¿De Madrid al cielo?

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Carmen Esbrí
Activista por los Derechos Humanos y miembro de la MEDSAP – Marea Blanca

Hablemos de salud en panorámica. Quiero iniciar esta colaboración colocando al lector ante el sentimiento y escenario del que soy parte interesada ya que Madrid, Villa y Corte, puede ser para algunos una ciudad socialmente asintomática e insensible; una urbe prepotente y especialmente protegida contra todo mal. Nada más lejos de la realidad. Supongo que muchos lectores habrán oído alguna vez esta frase popular del título (De Madrid al cielo), propia de aquí, que estaba en boca de madrileños de generaciones precedentes sin alusión alguna a la religión sino a la metáfora que decían con afecto; el dicho señala un espacio que se barrunta sereno y que supuestamente nos acoge cuando dejamos la vida, señalan un lugar dulce; eran madrileños orgullosos de su ciudad.

Como toda expresión popular, tiene un origen incierto; se ha intentado explicar como inspiración de un verso escrito por Luis de Quiñones de Benavente (siglo XVII) “Baile del invierno y del verano”; ser una expresión de quienes creían ver luces durante la noche que identificaban con la subida de almas al paraíso desde el Cerro Garabitas en plena Casa de Campo, cota relevante en la lucha franquista por la toma de Madrid; o, sencillamente, surgir ante la llamativa novedad que trajeron los cambios urbanísticos y estéticos que realizó Carlos III durante su reinado al que se  identificó de forma popular como “ el mejor alcalde, el rey”. Sus cambios europeizaron, bajo inspiración parisina, la ciudad masificada y sobria que heredaba de los Austrias; sus transformaciones hicieron de Madrid en aquellos tiempos una ampliación de la misma más estructurada y bella, más amplia y afable, como lo son los madrileños considerados gente abierta, hospitalaria y cercana; aunque esa nueva zona era más cómoda sobre todo para los que se pudieron permitir colar en ella, es decir las “gentes de posibles”. ¿ Seguimos igual ? Incluso en ese nuevo Madrid hay muchas sorpresas.

A día de hoy creo que las condiciones innatas de los hospitalarios madrileños no pueden haber desaparecido; pero las circunstancias que nos rodean están favoreciendo que Madrid en su conjunto sea progresivamente una ciudad incómoda y agresiva; lo que nos lleva a no poder cumplir con ese carácter que siempre se ha valorado de nuestros naturales; seguramente como otras grandes ciudades, pero hablamos de la mía; definitivamente soy de Madrid. Una ciudad que había recibido migrantes de zonas rurales durante siglos por ser ciudad capitalina entendiendo que sólo por ello dispondrían de más oportunidades; nuevos vecinos que fueron aumentando más y más, sobre todo, entre los años 50 y 80 orientados por un modo de entender la supervivencia y el progreso y guiados por unas políticas intempestivas e interesadas, poco reflexionadas, que hoy nos han traído a una enorme masificación; según dónde mires, incluso caótica; se fueron anexionando municipios limítrofes y produciéndose un desarrollo desigual en barrios, zonas, urbanismo y servicios.

Dos niños jugando con un cubo de basura en el poblado de El Gallinero. Foto: Jorge París

Aún perviven en Madrid espacios de chabolismo y ciudadelas del inframundo en los que el plástico, la uralita, el barro interminable, la falta de agua, la suciedad y los estercoleros, las ratas y la basura son el entorno donde viven familias con sus niños que carecen de los mínimos recursos para dignidad propia y para vergüenza de una ciudad que no deja de ser ciudad monumental, cosmopolita e inmortal; sin embargo estos existen inexplicablemente en medio de una insalubridad que empaña cualquiera de sus calificativos. Son guetos como la Cañada Real o el Gallinero, y otros que, con mayor o menor extensión, se dispersan también por una comunidad con una población de 6.442.356 habitantes en una de las mayores densidades de población de España. También hay en zonas cercanas; incluso en nuestros barrios y distritos hay personas que carecen de vivienda digna, agua, luz, empleo, alimentación sana, ropa adecuada … ; muchos de los cuales los vamos identificando como Invisibles, porque no se hacen notar o porque ni nos habíamos percatado de ellos hasta que la revolución ciudadana que trajo esta crisis que nos cuelan, toma cartas en el asunto y los hace aflorar como primeras víctimas de la misma. Sin duda, una crisis programada para zarandear el árbol de todos y dejar las fortalezas de muy pocos, los que han diseñado ese modelo que derrocha dinero ajeno; que para más indignación es nuestro.

