El camelo de la emprendeduría

Miguel Aznar
Ingeniero

El corrector de textos no me deja poner ‘emprendeduría’. Ni el diccionario de la RAE. ‘Emprendición’ y ‘emprendicie’, tampoco. Emprendimiento tiene esperanzas: la RAE promete meterlo en su próxima edición significando “Acción y efecto de acometer una obra”, o sea, que tanto vale para montar una tienda de pipas como para comenzar a pintar una acuarela o a matar un cerdo.

Me pregunto: ¿Qué será lo que hacen esos que llaman ‘emprendedores’? Empresa, no. Eso es lo que hacen los empresarios, que es una gente muy mal vista por los libros de educación cívica (q.e.p.d.) y por el público en general. Me veo forzado a llegar a una conclusión: O los emprendedores no hacen nada, o todavía no se ha conseguido ver lo que hace un emprendedor químicamente puro, es decir, un emprendedor que no sea, a escondidas y vergonzantemente, otra cosa, como, por ejemplo, un empresario.

Barcelona Activa monta dentro de unos días un salón que llaman Bizbarcelona que, al parecer, dispone de un área de asesoramiento que, se anuncia, proporciona las claves del éxito para poner en marcha un negocio.

Las informaciones que nos llegan nos explican cuales son esas claves: En primer lugar, la ‘idea de negocio’, que deberá estar en un sector económico razonable. Lo segundo, un ‘business plan’, del que se dice que es ‘clave’, es decir, la clave de las claves. Luego se requiere una ‘financiación’ y una ‘forma jurídica’ adecuadas. Para redondear, la ‘formación’ aporta la guinda definitiva.

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Todo eso está muy requetebién. No voy a decir lo contrario, después de llevar cincuenta años predicándolo en universidades y empresas. Pero con esto se refuerza la engañosa y generalizada creencia de que se junta todo esto y, ¡tachan!, ya está. Y eso no. Ni hablar.

Todo eso es una morralla que hoy se compra barata en cualquier esquina. Un plan estratégico, hace cuarenta años, sólo lo sabían hacer McKinsey y un par más y costaba carísimo (y se de lo que hablo de primera mano), pero hoy lo hace un becario como tesis de final de estudios de un MBA. Lo del business plan es una consecuencia del plan estratégico, y eso ahora ya lo hacen los estudiantes del MBA a las seis semanas de clase. Todo lo demás se merca sin problemas, menos la financiación que, contra lo que se empeña en decir la gente, no la tienen que poner los bancos, que están para financiar otras cosas (una parte razonable del circulante, por ejemplo; y nuevos proyectos muy concretos). La financiación la ponen el amo y sus socios. Y si no es capaz de convencer a ningún socio y no la tiene, que no se meta.

Hace un tiempo, a un tertuliano, escritor muy culto que disfruta metiendo mano a políticos y empresarios, le oí desgañitarse con el tema de Spanair: “¡Quiero que me digan qué ha fallado! ¿El business plan estaba mal hecho? ¿No había financiación suficiente?” Le faltó preguntar por la forma jurídica y por la formación.

Ese tertuliano, y mucha gente más, tienen que entender que todo eso, tal como he dicho, son flors i violes. Lo que cuenta de verdad son otras cosas.

Lo que cuenta es el espíritu de lucha, que es la capacidad de superar el miedo, el pánico que bloquea e inmoviliza. El espíritu de lucha te hace tirar adelante haciendo las cosas deprisa y bien.

Lo que cuenta es el espíritu de sacrificio, que es la capacidad de echar todas las horas del mundo – quince o hasta veinte al día, cien a la semana, las que sean – haciendo no lo bonito y divertido (visitar clientes, diseñar anuncios…), sino exactamente lo que hay que hacer en cada momento, por desagradable que resulte (controlar existencias, visitar banqueros…).

Lo que cuenta es la capacidad de liderazgo, que consiste en ser hábil para arrastrar a los que haga falta para seguir adelante.

