¿Dónde está nuestro dinero?

Hugo Rodríguez Mendizábal
Instituto de Análisis Económico, CSIC

Forges

15/5/2012 (22:30) Los días 21 de diciembre de 2011 y 29 de febrero del presente año el Banco Central Europeo (BCE) llevó a cabo dos operaciones de inyección de liquidez a 3 años a un tipo de interés fijo del 1 por ciento anual. Además del plazo y del tipo de interés al que se concedieron, estas operaciones fueron extraordinarias por su montante. Entre las dos se inyectaron más de 1 billón (millón de millones) de euros. Para poner esta desorbitada cifra en contexto, podemos pensar que es equivalente al PIB español en el 2011 o que es más del doble que el saldo de liquidez que las instituciones crediticias mantenían en agosto de 2007,
el momento culminante de la burbuja financiera.

Estas inyecciones de liquidez forman parte de un paquete de medidas diseñado para “respaldar el préstamo bancario”. Pese al posterior triunfalismo del BCE, analizando los datos disponibles hasta la fecha, vemos que no se está consiguiendo este objetivo. Por ejemplo, según las últimas encuestas llevadas a cabo por el propio BCE, todavía se observa un endurecimiento de las condiciones con las que los bancos proporcionan préstamos a empresas y a familias. Asimismo, ha aumentado tanto el porcentaje de empresas que declaran una menor disponibilidad de préstamos bancarios como la proporción de solicitudes rechazadas en las peticiones de préstamos.

Dado que, evidentemente, estas inyecciones de liquidez no cumplen su objetivo de promover el préstamo bancario, una pregunta pertinente es ¿dónde está ese billón de euros?

Según el presidente del BCE, el sr. Mario Draghi, “no sabemos exactamente qué hacen (los bancos) con este dinero (…). Los bancos decidirán con total independencia qué es lo que quieren hacer, dependiendo de cuál sea la mejor combinación de rendimiento/riesgo para sus negocios” (entrevista con el Financial Times el 14 de diciembre de 2011). Sin embargo, de nuevo buscando en las estadísticas del propio BCE, nos podemos hacer una idea aproximada de cómo los bancos han dispuesto de ese billón de euros.

El primer destino de ese dinero ha sido unas cuentas corrientes que los bancos mantienen en el BCE. De una manera muy simplificada, éstas son las cuentas que sirven para expandir el crédito en la economía. La razón radica en que el BCE obliga a los bancos a que el saldo de estas cuentas sea, como mínimo, un porcentaje del volumen de depósitos que los clientes tenemos en los bancos. Por lo tanto, cuanto mayor sea el saldo de las cuentas corrientes que los bancos tienen en el BCE, mayores pueden ser los depósitos de sus clientes. Para convencer a sus clientes de que abran esos depósitos los bancos ofrecerán crédito con mejores condiciones, menores tipos de interés y mayores cantidades. Pues bien, desde diciembre de 2011, los bancos mantienen en estas cuentas 100 mil millones de euros que son exactamente los requerimientos mínimos de liquidez que les exige el BCE y no están dispuestos a aumentar dicho saldo para expandir el crédito y los depósitos.

De los 900.000 millones restantes, 763.000 millones se encuentran también en el BCE pero en otras cuentas que no permiten “respaldar el préstamo bancario”. Estas cuentas, denominadas facilidades de depósito, son “como poner dinero bajo el colchón”. Los bancos lo meten ahí cuando, por la razón que sea, les entra más dinero de lo esperado y lo mantienen ahí hasta que le pueden dar un uso. Para entender el abuso que los bancos hacen de estas facilidades, sólo hay que recordar que el saldo medio de estas cuentas entre enero de 1999 y agosto de 2007 ha sido de sólo 334 millones de euros.

Por último, los bancos se han dedicado a comprar deuda pública. Entre noviembre de 2011 y marzo de 2012, las instituciones financieras de la zona euro han aumentado sus tenencias de deuda pública en 137.000 millones de euros. Se da la circunstancia que estos bancos utilizan la liquidez que el BCE les da al 1 por ciento para comprar títulos de deuda pública que, en la mayoría de los casos, ofrecen tipos de interés sustancialmente mayores. Estas diferencias de tipos son consecuencia de los incrementos de déficits derivados de los paquetes de ayudas destinados, precisamente, a rescatar a este mismo sistema financiero. Representan, en definitiva, una subvención encubierta hacia los bancos que los contribuyentes tendremos que pagar, tarde o temprano, con nuestros impuestos.

Para rizar más el rizo, el BCE ha reducido la calidad de los activos de garantía que exige a las instituciones a cambio de las inyecciones de liquidez que efectúa. Mientras antes exigía activos con calificaciones muy altas, ahora se conforma con títulos tóxicos entre los que se incluyen cédulas hipotecarias de la Caja de Ahorros de Madrid (ahora integrada en Bankia) y del Banco de Valencia o bonos de la Caja de Ahorros de Sabadell (ahora integrada en Unnim) y de la CAM. Los contribuyentes, una vez más, tendremos que hacer frente a cualquier pérdida de valor de estos activos relativa a la valoración que haga el BCE.

Leyendo las declaraciones del sr. Draghi y viendo lo que el sistema financiero está haciendo con nuestro dinero, es aterrador comprobar como el BCE confía en las decisiones de los mismos bancos que nos han llevado a la mayor crisis que se conoce desde la Gran Depresión. Al menos, si no para otra cosa, nos sirve para constatar que nada sustancial ha cambiado en el sistema financiero y que, como en tantas otras ocasiones, la factura de esta crisis no la pagarán los que la han causado.