eran nueve médicos ahora son seis. Y si a eso le sumas alguna baja ya el cuadrante se descoloca y se retrasa todo.

Eso me lleva a los médicos más jóvenes que como en las series americanas están juntitos, algunos a cuerpo con el frío que hace, aplaudiendo y haciendo la ola. Ellos están haciendo el MIR de su especialidad, cobrando poco y haciendo guardias interminables. Pero es lo único que tienen, con lo que algunos se vuelven a matricular para hacer otra especialidad, otro MIR con el esfuerzo que ello supone, para seguir trabajando aunque sea en precario y con guardias de 24 horas. Esos puestos de trabajo que se recortan, o las bajas no cubiertas, los tapan con el trabajo, casi esclavo, de estos jóvenes que deberían estar formándose y no asumiendo esa gran responsabilidad.

DSC_0511Julia es una de las caras más visibles de la movilización. Ella es celadora y me cuenta que la situación de sus compañeros es muy precaria. A los salarios bajos hay que sumar también esa política de no cubrir las bajas. Y el temor de que acaben “externalizando” otros servicios como ha pasado con el de lavandería.

Marta, supervisora de enfermería, me cuenta que es una victoria y la viven como tal pero que hay que seguir luchando, que es un paso más. Es ella la que me señala a los abuelos guerreros tras la pancarta y me dice, todo se lo debemos a ellos. Los médicos han sido decisivos, pero ellos; los usuarios, son los que han estado cada día en la puerta.

Ventura dice que los médicos van a seguir, no tienen nada que perder: “ya nos hemos dado cuenta de que esto también va con nosotros”. Me alerta de lo que puede ser la nueva estrategia: de hecho hace tiempo que ya la está poniendo en práctica la consejería de sanidad de Madrid. Desatiende los servicios públicos, engrosa de forma artificial las listas de espera para luego derivar algunos pacientes a la privada. En Madrid incluso llaman por teléfono a los pacientes en listas de espera ofertándoles hacerles la intervención pagando. El médico acusa directamente a los gerentes de los hospitales de connivencia con estas políticas. Le provoco recordándole las palabras de ayer del presidente Ignacio González diciendo que esto sirva para aprender a valorar y gestionar correctamente la sanidad pública. Sonríe el doctor y me contesta que aprendan ellos que son quienes nos han metido en esto, y que cuenten con quienes más sabemos de gestión sanitaria, que somos quienes trabajamos en ella.

DSC_0503El Hospital de la Princesa fue la punta del iceberg de la privatización sanitaria y el desmantelamiento de la pública. Fue esa gota que colmó el vaso y que sacó a la gente a la calle, en esas persistentes mareas.

Para mí la imagen de este cambio fueron unos jóvenes la primavera pasada en la plaza de Callao. Eran médicos residentes, llevaban pintados en sus batas blancas “Soy médico pero no podré curarles”. Unas señoras con abrigos de pieles les escuchaban y cuanto más les contaba el chico más le iban tocando la manga blanca y la mano. Eran las abuelas y las madres escuchando a sus hijos y nietos. Eran las pacientes frente al único hombre que quizás las escuchaba con una sonrisa. Eran, en definitiva esas mujeres que nunca salen ni protestan excepto cuando les pisan el juanete. Creo que, como se demuestra en el caso de Madrid y su Marea Blanca sí que sirve de algo gritar y protestar cuando insistentemente el gobierno te pisa el juanete y los callos. Hay cosas que duelen como para no aguantarse.

 

 

 

2 pensaments a “El éxito de la marea blanca”

  1. Fábula sanitaria

    La mayoría absoluta

    no da derecho

    a tratar a los ciudadanos de

    súbditos

    pero así lo hicieron.

    Los súbditos

    eran prevenidos ante enfermedades

    y si enfermaban

    profesionales trataban de curarlos.

    Si era un simple catarro algo medicinaban

    y ante una complicación más grave

    pocos miraban las cuentas antes sanarlos

    ¡hay que operar!

    decían los médicos

    y daba igual si el tratamiento no era rentable para el sistema

    los súbditos tenían seguridad.

