¿Dónde está el patriota Wally?

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Cadena humana por la independencia en la muralla China durante el mes de agosto. Foto: EFE

Josep Maria Cuenca
Escritor

Faltan cinco minutos para que haga un año de la memorable manifestación de 11 de septiembre de 2012 en Barcelona. Los mismos minutos que han de pasar para que algunos monten una nueva cadena en lugar de deshacer alguna de las miles que asfixian nuestro pasmoso mundo venteado sin cesar por las alas del Ángel de la Historia. Es evidente (y no es menos evidente que casi todo el mundo mira hacia otro lado) que en el año transcurrido entre la Diada de 2012 y la inminente, algunos en Catalunya han decidido vivir peligrosamente. No tengo nada que objetar a quienes optan por el riesgo como forma de vida, a condición de que las consecuencias recaigan exclusivamente en los arriesgados. Pero, por desgracia, los dirigentes de la comunidad nacionalista catalana practican juegos peligrosos cuyo precio ya hemos empezado a pagar algunos de quienes no queremos tener nada que ver con patrias y banderas.

Confieso que mi estado de ánimo ante la orgía así llamada soberanista catalana es depresivo y nada tiene que ver con la astenia preotoñal que me asalta sin piedad cada mes de septiembre. Lustros de adoctrinamiento nacionalista han logrado que una parte notable de la población haya naturalizado eslóganes rotundamente imaginarios, sacralizados y henchidos de vacuo resentimiento ajenos a la más leve argumentación racional. Desde la fantasiosa recreación de lo que sucedió en 1714 (que, por cierto, va a costarnos un ojo de la cara durante un año), al supuesto odio de España contra Cataluña (o sea, una forma de autoodio, pues mientras la independencia no llegue, Catalunya va a seguir siendo España como lo ha sido sin problemas en el pasado) pasando por el expolio fiscal y el maltrato lingüístico (etcétera). Todo ello abstracciones incontrastables con realidad alguna.

Catalunya ha sido y es uno de los territorios de España social y económicamente más privilegiados y lo podría seguir siendo a condición de que la élite patriotera clausurase de una vez por todas la factoría de odio y manipulación sentimental que inauguraron hace tiempo y que es capaz, por ejemplo, de tratar en su televisión el problemilla de Messi con Hacienda como una agresión de España a los símbolos de Catalunya (así al menos lo presentó en su día el Canal 324); o de proyectar la sombra de la condición de traidor sobre todo aquel que no comulgue con la doctrina de la fe patriótica. Pase lo que pase mañana o la semana que viene, en el futuro inmediato la Catalunya política va a resultar un lugar sumamente inhóspito. Basta con prestar un minuto de atención a esa repulsiva campaña impulsada por CiU viniendo a decir que la productiva y tenaz Catalunya mantiene con su sangre, su sudor y sus lágrimas a la España parasitaria. La mismísima CiU de Félix Millet, Oriol Pujol, Macià Alavedra, Jaume Camps y tantísimos otros ínclitos y assenyats amantes del terruño. Manda bemoles que Artur Mas siga sin tener el menor problema en afirmar que su proyecto no va contra nadie. Pues menos mal.

El caso es que el conflicto, grotesco en su esencia, está servido desde hace rato. Y el caso es también que la producción de desfachateces nacionalistas no deja de incrementarse. Quien no me crea puede repasar algunas cosas dichas estas últimas semanas previas a la cadena humana que se hace en nombre de una libertad que consiste -vivir para ver- en la construcción de nuevas fronteras. A mi juicio, al margen de la promoción social del concepto de “traïdor” por parte de algunos miembros y miembras de la Assemblea Nacional Catalana y de la ya aludida campañita de CiU sobre la sufrida Catalunya y la España subsidiada, lo más destacado sin duda lo ha dicho ese peso pesado de la política llamado Oriol Junqueras, al considerar legítimo que con un treinta y siete por ciento de participación en la anhelada consulta es suficiente para decidir el futuro de nuestro amadísimo país. En detalles como éste se aprecia la sinceridad democrática de los nacionalistas. Para ellos sobra y basta con que voten exclusivamente ellos; no es de extrañar que consideren que su proceso de independencia es democrático e irreversible al mismo tiempo.