Y, en respuesta al tertuliano, le podría decir que si Spanair se fue al carajo fue porque en vez de un líder, a su frente había un chico muy fino, puesto por una persona que lo había tenido de segundo de a bordo (de chico para todo) y al que le caía bien, que sabía dar unas charlas muy simpáticas, pero que no era capaz de ponerse delante de su gente y al que nadie hubiera seguido ni a un picnic. Y esta explicación, obvia, dicho sea de paso, no se la he oído reconocer a nadie. Los más sensatos se limitan a perderse con la miopía del tertuliano citado. Los más manipuladores intentan arrimar el ascua a su sardina buscando conspiraciones políticas. Y así, cuando se trata de encontrar un máximo ejecutivo para una gran empresa pública, los unos se limitan a buscar fidelidad acrisolada al partido y secta que controla ese cotarro, y, a los otros, ni se les pasa por la cabeza que deben exigir que sepa liderar colectivos de cientos o miles de personas. He visto casos en que se da como ejemplo cualificante de la experiencia previa de un presidente ejecutivo el que haya sido antes subsecretario.

Hablar de ‘empresarios’ nos da asco. Hablar de liderazgo nos suena a caudillismo. Y así, en plan exquisito, queremos sustituir unos conceptos imprescindibles para el funcionamiento de la economía por lirismos emprendedores y cursos que dan, cobrando, teóricos que en su vida han tenido que pagar una nómina. Eso si no nos sale el visionario que quisiera remontar la crisis con equipos autogestionados…

Lo que quiero decir, en resumen, es lo siguiente: Dejen de marear la perdiz con esa charlatanería vacía en torno a los ‘emprendedores’. Con eso están consiguiendo que gente que domina una profesión o un oficio, pero que han sido enviados al paro, y que no tienen ni tendrán jamás el espíritu de lucha y sacrificio necesario, ni la capacidad de liderazgo imprescindible para ser un empresario, se emocionen porque les jalean – ‘¡emprendedor!, ¡emprendedor!’ – se líen la manta a la cabeza, se entrampen para toda su vida, y luego entren en pánico, se neuroticen, se arruinen y acaben peor de cómo estaban.

 

 

4 pensaments a “El camelo de la emprendeduría”

  1. Amigo José Mª,

    en primer lugar, permítame que le agradezca todo lo que de positivo hay en sus comentarios. Seguro que me ayuda a entender mejor el mundo en el que vivimos.

    Yo comprendo que, cuando se tiene una visión tan completa como la suya – le envidio la profundidad de su análisis y su capacidad de síntesis al definir lo que se pretende que sea un emprendedor– sobre lo que es un emprendedor, algunas reflexiones al respecto puedan parecer simples. Más aún, que puedan verse, desde su punto de vista como simplezas, es decir, boberías, estupideces, mentecateces, majaderías, bobadas, gansadas, imbecilidades, atontamientos, tonterías, torpezas, nulidades, futilidades, trivialidades, insignificancias, frivolidades, superficialidades, bagatelas, minucias, tontadas y unos cuantos sinónimos más que me sugiere el Word.

    Otro tanto puedo decir de su definición de empresario – sabiamente disociada de la de empresa – equivalente a amo, patrón, dueño, etc… y que Vd. resume: ‘en general gente que explota a los demás’. El mismo Marx (D. Carlos) le envidiaría su capacidad de síntesis, él que tuvo que escribir todo aquel mamotreto sobre la plusvalía.

    Difiero, no obstante, en una minucia semántica: yo no adjudicaría el comportamiento de los que se creían clase media y han descubierto que sólo son putos proletarios como ‘espíritu de lucha’ y e ‘espíritu de sacrificio. Una cosa es luchar y sacrificarse por una idea – incluida la idea de ganar dinero – y otra ‘defenderse como un gato panza arriba para no perder el pellejo’ y ‘que te sacrifiquen’. Quizá el resultado es el mismo, acabar hecho unos zorros, pero aquí la intencionalidad cuenta, en mi opinión.

