Correo ordinario (y 2)

Eladio Gutiérrez
Periodista

Seguimos en el 10 de Noviembre que acabamos de dejar atrás, total no han pasado tantos días de cuando nos ocupaba el temor de que el ministro Fernández Díaz metiera en la represión del proceso independentista catalán a la Virgen del Amor en vez de recurrir a La Moreneta, que por cercanía a las fuentes del conflicto saldría más económico. Ese 10 de noviembre, la presentación de candidaturas procesistas a las elecciones del 20-D, y la de Francesc Homs en concreto, también llamaba la atención.

San Espiridón de Tremitunte era un obispo de Chipre
San Espiridón de Tremitunte era un obispo de Chipre

En ese encontrar respuestas que arrojen luz, recurro a un nuevo interlocutor: Espiridón, el mejor obispo que hubo en Chipre, como todo el mundo sabe. Espiridón, después de muchos años de vida en el cielo, está, como el Dios de Jardiel Poncela, de tournée por la tierra, y aunque escribe en papeles de la competencia no rehúsa  diseccionar el contenido del par de asuntos referidos.

Antes, Espiridón quiso mostrar su indignación por haber estado sin teléfono ni ADSL durante diez días, y porque Telefónica, la compañía que según Expansión ganó 3.000 millones en 2014, le dio  ¡40 euros! de indemnización por haberle dejado sin servicio. Y ya embalado, Espiridón expresó su deseo de que Telefónica pierda la guerra que mantiene con Facua porque ésta organización de consumidores utiliza la imagen de la compañía para denunciar la subida de tarifas en Movistar Fusión.

Me acuerdo del compañero Miguel Ángel Aguilar, damnificado por declaraciones que hizo al New York Times, y pido a Espiridón que se centre en lo que estamos y deje a la Telefónica que se cueza en paz en sus ganancias. Entonces, su respuesta textual es:

Sosiego, compañero. Tú vas al detalle, al noble sustantivo —aquí un pinzón, allá la alameda, y por encima una esponja de cumulonimbos— y yo en cambio sólo veo, y ni eso, los pedruscos con los que tropiezo en el camino, toscos y villanos.

Pero veamos.

No veo muy bien —quiero decir que no entiendo, no que no acepte— el contrasentido del primer contrasentido. Si nos atenemos a nuestra historia, desde Clavijo hasta el sitio de Girona, pasando por el milagro de nuestros Tercios en Empel, no ha habido mayor y más inmediata intercesión en el devenir de España como pueblo que los garbanzos, la cachiporra y la Divina Providencia. No sería, pues, anacronismo, apelar a lo tercero para esperar de ella algún bien que mitigue nuestros males con el fin de evitar lo segundo y no quedarnos sin lo primero. Lo anacrónico es no hacerlo. Quítale el retintín despectivo a la palabra atavismo y llamémosle tradición, costumbre, sobre todo si a los que tienen el monopolio de la fuerza les parece bien, y ya no digamos si al final se demuestra que funciona.

Pero hay razón en que, ya puestos, convendría condecorar, invocar y lo que sea menester a la Moreneta, quien, además de iluminar la catalana tierra, es de los españoles estrella de Oriente, que así lo dice el verdagueriano Virolai (por mucho que nadie en la Wikipedia haya tenido los huevos de colgar la letra, no sea que alguien la cante entera y le dé un ataque de algo). Tampoco creo que les dejaran, a no ser que se levante el voluntario del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat que yace en una de sus esquinas y proclame en catalán que Cataluña será cristiana o no será. Pero no conviene engañarse, a la Iglesia en Cataluña (y nótese que decimos “en” y no “de”) le va el cisma y proclamaría mañana la separación de Roma si no fuera porque aún quedan cuatro benditos que creen en la universalidad del asunto. Desde que los obispos y los comunistas catalanes han renunciado a la universalidad de sus creencias, leen los mismos periódicos, compran religiosamente en el Bon Preu  y visten todos como leñadores canadienses, ya lo único que les separa es la guarnición del pulpito, que no del púlpito desde el que vemos, ay dolor, campos de soledad, mustio collado…

En cuanto a lo de los Mossos, pues no sé. Dicen que hay 300 de ellos dispuestos a apoyar la sedición. Por mí como si se ponen en plan Termópilas. Mientras el conseller Leónidas deshoja la margarita, quedan otros 17.000 dispuestos a defender la cosa legal y pública, o sea que ya me dirás.

Lo de Homs es otro asunto porque está justo a medio camino entre el mantra budista y el tatarabuelo que combatió en las Navas de Tolosa, lo cual sólo puede producir enajenación. Pierdes la razón y te postulas como candidato a ocupar un lugar del que te has ido ya. Es descaro, impudicia y deshonestidad, o sea: cinismo. Y encima sedicente, porque dice ser lo que no es.

¿Algo más?, pregunto. ––me contesta Espiridón––, ¿Podremos hablar algún día de la factura de la luz y del departamento de Joder al Cliente que hay en las eléctricas de este país?

La verdad es que no sé que contestarle, lo de Miguel Ángel Aguilar en El País no se me va de la cabeza.

 

Correo ordinario (1)