La chapuza y la mala fe son los únicos instrumentos con que cuentan los patriotas y no parece que echen de menos otros más honorables y menos hirientes. Utilizan sin vergüenza alguna TV3 y otros medios públicos para ponerlos al servicio exclusivo de su causa y son tan torpes que el próximo 11 de septiembre pretenden encadenar a la ciudadanía con su dogma en lugar de abrir la convocatoria e intentar poner de relieve las contradicciones de socialistas e iniciativeros, los cuales siguen interpretando algo así como el papel del perro del hortelano.

Que no se perciba el grado de delirio al que hemos llegado es inquietante. Los nacionalistas quieren montar un referéndum, adquieren las urnas noves de trinca y esperan -al menos Junqueras y sus acólitos- que la gente no vaya a votar. Entretanto, algunos esperamos todavía que nos expliquen cómo se lo van a hacer. Porque, se mire como se mire, lo sustancial sigue sin ser expuesto. No es de recibo auspiciar una consulta sobre la independencia sin admitir que la legitimidad de la misma sólo se alcanzará si una amplia mayoría de todos los ciudadanos vota por la secesión; en mi opinión, esa amplia mayoría no debiera se inferior al setenta y cinco por ciento del personal. Tampoco es admisible que no se diga qué pasará al día siguiente. Si ganase el “no” ¿sería para siempre? Por supuesto que no, para un nacionalista. Mientras que si ganase el “sí” ya sabemos que se trataría de una decisión eterna. Así da gusto apostar a la ruleta.

Tal como está llevando las cosas la cofradía patriótica resulta de una ingenuidad alucinante esperar que un no nacionalista, como por ejemplo yo, tenga ni medio motivo para participar en su tinglado. Si de verdad son demócratas, como no se cansan de repetir, deberían dejar muy claras las reglas del juego y no coaccionar a nadie. Pero bien mirado, no se trata en absoluto de ingenuidad, sino de intentar ganar de la única manera que les es posible: haciendo trampas. Como ya las hicieron el 11 de septiembre del año pasado, cuando aseguraron que un millón y medio de personas se había manifestado por las calles de Barcelona, orillando los rigurosos y sencillos métodos contables que ofrecían algunas webs de carácter técnico; métodos que permitían saber sin duda que, en el más optimista de los casos, a la manifestación en cuestión asistió medio millón de personas. Y es que la cosa cae por su propio peso. Si hay tantísimo patriota dispuesto a hacer sacrificios constantes, ¿por qué no se llenaron tres “Campsnous” el pasado 29 de junio en lugar de llenar -y no hasta la bandera- sólo uno? Y ¿cómo es posible que no se hayan inscrito a la cadenita inminente un millón de personas ahorrando a la encantadora señora Forcadell su dramática llamada a los catalanes buenos a desplazarse a las Terres de l’Ebre para cubrir el desierto de inscritos que allí se registra? ¿Dónde diantre está, un año después, el patriota Wally?

Quizá el nacionalismo venza algún día, pero no convencerá jamás. Si en el futuro el ochenta por ciento de los catalanes abraza el deseo de la independencia tal vez la obtengan. Pero ello no hará que su doctrina sentimentalista, irracional e imaginaria resulte más respetable. Porque nada respetable se puede fundar tomando como punto de partida un mero accidente (el lugar en que vinimos al mundo) y la imperiosa necesidad de inventarse y alimentar día y noche a un enemigo.

9 pensaments a “¿Dónde está el patriota Wally?”

  1. Alexandre, no pots imaginar-te fins a quin punt agraeixo les teves paraules, ni de quina manera m’esperonen a seguir escrivint sobre l’assumpte. Perquè si bé, com és obvi, no renuncio ni renunciaré a expressar-me amb la meva habitual contudència, no són poques les vegades en què el desànim i el cansament m’assalten sense pietat.

    Tens tota la raó quan dius que el nacionalisme és “la ideologia per excel·lència dels que manen”. Aquí i arreu, ahir i avui. I precisament per això resulta tan dolorós veure com segueix el joc pervers dels dirigents patriòtics molta gent de bona fe sense adonar-se del parany que al final de la seva il·lusió (en tots els sentits) els espera.

    Una abraçada.

