El crimen de la pianista

hands2José María Mena
Jurista. Ex fiscal jefe de Catalunya

En Tarragona se juzga a una pianista que ensayaba en casa, lo cual molestaba a una vecina. Al parecer molestaba mucho, hasta el extremo de producirle serios problemas de salud. Eso no está bien. Todos tenemos derecho a estar tranquilos en casa. En el Código penal hay unos artículos que castigan los delitos contra el medio ambiente. Entre otras previsiones de comportamientos dignos de ser castigados está la de provocar ruidos con grave perjuicio para la salud de las personas.

La pena puede ser de prisión, de seis meses a cuatro años, y además una multa y la inhabilitación para la profesión o el oficio por tiempo de uno a tres años. Naturalmente, si además, al provocar el ruido se produce el perjuicio a la salud de las personas, esto se castiga a parte, con lo que la pena total que resulta puede ser mayor.

Las penas deberían ser siempre proporcionadas a la maldad del hecho cometido. Todavía no conocemos la sentencia, pero, igual que el fiscal parece que ha procurado, al fin, añadir sensatez a su petición provisional, rebajando las insólitas y espeluznantes penas inicialmente pedidas, con lo que ya se evitaría el ingreso en prisión, del mismo modo cabe esperar sensatez del tribunal. O sea, todavía cabe esperar sensatez, proporcionalidad.

Pero hablando de sensatez, es necesario señalar el despropósito de la pena de inhabilitación para la profesión o el oficio, si no se concreta y explica. Esta pena está prevista en la ley, de modo que si hay condena es obligado imponerla. Sin embargo al imponerse la pena de inhabilitación para la profesión, oficio, industria o comercio, según el Código, ha de concretarse “expresa y motivadamente” en la sentencia el contenido de la condena, el sentido de la prohibición. Cuando el Código dice expresamente quiere decir que hay que concretar la profesión o el oficio cuya actividad se prohíba. Y cuando dice motivadamente quiere decir que hay que explicar por qué se prohíbe. Tendrían que razonarse las molestias o perjuicios concretos que se tratan de impedir con la prohibición.

Si la condenan, será necesario que le digan, expresa y motivadamente, qué es lo que le prohíben. Tendrán que decir dónde no podrá tocar el piano. El tribunal, si la condena, tendrá que explicar por qué no puede tocar el piano, según donde. Así, por ejemplo, no podrá volver a ensayar en el sitio donde molestó gravemente a la salud de su vecina. Pero, ¿y en otro sitio que no lo oiga la vecina? Y sobre todo, ¿la prohibirán tocar el piano en sitios habilitados para tocar y oír música de piano, en los que en principio se escucha voluntariamente, y con tanto agrado como merezca la calidad del intérprete? Y aún caben más preguntas: ¿ensayar en casa significa siempre un ejercicio de profesión u oficio, pues se prepara para la posterior actuación pública? ¿ no cabe la actividad lúdica, estética, ejercida en tiempos de ocio? ¿ esto último no está abarcado por la posible condena? ¿Podría tocar otros instrumentos? ¿flauta o violín?. ¿ Y por qué no la batería? Vaya lío tiene el tribunal.

La noticia del gran problema jurídico de la pianista de Tarragona nos llega a la vez que la de la absolución del Prestige. Es una sentencia absolutoria larguísima porque hay muchísimas partes acusadoras y hay que referirse a cada una de ellas varias veces a lo largo de la sentencia. Es, en buena parte, una inacabable repetición de corta y pega. Total, para excusarse por una absolución que no era inevitable. El tribunal se muestra perplejo ante la abundancia de pruebas en pro y en contra. Pero eso pasa siempre. Pasó en el caso de la talidomida, pasó en el caso de la colza. Y hubo condenas, y se resolvieron los problemas complejísimos de las responsabilidades económicas. En el caso del Prestige, igualmente, hubo pruebas para dudar, pero también, como en aquellos casos célebres, para condenar.

La absolución evita el enojoso problema de exigir responsabilidades económicas a una maraña inacabable de sociedades y aseguradoras internacionales, que habría de comportarle al tribunal un trabajo complejo, problemático, prolongado, y extraordinario. Con la absolución, muerto el perro se acabó la rabia.

Lo de la pianista parece menos complejo. Esperemos que la jurisprudencia del Prestige les ilumine en tan difícil trance.

4 pensaments a “El crimen de la pianista”

  1. Para ensayar, no es preciso hacerlo con un piano de cola. Los hay “Yamaha” electrónicos con un tacto exquisito y un sonido que solo alguien muy experto podría apreciar la diferencia. Estos pianos tienen un control de volumen y unos cascos para evitar el sonido. Tambien hay procedimientos, que si se quiere, aislan perfectamente una habitación para ensayos musicales. Si todo eso no se ha hecho que asuma las consecuencias, o es que aparte quería joder (con perdón) a la vecina.

  2. ¿Qué significa “se castiga a parte”? ¿Es un término jurídico? ¿O realmente lo que quiere decir es que se castiga aparte, por separado? ¿Por qué todo junto se escribe separado y separado se escribe todo junto?

  3. Buenas noches, Sr. Mena,

    La verdad es que la justicia “según las leyes” y lo que el común de los mortales entendemos por justicia dista mucho de coincidir.

    Creo que es mucho más fàcil derimir cuando los “afectados” son dos, pero también cabe entender que es mucho más comprometido. De hecho creo que deberían “condenar” a la pianista a pagar el tratamiento psicológico a la perjudicada (aunque, yo personalmente, no tengo claro que su problema sea por escuchar practicar el piano a su vecina) y ahí se acabara el tema.

    Pero las multas y penas por “el crimen” del Prestige deberían ser multimillonarias, puesto que se han evadido responsabilidades, se ha causado daño a las especies y se ha comprometido a mucha gente que han dado una mano para reducir el impacto del vertido de petróleo en el mar.

    ¿Dónde está la justicia?

    Bel

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