Destinos electorales en Euskadi

e-Mail del País Basc
Ander Gurrutxaga Abad
Catedrático de sociología

El proceso político que ahora se examina ha sido especialmente agotador. La crisis económica y las múltiples secuelas unidas a la crisis institucional y los múltiples casos de corrupción han trasladado a la opinión pública la imagen de país derrotado y de la ciudadanía que quiere y aspira al cambio. No sé, con exactitud, la profundidad estadística que el movimiento telúrico va a tener en la composición de ayuntamientos, diputaciones y parlamentos regionales, aunque parece que puede ser notable. Hay que ver cómo se traduce esto en la clientela del PP y en la del PSOE- dominadores del escenario político español-. Los test de Madrid y Valencia pueden ser buenos indicadores de las tendencias de cambio que las encuestas dibujan.

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La aparición de Podemos y Ciudadanos, desde vertientes ideológicas diferentes y con respuestas matizadas, rompe el bipartidismo que, de facto, había mantenido el sistema político en España. Los votos del PP y del PSOE, no son suficientes para gobernar y una de las cuestiones más trascendentales se deriva hacia el día después; la política de alianzas o expresado de otra manera: cómo gobernar sin mayorías absolutas en un sistema proporcional como el español, donde cuesta tanto alcanzar acuerdos de cualquier naturaleza y las tradiciones políticas indican que sólo se pacta cuando es necesario para la supervivencia de la organización política de cada cual. En España, la democracia de partidos y el conocimiento político acumulado dice que los acuerdos son siempre muy difíciles: -se pueden contar con los dedos de la mano los espacios donde PP y PSOE se han puesto alguna vez de acuerdo para gobernar de forma conjunta-. La irrupción de Ciudadanos y Podemos, cada uno con el deseo firme de asentar su personalidad política y sus orígenes ideológicos y sociales, introduce incógnitas que por nuevas y novedosas, aventuran un panorama de alta complejidad política. De una forma u otra vivimos la situación donde el sistema político español se reinventa.

La cercanía de las elecciones generales provoca que los partidos en litigio se vuelvan más cautos y precavidos a la hora de alcanzar acuerdos por temor a las consecuencias que sus acciones pudiesen provocar en sus clientelas electorales. La opción de la lista más votada puede funcionar quizá en algunos lugares, pero no en otros,  gobernar en minoría, para muchos alcaldes y presidentes autonómicos, puede ser un calvario y cierto desgobierno en algunas ciudades y municipios. La mirada sobre las próximas elecciones generales es demasiado penetrante como para poder cerrar el ciclo electoral después del 25 de mayo.

En Euskadi la irrupción de dos fuerzas: Ciudadanos y Podemos puede tener menos repercusión que en otros lugares del estado. Ciudadanos es un partido con pocos raíces y una clientela potencial que, de momento en Euskadi, parece que no demanda sus servicios. Su irrupción puede estar más relacionada con el efecto novedad que con la construcción de un espacio político propio. En todo caso, los perjudicados por la aparición parecen ser el PP y UPyD.

El ministro de Sanidad, Alfonso Alonso; la presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga; el alcalde de Vitoria, Javier Maroto, y el diputado general de Álava, Javier de Andrés, en un acto electoral de presentación de Maroto. / DAVID AGUILAR (EFE)
El ministro de Sanidad, Alfonso Alonso; la presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga; el alcalde de Vitoria, Javier Maroto, y el diputado general de Álava, Javier de Andrés, en un acto electoral de presentación de Maroto. Foto: David Aguilar (EFE)

