El cinturón rojo

Gonçal Évole
Periodista

Un hálito de nostalgia se enseñoreó del recinto del Citilab de Cornellà la tarde-noche del viernes 13 de enero. Allí se habían dado cita los “viejos rockeros” del Baix Llobregat, expectantes ante la perspectiva del estreno del documental “El cinturón rojo” que llevaba gestándose durante más de un año, bajo la dirección de Luis Campo Vidal. Todos un poco más viejos, carrozones empedernidos, pero conservando las mismas ilusiones y esperanzas de siempre por un mundo más justo y solidario, por el que dieron lo mejor de sus años mozos.

Luis Campo Vidal

Superado el caos inicial del reparto de invitaciones, ante el gentío congregado que desbordó con creces todas las previsiones, la sala de actos Vicenç Badenes se quedó pequeña. En mi opinión, tal vez no fue el mejor lugar para la proyección del documental. Se trata de una sala completamente llana y si te toca en suerte que se ponga delante una persona de estatura más alta, acabas con una tortícolis de pronóstico reservado. Por fin se logró acomodar a todo el gentío y se produjeron las intervenciones. La conducción y presentación del acto corrió a cargo de Gabriel Navales, hijo del mítico dirigente sindical de la ELSA, que dio paso a las palabras de Mayte Aymerich, alcaldesa de Sant Vicenç dels Horts y aquí ya empezó a chirriar el acto. No se le ocurrieron mejores palabras a la alcaldesa que decir “que amb aquest documental, es contribueix a reobrir ferides que encara resten per tancar i cal netejar-les i suturar-les a fons…” y otras lindezas por el estilo. En toda la sala se hizo un silencio incrédulo, desconcertante, ante lo que estábamos oyendo. Teniendo en cuenta que el documental se ha realizado bajo el patrocinio de la Fundación Utopía que nos dejó en legado el entrañable Joan Garcia Nieto, me da la impresión que de haber escuchado semejante disparate al amigo Joan se le hubieran puesto los pelos como garfios.

La alcaldesa Aymerich subtituyó a Oriol Junqueras en el Ayuntamiento de Sant Vicenç dels Horts

Muy joven ha de ser la alcaldesa de referencia y no creo que hubiera conocido al sacerdote-sindicalista. Mantuve con él una sincera amistad desde su llegada al barrio de Sant Ildefons donde ejerció un auténtico apostolado y sembró la simiente de aquel movimiento obrero. Él jamás hubiera insinuado “reobrir ferides per netejar-les “ ¡Por el amor de Dios! Joan siempre propugnó “el perdón, sin que por ello hubiera que olvidar”. Y este es el auténtico mensaje del documental: No olvidar una resistencia épica, una lucha contra la injusticia por unos derechos que se consiguieron con el sacrificio de muchos héroes anónimos que ese tarde-noche de viernes, ya peinando canas, estaban en la sala.

La sala de presentación del documental se quedó pequeña

Por suerte, la siguiente intervención correspondió al eterno alcalde de El Prat Luís Tejedor, de verbo fácil, con tablas “i que la sap llarga”, para aclarar que la gran riqueza del Baix Llobregat es el recuerdo de sus luchas, de su pluralidad, de su mestizaje que hace de la comarca sus señas de identidad, llegando afirmar que, en el fondo, reconociendo todos sus defectos, era un enamorado de lo que hemos venido a llamar “transición”. Dadas las circunstancias, se hizo lo que se pudo, que nadie lo dude. Se llevó la ovación de la noche.

Antes del inicio de la proyección del documental, tomó la palabra su director Luis Campo Vidal que explicó que la idea la fue madurando al asistir a tantos funerales de estos luchadores, que nos han ido dejando, pero que su huella de héroes anónimos tal vez ignorándolo, les había convertido en peatones de una historia que conviene no olvidar y que “El cinturón rojo” era un alegato contra el olvido.

Efectos de las riadas del Llobregat en el barrio de Almeda. Fotograma de ‘Cinturon Rojo’. 

