‘Putileaks’: Cuando Donald conoció a Vladimir

Este artículo escrito para El País no ha sido publicado por considerar la dirección del rotativo que su contenido es ‘inadecuado”. La Lamentable lo publica con entusiasmo.

John Carlin
Periodista y escritor

“Un político que se queja de la prensa es tan absurdo como un marinero que se queja del mar.”
Enoch Powell, antiguo parlamentario inglés.

Iban a hablar media hora, según la agenda oficial, pero al final la reunión entre Donald Trump y Vladimir Putin en Hamburgo, en el marco de la cumbre de los líderes de la G20, duró dos horas y cuarto. Lo que todo el mundo quiere saber es, ¿de qué hablaron?


Un experto especuló en la prensa estadounidense que había sido como una excelente primera cita concertada a través de la aplicación social Tinder. El País ha ido más lejos. Gracias a fuentes cercanas a la rama mallorquina de la mafia rusa, experta en noticias falsas, han obtenido una transcripción de la conversación entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia.

Putin: Por fin a solas, Donald, sin esos malditos periodistas. No sé cómo lo soportas.

Trump: Ay, Vlad, ¡nos acabamos de conocer pero qué bien que me entiendes! Si, son la peste. Pero, ya sabes: yo no me quedo con los brazos cruzados. ¿Viste el vídeo que colgué el otro día en el que le doy una paliza a la CNN?

P: ¡Lo ví! ¡Qué brillante que eres, Donald! Pero, te diré una cosa, y por favor no te ofendas. En mi país tenemos a los periodistas más controlados. Si se meten conmigo les damos palizas de verdad.

T: No me ofendo, Vlad. Te envidio. Pero, reconócelo, yo soy el campeón de Tinder…digo, de Twitter. Ahí sí que te gano.

P: No necesito Twitter para difundir mi mensaje, Donald. Para eso está la televisión rusa.

T: ¡Y ni hablar de tus hackers! Estoy encantado por fin de tener la oportunidad de darte las gracias por haber interferido en las elecciones contra Hillary. Te pedí ayuda en ese discurso durante la campaña. ¿Te acuerdas? “Rusia, si estás escuchando, espero que puedas encontrar los 30.000 mails desparecidos.”

P: Y te escuchamos, Donald. Te escuchamos. ¿Para qué son los amigos?

T: Exacto. Y sobre esta base debemos ahora profundizar nuestra relación.

 P: ¿Qué sugieres?  ¿Quieres hablar de Estado Islámico, Siria, Ucrania, de cómo destrozar a Merkel y dividir la Unión Europea…?

 T: Sí, sí, pero eso puede esperar… hablemos de negocios primero. Dime, ¿cuánto dinero tienes?

P: Eh…pues…

Donald Trump y Vladimir Putin
Donald Trump y Vladimir Putin

T: Vamos Vlad mis servicios de inteligencia son unos inútiles y unos traidores. Confío mucho más en ti que en ellos. Pero sospecho que no se equivocan cuando me dicen que has acumulado una fortuna en las Islas Vírgenes Británicas. No tan grande como la mía, por supuesto, pero…

P: No te creas, Donald. Mis hackers me dicen que te has ahorrado unos 50 mil millones de dólares en impuestos no pagados. Calcula que yo tengo el doble.

T: ¡Y yo el triple!

P: Bueno, vale… pero, mira, en cualquier caso, yo también quería hablar de negocios. De Corea del Norte.

T: Uff. ¡El dolor de cabeza más grande que tengo ahora mismo…!

P:  ¡…que tenemos todos! Pero no tiene por qué ser así. Vamos a matar dos pájaros de un tiro. Te propongo no solo una solución, sino una oportunidad. De ganarnos un dinerito.

T: ¡Aaaah! Ya, ya. ¡Armamentos! ¡Claro! ¡Brillante! ¡Comprar acciones en la industria de armamentos! Veo lo que estás pensando: yo invado Corea del Norte, se desata una guerra en toda la región y nos forramos.

P: Esa es una opción, de acuerdo. Pero yo había pensado en otra cosa: hacerle a Kim Jong-Un una propuesta que no puede rechazar.

T: Mmm, el enano de los pijamas negros… Aunque… mira, ahora que me lo pienso tengo una idea de que, pese a todo, me podría entender con él. Intuyo que los dos tenemos bastante en común.

P: Exacto. Justo lo que yo pienso. Mira, le decimos que elija: o te aniquilamos con nuestro arsenal nuclear o trabajamos juntos para convertir tu país en el centro de casinos más grande de Asia.

T: ¡Grande, Vlad! ¡No se lo pensaría dos veces ese loquito! Mucho comunismo pero le gusta el dinero tanto como a nosotros. Ya lo veo. Trasladaremos Las Vegas a Oriente. Construiremos la Trump Tower más alta del mundo, un Plaza Putin en Pyongyang…

P: Me gusta. Me gusta.

