Echemos abajo la estación de tren

Como los trenes, las buenas ideas llegan con retraso (Giovanni Guareschi)

Marta Solé
Periodista

Qué quieren que les diga, todo hijo de vecino tiene sus placeres culpables. Uno de mis favoritos es la portada de La Razón.  No hay mañana que no abra con ilusión el pdf que cuelga Paco Marhuenda en Twitter con esa frase tan neutra pero cargada de maldad “os dejo la portada”.  Aaaah, delicia, emoción garantizada, dádiva. Cuál fue mi alegría el  pasado miércoles cuando leo en primera la reproducción de parte de la conversación entre Mas, Rajoy, Pastor y el principito. Ojo, que tiene mérito, los periodistas lo tuvieron crudo para salir de su zona reservada en el tren, idónea para un agente de viajes, inútil para un reportero.

Sants no es Hendaya. Y nuestros políticos prefieren incendiar y demoler desde los atriles que escupirse a la cara –cosa que sería infinitamente más instructiva para la población en general–. Digo yo que es como escribir cartas incendiarias a un enamorado y luego hablar del tiempo cuando coincidís en el ascensor.

Me perdonarán la broma con la canción que he escogido para esta ilustración musical de la semana. Es  Demoler, de Los Saicos. Me gusta por sí misma y porque me encanta ver la cara de la gente cuando les digo que Los Saicos son peruanos. Hoy me ha dado por imaginar que sonaba insistentemente en la cabeza de Mas, Rajoy, Pastor y el principito mientras buscaban temas banales para templar un ambiente imposible.

Que dice La Razón que estuvieron hablando de la dieta de Mas. Que fue Pastor la que rompió el hielo diciéndole al president que le veía más delgado. Me van a disculpar pero lo interpreto como toda una declaración de intenciones. Quien te ve más delgado, quiere caerte bien. Rajoy le pregunta –siempre según La Razón– que si hace ejercicio. Y el Molt Honorable suelta modestamente que no, que nada una vez por semana. O sea, que está así por naturaleza. Eso da rabia. Siempre da rabia la gente que se quita mérito. Al menos a mí. Porque una cosa es la modestia, president, pero otra es la presunción. Cuidado.  Luego Pastor confiesa que la natación “para las chicas es un rollo”. ¿Lo adivinan? Pastor cede a la tiranía de la depilación.  Ahí me he reconciliado con el sector femenino del Congreso de los Diputados. Porque una cosa es ir afeitado y duchado al trabajo, señores –y hasta nadado, si me apuran, aunque sólo sea una vez por semana– pero muy diferente es ir duchado, peinado y depilado. Eso merece un plus de productividad. La cosa me ha llegado al alma. Fuentes bien informadas me han desmentido que exista un servicio de peluquería o estética para sus señorías en el Congreso y de repente me han empezado a caer mejor Soraya Sáenz de Santamaría y su antecesora, María Teresa Fernández de La Vega. Les aseguro que yo en su lugar daría las ruedas de prensa en bata. No sufran, no va a ocurrir, no tengo apellidos compuestos.

Rajoy, que está hecho un figurín, ha contado que corre cada día. Pero corre sin moverse. En cinta. Solo espero que no haya aprovechado una oferta de la tele para comprarla. Se me eriza el vello –en mi trabajo tampoco hay servicio de peluquería y estética– de pensar en el obsequio que vendría con la cinta. Aunque, bromas a parte, les confieso que me produce más escalofríos la imagen de correr sin moverse. Es toda una metáfora de una forma de gobierno. La conclusión a la que llegaron los insignes caletres fue que la tele engorda. Venga hombre, venga, si la tele lo hace todo más bonito e interesante, hasta los premios Nadal.

El principito no dijo nada. Luego, en Girona, Rajoy y Mas no se dieron la mano. Normal. Envidia.