Crónica apresurada de unas elecciones generales

Ander  Gurrutxaga
Catedrático de sociología

Los resultados electorales del 26 de junio describen el primer damnificado: la participación. La participación desciende cinco puntos en relación con la cosechada seis meses antes, lo cual demuestra que someter a los ciudadanos a una situación de estrés electoral es una camino plagado de peligros y consecuencias no deseadas. Primer hecho indeseado: la participación electoral regresa a números tradicionales en la geografía electoral española. Lo que ocurre es que  la ausencia de las urnas de más de un 30% de españoles no es una buena noticia, por más que este coste ya estuviese amortizado ¿A quién le beneficia? Siempre al que gana. Otra cosa es qué es posible y qué deseable.

Mantener la movilización electoral alcanzada hace seis meses hubiese necesitado otro tipo de campaña, discursos y de creación de ilusiones. Ninguno de los partidos, por razones diferentes, ha conseguido entusiasmar, otra cosa es que mientras unos necesitaban movilizar y crear esperanzas, a otros les bastaba la normalidad del aburrimiento. Los grandes cambios electorales nunca se basan en datos electorales “normales”, sino en electorados emocionados y movilizados. En el primer caso, los que detentan el poder y quieren repetir salen ganados, en el segundo los que aspiran a cambiar la lógica política del partido mayoritario.

Los comicios celebrados el domingo 26  demuestran que la abstención favorece a quién detenta el poder. El PP sube catorce escaños respecto a los obtenidos en elecciones anteriores. Se queda lejos de los resultados que les gustaría alcanzar, pero no sólo mantiene “el tipo” sino que es el único partido de los cuatro grandes que gana escaños. No es despreciable su crecimiento y, sobre todo esto le permite plantarse ante la clase política y la ciudadanía exhibiendo galones, como si la corrupción y la gestión de la crisis, no le hubiese pasado factura. Los costes ya los pagó en las elecciones del 20D. Se recupera, parece que a cuenta de Ciudadanos -32 escaños, ocho menos que hace seis meses y de los restos en circunscripciones concretas-. De momento detiene el cambio auspiciado por Unidos Podemos y el PSOE y demuestra que su campaña ha sido eficaz o, al menos más eficaz que la de sus oponentes. Ha “vendido” el discurso de que  tiene experiencia y sabe lo que hay que hacer. No ha necesitado hacer ni decir mucho más: simplemente estar. La suma de sus escaños con los 32 de Ciudadanos, le acercan a la ansiada mayoría absoluta, se quedan a sólo siete escaños.

GRA751. MADRID, 20/12/2015.- El secretario general y candidato del PSOE al Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez, durante su comparecencia en la sede de los socialistas en la calle Ferraz, para hacer balance de los resultados en la elecciones generales. EFE / J. J. Guillen.
El secretario general y candidato del PSOE al Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez, durante su comparecencia en la sede de los socialistas en la calle Ferraz, para hacer balance de los resultados en la elecciones generales. Foto: EFE / J. J. Guillen.

A la izquierda se le ha “atragantado” la abstención y posiblemente la incapacidad política del PSOE y la trayectoria que traía desde las últimas elecciones. Pierde cinco escaños para quedarse en 85, imposibles en todo caso de manejar para obtener mayorías o jugar el papel relevante que pretendía. Da la impresión que nadie tiene la fórmula para detener la caída de su base electoral. Su referencia simbólico política -Susana Díaz-, pierde también en Andalucía, aunque siempre podrá decir en su descargo que ella no se presentaba, pero no puede olvidar que si bien esto es cierto, ella representa al PSOE, es mejor dicho el PSOE en esa Comunidad, como recordarán a todos los que tienen en el acto final de campaña celebrado en Sevilla ¿Con que poder y capital político se presenta como alternativa a Sánchez?

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Alberto Garzón y Pablo Iglesias asumieron los malos resultados para ellos

Unidos Podemos ha funcionado bien en Euskadi y Cataluña, pero los resultados electorales en el resto de España no le ha funcionado como esperaban. La arrogancia de P. Iglesias  y su capacidad de expansión demuestra que no es suficiente para imponerse, ni siquiera en el bloque de izquierdas. Tampoco ha funcionado la alianza con IU. Parece que parte de su base social se ha “quedado en casa”.  Podemos tendrá que rebajar las expectativas y olvidarse de algunos de sus sueños. Madurar en la oposición es siempre una asignatura delicada que requiere tanta inteligencia práctica como estar en el gobierno.

La cuestión es que cada vez hay menos tiempo para resolver los enigmas que atraviesan la realidad española. El Brexit británico añade a la realidad política española algo de lo que ya estaba sobrada: elevadas dosis de incertidumbre. Los territorios que administra la política se ocupan cada vez más de gestionar incertidumbres y la estructural dosis de inseguridad que conlleva. Nada parece lo que es, pero lo que es no se parece nada a lo que se cree que es. La política española debe demostrar que sirve para gobernar la complejidad, cuando sabe que los resultados que busca son difíciles de alcanzar pero que, en todo caso, debe mantener la posibilidad de que enfrentar los grandes problemas pendientes es posible, incluso en  situaciones -como la presente- de incertidumbre radical en el contexto internacional y estatal. Definitivamente, ni la política española ni la europea están para “manosear” sus valores y sí para afrontar, desde su acervo de conocimiento los problemas acumulados.

La cuestión es que quien no sepa gestionar la incertidumbre radical lo que está diciendo es que no está preparado para afrontar lo que hoy supone la gobernanza de este tiempo. No vale refugiarse en las penurias de la experiencia para no ofrecer una alternativa digna a los electores españoles. Venimos de una experiencia preocupante, que ahora el marco europeo no alivia, sino todo lo contrario ¿Cómo se articulará el ejercicio del poder?

Esta vez la mano y la estrategia del PP ha demostrado ser eficaz. La “parsimonia” de su líder -Mariano Rajoy- le ha dado resultado, parece que la gestión de la crisis española y la corrupción no han sido motivo suficiente ni para movilizar a otras bases electorales distintas a la suya, ni ha resultado la “eterna promesa” de la izquierda de ser la alternativa deseada para muchos ciudadanos. Es verdad que tendremos un PP sin mayoría absoluta- se supone que gobernando con algún otro aliado- más humilde, más proclive y más necesitados de pactos y que, esperemos haya aprendido que “todo no vale” y la corrupción sigue siendo un problema. También es verdad que hoy Europa no es la misma que hace una semana y que los problemas en España sigue estando donde estaban. Nada ha dejado de ser lo que era, ahora el Brexit británico introduce nuevas complejidades. Lo que el PP con sus aliados deben demostrar es que “saben” cómo afrontar los problemas. Quedamos a la espera. Seguiremos esperando a la izquierda. El PSOE no ha podido y Unidos Podemos no ha llegado.

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