El cadáver de la especulación inmobiliaria

Ruinas modernas en Ciudad Real / Foto: Julia Schulz-Dornburg

Néstor Bogajo
Periodista

Un paisaje campestre. Una llanura verde o dorada por el trigo. Una bandada de pájaros revoloteando sobre un horizonte nítido y lejano. Y justo en medio, como un intruso que nunca debió colarse en la fiesta, un cadáver de hormigón. Cimientos zombis que emergen, amenazantes, de las profundidades de la tierra. Viales que en su día alguien trazó para que condujeran a algún sitio y a los que el desuso cubre ahora de maleza, como a las tumbas viejas y abandonadas de los cementerios. Chalets en estado de descomposición: de unos sólo se adivina el esqueleto; otros lucen todavía algo de piel, de músculo; y los hay que, como muertos recién muertos, parece que estén dormidos.

Imágenes como éstas ‒indignantes, descorazonadoras, inquietantemente bellas‒ son las que recoge el libro Ruinas modernas, una topografía de lucro (Àmbit, 2012), de la arquitecta Julia Schulz-Dornburg (Múnich, 1962). La obra, que se ha presentado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), muestra parajes ocupados por urbanizaciones abandonadas, poblados fantasmales que son la herencia sobre el territorio del estallido de la burbuja inmobiliaria en España. Se trata de un minucioso trabajo de documentación de ruinas causadas por la codicia y que, a diferencia de sus hermanas mayores ‒las ruinas vencidas por el tiempo‒, nunca llegaron a ser habitadas. Algunas corresponden a proyectos que era imposible que llegasen a buen puerto, por cómo se planteaban, por donde se ubicaban y por cuáles eran las verdaderas y oscuras intenciones de los promotores, arquitectos y políticos que las promovían.

Francesc Muñoz, geógrafo y director de la colección Palabra y paisaje, de la que Ruinas modernas constituye el segundo volumen, aseguró que «el libro ofrece una panorámica sobrecogedora de lo que el paisaje ha sido durante las últimas dos décadas: poco más que un fondo de imagen sobre el que se iba colocando, ladrillo a ladrillo, acera a acera, la silueta de una urbanización sin sentido pero con razón; aquella razón que deriva de la especulación más extrema, la que ha ido construyendo el territorio a pesar de ser consciente de que nadie lo habitaría después». En la misma línea, Schulz-Dornburg definió sus ruinas como unos «monumentos de alto valor simbólico», pues «resumen la compleja trama de complicidad social, política y económica que insiste, como si no hubiese otra alternativa, en que el único modelo viable para nuestra sociedad es el del crecimiento por el crecimiento y cueste lo que cueste».

Presentación de “Ruinas modernas” en el CCCB. Foto: Jordi Gómez/CCCB

Un proyecto que «no tocaba»
Ruinas modernas tenía que haber sido una exposición. Lo explicó el arquitecto Pedro Azara en la presentación del libro, en el que colabora prologando uno de los capítulos: «El proyecto se ofreció al CCCB, el lugar, a priori, más indicado para exponer una mirada crítica y objetiva como ésta. Pero ni interesó ni dejó de interesar. Dijeron que la exposición sería aburrida, a pesar de que lo que estas imágenes suscitan no es precisamente aburrimiento». El proyecto fue ofrecido después al Palau de la Virreina y al Museu dʼArt Contemporani de Barcelona (MACBA). Y en este caso la respuesta fue la de «uf, això no toca; es un tema demasiado conflictivo». El Museo Reina Sofía, de Madrid, fue el siguiente en verlo «entre complicado, conflictivo y aburrido» y concluir que lo mejor era «no tocar el tema». «Que estas instituciones considerasen que el proyecto era conflictivo corroboraba su interés», constató Azara. Al final, e irónicamente, fue La Casa Encendida, de Madrid, quien aceptó la propuesta. Una institución financiada por Bankia. Y ahí murió el proyecto en tanto que exposición. (De momento.)