T: Sí, lo veo. Lo veo. Yo pongo mis conocimientos y tu pones las prostitutas…

P: Las rusas son las mejores del mundo, como ya sabes.

T: ¡Que si lo sé!

(Se abre una puerta. Entra Melania. “Cariño, la Merkel te está esperando, tienes cita con ella…”)

T: Pero…¿será posible? Te lo he dicho mil veces. No interrumpas cuando los hombres estamos reunidos. ¡Fuera de aquí! (Se cierra la puerta.) Perdona, mi querido Vlad, ya sabes cómo son…

P: Bien hecho, Donald. Tratas a tu mujer como si fueras un ruso.

T: Pues sí. Ahí debo reconocer que nos ganáis.

P: Totalmente. Pero, aunque me cueste reconocerlo, hay un tema en el que confieso que me ganas a mí.

T: Seguro que más que uno, Vlad, pero cuenta…

P: Bueno, es un poco incómodo hablar de ello…

T: Ánimos, Vlad, Confía en mí.

P: Bueno, eh… es cosa de hombres… mira… lo que más me aflige en la vida es que me estoy quedando calvo… Dime: tu pelo, tu maravilloso pelo… ¿cómo haces? ¿Cuál es el secreto?

T: Bueno, Vlad, pues mira… no se lo he dicho nunca a nadie pero como ya veo que somos como hermanos, te cuento…

(Aquí se corta la transcripción. Pero permanezcan atentos. En breve, el segundo capítulo de Putileaks.)

 

4 pensaments a “‘Putileaks’: Cuando Donald conoció a Vladimir”

  1. Colofón y disculpas

    En mi tercer comentario existe un error en la cita final Tucídedes, por el que pido disculpas. Tucídedes, el historiador ateniense de los siglos V-IV a.C, que vivió la llamada Guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas, no la escribió. Más bien es una deducción de los estudiosos de la obra tucidedea. Lo que Tucídedes viene a enseñarnos en su obra histórica de aquella guerra es que el error de Atenas y su imperialismo en su lucha contra Esparta era la de que luchar en múltiples frentes por encima de tus posibilidades es suicida. Abrir un segundo frente no es aconsejable a no ser que te “ayude” a que el enemigo desconcentre sus fuerzas del frente principal y luche en dos frentes en una especie de movimiento en pinza.

    Algo parecido le está pasando a los Estados Unidos ahora. Los conflictos abiertos en Afganistán, en Oriente Medio (Siria, Irak y Yemen) y en Ucrania están desgastando sus fuerzas, mientras que su “rival” China gana posiciones en el tablero regional del Pacífico sin disparar un sólo tiro. Estados Unidos está dispersando sus fuerzas militares inútilmente y esto puede hacer peligrar su seguridad oceánica, sobre todo en el Pacífico, donde se juega su poder militar y naval. Lo que viene a decir Trump al stablishment es que América no puede hacer tanto esfuerzo militar, debe reservar y concentrar sus fuerzas allí donde considera que se vulnera su seguridad: el Pacífico.

    Eso es motivo de discusión y polémica, incluso para el propio stablishment neocon: para unas personas cuya visión depredadora de las relaciones internacionales les lleve a ver enemigos potenciales, asumir ese “repliegue” es una bofetada en toda regla a su status de potencia indiscutida. Pero los tiempos han cambiado desde el 11-S del 2001. La economía norteamericana está debilitada por la crisis, y las aventuras extranjeras suponen un gasto ingente de recursos que el país no puede permitirse. Si un ultraconservador como Richard Nixon se comió el sapo de reconocer la República Popular de China para dividir el campo comunista en un momento que los chinos no se llevaban bien con los soviéticos, y como una forma de acabar la guerra de Vietnam ¿qué impide atraerse a Rusia para combatir a los chinos y a los iraníes?

    Trump con esto intenta imponer “realismo” político, un concepto que el stablishment no acepta, como no acepta renunciar al Consenso de Washington como forma de predominio económico mundial. Pero Trump les responde diciéndoles qué alternativa tienen ellos: aventuras militares costosas, crisis económica galopante y cuestionamiento popular en América y Europa de los Tratados de Libre Comercio (como el famoso TTIP)… Lo que se impone es un repliegue al interior desde el exterior. America First, babies y neoproteccionismo, si ellos tienen algo mejor entonces que convenzan al pueblo para que les apoye.

    Esto es lo que quería que los lectores entendieran. Donald Trump es un sujeto absolutamente racional. Su racionalidad es la de un reaccionario.