    Cierto que todas las argumentaciones – no sólo algunas – de las que dije, ya se oyen en otros círculos o foros. Como dijo Salomón, nihil novum sub sole. Sólo una vez cada siglo sale un Einstein o un Keynes o un Newton que dice algo nuevo, e incluso entonces se recuerda que eso, más o menos, ya lo había sugerido alguien antes. Hay muchas razones para repetir las cosas, y cada cual tendrá la suya. Mi razón es que una aseveración se valida y se matiza empíricamente (¡Que quiere Vd. que le diga! Hace años que aprendí a desconfiar de la metafísica) y sólo hablo de aquello en lo que puedo aportar mis experiencias. En concreto, sobre empresarios de empresas públicas y privadas, con amo o cooperativas, en estos últimos cincuenta y siete años, he conocido profesionalmente a varios cientos, a los que debo añadir más de un millar de directivos.

    Basado en esto, puedo de decirle que recuerdo perfectamente a tres perfectos y eficientes canallas que arrasaban lo que fuera y a quien fuera, los tres fallecidos ya en un entorno y unas circunstancias que no se las deseo a nadie. A estos debo añadir media docena más que, aunque lo pretendían, no les llegaban ni al tobillo. Hay todos ellos están arruinados. Cuando alguien, por ejemplo, Josep Martí Gómez, se refiere a ellos calificándolos merecidamente, sonrío y no añado leña al fuego, porque ya han recibido al menos parte de su merecido.

    Harina de otro costal son la docena o docena y media de empresarios que por incompetencia profesional, por neurosis o por enfoques equivocados en sus metas personales, se fueron a pique arrastrando a sus empresas y a sus familias. En esos casos asumo mi parte de culpa: Unas veces por visones y otra por falta de recursos no supe hacerles ir por la buena dirección. Algunos de estos casos me resultaron especialmente dolorosos, porque yo era lo que ahora se llama su coach – yo siempre preferí hablar de mentoring – y no supe evitar que se estrellaran. Estoy pensando en este momento en un caso sensacional, de un cliente que acabó siendo un amigo, y que después de fracasar como banquero y arruinarse reconvirtió su vida hacia la política local (sus conciudadanos le adoraban, porque, además de una bellísima persona, echaba el dinero a espuertas en su pueblo y aledaños).

    El resto de los que he conocido, los centenares de máximos responsables de empresas, y los directivos que ejercen tareas similares, son gente que hacen lo que pueden para tirar adelante. Hay muchos más bien malos, y les va mal, hay otros más bien buenos, y les va bien. Y hay otros más bien del montón, y les va así, así. Sólo en una ocasión, que ya he descrito en otro lugar, he encontrado un sádico que disfrutaba jodiendo al personal. Como ya dije cuando lo expliqué, quiso acabar como consultor pero termino en la calle. En este oficio de empresario, es mi experiencia, en general el crimen no paga.

    Pero me consta que mi experiencia no es la única posible. Estoy seguro que Vd., en una experiencia que, aunque no sea tan extensa como la mía puede ser mucho más valiosa, tiene muchos casos concretos en los que, examinando las situaciones rigurosamente (son las normas del juego, que yo me aplico, aunque reconozco que no son mías. Vd. sin duda las conoce), puede aportar ejemplos de que los empresarios en general son gente que explota a los demás. Hágalo. Se lo agradeceremos todos.

    Tomo nota de su opinión acerca de que estas reflexiones, aquí, desentonan. Como Vd. comprenderá, no era esa mi idea. Pero, ya que Vd. lo dice, tomo nota y, desde aquí mismo, expongo a los miembros de este club que nos acoge, y al que no tengo el honor de pertenecer, que convendría que consideraran su reflexión. Evidentemente no espero que me contesten en este foro, sino en un discreto e-mail. Si no vuelve Vd. a ver mi firma será señal de que Vd. tenía razón, y no yo.

    Una vez más, gracias por sus comentarios.

