De las cárceles

Mateo Seguí
Abogado

De vez en cuando, creo, es bueno, asomarse a los detritus de la ciudad. La cárcel, desde siempre, ha sido un reflejo de la sociedad, mejor dicho, de la ciudad. La cárcel es una ciudad pequeña, más reducida, en la que, con menos espacio y más tiempo, pasa lo que está pasando fuera. Últimamente las cosas han ido cambiando y vemos que los miembros de la sociedad son más violentos, mas individualistas, más sometidos a las modas de triunfar en la vida, etc. La necesidad de conseguir lo inalcanzable, para la mayoría, hace que empiece la carrera para salvar obstáculos y conseguir, como sea, lo anhelado. Si no se és muy listo, uno suele caer en el camino. La justicia lo regaña y va a parar a la cárcel. 

Creo que no es necesario, decir, otra vez, que la cárcel es un lugar de exterminio. Me explicaré. A la cárcel va lo peor de la sociedad, lo que repugna y no es agradable. Cuando cae una persona de los llamados delincuentes de cuello blanco se produce cierto grado de compasión y solidaridad de la ciudadanía con el reo. Cuando se trata de reos, llamémosles, no agradables, o mal vestidos, o de etnias más pobres, la compasión desaparece y apartarlos de la sociedad, se dice, es bueno.
La cárcel, hoy, total y absolutamente masificada responde a lo que conocemos por masa, es decir, grupos de personas unidas por carecer de todo o casi todo, incapaces de pensar y fácilmente manipulables. Es ahí donde entra la cárcel, como estamento destinado a embrutecer más, si cabe. Es el lugar perfecto para impedir que se piense y estar sometidos, los presos, a los designios de los carceleros. Recordemos que, una vez suprimida la “redención de penas por el trabajo”, la única forma, de conseguir atenuar la estancia en la cárcel y reducir el tiempo de condena, depende de los informes que haga el Equipo de Clasificación de la Cárcel, el cual valora el comportamiento del preso. Claramente, el preso debe someterse a los criterios de educación y control de los funcionarios.

Desde casi siempre, los sindicatos han dado la espalda a los presos (no pueden votar) y han ido alejándose de un problema que es necesario resolver. Recordemos que la llamada reinserción ha dejado de existir. La Justicia entendió que los presos no pueden ser equiparados a los trabajadores y, por tanto, su trabajo en la cárcel no está sujeto a las Leyes Laborales. Hay palabras que aunque duras nos pueden dar luz: esclavitud.

Ante el panorama actual, es decir, crecimiento del individualismo, el sálvese quien pueda, etc, poco a poco la cárcel, es decir, los presos, también responden a esta situación. Son más individuales, se deben comportar bien para atenuar la pena, deben ser sumisos, en una palabra, ni piensan ni los dejan pensar. Sólo existe un lema: cumplir. Veo e intuyo una grave deshumanización. Ya no existen referentes, nadie se fía de nadie, todo va perdiendo credibilidad y, poco a poco, olvidamos que lo más cercano nos puede ser ajeno.

Un pensament a “De las cárceles”

  1. Qui se’n recorda de les presons amb el clamor independentista? Encaix de Catalunya i Espanya, etc., i de les presons amb Catalunya?

Els comentaris estan tancats.