Para el PP el coste a pagar por los efectos mayoría absoluta en el resto del Estado puede ser alto. Por otra parte, el liderazgo interno de este partido en la CAV no parece que haya crecido. La sucesión y la gestión de las elites ha debilitado el partido en vez de fortalecerle. Por otra parte, tampoco parece que el gobierno -especialmente en Araba, del ayuntamiento de la capital-Vitoria- y de la Diputación Foral- haya servido para presentar la rutilante gestión capaz de paliar la debilidad de su liderazgo. El ruido generado por el uso de la RGI -Renta Garantía Salarial-, la denuncia del descontrol acumulado o el ambiguo tratamiento de la inmigración en ese territorio, no ha hecho sino crear equívocos y discusiones alejadas de las cuestiones fundamentales de las que el alcalde o el presidente de Diputación deben poder enseñar. La política general realizada por el Gobierno del presidente Rajoy tampoco deja mucho margen de maniobra. Al PP en Euskadi le ocurre que diga lo que diga o haga lo que haga el territorio de afirmación sociopolítica siempre está ocupado por otro o por otros y le obligan a desplazarse hacia una u otra esquina. La impresión es que el PP en el País Vasco es, sobre todo, un partido de “esquinas”, siempre instalado en la periferia, a rebufo de lo que se hace en otros lugares, no termina de gestar una voz propia y autorizada. La coyuntura es siempre madre de los votos y ahora no es favorable para sus intereses. La incógnita electoral es si será capaz de repetir resultados en Araba y mantener, como ha ocurrido en los comicios de los últimos años, la alcaldía de Vitoria y la Diputación de Araba. No parece que los tiempos y la coyuntura sean la mejor para alcanzar lo que, pare ellos, es un éxito.

El PSE no defiende posiciones inalterables. Los feudos de la Margen Izquierda del Nervión dejaron de serlo, desplazados en Sestao y Santurtzi por el PNV, quedan a la espera de mantener Barakaldo y Portugalete. El tiempo de Odón Elorza en el Ayuntamiento de Donostia pasó a mejor vida. Hoy la pugna no es recuperar posiciones, sino no perder más de lo que perdieron en las últimas elecciones. Con el liderazgo dubitativo, sin la posición clara y sin proyectos distintivos aspira a seguir estando y a no perder, al menos, algunos de los feudos municipales tradicionales. La competencia en su campo es fuerte y la gestión que han hecho con el nuevo liderazgo no parece que sean motivos suficientes como para dar el salto y ganar posiciones significativas. Mantener lo que tienen sería un éxito.

Ibon María Areso Mendiguren1 (Bilbao, 20 de mayo de 1944) es un arquitecto y político español del Partido Nacionalista Vasco, actual alcalde de la villa de Bilbao, País Vasco, tras la muerte del anterior, Iñaki Azkuna
Ibon María Areso Mendiguren, actual alcalde de Bilbao tras la muerte de Iñaki Azkuna

En el campo nacionalista las cosas aparecen tan disputadas como en elecciones anteriores. El PNV, siguiendo la tendencia que se observó en comicios anteriores, tiene tendencia a territorializar el voto y las clientelas electorales. Los mejores resultados los cosecha en Bizkaia, Araba es un territorio en disputa de la que con frecuencia salen perdedores y en Gipúzkoa no ha sido capaz de contrarrestar, de forma clara, el voto nacionalista que se orienta hacia Bildu. Mantener Bilbao con mayoría absoluta, los dos municipios que ahora tienen en la margen izquierda: Sestao y Santurtzi, la Diputación Foral de Bizkaia con mayoría holgada, aspirar -con suerte y alianzas postelectorales ventajosas- a gobernar el ayuntamiento de Vitoria y la Diputación, los gobiernos de Donostia y la Diputación Foral de Gipúzkoa, serían un éxito rotundo para la clientela abertzale del partido que gobierna la Comunidad Autónoma.

Bildu describe un panorama similar al de hace cuatro años: no tienen la caída vertiginosa que algunos pronosticaron, pero tampoco el ascenso comprometido por sus líderes más atrevidos. Fue un éxito para su candidatura hacerse hace cuatro años con Donostia y la Diputación de Gipúzkoa, así como gobernar la mayoría de los pueblos guipuzcoanos. Los sondeos están diciendo que su pugna y su techo está en mantener lo que tienen. Probablemente es un éxito para esta candidatura mantener los dos bastiones guipuzcoanos o repetir en los municipios donde gobierna en estos momentos.

Los nudos de la discordia electoral están donde estaban: Araba y Gipúzkoa. Los sondeos preelectorales no han despejado ambas incógnitas. El futuro en estos territorios parece que pasa por alianzas posteriores y no por un caudal de votantes nuevos que podría desencadenar el cambio natural. Esto no parece que vaya a producirse. En consecuencia, casi todo queda en manos de la virtud y de la capacidad de negociar pactos y acuerdos el día después, con el panorama de las elecciones generales vigilando los acuerdos.