  2. Senyor Cuenca: Gràcies pel seu article, i gràcies per la seva lucidessa. Desmuntar a Catalunya els tòpics i les fal·làcies dels nacionalistes espanyols és fàcil, tenint en compte que estem en un medi ambient hegemonizat pel nacionalisme català. Però desmuntar els tòpics i les fal·làcies del nacionalistes catalans requereix el seu valor. I vostè el té.

    Els dos nacionalismes són complementaris, s’alimenten mútuament. I part d’aquest aliment consisteix en l’ús excloent i possessiu de les paraules Espanya i Catalunya, com si representessin conceptes monolítics, i no realitats socials complexes i plurals, plenes de contradiccions. Per als nacionalistes les persones i les classes socials no existeixen, tan sols existeixen les pàtries (“país” en la neollengua imperant), a les que cal sacrificar-lo tot. El nacionalisme és la ideologia per excel·lència dels que manen.

  3. Sr. Cuenca,

    Probablement amb el paragraf amb el que respon al Sr. Seguí estariem plenament d’acord.

    Així doncs, quina és la nostra diferència substancial a l’hora d’analitzar la realitat que ens envolta? des del meu modest punt de vista l’existència dels nacionalismes en el món són una realitat inqüestionable, siguin del caire que siguin i per tant obviar-los (com a mi em sembla que que vostè fa) no és la manera més ‘sàvia’ d’encarar i transformar la realitat.

    Estem d’acord en que volem viure en un món just, respectuós, pacífic, solidari on cap diferència impliqui cap discriminació i que aquesta és la manera més raonable d’estar sobre la capa de la terra (més enllà del lloc on hagis nascut i/o visquis), ara bé de la mateixa manera que entenem que aquest és un ideal cap al qual la humanitat ha de dirigir-se, no hem de perdre de vista que es tracta d’una entelèquia, una abstracció molt lloable que ens dóna un punt de llum a l’horitzó cap a on hem de caminar, però no ens resol com hem de manegar el ‘miserable’ dia a dia per arribar-hi. Des del meu punt de vista el moviment cívic que s’està duent a Catalunya per aconseguir el trencament amb Espanya és impecable (més enllà de si s’hi està d’acord o no). És pacífic i l’únic que reclama és poder expressar-se mitjançant unes urnes. Tant de bo totes les separacions i expressions de desacord que es produeixen en el món es produïssin amb aquesta exquisidesa (ara no entraré en la manipulació, perquè òbviament hi és, però no només per la part catalana. Recordi que jo cada dia m’empasso tota la premsa madrilenya…)

    A diferència de vostè, jo crec que el binomi Catalunya-Espanya fa temps que està trencat, no m’aturo a senyalar de qui ha estat la culpa (probablement les culpes siguin a repartir) i per molts pedaços que hi volguem posar ja no som a temps de solucionar-ho. Per tant, un cop acceptat el mal major, ara es tracta de resoldre-ho de la millor manera possible. Per a mi el canvi de relació Catalunya-Espanya (no dic quin ha de ser el model) pot provocar moviments profunds a Espanya, a Catalunya i a la mateixa Europa que les obligui a replantejar-se. Vull pensar que això pot ser així, tot i que sé que no serà exactament així perquè la realitat no és mai com la raó considera que hauria de ser, sempre és pitjor. Però seguirem caminant…

    Cordialment

  4. Antoni, gràcies a tu per llegir-me (em permeto tutejar-te i et suggereixo que tu també ho facis amb mi). M’agraden especialment les teves paraules referides al que anomenes “sentit de pertinença”. Coincideixen fonamentalment amb l’únic concepte de pàtria que George Orwell -un escriptor capital, per a mi- admetia: la pàtria és l’entorn concret, precís, immediat en el qual creixem i que, en la vida adulta, ens permet mesurar la resta del món i relacionar-nos-hi de forma harmoniosa. Res a veure, per tant, amb cap modalitat d’essencialisme abstracte ni de tergiversació històrica o filosòfica. És a dir, res a veure amb la doctrina de la fe patriòtica; res a veure amb el nacionalisme.

    En efecte, la cultura i el coneixement són les úniques esperances de què disposem.

    Una abraçada.