La editorial Àmbit recogió el testigo y aceptó difundir la investigación en formato libro. «Un libro terrible para los que nos dedicamos a la arquitectura ‒prosigue Azara‒, puesto que hace de espejo nada deformante, sino terrible, como el que usaba la madrasta de Blancanieves; un espejo que nos devuelve la verdad que no hemos querido ver o hemos tratado de esconder a través de las falacias y los vídeos con los que pretendíamos engañar al público». Azara animó a la editorial a publicar un segundo y un tercer volumen: «hay material para ello, si bien es cierto que entraríamos, decididamente, en el mundo del terror».

Proyecto Gran Scala en los Monegros

Los universos de ocio
Los cadáveres urbanísticos de Schulz-Dornburg han tenido que cumplir tres requisitos para formar parte de la selección de este volumen: debían ser proyectos que nunca llegaron inaugurarse, construidos en el nuevo milenio y desarrollados al margen de las tramas urbanas preexistentes. El libro expone 25 casos. La autora tiene investigados 60 y ha visitado un centenar a lo largo de dos años y 10.000 kilómetros de viajes; un largo peregrinaje que empezó en 2009, cuando por primera vez escuchó hablar del gigantesco proyecto Gran Scala, una macrociudad del juego en pleno desierto de los Monegros (Aragón) y que incluía 32 casinos y varios parques temáticos. «El proyecto ‒recordó Schulz-Dornburg‒ estuvo rodeado de un gran secretismo en cuanto a su emplazamiento, como sucede ahora con Eurovegas. ¡Como si el lugar, la tierra, el contexto no tuviese ninguna importancia para el proyecto!».

La prosa de la promoción y la fantasía de los planos terminaron de animar a la autora a tirar del hilo. En la presentación de ayer aprovechó para recordar la descripción y los objetivos del parque acuático que había que levantarse en el desierto: «El visitante experimentará una arquitectura insólita variada, desde el periodo egipcio hasta el renacimiento europeo, mientras se desliza sobre múltiples toboganes cruzando el acuario hasta las profundidades. El concepto consiste en combinar atracciones emocionantes con zonas relajantes, rodeados por temidos tiburones, cruzando pasadizos secretos bajo el agua, para terminar la aventura relajándose en baños termales, jacuzzi y actividades de spa». «Lo más sorprendente ‒apuntó Schulz-Dornburg‒ era que nadie se sorprendía: a nadie le parecía fantasioso. Al revés: cambiaron las leyes en Aragón para facilitar las cosas y los vecinos seguían con entusiasmo el proyecto. No fue hasta hace unos meses que quedó patente que el oscuro consorcio que prometía atraer inversiones de 17.000 millones (siempre es esta cifra, no sé por qué) era incapaz de presentar los avales bancarios para comprar el suelo».

Disfrutar siendo prisionero
A Schulz-Dornburg no se le acaban los ejemplos. Uno más: la futura megaurbe Marina dʼOr Golf, que se anuncia como «una nueva ciudad dedicada al turismo y al ocio, con gran provisión de servicios, alta rotación de visitantes y una estructura urbana pensada desde el principio para el recreo, el servicio y la satisfacción del visitante». Este universo de ocio, que cuenta con los permisos pertinentes para llevarse a cabo, ocupará, según los promotores, 18 millones de metros cuadrados y tendrá, además de viviendas y hoteles temáticos, varios parques lúdicos y infinidad de lugares de ocio. La arquitecta los enumeró: «una bolera prehistórica, un cine volcánico en cuatro dimensiones, un bar musical egipcio con ambiente de oasis, un hotel caribeño con agua artificial, un parque infantil medieval, un balneario científico, una pista moscovita de patinaje sobre hielo y una pista de esquí a diez minutos de la playa». Y uno más, la guinda con la que Schulz-Dornburg cierra la introducción de su libro: «el restaurante prisión para disfrutar sintiéndose prisionero voluntario en una cárcel temporal. El local reproducirá el ambiente de una galería penitenciaria y la carta estará llena de referencias al mundo carcelario. Tras el pago de la cuenta (fianza), recuperaremos la libertad».

