Crisis o lisis

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Eduardo Torres-Dulce, Fiscal General del Estado

Los entendidos en Cosmología dudan entre si el final del Universo será un Big Crunch, implosión en la que todo caerá sobre sí mismo hasta concentrarse en un punto hiperdenso y candente, sin alma ni conciencia, o un Big Rip, en el que la expansión indefinida dejará un espacio infinito frío con partículas elementales dispersas, sin alma ni conciencia. Todo empezó hace 20.000 millones de años, más o menos. Eso será dentro de otro tanto, también más o menos. Este pequeño dato temporal nos permite decir displicentemente: ‘Ahí nos las den todas’. Pero aquí y ahora, es diferente.

Un amigo mío decía que todas las situaciones en fermentación acaban en crisis o en lisis. Esta expresión, desde el punto de vista médico, es de un fatalismo razonable en momentos en que no se sabe muy bien que hacer: O se monta una zapatiesta peligrosísima que puede acabar con lo peor, o se sana poco a poco. Un químico o un biólogo usan el léxico con diferentes matices: Cuando una situación se anuncia como peligrosa, o acaba reventando o acaba pudriéndose.

Un panadero, a la vista de la situación actual, diría que no está el horno para bollos. De acuerdo. Nadie espera ya bollos ni pasteles. Como mucho puede haber un pan como unas hostias. Y en este caso ni siquiera se puede confiar en que lo que se reparta sea el pan.

Me estoy pasando de metafórico. Hablemos de España:

Tenemos una economía que no está claro si reventará cuando toda la riqueza esté ya en un solo punto o se pudrirá en un empobrecimiento universal.

Tenemos una sociedad que no sabemos si explotará por la miseria generalizada o si se pudrirá entre emigración y gemidos.

Tenemos una política en la que no sabemos si la casta se compactará para mantener por toda la eternidad todos los poderes que ya ha acumulado o si la putrefacción acabará haciendo explotar las fuerzas emergentes.

Y, ahora, llega al gran público que tenemos un sistema jurídico en el que la fiscalía, o sea, los herederos de Pollo Frito, Leche Fría y, no lo olvidemos, aquel Fungairiño que mintió en una comisión parlamentaria, jaleado por el mariachi PePero, es tan fiable como una escopeta de feria.

Al final del franquismo, las perspectivas estaban más claras.