Cifuentes, ¿por qué no te callas?

Antología de sandeces políticas (20) 

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Cristina Cifuentes. Foto: Isabel Permuy

Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

Con la que está cayendo en este país, parece mentira que la responsable del orden público en la Comunidad de Madrid tenga tiempo para atender a sus miles de seguidores en el twitter y de anunciar querellas contra los que la amenazan de muerte a través de las redes sociales. Cristina Cifuentes, que lleva poco más de un año de delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, está dando mucho que hablar porque calla menos de lo que debiera.

“Si no tolero la impunidad de los delitos en la vida real, mucho menos en internet, y por ello voy a acudir a la justicia para defenderme,” acaba de declarar la señora Cifuentes, quien, para que no hubiese ninguna duda, añadió: “No puedo tolerar que haya gente que diga que va a pegarme un tiro en la red.” Sin ánimo de banalizar este tipo de amenazas, habría que decirle a la delegada gubernativa que las desgracias virtuales no son reales. Real es, por ejemplo, que una familia entera pierda su casa por culpa del abuso de un banco. Eso sí que es real como la vida misma. Y ha sido el drama de los desahucios el telón de fondo que ha propiciado la última polémica protagonizada por Cristina Cifuentes.

Las “inquietudes proetarras” de Ada Colau
A raíz de los escraches de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) dirigidos a determinados políticos del PP para afearles su posición ante la ley de desahucios, Cristina Cifuentes salió a la palestra descalificadora. En una entrevista en Radio Nacional emitida el 25 de marzo, dijo: “La PAH y su lideresa últimamente parece que tienen ciertas inquietudes de apoyos a grupos filoetarras o proetarras.”  Inmediatamente, la lideresa aludida –Ada Colau, por supuesto—reaccionó con estas palabras: “Es realmente inmoral, y no descartamos acciones legales por la difamación y el clima de confusión y tensión.” El objetivo a corto plazo de Cristina Cifuentes, que no era otro que el de desviar la atención de la tragedia de los desahuciados a la polémica de las protestas, se había conseguido. Eso sí, la delegada del Gobierno intentó decir digo donde dijo Diego, pero con escaso éxito. “Yo jamás he dicho que la PAH sea etarra,” proclamó días después de haber encendido la mecha. Efectivamente, no dijo que Ada Colau llevase encima en sus ratos libres un pasamontañas y un pistolón, pero sí se refirió a ella –y a la plataforma que ella impulsó en Cataluña– como filoetarra o proetarra.

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Fotografía de Shakira y Piqué subida a Twitter por Cifuentes

De ‘indignada’ del 15-M a fotógrafa de Piqué

Algo frívola sí da la sensación que es esta señora. Cinco meses después de ocupar el cargo de delegada, asistió disfrazada a varias asambleas del colectivo de indignados celebradas en la madrileña Puerta de Sol. Embutida en una gorra y calzando zapatillas deportivas, la jovial Cristina (aparenta menos años de los 48 que tiene) se hizo pasar por una indignada más del 15-M. Cuando trascendió públicamente el tema, arguyó que no quería infiltrarse, sino “asistir a asambleas como cualquier persona.” No opinaron lo mismo los sindicatos policiales, que calificaron la actuación de su superiora de “infantil e innecesaria.”

Sigamos sabiendo más cosas de esta mujer. ¿Alguien se imagina a uno de aquellos feroces gobernadores civiles de Franco haciendo fotos en el palco de un estadio de fútbol durante una final de la Copa del Generalísimo? Nadie, claro. Ahora todo es tan distinto que la supergobernadora Cristina Cifuentes no se cortó un pelo el año pasado cuando asistió como autoridad competente a la final de la Copa del Rey y fotografió con su teléfono móvil el beso que el futbolista Piqué propinó a la cantante Shakira poco antes de la entrega del trofeo copero a los azulgranas. Le faltó tiempo a la juvenil Cristina para colgar la imagen en twitter con este texto: “Enhorabuena al Barcelona por el triunfo en el campeonato de la Copa del Rey. Partidazo!!! Después del triunfo del Barça, gran momento Shakira-Piqué.” ¡Qué delegada del Gobierno más guay!

EL REY IMPONE LA CRUZ LAUREADA COLECTIVA DE SAN FERNANDO AL REGIMIENTO QUE PROTEGIÓ A LAS TROPAS ESPAÑOLAS DEL "DESASTRE DEL ANNUAL"
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes.

