Daniel Tammet, una mente prodigiosa

Beatriz Nogal
Periodista

Pi=3,1415926535897… Seguro que lo recuerdas. Es el número Pi, un número sin valor exacto que posee una cifra infinita de decimales. Indica la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. ¿Serías capaz de memorizar 22.514 de sus dígitos? Sí, has leído bien: 22.514. El 14 de marzo de 2004 alguien lo hizo. Con tan solo 25 años de edad un joven británico batió el récord europeo al recitar 22.514 decimales en cinco horas. Aquel día viajó desde Londres hasta la ciudad de Oxford donde le esperaban cientos de personas en el Museo de Historia de la Ciencia de la universidad.

En el ambiente se respiraba inquietud, curiosidad y expectación. Una vez allí le condujeron a la pequeña sala donde estaba previsto que se celebrara el recital numérico. Todo estaba preparado. Expectación. El silencio se impuso y él empezó a recitar: “Tres coma uno, cuatro, uno, cinco, nueve…”. A un ritmo de una o dos cifras por segundo. Las reglas del evento eran muy rigurosas. No podía alejarse de la mesa excepto para ir al cuarto de baño pero acompañado por un empleado del museo, nadie podía hablarle para evitar distracciones, únicamente podía parar para comer algo o beber pero solo en intervalos de mil dígitos previamente acordados. Todas las miradas le vigilaban, también las cámaras de televisión. Transcurrida la primera hora, llegó la segunda, después la tercera… Su concentración era inquebrantable. A los diez mil dígitos hizo una pequeña pausa para desperezarse y beber algo de agua. El silencio gobernaba la sala pero en aquel momento la duda empezó a asomar en la mirada de todos, ¿sería capaz de alcanzar el récord? Su cansancio se hacía cada vez más notorio: “Deprisa, deprisa, debo continuar. No puedo aflojar, no puedo rezagarme, no puedo defraudar”, se decía constantemente. La tensión le dio el ánimo necesario para el esfuerzo final y, milagrosamente, llegó a los 22.514 dígitos. Habían transcurrido cinco horas y nueve minutos. El récord era suyo. Lo había conseguido.

La mente prodigiosa que logró aquella proeza fue la del matemático Daniel Tammet. Tammet (Londres, 1979) nació en el seno de una familia humilde. Es el mayor de nueve hermanos y, a diferencia de ellos, desde muy pequeño jugaba con números y palabras. Siendo niño tuvo un ataque de epilepsia y a raíz de aquella crisis le diagnosticaron Asperger. Además de este trastorno autista también padece el Síndrome del Sabio caracterizado por una memoria prodigiosa y una capacidad para el cálculo extraordinaria. Además es sinestésico. Los sinestésicos “mezclan” sus sentidos de forma que pueden, por ejemplo, ver sonidos u oler colores. Se dan casos espectaculares, hay personas que ven colores al oír determinados sonidos, otros saborean colores y los hay que son capaces de ver, de modo involuntario, formas geométricas que les ayudan a realizar proezas matemáticas. Daniel percibe los números con colores y siluetas: “El seis es diminuto, el cuatro puntiagudo y tímido, el 111 desprende una luz blanca…” Los números primos son sus favoritos: “Con ellos se pueden crear dibujos muy bellos.”

Tammet también ha escrito varios libros como Nacido en un día azul (2006) o La poesía de los números (2015). En el último, La conquista del cerebro, editado por Blackie Books, desmonta mitos y creencias erróneas relacionadas con los trastornos del espectro autista como “la falsa idea de que las personas con autismo padecen una grave discapacidad o son antisociales.” Este libro es también un viaje apasionante por los confines de la mente: “Explicándote cómo funciona la mía, intentaré que expandas los límites de la tuya”, afirma sonriente.

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Aquí puede escuchar la entrevista a Daniel Tammet  realizada por Javier del Pino en la Cadena Ser

 

2 pensaments a “Daniel Tammet, una mente prodigiosa”

  1. Muchas gracias por el artículo. Muy interesante.
    De todas maneras, desde el punto de vista matemático, quisiera apuntar que el hecho que Pi tenga un desarrollo decimal infinito, no quiere decir que no tenga un valor exacto.
    Pi tiene un valor exacto aunque cualquier desarrollo decimal finito será inexacto.

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