Centro de internamiento de extranjeros de Aluche

A partir de los 90, los migrantes fueron aumentando con los que llegaban de otros países en busca de un mundo más seguro y más confortable; desplazados por hambrunas, guerras, persecuciones y obligaciones de cubrir necesidades primarias de ellos y los suyos. ¿ Cuántos lo han podido cumplir ? Hay muchos en el inmoral CIE de Aluche; todos ellos se vieron azotados con la retirada de la tarjeta sanitaria que pagaban religiosamente con los impuestos de cada día que gravan su pan, su leche, sus consumos. Ellos perdieron la universalidad sanitaria, nosotros más que otras comunidades la vergüenza de un gobierno local insensible. En otro momento hablaremos de ello; hablaremos de la Sanidad Pública. Como curiosidad añadida, puedo asegurar también que, incluso dentro de la Milla de Oro, pleno Barrio de Salamanca viven pensionistas, generalmente, en pisos interiores e infraviviendas de algunas bocacalles, que sobreviven malamente en un medio muy caro y elitista.

Foto: Juanjo Delapeña

Por otra parte, hablamos de la ciudad que en España ha tenido asentado desde su nombramiento como capital, todo tipo de organismos clave, para bien y para mal; son las estructuras que deben articulan el Estado que nos pertenece al completo; y a su vez son, vistos desde fuera, elementos que generan sensaciones de rechazo hacia nuestra ciudad, creyendo que los de aquí somos esponjas viles de un centralismo absorbente y nos creemos mejores que el resto de españoles. ¡Cuánta creencia prejuiciosa! Porque todos estos complementos anexos son muchas veces una tremenda carga; no permiten que podamos vivir ni disfrutemos ni siquiera de la naturaleza, cada vez más ausente, cada vez menos cuidada; no deja que aprovechemos más nuestro tiempo, ni disfrutemos de tanta cultura que nos envuelve y ni siquiera de esas relaciones que acaban alejándose; por tanto, no disponemos de todo aquello importante para nuestra salud en todas sus facetas nutritivas incluidas la diversión y la relajación con pequeños deseos y placeres que podrían animar nuestro espíritu o con silencios tan nutritivos para la reflexión que también ayudan a reforzarla que compiten con otros determinantes mucho más sanguinarios que perjudican la salud de los que muchos carecen, como vivienda, alimentación, educación, empleo y pensiones, servicios públicos garantistas y un elenco aún mayor que seguiría la lista.

Foto: Juanjo Delapeña

En Madrid hay muchas posibilidades, es verdad; sin embargo, no todos las pueden aprovechar; mucho menos quienes se alojan en núcleos de infraviviendas nacidas a golpe de especulación; construcciones de mala calidad principalmente en el sur; tampoco miles de familias a las que cada vez es más imposible mantenerse en pie hasta fin de mes y muchísimo menos los “ sin techo” entre los que se encuentran gentes de clase media, ni más ni menos que los considerados como pobres irrecuperables, irrisoria afirmación, pero sin duda un síntoma que proclama más contundentemente que no sólo España no va bien, sino que Madrid va muy mal con toda su capitalidad en la cabeza. Esos “ sin techo” o con techo de plástico son, cada vez más, gentes instruidas a las que la mala praxis política y el infortunio también han dejado en la calle, han sacado de su colectividad e incluso dejado fuera del sistema. Muchas plazas en Madrid retratan cada noche esta situación, personas esperando un bocadillo, un plato caliente o frío que echarse a la boca; muchos amaneceres nos muestran otras y otros buscando en los restos de la basura o en los contenedores de mercados y  tiendas.

