Consumidores y paraísos fiscales

Ana Etchenique
Vicepresidenta de la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU)

Los derechos de los consumidores buscan equidad en la sociedad. Para evitar el imperio de la ley de la selva y atender necesidades y obligaciones como consumidores sin perjudicar a nadie. Por eso, la justicia fiscal es imprescindible para un consumo responsable y sostenible.

Al gestionar un presupuesto mensual, como consumidores, hemos de disponer de información suficiente para decidir qué compramos, qué usamos. Cada vez que consumimos entramos a formar parte de una larga cadena cuyos eslabones unen el origen de los productos (ecosistemas, materias primas,  elaboración o transformación), su transporte, almacenamiento y venta. Los consumidores  somos el antepenúltimo eslabón. Porque el último o los últimos eslabones son los del producto como desecho, como residuo.

De esta secuencia surge la necesidad del consumo responsable y sostenible como alternativa a un consumo o consumismo insensato que nos ha llevado a escenarios peligrosos como el Cambio Climático en todo el planeta o a desastres locales de desbordamientos de ríos y humedales contaminados, ciudades con aire irrespirable y prácticas agrícolas que contaminan los suelos y el agua.

En Europa hemos desarrollado durante décadas normas para proteger la salud y los derechos laborales, por la sostenibilidad del entorno rural y la seguridad de los consumidores. Y así, tras cada fruta que consumimos sabemos que no se han utilizado productos peligrosos para las tierras, el agua ni para los trabajadores implicados en su producción y manipulación. Cuando compramos fruta de un país que no cumple las condiciones de seguridad europeas, nos convertimos en cómplices de una cadena de productos tóxicos, trabajo mal pagado, sin seguridad sanitaria ni laboral…

Manifestación de agricultores en Almería pidiendo precios “razonables y justos”. Foto: EFE/2016

Pero aún hay otro factor más que marca las diferencias entre un sistema de  producción y consumo responsable y sostenible de otro que no lo es: la fiscalidad, el pago de impuestos. En un mercado muy competitivo, los productos que consumimos se abaratan, pero a costa de la biodiversidad, de la calidad de las aguas, derechos laborales y emisiones de CO2. Y, además, las sedes de empresas contaminantes suelen estar en Paraísos Fiscales. Es decir, evaden impuestos porque ¿que otro fin tiene estar en un paraíso fiscal?

Con el irresponsable e insostenible sistema vigente, los productores y los consumidores se ven perjudicados y se empobrecen, mientras los intermediarios, los que obtienen valor “añadido”, ganan mucho más que los responsables de la producción de las frutas, hortalizas y cereales. Ocurre igual con cualquier otro tipo de producto, textil, tecnológico, mecánico o la vivienda.

Es preciso recuperar la sensatez y el sentido común en la producción, el comercio y el consumo. Uno de los principales obstáculos y contradicciones es que haya paraísos fiscales que distorsionan la realidad de esos procesos al quebrar la obligación y solidaridad de la redistribución de la riqueza que significan los impuestos.

Reivindicamos la claridad y transparencia en los flujos del dinero para que haya justicia fiscal. La existencia de subterfugios y escondites para el dinero ilegal y delictivo nos aleja de esa equidad que buscamos como parte esencial del bienestar de la ciudadanía. Tenemos derecho a estar bien informados para consumir de forma responsable y ética. Como consumir es esencial en defensa del planeta y de las generaciones futuras.

Un pensament a “Consumidores y paraísos fiscales”

  1. La prensa de verdad debería analizar contrastar e informar de la trazabilidad de los productos i las marcas así como donde están ubicadas sus sedes i la repercusión que tiene en nosotros el consumir una u otro marca a nivel de retorno a la sociedad

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