¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!

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Sonia Castedo, entre José Císcar y Alberto Fabra, en una imagen de archivo. Foto: EFE

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Javier Andrés Beltrán
Periodista

Cuenta el periodista Miguel Angel Aguilar que en vísperas del triunfo del PP en las elecciones de marzo de 1996 a Rodolfo Martín Villa se le oyó decir en más de una ocasión aquello de: ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros! Una frase cuya paternidad le es atribuida a Pío Cabanillas en los meses en que la UCD de Adolfo Suárez entró en fase de descomposición. Hoy en día la alerta sigue de plena vigencia, por ejemplo para el presidente valenciano Alberto Fabra. En política el ‘fuego amigo’ también suele causar estragos y a Fabra le disparan desde muchos frentes dentro del PP.

La dimisión de Juan Cotino le salvó por días del bochorno de compartir boato institucional con un presidente de las Cortes imputado en pleno ejercicio del cargo. De esa se libró, pero no pudo evitar tener que cruzar una miradita de esas que ‘matan’ con su compañera y alcaldesa de Alicante Sonia Castedo en un acto presidido por Felipe VI a quien, por cierto, no le cayó la corona por saludar a una doble imputada. Castedo tuvo su foto con el nuevo rey y a la mañana siguiente se sintió ‘indispuesta’ para saludar a su doble presidente, Mariano Rajoy. Esa foto ya la tenía. Para unos es una muestra del poder de la alcaldesa a quien Fabra no es capaz de marcarle la agenda. Para la versión oficial es todo lo contrario: Una ausencia forzada, un éxito personal de Fabra que pudo sentirse aliviado al lograr que su jefe no quedara retratado con la imputada más mediática de España.

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La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el vicealcalde, Alfonso Grau

Pero no hay dos sin tres y Castedo envió al suplente, el vicealcalde Andrés Llorens, que también está imputado por prevaricación. Es lo malo de tener tantas causas pendientes con la justicia: Los que van detrás tampoco están limpios de sumario y toga. Una realidad que no es nueva para los populares valencianos. Les pasó al tener que sustituir a Cotino y encontrarse que el siguiente en la lista, Felipe del Baño, también estaba imputado. Hay tantos que la línea roja de Fabra no alcanza para taparlos. El último, además, les ha salido respondón. El órdago del concejal de Valencia Alfonso Grau al pasarse por el forro de su verborrea la doctrina de su jefe en público obliga al presidente a mover ficha. Grau dijo con indisimulada arrogancia que las líneas rojas de Fabra: “son suyas, yo tengo mis propias líneas que pueden coincidir, ¡o no!” El segundo de Rita Barberá añadió que se irá cuando quiera y se vino arriba ante la prensa, a la que también leyó la cartilla, para exigir “coherencia a la hora de aplicar las líneas rojas”. Una enmienda a la totalidad que deja a Fabra sin margen: O le cesa o queda desacreditado para seguir al frente del PP valenciano a riesgo de convertirse en un pim-pam-pum al que disparan por igual desde las dos principales alcaldías. Pero también desde otras plazas ‘menores’. Los de Castedo y Grau no son los únicos chuleos al mandamiento de tolerancia cero con la corrupción que promulgó Fabra. La ex consejera Milagrosa Martínez ‘La Perla’ sigue de alcaldesa de Novelda pese a estar imputada y quien fuera mano derecha de Carlos Fabra en la diputación de Castellón, Francisco Martínez, también imputado, hace lo propio en Vall d’Alba.

En todo caso nada comparable al vicealcalde Grau. El presidente le replicó en un duelo al sol impropio de quien ostenta el mandato de hacer valer los principios de obediencia y jerarquía que tanto valoran los militantes del PP. “Cuando se produzca el auto del juez hablaremos”, contestó Fabra también a través de la prensa. No parece lo más apropiado: Si el presidente cree que el concejal traspasa su línea roja debe obligarle a dimitir ó debe expulsarle si se niega a ello, como es el caso…

Es otro capítulo más que mina la figura de un Alberto Fabra cada vez más debilitado para liderar un proceso electoral que se antoja muy complicado para el PPCV. Tan complicado que otro ‘entrañable enemigo’ de Fabra, el presidente de la Diputación de Valencia Alfonso Rus, le ha visto las orejas al lobo de la oposición y ha tirado de presupuesto para montarse su propio telediario saltándose otra de las líneas rojas de su jefe: Mientras Fabra carga con el coste político y social del cierre de RTVV él quiere abrir “Tele Rus” a seis meses de las elecciones al grito de “fa falta una tele en valencià que parle de lo nostre”. Vamos lo que hacía la que cerraron Fabra y Rus, quien también apretó el botón en les Corts para apagar Canal 9 hace ahora un año. Si le invitan Fabra irá a inaugurarla, seguro, y lucirá la mejor de sus sonrisas. Él es así. Tragará aunque diga que no es su modelo y que prefiere la desconexión de dos horas de RTVE, esa que le niegan desde Madrid.

ajustePero este Fabra ya está en campaña y al día siguiente fue a les Corts y dejó descolocado a Rus y al resto de los presentes al decir que sí, que vale, que se puede reabrir Canal 9… siempre que sea “sostenible”. Justo fue esa la propuesta que rechazo cuando el Comité de Empresa, tras la anulación del primer ERE, le propuso un plan de viabilidad para evitar un cierre que ha costado 200 millones de euros y arruinado el sector audiovisual valenciano.

¿Sostenible? La futura radiotelevisión pública puede serlo, seguro. Lo que no es sostenible es mantener por más tiempo a un presidente así: Ignorado en Madrid, debilitado por el ‘fuego amigo’ y ocurrente hasta el punto de proponer abrir hoy la tele que cerró hace un año. ¿Cuál será la próxima?