  2. Tercera reflexión (y 3)

    El País, ver para ver

    Esta última reflexión, tiene que ver con la propia base electoral de Donald Trump. Los obreros norteamericanos siempre han sido maltratados, en el país donde prosperar era y es hacerse uno mismo. Allí siempre hubo una fuerte hostilidad al sindicalismo y a la izquierda en general. El New Deal rooseveltiano fue un paréntesis y una excepción en esa historia de explotación (y genocidio) que es el sueño americano. De hecho, había que tomar medidas frente a la Gran Depresión a favor de los trabajadores, pero una vez que los empresarios se recuperaron de aquella crisis mayúscula atacaron de nuevo el movimiento sindical norteamericano que durante la Depresión había sido tolerado. El ambiente de la Guerra Fría facilitó las cosas: eso fue en esencia la Caza de Brujas y el Maccartismo.

    El FBI (dirigido por el ultraconservador Edgar Hoover), el Comité de Actividades Antinorteamericanas e incluso la CIA se pusieron manos a la obra para espiar y despretigiar a sindicalistas y a los pocos izquierdistas puros que había en el país. Aunque el movimiento sindical no se rindió como lo demostró el Movimiento por los Derechos Civiles de Martín Luther King, la lucha contra el obrerismo organizado continuó, sobre todo con la adopción de las doctrinas económicas neoliberales de organización de la sociedad.

    Con unos obreros machacados ahora por el paro estructural y sin medios para defenderse de las agresiones del capital al mundo del trabajo, pues los sindicatos aunque no prohibidos son mal tolerados y mal vistos por los propios obreros, pocas cosas les quedan a los obreros hombres y blancos que la xenofobia, la misoginia y el proteccionismo.

    Obama podía caer simpático y mostrar que el sueño americano existe, incluso para los afroamericanos, pero era un espejismo. Obama sólo representaba a una América liberal en lo moral y triunfante en los negocios, pero no una América golpeada que busca aferrarse a algo sólido como la familia y al trabajo frente a los valores líquidos que representaba Obama y Clinton.

    Hillary Clinton fue, aparte de un gran error, una gran falta de inteligencia política.

    Aunque mujer, estaba desgastada por su etapa de Secretaria de Estado y ciertas corruptelas de no poco cuento, no ofrecía mas que más de lo mismo. Trump, aunque multimillonario, era nuevo en el juego, incluso para su propio partido, y pudo jugar la carta de anti-stablishment con habilidad.

    El sistema de partidos norteamericano (aunque no tan rígido como los europeos) está en crisis. Los dos partidos, tanto el republicano como el demócrata están un tanto desorientados sobre qué hacer con el Frankenstein que han creado con la globalización, y así han surgido los Trump y Sanders que ofrecen soluciones desde sus ideologías: reaccionaria y proteccionista de Trump, progresista y socialdemócrata de Sanders.

    Si en las primarias demócratas hubiera ganado Sanders, Trump no lo hubiera tenido tan fácil para ganar. Hubiéramos visto un juego político más abierto e interesante, dos candidatos anti-stablishment que pelearon contra los dogmas establecidos de sus antecesores. Pero no fue así. Nadie tomó en serio a Trump, ni los suyos, pero él ganó contra todo pronóstico, cual héroe carlyliano. Promete trabajo a una clase obrera desesperada, pero ¿a cambio de qué? De unos salarios ricardianos (por no decir de miseria) y de seguir contaminando el planeta con la reactivación del Rust Belt, entre otras cosas peores. Al parecer el pasado es mensaje de futuro. Lo que funcionaba antes, con los negritos y los latinos en sus guetos (ahora los nuevos guetos son las cárceles norteamericanas) y la mujer en casa cuidando de la familia, servirá ahora pero con ligeros cambios.

    Lo que propone Trump es la resurrección de un ayer que ya desapareció y que si vuelve, lo hará deformado como los zombies. Y mientras tanto la prensa liberal dándole coba con sus críticas e insultando a los obreros que le han votado. Una situación muy triste, señores de El País, cuando en España tampoco ofrecen nada a los obreros que si no se han ido a la extrema derecha, es porque se ha organizado una extrema izquierda con un proyecto cultural y económico sólido.

    Ver para ver.

  3. Segunda reflexión

    El enemigo no es Rusia, sino China

    Si Donald Trump se considera un héroe, es normal que admire a otros que considera como él. Y esa admiración está en Vladimir Putin, porque es su alter ego: autoritario e impávido ante las críticas de la prensa occidental, que lo considera un frío y calculador agente del KGB que quiere resucitar la antigua Unión Soviética, que dirige a su pueblo, el ruso, hacia dimensiones desconocidas. Pero también hay una dimensión churchilliana de mal menor. El enemigo de los Estados Unidos no es Rusia como en el pasado, es China, de ahí que Europa esté perdiendo peso y lo esté ganando el Pacífico.

