Donde no hay selfi no hay alegría

2015-03-28 11.43.22

Fabricio Caivano
Periodista

Hasta la RAE se ha rendido: selfi (sin e). El palabro ya tiene licencia académica  para  disparar. Había que nombrar a la española ese afán compulsivo de miles de narcisos que, adobados en su soledad grupal, buscan de un modesto orgasmo digital, low cost y almacenable.Ahora se venden  a millares  unos palos  telescópicos que amplían el campo  de la bendita foto, su circunstancia periférica. pobre Ortega. Yo soy yo y mi móvil.  Al igual que en  la artesanal masturbación, la imagen-imaginación es esencial  para un  resultado satisfactorio. Hay que ver bien el contorno de los sueños.  El selfi es  una foto de carné para identidades transeúntes, instantáneas de felicidad fugaz.

Pero al menos el crecimiento  de las auto fotos tiene sus ventajas. Está acabando con aquella barbarie de los autógrafos mochileros, las torpes iniciales con rotulador, el logotipo del bárbaro,  el habitual “Pepe estuvo aquí” o  la herida navajera en el lugar más visible. Huellas predigitales. Eso que nos ahorramos, de momento.

Un ejemplo de la educación de Narciso.  El monte Toro está en Menorca y tiene 358 metros de altitud. Los días soleados permite una  impresionante vista panorámica sobre la isla.  Ayer,  en el pretil de un balcón al sur, vi y fotografié este texto. Una instrucción  para   narcisos  analfabetos icónicos, con o sin palo.  Déjense de selfis, imbéciles.  Fotografíen  este paisaje, coño.  ¿Patrocina Instagram? Ni idea.