  2. Me pregunto si para una afirmación como la del título, es decir asimilar camelo a la moda que el poder se encarga de promocionar de los emprendedores, hacía falta decir algunas de la simplezas que se vierten en el texto.
    Creo que bastaba con decir que emprendedor es sinónimo de “búscate la vida” o ” móntatelo como puedas” para intentar sacar para vivir con alguna idea o conocimiento adquirido, por que trabajo no vas a tener.
    Por cierto que hablar de empresario que no empresa, es equivalente a amo, patrón, dueño, etc.,es decir en general gente que explota a los demás, y no a todo parado sea cualificado o no, se le da bien o tiene ganas de hacerlo.
    El espíritu de lucha y el sacrificio se está dando casi exclusivamente entre los empleados no los empleadores, y si no que se lo expliquen a la actual masa de empleados por miserias (cuantitativamente o en relación a los servicios prestados) y sin horarios, condiciones que ponen los empresarios.

    PD. Por cierto que algunas argumentaciones ya se oyen en otros círculos o foros, no hace falta encontrarselas aquí, pienso que desentona.

  3. Amigo Recio,

    desde luego cada uno es muy dueño de dar vivas a lo que quiera. En todo caso no seré yo quien, a mis años, comience a dar vivas al capitalismo.

    Voy a ver si puedo ayudarle a aclarar por donde van los tiros:

    Una cosa es el Capitalismo. En cualquier manual o panfleto puede encontrar una definición más o menos correcta, más o menos sarcástica o más o menos encomiástica. Para mí la mejor definición y crítica es la que se deduce del libro Theory of Value de Debreu – de hecho, la chicha son cien páginas escasas – que le valió el premio Nobel porque nadie quiso ver la brutal crítica que contiene. Léalo. Ahí dice con claridad meridiana qué condiciones deberían darse para que el Capitalismo funcionara. Et si non, non.

    Otra cosa es la Empresa. También puede encontrar una buena definición buscando por ahí. La empresa siempre supone una ‘acción ardua’ para conseguir unos resultados. Lo que se haga con estos resultados (repartirlo entre los trabajadores, aportarlo a un ayuntamiento renqueante, reinvertirlo para crear más empleo o comprar un visón a la señora del amo) es algo ajeno al concepto de empresa. Que funcione bien en vez de funcionar mal siempre es cuestión de que haya alguien que esté al frente y haga lo que hay que hacer poniendo en ello todas las energías y toda la capacidad de liderazgo. Y esto lo he visto así en el mundo capitalista, cuando las empresas han sido de propiedad privada y los amos se han pateado el dinero que ganaban y hasta el que no ganaban, me disculpará que no ponga ejemplos. Y también en las empresas privadas que reinvertían y creaban puestos de trabajo, como por ejemplo Ramón Vizcaíno, en la que José Mari Vizcaíno, hijo del fundador, amenazado por ETA, despreciado por los sindicatos y bajo el escepticismo de los bancos se dejó la vida defendiendo los puestos de trabajo y la vida económica de su valle. Y también en las empresas públicas, como RENFE, como INDRA en sus primeros tiempos, como el Instituto Municipal de los Servicios Funerarios de Barcelona…, donde había que defender cada peseta que era de los ciudadanos, muchas veces contra la ceguera estúpida de los sindicatos. Y también en las cooperativas de producción, como las de Mondragón, cuando Arizmendiarrieta y Ormaechea, y unos cuantos más, se dejaban la vida para tirar adelante aquel proyecto. Todos los líderes de esas empresas fueron hombres de empresa, empresarios, de tomo y lomo.

    Y, desde luego, empresas eran las que en los países socialistas producían, unas mejor llevadas y otras peor. Cuando la histeria estalinista dejó de mandar al paredón o a Siberia a los que demostraban la estupidez del sistema de planificación soviético, se reconstruyeron los esquemas de gestión, a partir de los modelos de Kantoróvich. A pesar de su enorme prestigio (había sido premio Stalin y condecorado por sus trabajo y su valor en la guerra mundial) tuvo que sufrir el acoso de los bárbaros académicos. Su libro sobre cálculo económico, en el que tuvo que inventar las ‘evaluaciones objetivas de valor’ para torear el uso de la palabra ‘precio’, mereció un capítulo de introducción desdeñoso e insultante por parte de la vaca sagrada de turno, por desviacionista, pero sus trabajos merecieron el Nóbel. A partir de entonces, hubo en los países soviéticos empresas cuyos responsables pudieron gestionarlas razonablemente bien, desde luego con sudores y liderazgo – en Europa tuve ocasión de conocer algunos procedentes de Alemania y Yugoslavia – Y otras, no. Como en todas partes.