Por el reportaje desfilan hasta 33 personajes que van exponiendo sus recuerdos: Su llegada a los páramos del Baix Llobregat, al silencio de sus algarrobos que, lanzando su último alarido, fueron dejando paso al cemento y al asfalto y se construyeron ciudades mastodónticas que carecían de lo más elemental. Gentes que llegaban ligeros de equipaje y que el paisano de turno, le decía “si quería trabajar” y ya le invitaba a que su madre le preparara un bocadillo y se presentara a las cinco de la mañana en alguna empresa vidriera o metalúrgica, donde enseguida les admitían para darse cuenta, más pronto que tarde, de las condiciones infrahumanas en las que tenían que desarrollar la tarea que les asignaban. Era lo que había y pronto llegaron las confidencias, las complicidades, la solidaridad, que fueron el caldo de cultivo de unas huelgas que hicieron historia.

En la pantalla apareció el testimonio estremecedor de Silvia Cano, hija de José Cano García, que nos dejó hará pronto un año, mítico líder de la empresa Matacás de Sant Feliu, que explicó que, una madrugada de febrero de 1965, llamaron a la puerta de su casa los esbirros de la temible BPS (“Qué volen aquesta gent, que truquen de matinada!”) para llevarse con malos modos a su padre que sufrió tortura y prisión en su lucha por mejorar las condiciones laborales de sus 500 compañeros. Y siguió desfilando por el documental la memoria descarnada de otros tanto luchadores anónimos que hicieron posible llenar las calles de Conellà de granotas y monos azules de Siemens, de Elsa, Corberó, Laforsa, Roca Radiadores, Solvay, en un movimiento sindical sin precedentes que consiguió reivindicaciones que parecían imposibles. Volvía a resurgir el espíritu del “Germinal” de Zola, en todo su esplendor.

Hay que decirlo todo, aunque duela. También me chirrió la presencia reiterada de algún personaje que no le recuerdo en ninguna manifestación y más bien me suena de haberle visto en la procesión en la Fiesta Mayor del Corpus portando el estandarte de alguna entidad ciudadana, lo que me lleva a pensar en la capacidad camaleónica de algunos personajes que con tal “de estar” son capaces de apuntarse a un bombardeo. Es lo que hay en estos tiempos de arribistas.
Me permitirán contarles que el momento cumbre, emotivo y tierno del documental, lo protagonizó Antonio García, uno de los impulsores de la huelga de Siemens de 1962 que marcó el camino a seguir. Con sus noventa años a cuestas y con cara de pillastre juvenil y una memoria prodigiosa, nos cuenta en el reportaje que “no sabía cómo decírselo a su novia, la que después fue su mujer”. Al fin se decidió: “Mira chica, tengo que decirte, algo muy importante, para que después no te coja de sorpresa”. Hace una pausa Antonio, mirando a la cámara y, cuando todos estábamos malpensando en algún problema de la entrepierna, le suelta: “Te hago saber que soy comunista” . Sólo por este instante mágico y, para homenajear a todos los que lo hicieron posible y por su valiosa memoria, vale la pena ver este documental.

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Para saber más: Almeda

3 pensaments a “El cinturón rojo”

  1. Un buen articulo Gonzalo y como dices el corto seguro que es un buen homenaje a aquellos luchadores que con su esfuerzo consiguieron los derechos que hasta hoy en dia tenemos los obreros. Esperemos que no se pierdan.

  2. Señor Evole, puede confirmar literalmente estas palabras de la alcaldesa Aymerich…. “que amb aquest documental, es contribueix a reobrir ferides que encara resten per tancar i cal netejar-les i suturar-les a fons…” Me han sorprendido relativamente pero tampoco en exceso y se vendrian a unir a otras dichas por grandes prohombres del independentismo catalan como el “estimado” ex-juez/ex-senador en torno a los catalanes y catalanas de verdad .. concretaba especialmente en esos jubilados del Baix Llobregat que deberan comprarse voluntades subiendo sus pensiones.. pero que por esos intereses espureos nunca seran catalanes de “verdad”… nada que ver con los senyors i senyores esteletats que asistian a sus conferencias.. pagadas por????

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