“Modular” el derecho de manifestación

Con todo, la repercusión de esa fotografía tuiteada fue mucho menor que la conseguida en octubre pasado con sus comentarios acerca del derecho de manifestación. Miles y miles de internautas enfurecidos pidieron su dimisión. ¿Por qué? Presionada por la alcaldesa Ana Botella, que había dejado caer que se permitían “demasiadas manifestaciones en Madrid”, la señora delegada consideró que la ley que regulaba ese derecho era “muy permisiva y muy amplia.” Entonces fue cuando se mostró partidaria de “no prohibir, sino modular este derecho de manifestación.” Y se armó la marimorena, porque los ciudadanos no aborregados o anestesiados por el poder, conocen perfectamente que cuando un gobernante habla de modular quiere decir recortar.

¿Tiene Cifuentes futuro en el PP? Militante desde finales de los ochenta en Alianza Popular, su carrera política se circunscribe básicamente a su escaño de diputada autonómica madrileña (desde 1991 a 2012). En el congreso del PP del año pasado en Sevilla,  defendió que se mantuviera el matrimonio homosexual y la posibilidad de adopción de hijos. Y lo que son las cosas, se quejó amargamente del “linchamiento absoluto” que sufrió por atreverse a proponer una enmienda que eliminara el término “cristiano” de la definición ideológica del PP. No parece que este perfil agnóstico suyo le beneficie dentro del partido para aspirar a ser, por ejemplo, ministra del Interior. Por cierto, el actual titular de ese ministerio, Jorge Fernández Díaz, es todo lo contrario: va para santo.

Antonio Basagoiti, presidente del PP Vasco

“Clavadito a la ‘kale borroka’” (Basagoiti)

Una vez iniciada en Madrid la campaña contra los escraches llevados a cabo por la PAH, diferentes miembros más o menos destacados del PP se han mostrado cual fieles cajas de resonancia de consignas poco originales. El presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, jugó a fondo la baza del contexto etarra llevándola a la dimensión personal. “No se ve ninguna diferencia –dijo—ni en los gritos, ni en la actitud, ni en el fondo, entre los que venían del mundo de ETA a acosarnos y los que van ahora, con la excusa de las hipotecas, a acosar a los del PP.” Y añadió a modo de traca final: “Clavadito a la kale borroka.

En esta misma línea discurre el discurso de un notable concejal pepero de Elorrio (Vizcaya), Carlos García, quien, no contento con afirmar que en el País Vasco la PAH está “completamente copada por el mundo de Batasuna y Bildu” y que el escrache es “el primer paso de la kale borroka con las mismas actitudes,” se enfrentó en un debate televisivo con Ada Colau, a la que lanzó este reto: “¿Quiénes os han votado a vosotros, quiénes os han elegido?”

A la cofradía de la kale borroka también se apuntó el alcalde de Getafe, Juan Soler, que condenó unas pancartas en las que se denunciaba a los miembros del consistorio por “enemigos públicos.” El comentario de Soler fue más de lo mismo: “Un lema amenazante que recuerda a la kale borroka.”

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Agustín Conde. Foto: Europa Press

Camisas pardas y judíos señalizados

Pero la campaña del PP no se ha limitado a establecer paralelismos con el terrorismo etarra, sino que ha recurrido también al universo nazi, no por muy manido menos eficaz. Al mencionado Basagoiti, por ejemplo, no le bastó con lo que había soltado por la boca referido a la kale borroka, y dijo que tampoco había “ninguna diferencia” entre los escraches de la PAH y las huestes de Hitler: “Me parece una actitud nazi, como actuaban contra los judíos señalándolos en la puerta.”

Como si se tratase de mantras (bien o mal asimilados), también ha abundado en esta idea la diputada y concejal de Madrid Eva Durán: “Me recuerda a cuando los nazis iban y señalizaban una vivienda de una terminada familia.” Obsérvese que aquí se hace caso omiso del vocablo judío, como si se quisiera extrapolar más fácilmente la persecución hitleriana. Aún más escueto ha sido el pronunciamiento del senador manchego Miguel Ángel Rodríguez: “Las prácticas de escrache de la PAH son propias de nazis y terroristas.”

En esas estábamos cuando llegó la aportación del diputado  toledano Agustín Conde, una de las muchas víctimas electorales de José Bono en Castilla-La Mancha. Abogado y diplomado en Defensa Nacional, Conde no se conformó con mentar a los nazis en general y concretó así su opinión sobre los impulsores del escrache: “Son los camisas pardas del partido nazi del año 34.” Podría no haber citado mismamente ese año, porque fue en 1934 cuando las SA (Sección de Asalto) del Partido Nacional Socialista Alemán fueron literalmente escracheados (destruidos y aplastados), por las SS y la Gestapo en la célebre Noche de los cuchillos largos.

No iría nada mal que las campañas y las consignas para desacreditar al adversario fueran más rigurosas y, sobre todo, menos injustas.