Se han olvidado del patrimonio público

Así que con este panorama, la situación de la sanidad en Madrid a pesar de ser capital del Estado y cobijar los grandes centros de las empresas del Ibex 35,  ha acabado altamente deteriorada por las propias formas de desarrollo económico, así como por la orientación de tendencias políticas insalubres que han administrado esta comunidad, con excepciones loables evidentemente pero marcadamente insuficientes. Y aún hay más desde que sufrimos los ataques neoliberales, ya hace veinte años: un plan implacable que ha olvidado la tutela, el control y el fin sin reserva del patrimonio público; su actuación política sólo se ha basado en un modelo económico que en Madrid pivota sobre el turismo, la construcción, el apoyo al automóvil o el sector servicios privados, parasitando a su vez el espacio público, penetrando en él de forma silente y depredadora  mientras carcome las competencias municipales y las de la Comunidad Autónoma, tras esas varias décadas de neoliberalismo incrustado y asfixiante. Este no es el Madrid que me retrataban mis abuelos; ni siquiera el que yo viví.

La Puerta del Sol de Madrid, uno de los enclaves más turísticos de la ciudad

Esta política se evidencia claramente como toda una sorna; hoy nos encontramos con servicios sociales que, incluso para gestionar las necesidades de los excluidos, dependen de empresas privadas; nos damos de cara con ayudas a domicilio escasas para personas mayores o dependientes, mal controladas y en manos de grandes empresas que desde su diversificación empresarial que necesita más mercado, dedican un área a cubrir estas necesidades tan privadas, tan imprescindibles, tan delicadas dando un servicio de saldo y olvidando su verdadera función; y lo que es peor, sin control de las mismas por funcionarios cuya función son las personas, los ciudadanos y no el sometimiento a las susodichas empresas; funcionarios que inspeccionen desde las necesidades y no empaticen con los contratos empresariales.

Finalmente, nos encontramos aún con unos políticos entregados a la tradición municipal implantada por veinte años de mal hacer político que en líneas generales y aún a su pesar, por no pecar de prevaricadores, no se atreven a saltar sobre redes interminables de acuerdos que protegen a las empresas; políticos que no se aventuran, siquiera, cuando los contratos han vencido y pueden acceder a montar servicios municipales de titularidad cien por cien pública, políticos que salgan ya del falso teorema de que lo más rentable económicamente, es decir lo que da beneficio económico, es mejor para todos, en vez de que lo más eficiente es lo que se aplica sólo a la salud social que permite al conjunto estar, vivir, proyectarse en el futuro y progresar para mantener en plena forma una comunidad soberana y libre, una población saludable que permita seguir haciendo país, seguir haciendo comunidad, seguir haciendo de Madrid lo que debe ser. ¿ Para qué? dirán algunos, si España sólo es marca, si Madrid incluso vende y puede acoger más especuladores extranjeros .

Por tanto, en Madrid a pesar de tener los grandes organismos de nuestro Estado, tantas sedes de grandes empresas y bancos, tan enormes museos, y lugares culturales  y habiendo  suscrito  convenios diversos , normativas internacionales y tener los valores sociales inmersos en la Constitución vigente los cambios han movido muy poco y tiene aún una forma de administrar imprecisa en todo lo que afecta a la salud porque no se cuidan ni contemplan todos sus numerosos determinantes que han sido altamente provocados por el sistema. Gobernar no es fácil, pero es posible con contundencia y más rebeldía institucional no sólo proveniente del movimiento social y ciudadano. Muchas leyes, mucho Estado de Derecho, nulas políticas que se ajusten al fundamento primero de una democracia auténtica, el de salvaguardar el patrimonio de su soberano porque nadie trabaja contra si mismo; por tanto se ha de facilitar el bienestar del día a día en cualquier edad y condición; objetivos que no pueden olvidarse tras las puertas de los diversos estamentos administrativos, de los distintos gestores políticos.