    Pero si la seguridad de los súbditos no cuenta nada

    la calidad de su atención tampoco

    porque siendo inversores

    con sus impuestos

    de un sistema de salud

    eficiente -de los más del mundo-

    a un bajo precio por paciente -de los más bajos de Europa-

    los de la mayoría absoluta

    se lo querían quitar:

    privatización

    lo llamaron unos

    externalización de la gestión sanitaria

    lo llamaron otros.

    ¿Razones?

    Dicen unos que por hacer ricos a algunos,

    dicen los otros que para ajustar un problema de déficit,

    dicen unos que porque la sanidad mueve mucho dinero,

    dicen los otros que porque es necesario,

    dicen unos que porque a los otros no les va lo público,

    dicen unos que porque los otros tendrían un puesto en las empresas beneficiarias después

    de la mayoría absoluta

    y los otros no dijeron nada más porque se quedaron sin argumentos

    -pensaban que no los necesitaban-.

    Los súbditos nos manifestamos con los profesionales sanitarios a la cabeza,

    la marea subió y mojó los pies de los políticos que la llamaron radical antisistema.

    Los súbditos buscamos otras maneras

    y nos armamos de datos, estudios y estadísticas

    a las que los otros llamaban falsedades.

    Los súbditos hicimos muchas cosas

    y denostados pero apoyándonos entre nosotros

    los súbditos dejamos claro que

    como conjunto

    no queríamos esa reforma de un sistema que funcionaba

    y en el que tanto esfuerzo habíamos invertido

    -y del que nos sentíamos orgullosos-

    Los súbditos sentimos que lo que hacían era ilegal

    y acudimos a la justicia

    para protegernos de un expolio

    provocado

    por los gestores de nuestras propias administraciones:

    los de la mayoría absoluta.

    Los integrantes de este pilar del Estado de Derecho

    vieron que había que paralizar el proceso

    porque sería cosa absurda

    emitir una valoración con arreglo a justicia

    sobre un proceso que ya se hubiera ejecutado

    los de la mayoría absoluta se rebotaron:

    “pero señores,

    déjennos hacer lo que queramos en nuestro cortijo”

    y los de la Justicia dijeron no

    que estaban seguros de que había que paralizar la

    a- Privatización

    b- Externalización de la gestión

    mientras el proceso judicial estuviera en marcha

    algo que los de la mayoría absoluta

    entendieron como una derrota.

    La marea acabó erosionando la roca de la sinrazón.

    ¡Victoria, victoria!

    Cantaban los súbditos:

    ¡es una victoria de ciudadanos,

    huelguistas,

    profesionales sanitarios,

    periodistas,

    defensores de lo público,

    poetas,

    de la sociedad en general!

    Y así fue como habiendo ganado una batalla

    los súbditos

    no sabían si ganarían la guerra

    pues en manos de los mismos que querían

    a- privatizar

    b- externalizar la gestión

    de hospitales y centros de salud de la Comunidad de Madrid

    seguía la gestión pública de los mismos.

    Ahora tenemos miedo de qué harán con ella,

    si dignificarla y dársela a buenos gestores

    que sigan acentuando las características buenas

    del sistema sanitario

    y corrigiendo las deficiencias del mismo

    o

    meter carcoma en sus bases estructurales

    para así tener en el futuro

    verdaderos argumentos para un segundo envite

    PRIVATIZADOR!

    Manténganse alerta

    porque con estos cazurros

    nunca se sabe.

    Gracias por el punto de vista humano con el que has enfocado el artículo. Se ha parado la privatización, pero la lucha comienza ahora.

  2. Mi reconocimiento y admiración para los compañeros de Madrid, pacientes y usuarios de la sanidad pública por la grandeza de su larga lucha, muchas veces en solitario. Por la dignificación que ha supuesto de la “profesión sanitaria”, por recordarno que luchar , no quejarse, sirve siempre de algo.

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