    En la burbuja inmobiliaria ha habido empresarios y sinvergüenzas. He tenido ocasión de conocer a bastantes de los unos y de los otros. Y, curiosamente, ni los unos ni los otros fueron especialmente responsables de ella. Fue una gilipollez infame de políticos holgazanes, ambiciosos y miopes.

    Que ‘el crecimiento económico capitalista nos ha llevado a una sociedad globalmente imposible en términos de desigualdad, sostenibilidad ambiental, satisfacción de las necesidades básicas etc…’ es absolutamente cierto. Para salir de esta brutal situación se necesitarán muchas personas que trabajen duro y ejerzan liderazgos fuertes. Le invito a que se una a ellos, hay trabajo para todos. Esa muchedumbre de charlatanes quejicas y llorosos que se arrastran por las esquinas creyendo que repetir lo dicho mil veces es ‘denunciar’ no aportarán nada al necesario cambio.

    Permítame una matización sobre su comentario: ‘El problema de la buena economía es el de cambiar reglas de juego con todo el realismo necesario’ es una formulación que no me satisface. Las cosas primero se hacen, retorciendo las reglas y, si es preciso, saltándoselas. Quizá sea deformación mía de los ’60 y de los ’70, pero si hubiéramos tenido que esperar a que se cambiaran las reglas, aún tendríamos que cantar el Cara al Sol. Las nuevas leyes, las nuevas normas, aparecen cuando la realidad ya se ha impuesto. Es lo que decía Suárez con lo de hacer legal lo que ya estaba en la calle.

    Spanair estaba mal gestionada y mal financiada. Pero se podían haber hecho cosas. Con liderazgo y con la gente que había dentro. Me consta porque analicé el problema en su día. Soriano despreció esta opción. Si hubo alguien tan majadero como para creer que era posible montar una compañía de bandera catalana, cuando se estaban acabando de liquidar las compañías de bandera, sería porque la ignorancia es atrevida. Si Vd. tienen el dato concreto de quién, de verdad, quería eso, apórtelo, para que quede constancia ante las generaciones futuras. Vueling fue una operación maestra, que aún triunfa, aunque su historia es demasiado complicada para que quepa aquí. Volotea, hija del mismo padre, es otra operación fantástica, pero que va por otros derroteros. Lo de las autopistas de Madrid, simplemente, es pura desvergüenza, de la más clásica en España.

    Insisto: le invito a que se una a los que hacen que cambie lo que haya que cambiar para que todo cambie.

    Un cordial saludo.

  4. ¡Viva el capitalismo!

    Bueno estoy de acuerdo en el camelo de la empreneduría, aunque creo que los tiros van por otro lado. Por embellecer al empresariado. Puedo estar de acuerdo con que para tirar proyectos hay que trabajar en cosas duras, pero no que la única economía posible sea la de la empresa capitalista. De hecho estamos aquí como resultado de la contrarrevolución empresarial de los 70. Empresarios que se matan por proyectos han sido los que por ejemplo han propiciado la burbuja inmobiliaria (y en su afán de negocio no han dudado en corromper a quien sea). El crecimiento económico capitalista nos ha llevado a una sociedad globalmente imposible en términos de desigualdad, sostenibilidad ambiental, satisfacción de las necesidades básicas etc. El problema de la buena economía es el de cambiar reglas de juego con todo el realismo necesario. Y por cierto Spanair ya era una compañía quebrada y mal gestionada cuando pasó a la Generalitat. No he podido entender porque si quería promoverse una compañía de bandera no se optó por crear una nueva sin cargas (como hicieron Vueling o Volotea). El escándalo aquí fue que alguien consiguió que el dinero público asumiera un muerto. Más o menos lo mismo que ha ocurrido con las autopistas de Madrid.

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