Y es que aquí, creo que aún se  desconoce que es y se debe a la salud como elemento humano fundamental pendiente de tantos aspectos del contexto social olvidado. Según el Convenio núm. 117 de la Organización Internacional del Trabajo (1962) que España ratificó en 1973, es curioso que en uno de sus artículos se estableciera la necesidad de fomentar el desarrollo económico con una evolución sana de las poblaciones afectadas, teniendo en cuenta el arraigo, es decir no dislocar la vida familiar y social; teniendo en cuenta que se debería trabajar sobre las necesidades de las migraciones para adoptar medidas correctoras a las mismas que cumplieran con sus necesidades; y como consecuencia de las mismas si se producían, se debía de gestionar un modelo urbanístico saludable para altos grados de concentración, tratando de evitar la aglomeración excesiva en los cascos urbanos. Nada de ello se ha efectuado en Madrid; más bien a la sombra del poder se gestó un desorden y caos protegido para la especulación y el clientelismo que atacaron también al centro urbano y fueron eliminando desde el ámbito ecológico más simple a la vez árboles y arboledas sustituidas por masas de asfalto y aumento desmesurado de vehículos porque los traslados aquí nos llevan muchas horas que no tenemos y que el transporte público aún no llega a satisfacer con prontitud y comodidad.

¿ Las nuevas medidas que se pretenden adoptar serán suficientes ? Desde mi punto de vista no, porque hay que suplir las grandes zonas frías de materia inerme con aumento de zonas verdes, pero en todas partes y antes hay otras muchas prioridades como son las que obligan a repartir lo que hay, o sea el dinero público, entre toda la ciudadanía por igual o sino se seguirá fomentando las diferencias e injusticias. No importa en qué punto cardinal se habite, hay que equilibrarlo todo de acuerdo a los ratios y perfiles más locales.

Está bien trabajar los barrios pero hay que dar a todos lo mismo según sus necesidades reales, no sus necesidades caprichosas y ensimismadas. Si queremos salud también hay que devolver, por ejemplo,  la limpieza y frescura que procuraban aquellos barrenderos municipales cuando cada noche limpiaban y regaban las calles; hay que arreglar cientos de agujeros que provocan caídas y lesiones; hay que replantar árboles en el máximo de calles y no cortarlos, sino mantenerlos adecuadamente para lo que son necesarios jardineros municipales no subcontratados por esas empresas que se están llevando el dinero fresco, en tanto los trabajadores son explotados y cada vez son menos. Hay que aumentar la higiene, pero sobre todo hay que controlar al máximo a las empresas en tanto no se eliminen. Y luego hay que recuperar otros  servicios, porque todos los medios que cubran necesidades del día a día y derechos sociales y humanos deben ser públicos; titularidad pública bien gestionada y con participación real y vinculante de los vecinos para todas las edades, para cubrir desde necesidades en centros escolares, sanitarias, de ocio, de formación, de servicios sociales, de dependencia, de tráfico, de medioambiente , …. en fin de todo lo que debe cubrir sin dilación esas condiciones que definen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que deben ser cubiertas los 365 días del año las 24 horas, sin ningún afán mercantilista y con pleno rendimiento social. Eso procurará empleo publico y podremos ser dueños de nuestra salud con garantías.

Ese Convenio que cité antes y que no se si está vigente, desprende una cordura ausente del sistema actual; aboga también por la mejora de las condiciones de vida de la población rural. ¿ Qué campesinado queda en Madrid ? Seguramente muchísimo menos que el virtual que se aloja en los cientos de metros de las grandes extensiones de los numerosos hipermercados que nos rodean a cada paso; hipermercados propiedad de una diversidad de empresas extranjeras que trafican con los productos perecederos de la misma forma que con los duraderos, con fórmulas expertas en liquidar la nutriticidad de los alimentos de la tierra para apuntalar el mercantilismo alimenticio industrializado que deja mucho que desear. Son alimentos consumistas con formas de recolección, pero sin esencias fiables; de ahí la importancia de recuperación también de otro tipo de alimentación y de otro tipo de industria más sana en lo que las administraciones locales deben dar un paso al frente y pronto. También las de los pueblos madrileños de la periferia de esta capital.

Así que con ese aumento constante de población y densidad,  con esa aglomeración urbana que satura y esa ausencia permanente de desarrollo desde finales de la época de Franco hasta hoy,  se ha hecho subsistir un desarrollo escasamente sostenible del que han sacado amplias ventajas los especuladores y los políticos interesados  en no empezar a girar hacia otro lado. Contaminaciones de toda índole: acústicas, lumínicas, respiratorias; saturaciones y masificación enredan más y más  a quienes han llegado a las administraciones con otras intenciones porque creen que todo está atado y bien atado; la utopía es posible; necesitamos políticos con decisiones saludables y valientes; no podemos seguir manteniendo un sistema que sólo provoca, malestar, precariedad y muerte.