«Los folletos publicitarios ‒reflexionó Azara en la presentación del libro‒ dicen mucho sobre qué imagen tienen ciertos sectores políticos, administrativos y económicos de cuáles son nuestros deseos. Si de verdad son estos, apaga y vámonos».

 

Ruinas modernas en Tarragona. Foto: Julia Schulz-Dornburg

Más ruinas en el camino
Ruinas modernas, no obstante, se centra en proyectos más modestos. La autora dio con ellos en el primer viaje que organizó para visitar universos de ocio, grandes ciudades de vacaciones y otros lugares emblemáticos de la especulación hispana ‒Seseña, Algarrobico, aeropuerto de Ciudad Real (con museo de la aviación incluido)…‒. «En los horizontes lejanos, al lado de las carreteras secundarias, en las grandes planicies y los desiertos rocosos, había urbanizaciones a medio hacer. Y no tenían nada que envidiar a sus hermanos mayores en cuanto a fantasía y desconexión del territorio». Estos pequeños hitos del crecimiento por el crecimiento constataban que la epidemia se había extendido hasta el último rincón del país. «Me cogió una especie de borrachera urbanística. Una locura de cazador de tesoros. Una obsesión por descubrir más de este mundo paralelo al que no había prestado suficiente atención», recordó Schulz-Dornburg.

Su libro, frío y desapasionado, no sólo recopila diferentes fotografías de esas urbanizaciones poco urbanas, sino que aporta datos concretos ‒obtenidos de las propias promotoras inmobiliarias, los archivos municipales o los boletines del Estado‒, que ayudan al lector a sacar sus propias conclusiones. «He preferido mantener este tono frío para que las ruinas modernas brillen con luz propia», dijo la autora, quien sigue trabajando sobre universos de ocio, ciudades fantasma y paisajes de lucro: «El libro es la primera puesta en escena. Espero que haya más oportunidades en el futuro, en otros formatos, para poder desarrollar y explicar más cosas». Lo aconseja la magnitud de una tragedia que amenaza con afectar a las generaciones venideras. Muñoz aventuró que «dentro de cincuenta años, el turista cultural que visite estas urbanizaciones ‒o lo que quede de ellas, porque una obra construida como se construye en este país y sin habitar está en peligro de degradarse rápidamente‒, podrá aprender de lo que los humanos de esta parte del mundo hicieron con su paisaje durante quince años».

Schulz-Dornburg terminó su intervención compartiendo con el público asistente su sensación de déjà vu: «El Mundo publicó hace unos días un artículo sobre la visita del presidente de Las Vegas Sands a Madrid. Empezaba así: “Ya tienen el dinero. En diciembre de 2013 se pondrá la primera piedra, aunque no saben dónde, y si lo saben, no lo dicen ʻen defensa de sus accionistasʼ”. Me sigue sorprendiendo la normalidad con que se comunica la colocación de la primera piedra de un proyecto de 250 hectáreas ‒que implica 17.000 millones de euros de inversión, doce hoteles, seis casinos, un campo de golf, un gran teatro y un estadio deportivo para 17.000 espectadores‒, sin revelar siquiera la ubicación». Como si el lugar, la tierra, el contexto no tuviese ninguna importancia para el proyecto.

 

Portada del libro “Ruinas modernas”, de Julia Schulz-Dornburg

 

Ruinas modernas. Una topografia del lucro
Julia Schulz-Dornburg
Textos de Rafael Argullol, Pedro Azara, Oriol Nel·lo y Jordi Puntí
Àmbit Servicios Editoriales. Colección Palabra y paisaje, 2
220 páginas
17 euros

Un pensament a “El cadáver de la especulación inmobiliaria”

  1. Todas esas ruinas modernas, como muy bien indica Julia Schulz-Dornburg en su libro, son los testigos acusadores en el juicio que España debería tener la valentía de realizar tras el gigantesco fraude que ha tenido la cobardía de permitir. Pero aunque este juicio nunca llegue a concretarse siempre, a través de estas ruinas, quedará la huella de la locura codiciosa que se apoderó de un país durante un par de décadas en medio del silencio de los ciudadanos y de la impunidad de los saqueadores.

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