    Si las energias norteamericanas se deben centrar en contener el crecimiento de China, para qué tener otro enemigo, que incluso comparte el mismo temor.

    China, desde la proclamación de la República Popular en 1949, consiguió una estabilidad política interior que le hizo mirar al exterior y revisar los “tratado desiguales” con otras potencias europeas que le habían impuesto restricciones fronterizas, entre ellas Rusia. Un ejemplo de ello fue la reanexión del Tíbet o la recuperación de Macao o Hong Kong posterior. Si durante la etapa de Mao (incluso las guerras con la India) obedecían al antiimperialismo capitalista, ahora, con la deriva pragmática de los dirigentes chinos, es el nacionalismo lo que inspira la fuerza económica de ese país.

    Si Rusia tiene el temor de que China la reemplazará en Asia Central o en el rio Amur, ¿por qué no aliarse con un enemigo de mi enemigo? De la misma manera, Gran Bretaña a principios del siglo XX llegó a acuerdos con Rusia y Francia, frente al poderío de la Alemania de Guillermo II, en la Entente Cordiale, el objetivo de Trump es el mismo: rodear China.

    Si el TTIP fue diseñado para hacer la guerra comercial a los chinos en el terreno de las exportaciones y fracasa, por la oposición que ha generado, ¿por qué no volver al proteccionismo como arma de guerra para estrangular a China?

    Donald Trump busca el mismo objetivo que sus camaradas neocons, la supremacia de los Estados Unidos en el mundo, pero por otros medios. Pero ahora el enemigo es China, no Rusia, es lógico que Trump desdeñe la OTAN y la UE, no sirven de nada, además los europeos somos muy inestables y no somos de fiar, los neocons recuerdan la afrenta de la guerra de Irak, en que una Europa dividida no dio apoyo unánime moral a su invasión. Para Trump que los europeos se arreglen entre ellos, las energías norteamericanas están en el Pacífico, no en Eurasia. No será fácil ¿estará dispuesto Trump, en contra de todos a comerse el marrón que supuso la anexión de Crimea por Rusia y la división de facto de Ucrania, como en Siria con el apoyo al denostado Bashar Al-Assad, para alcanzar una deseable alianza con Rusia para rodear China?

    Si es así, Estados Unidos renunciaría a una supremacía mundial absoluta, a cambio de ser un primus inter pares. Es la lección de la historia, no puedes combatir en mil frentes a la vez mientras descuidas el frente principal, esta vez China.

    “Hay que concentrar las fuerzas, no dispersarlas” (Tucídides).

  4. Primera reflexión

    Donald Trump no es ningún payaso

    Estimados/as lectores/as antes de hacer otras cosas, quería compartir con uds. unas reflexiones sobre el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Para mí lejos de ser un ser extravagante o imprevisible me encuentro con un ser absolutamente racional, calculador. Todo depende si comprendemos el pensamiento reaccionario en su versión norteamericana.

    Ayn Rand

    Para empezar, el personaje puede ser grotesco, pero con el corazón en la mano ¿no es la política una manera de actuar? Sin embargo, sus actuaciones, sus maneras, sus declaraciones muestran la teoría del héroe que el escritor Thomas Carlyle, conservador británico del siglo XIX describió en sus obras. Para este escritor los pueblos, las masas no se mueven solas o por que los individuos tengan necesidad de unirse para alcanzar un objetivo, sino que son los líderes las que las unen y las llevan a objetivos excelsos. De esta manera un reaccionario puede admirar a Mahoma (aunque sea cristiano) o a Lenin (aunque sea un anticomunista). Para ellos, Mahoma o Lenin encarnan el ideal supremo y mueven las masas a la consecución de ese ideal. Una idea que podemos deducir del superhombre de Nietzsche y que otra reaccionaria ruso-americana actualizó en el siglo XX, como era Ayn Rand en sus novelas.

    No es extraño que el señor Trump recurra para lucirse y atacar a la prensa el Pressing Catch, Lucha libre americana o WWW, si uno ve los combates observa una sociedad fascista a escala de entretenimiento: los luchadores no se llevan bien entre sí, buscan hacerse malas jugadas, humillar al otro, pero aunque ellos se humillan entre sí; ellos se levantan, siguen impávidos en la lucha, continuan peleando hasta caer extenuados ¿no son las características de los héroes?
    Donald Trump puede ser racista y misógeno, pero él se considera un héroe norteamericano. La prensa puede criticarle todo lo que quiera, pero con su vídeo golpeando a la prensa envía un mensaje claro: él es más duro que sus enemigos. Alguien me puede decir ¿héroe de qué? De la debilitada clase media norteamericana, de los obreros que sufren el dumping salarial de la inmigración, incluso de los machos alpha frente a la rebelión de las mujeres.
    No, Donald Trump no es ningún payaso, es discípulo ni más ni menos que de Ayn Rand.

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