«Dimos un giro de trescientos sesenta grados»

corrupcion1Juan Tallón
Periodista

No sé si es bueno del todo este respiro que nos está concediendo el caso Bárcenas y la corrupción en general. Alguna gentuza entusiasta nos habíamos hecho a la idea de que podíamos marcar la agenda internacional, aunque fuese desde los juzgados, o directamente desde la cárcel. Esta idea, de cuestionable gusto, debo admitirlo, entronca dulcemente con aquella otra según la cual no importa si hablan bien o mal de ti, o de tu libro, o de tu película, o de tu camisa color salmón, mientras hablen. Este parón en la actividad, sin embargo, viene a decirnos que, incluso para ser corruptos, conviene acumular progreso y bienestar sobre el que arrojarse de bomba, como si las riquezas fuesen una piscina rebosante de agua y sirenas.

mafalda3monosTengo la sospecha de que para ser corrupto, o vagamente corrupto, se precisa una dosis razonable de motivación, como saber que si revientas la caja fuerte vas a hallar en el interior algo más que viejas postales. Cierto es que a menudo mis sospechas se quedan en errores polvorientos que nadie recuerda. Tal vez asistamos sólo a un estacionamiento temporal. Quizá todo se deba a una cuestión de mala racha, y la cosa remonte con la caída de las temperaturas y las hojas de los árboles. Habrá que estar atentos. Mi teoría, de todas formas, es que nuestra forma particular de corrupción progresa no tanto porque nos vaya bien, y el botín brille, que también, como porque la pobreza gane cada vez más terreno. Las sociedades pobres son, en cierto sentido, una invocación a la podredumbre, una llamada a la acción extractiva. Esto me hace ser optimista, es decir muy pesimista, de cara a los próximos tiempos, cuando todo lo que tenemos a nuestro alrededor siga devaluándose, como es el caso de las pensiones, por ejemplo. Naturalmente, nadie en el Gobierno habla de devaluación, sino de una mera reforma para fortalecer el sistema de jubilación. Bah. Cuando se trata de dar o no credibilidad al Gobierno, yo sólo tengo una recomendación que hacer: permanezcamos borrachos y ciegos. Ningún gobierno tiene solución, y menos este. «Estábamos frente al abismo», dijo aquel almirante uruguayo, «y dimos un giro de trescientos sesenta grados». Eso vale para nosotros. Si hay suerte, es decir si nuestra desgracia persiste, todo lo sucio y maloliente volverá.