Un mendigo, sentado en una de las aceras de la Puerta del Sol, en Madrid. Foto: Jorge París

Tengo que reconocerlo; en Madrid, Villa y Corte, también hay pobres; la pobreza no es algo crónico ni caído del cielo, no es una catástrofe natural;  es un elemento provocado por la distracción de la riqueza en pocas manos y la ausencia de reparto equitativo para un vida en dignidad.  Para lograr recuperar la dignidad de esta ciudad no vale que se pretenda a base de más inversores extranjeros en comandita, como dicen buscar desde el Ayuntamiento y desde la Comunidad de Madrid. Su obligación es trabajar para inversiones comunitarias locales, con políticas de empleo digno que pueden empezar a dotar todos los servicios públicos y sin ningún animo de lucro; es decir hay que generar trabajo público con sueldos decentes que no dependan de sociedades anónimas o limitadas, trasnacionales, fondos de inversión y ni siquiera de oenegés. Hay que rescatar todos los servicios privatizados en ambos ámbitos; como sea, cuanto antes, buscando todas las artimañas y sin mirar atrás, donde una espesa telaraña de intereses interpuestos envuelve la trastienda que si la miran les asusta y bloquea. Porque no podemos, por ejemplo, dejar que miles de personas no tengan techo bajo el que cobijarse, mientras miles de pisos ocupados por bancos, algunos conseguidos por implacables gestiones de subasteros, siguen vacíos; no puede ser que pisos de los madrileños que construimos para protección y vivienda social continúen en manos de furibundos buitres sin apenas hacer nada ?

En definitiva, no se puede entender justicia sin igualdad, reciprocidad, solidaridad, aspectos que engrandecerían nuestro espacio recuperando nuestra forma de ser abierta y franca; este retrato de Madrid es real, pero no vamos a permitirnos seguir pensando que también aquí se puede ir al infierno. En Madrid, seguiremos yendo al cielo porque nadie nos quitará nuestro valor propio, ni la convicción y la razón; queremos a nuestra ciudad aunque estemos en el alero con un pie permanente en una u otra enfermedad de cuerpo o de mente; no vamos a dejar que nos envíen al cielo antes de tiempo para lo que hemos sacado todas nuestras fortalezas heredadas y no dejamos de permeabilizar al resto de madrileños que deben salir a flote y que deben ser visibles, entre tanto los tendremos en primera fila con nuestra denuncia y nuestra movilización y rebeldía. Hay mucho que cambiar en Madrid, estaremos allí donde la causa lo merezca sin permitirnos enfermar.

Existen problemas pero sabemos usar un tubo de escape importante: el movimiento social compartido y permanente, el movimiento social libre y no mediatizado por intereses; la verdad colectiva contra la verdad sujeta a reglas de parte. En definitiva, la defensa de los derechos humanos y que no nos cuenten historietas ninguno; sabemos todo lo que necesitamos para creerles o no.  Y entre marcha, concentración, denuncia y grito mudo, vamos a aclarar el cielo madrileño y seguir siendo libres para la crítica constructiva; así no enfermaremos de mente porque ¡ ay cuando enfermas ¡. Es aún más sutil y peligroso, corremos el riesgo de entrar en un mundo de ficción que acabará agriando sin oportunidad de evitarlo nuestro carácter solidario, hospitalario y franco, pero esa parte corresponde a la problemática de la Sanidad Pública de la que hablar largo y tendido y que será motivo del próximo artículo. Los madrileños activados seguimos diciendo que “de Madrid al cielo con un agujerito para verlo”, porque lo vamos a limpiar desde la base pulcramente.

Un pensament a “¿De Madrid al cielo?”

  1. Un diagnostico lúcido y autentico que además incorpora medidas ciertas y sabies de tratamiento posible.
    ¡Gracias Carmen !
    Por este artículo descarnadamente humano y emotivo, pero sobretodo por tu lucha continua, incansable, generosa y solidaria, hacedora de verdadera salud.
    Lo mejor de Madrid, sin lugar a dudas, su pueblo, sus gentes comprometidas, luchadoras, trabajadoras. Te lo dice un catalán, sin complejos. ¡¡ SALUD !!

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