Citaciones y apartes

Por El nolano

En la nueva novela de J.M. Coetzee, el niño Jesús quiere aprender catalán

La última novela de del Nobel sudafricano se titula The childhood of Jesus (La niñez de Jesús) y dista mucho de ser uno de sus mejores trabajos. Se trata de una parábola de 277 páginas, que seguramente ganaría si fuesen menos.

Los méritos literarios de la novela son lo de menos si se tiene en cuenta que en el extraño país al que llega en barco un hombre maduro que se ha comprometido en la travesía a encontrar la madre de un joven huérfano que conoce abordo, la única lengua que se habla –que se permite hablar- es el español, y en referencia a un instituto que ofrece cursos de esta lengua puede leerse, en la página 121 de esta primera edición de Harvill Secker, lo que sigue:

Ningún curso en otra lengua. Nada de portugués. Nada de catalán. Nada de gallego. Nada de vasco.

Nada de esperanto. Nada de Volapük.”

¿Qué les parece? ¿No es maravilloso? ¡Qué maravilla! ¡Ha mentado el catalán!”

Puesto que el resto del libro carece de importancia, vayan a la librería más próxima y arranquen por las buenas la citada página. Además de un ahorro, será un acto patriótico. ¿Es preferible esperar la edición en catalán? Tal vez sí. Quizá salga para Sant Jordi. Paciencia.

Ahora bien, si empieza la lectura desde el principio y pasa de la gloriosa página 121 y llega hasta la 187, podrá leer el consejo (aquí resumido) que le da al niño el hombre maduro:

Todo el mundo que llega a este país es un extraño. Debemos llevarnos bien, y una manera de lograrlo es si todos hablamos la misma lengua (¡el español!). Ésta es la regla. Si te niegas, si te empeñas en tratar el español con desdén e insistir en hablar tu propia lengua, entonces te encontrarás aislado en un mundo aparte. No tendrás amigos. Te rechazarán.”

Olvídense de la página 121: ¡este libro hay que quemarlo! Pero antes de sacar del bolsillo la caja de cerillas, acuérdense de que no es más que una parábola. Sí, pero por otro lado, Coetzee es un sudafricano que escribe en inglés, en vez de afrikáans, la legua de su gente, o xhosa, la de Mandela, o incluso zulú. ¡Qué dilema! Mejor leer toda la novela antes de hacer una locura, ¿no?

Eric Hobsbawm cabalga de nuevo

El último 20 de marzo, el rotativo inglés The Guardian adelantó un capítulo de un libro póstumo de Eric Hobsbawm, el historiador marxista británico que el año pasado murió en Londres a los 95 años.
Nacido en Alejandría de origen judío en 1917, se creó en Viena, Berlín y, luego, en Inglaterra, no sólo vivió con gran intensidad a lo largo de su dilatada vida el siglo XX, sino que fue uno de sus mejores historiadores. De modo que no es de extrañar que esta novedad editorial se titule Fractured Time: Culture and Society in the 20th Century.
El ‘tiempo facturado’ del capítulo adelantado versa sobre el mito del “cowboy”, de cómo esos jinetes solitarios del lejano oeste, pese a los análogos gauchos del Cono Sur, los llaneros de Colombia o Venezuela o los mismísimos vaqueros mexicanos que, con sus remanencias andaluzas, fueron los que a fin de cuentas dieron vida a sus hermanos gringos, dotándoles de paso con una serie de costumbres y un vocabulario que ha alcanzado el siglo XXI sano y salvo.
¿En qué se basa el mito? Pues básicamente en dos elementos: por un lado, en el choque que se produjo entre la naturaleza y el avance de la civilización; y por otro, entre la libertad y las restricciones sociales. Fue el arado quien acabó con los búfalos y los indios. Pero a los “cowboys”, al menos al principio, lo que menos les interesaban era el dinero; eran más bien exploradores o viajeros de paso.
La literatura, falseándolo todo a su antojo, convirtió a los “cowboys” en una suerte de invento romántico tardío. Mas el avance de las grandes corporaciones acabaría reduciendo los espacios abiertos por los que se movían en una sórdida celda en cualquier pueblo de mala muerte. Eso sí, la tradición que se ha querido transmitir del oeste es enteramente simbólica.
Una vez hecho el mito,¿a quién le importa que tan sólo 45 fueron las muertes registradas entre 1870 y 1885 por disparos de armas de fuego?, ¿o que en los periódicos de esos pueblos del oeste, entre tantos anuncios de ofertas inmobiliarias o de flamantes negocios no quedara espacio para relatar las hazañas de unos harapientos tipos cuyo estilo de vida ya estaba condenado a desaparecer?
Ahora bien, el “cowboy”, o sea, el invento literario, al verse convertido en el defensor de las esencias nacionalistas norteamericanas, se desprendió como por arte de mágica de los indios, negros y mexicanos que antes le acompañaba en su periplo por las llanuras, o que participan con gran éxito en los números circenses de Buffalo Bill.
El “cowboy”, debidamente pasado por la piedra nacionalista, emergió de las aguas purificadoras racistas convertido en un larguirucho ario a prueba de balas. Hobsbawm los divide en dos subespecies; a saber: el romántico, fuerte y tímido, encarnado en el cine por Gary Cooper o John Wayne; o bien el payasín estilo Tom Mix, que casi nunca andan lejos de su caballo.
Pero adonde quería llegar Hobsbawm es a la alucinante reinvención del “cowboy” a manos de Ronald Reagan. Y es que los americanos no se dieron cuenta de la mina de oro que eran los western a la hora de vender hasta que la década de los 60 dio vida a “Marlboro country”, esos anuncios en los que el “cowboy” -alto, solitario, ario, guapo, fuerte, sanote- fumaba por fin como Dios manda.
Hobsbawm pregunta al lector quién podía haber pronunciado en aquellos años las siguientes palabras: “Siempre he actuado en solitario como un “cowboy”… el “cowboy” que entra en el pueblo o ciudad solo sobre los lomos de su caballo. Él actúa, eso es todo.” Se lo dijo Henry Kissinger a Oriana Fallaci en 1972. Allí es nada.
Si quieres ser como Gary Cooper, sólo tienes que ir por libre, pero si lo que realmente quieres es parecerte a don Corleone, te has de imaginar al frente de un montón de gente dispuesta a seguirte y obedecerte, lo que resulta harto menos probable. De ahí el mito del solitario “cowboy”, ya que los sueños, sueños son.