  5. Sr. Cuenca, gràcies pels seus articles. Sobre el tema no hi vull entrar per prescripció autofacultativa, només un apunt, ja que jo també vinc de lluny. Els anys 80 havien de fer una administració pública modèlica, àgil, propera, neta i polida, com les dels països del N (“on diuen que la gent és culta, rica i feliç!”). Tots sabem el que tenim. Ara sembla que encara la cosa serà millor, suposo que pels de sempre. Pels que no tenim sentit de pertinença més enllà de l’entorn on vam viure i/o vivim tot açò és un pal (i no de paller, ni de bandera). Esperem que la cultura sigui superior als cants dels patriotes.
    Salutacions cordials
    Antoni

  6. Hace ya tiempo que he abandonado toda esperanza de debatir sobre el contenido de mis artículos lamentables con nacionalistas, aunque desde luego no ignoro que los hay muy diversos y desde luego no faltan entre ellos gentes cuyas intenciones son honradas. Algunos buenos amigos, sin ir más lejos. A estas alturas del partido llevo escritas bastantes cosas aquí y aún no he leído ni un solo comentario que impugne el contenido concreto de lo que digo. Curiosamente, se me impugna a mí, al ente físico, insignificante y maltrecho (mi salud no está para tirar cohetes) que soy. Y si me pongo freudiano el panorama, lejos de mejorar, se vuelve aún más sombrío. Porque Nadal viene a decirme que escriba un artículo definitivo y me calle para siempre, y Alemany, realizando un esfuerzo que valoro, “acepta” mi artículo. Siempre es un alivio que le perdonen a uno la vida. Por desgracia, en otras latitudes cercanas a la nuestra y hasta hace tan sólo dos días mucha gente que, como yo, consideraba el nacionalismo deletéreo acabó con un tiro en la nuca o saltando por los aires. De momento, tengo motivos para sentirme un privilegiado.

    Ni Nadal ni Alemany han entrado al fondo de mi artículo para contrarrestar mis argumentos o los datos (que alguno hay) que he expuesto. A pesar de todo, quiero decir con total sinceridad que agradezco el tono de los comentarios de ambos, que al menos no recurren a los insultos que muchas veces recibo por parte de algunos recalcitrantes que me inquietan.

    Entrando fugazmente en lo concreto, me gustaría añadir que el arbitrario porcentaje que defiendo como justificativo de una posible secesión se debe a un simple hecho: estamos hablando de romper y dividir comunidades humanas, no de elegir un primer ministro. Si alguien no ve la sensible diferencia entre una cosa y otra me temo que no puedo hacer nada por ayudarle a entenderlo. Y, por otro lado, me gustaría que alguien (Nadal, Alemany o quien sea) me explicara tan didácticamente como sea posible en qué consiste la colonización y el expolio fiscal que perpetra la malvada España con la angelical Catalunya. Cuando paseo por Sant Cugat, Viladrau, el Empordà, la Cerdanya o la Vall d’Aran debo de padecer alucinaciones, pero el caso es que veo a numerosos patriotas que viven en la gloria. Seamos serios y aparquemos por un momento los sarcasmos: las únicas gentes que en Catalunya padecen un expolio rotundo y total son las que viven en barrios como Bellvitge (l’Hospitalet), Sant Cosme (El Prat), Can Sant Joan (Montacda i Reixac), l’Erm (Manlleu), etcétera. Qué curioso, gentes que viven al margen de las ideas nacionalistas y que no significan más que un estorbo para los venenosos dirigentes nacionalistas. Que cada cual saque las conclusiones que pueda, pero, por favor, dejenme escribir lo que me dé la gana. Si no es mucho pedir.

    En cuanto a Mateo, con quien he tenido la suerte de hablar en una ocasión meses atrás y la desgracia de no haberlo hecho más veces, sólo puedo decir que, por lo que sé de él (mi admirado y añorado Joaquín Jordá le dio bola en una interesantísima película y Mateo no lo desaprovechó), representa para mí lo más decente que tenemos. Luchó honradamente en el pasado y hoy sigue defendiendo cosas que yo considero dignas y valiosas, lo cual me hace sentirme menos solo.

    Gracias, en cualquier caso, a todos por vuestros comentarios.

  7. Sr. Cuenca,

    Yo creo que usted podria ahorrarse estos artículos tan sesudos con uno simple y útil que para siempre diga ‘los catalanistas me producen dolor de barriga’ (por no decir algo mas contundente), ‘cualquier cosa que hagan, digan o dejen de hacer, me produce vomito’, de este modo podríamos ahorrarnos esta lamentación permanente y reiterativa que usted va aduciendo artículo tras artículo.

    Permitame, de todos modos, hacer algunas observaciones a su artículo:

    En la frase “a condición de que las consecuencias recaigan exclusivamente en los arriesgados” usted omite que ahora estamos en permanente riesgo como si el gobierno español no tuviera ninguna responsabilidad en la situación económica, social y moral que vivimos en la actualidad. Vivir, Sr Cuenca, en cualquier parte del mundo entraña riesgos, y hacerlo ahora en este momento histórico en Catalunya, los que van aparejados a su circunstancia histórica. Probablemente usted me va a contestar que la situación actual catalana es producto de un delirio colectivo y yo anticipandome a su hipotética respuesta le contesto que la mayor parte de la historia del mundo es un delirio colectivo, y en eso, los catalanes no somos mucho mejores que el resto. En todo caso entrariamos en un debate de tipo filosófico que se escapa de las posibilidades de este espacio…

    Usted también afirma ‘quienes no queremos tener nada que ver con patrias y banderas.’ Sr. Cuenca usted vive actualmente en un país que la mayor parte de su ciudadania considera como patria y que tiene una bandera. A no ser que viva usted en ‘matrix’, cosa que dudo, usted vive en un lugar considerado mayoritariamente patria con bandera, repito.

    Usted dice ‘en mi opinión, esa amplia mayoría no debiera se inferior al setenta y cinco por ciento del personal’. Muy bueno, ya puestos porque no pone usted el 99%, o incluso para tener la practica certeza, el 99,99%?

    Finalmente, a diferencia de usted, yo si creo en la demolición de los estados nación construidos a fuerza de cañonazos en los siglos XVIII-XIX, para dar pie a una Europa mas acorde con los sentimientos de sus habitantes y menos centrada en sus egoicos intereses ‘nacionales’ (sean catalanes o españoles, en este caso). Yo voy a intentar luchar por un nuevo proyecto en una Catalunya mas justa, solidaria e intentaré por todos los medios arrebatar el poder al oligopolio catalán que se cree con derecho a representarme. Ojalá España siga el mismo camino. Un saludo

  8. Magnífico, real y contundente. Cuando yo era joven, los franquistas intentaban llenarme la cabeza con la palabra “patria”, ahora, ya de mayor a mi alrededor oigo como los encausados por la justicia se defienden alegando que son “patriotas”.Se nota que las “patrias”vienen de la misma fuente.León Tolstoi en “Guerra y Paz” las banderas son un palo y un trozo de tela. Cordialmente.

  9. Señor. Ni una opinión es una patada en la espinilla, ni una crítica un fusilamiento al amanecer. Es por ello que acepto su artículo en lo que quiere representar únicamente: Su punto de vista. No obstante, ya que según se desprende de sus propias palabras es usted un demócrata de los de toda la vida, le ruego acepte del mismo modo la forma de ser y de pensar de los demás, rogándole revise algunos conceptos como “adoctrinamiento nacionalista”, “expolio fiscal” y “maltrato a la lengua”, entre otros. Parece ser igualmente, que las personas que defendemos el nacionalismo debemos justificar nuestras mayorías más allá del setenta y cinco por ciento de nuestros votos. Creo debería igualmente revisar su sentido democrático, pues no acabo de comprender este aspecto. Algunos ya entendemos que cierta élite de los llamados políticos no merecen, no ya nuestro respeto, más bien al contrario nuestro pleno rechazo por sus actuaciones, pero el tiempo, que no creo muy lejano, pondrá a cada uno en su sitio. Creemos, a pesar de estos políticos, nos podría ir mejor y por esto tenemos las opiniones que tenemos. Creo olvida que lo acontecido estos últimos tiempos nace de un movimiento popular, separado de las instituciones. Pueblo que, al contrario de lo que se deja entrever en su escrito, tiene albedrío suficiente y mayoría de edad para tener criterios propios. Un saludo.

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