El derecho a decidir

En comparación con los asustados conejos que el “premier” conservador inglés David Cameron -que gobierna en coalición con los Demócratas Liberales de Nick Clegg- se saca de la chistera populista en forma de refrendos y consultas a fin de sobrevivir en el ruedo de los infortunios-unos cuantos de éstos de su propia invención- lo de Artur Mas y su derecho a decidir no pasa de una fanfarria de adolescente con ganas de tocarle las pelotas a su progenitor, por muy serio que conserve en todo momento el semblante.
A estas alturas, hasta el papa Francisco y la mismísima Cristina Fernández de Kirchner se han enterado de que, en el otoño de 2014, se celebrará es Escocia un referéndum que podría poner fin, al cabo de tres siglos, al Reino Unido. Aunque es improbable que se hayan enterado del pataleo escenificado por Artur Mas, que pretende, de mano del un tal Junqueras, compartir cartel con los escoceses, pueblo capaz de forrase a base de un monstruo inexistente que supuestamente mora en las profanidades del lago Ness. No hay ni punto de comparación con el raquítico lago de Banyoles, con su malogrado “negro” y turistas accidentados.
Que nadie cante victoria: en las remotas islas Shetland y Orkney, hasta el día de hoy pertenecientes a Escocia y, por tanto, al Reino Unido y la UE, los isleños han decidido invocar su derecho a decidir, se ignora si por influencia de Artur Mas. Nada quieren saber de Edimburgo, ni de Londres o Bruselas. Ni tampoco de la madre que les parió. Razones tendrán, ¿verdad?
De todas formas, da para pensar que, el día de mañana, Gerona pida independizarse del Barcelona, o que el barrio de Vallcarca se declare, por fin, independiente. Puestos a decidir…

Las caminatas de Will Self con San Jorge

Bien sabido es que la historia la escriben los vencedores. Pero, sin ir más lejos, ¿quién quiere acordarse de la Francia de Vichy? No ciertamente los partidarios y herederos de François Mitterand. La Gran Bretaña que Churchill llevó a la victoria in extremis contra el enemigo nazi se olvidó con suma facilidad de los cientos de miles de aduladores de Hitler de antes, durante y después de la guerra, que ahora en la Gran Bretaña de Cameron vuelven a apoderarse del voto de cada vez más británicos.

Un reciente artículo del novelista Will Self publicado en The Guardian habla de unas largas caminatas de éste en compañía de su hijo de diez años por la campiña inglesa (léase la Inglaterra profunda). Contemplaron atónitos y no sin miedo la proliferación de banderas de san Jorge (cruz roja sobre fondo blanco) en detrimento de la “Union jack” británica, que cada vez más se asocia con judíos y concesiones a debilidades cosmopolitas, por no hablar del Ulster, una guerra perdida.

Self invoca nombres de nazis convencidos de otros tiempos como Mosely y Mitford, que nunca han desaparecido del todo, pues ahí está uno, aún en activo, que es un pez gordo de la Fórmula 1 y que no hace mucho estuvo metido en un escándalo por un vídeo sexual de estética nazi. Como otro de uno de los príncipes ingleses. Sin perder de vista a Eduardo VIII, que tuvo que abdicar por sus inconfesables inclinaciones nazis.

La derecha de Cameron ya no contenta a los extremistas, bandera de san Jorge en mano, que claman contra Bruselas y cualquier cosa que no sea auténticamente inglés. El miedo y la manipulación mediática les da cada vez más votos en las urnas. Ni siquiera Gran Bretaña se salva de la oleada de nacionalismo que, una vez más, amenaza con romper Europa en pedazos. Ojo cuando los perdedores se pongan a reescribir la historia. En Gran Bretaña o cualquier otra parte.

Morto Che non parla

Antes de que los friquis invadieron el país, el Celtiberia Show era un asunto a tomar en serio. El “Interviu” de la primera época publicaba divertidos e interesantes perfiles de gente rara. Había uno de un tipo de Vic a quien le jorobaba pensar que tras de su muerte sería el único que no disfrutaría de su funeral, habiéndolo pagado él. Estar, estaría, de cuerpo presente, pero eso no le satisfacía.
Llegó a obsesionarle tanto, que un buen día puso en marcha los preparativos para poder disfrutar de su propio funeral en vida. Sin escatimar en gastos, se ocupó de todos y cada uno de los detalles de la ceremonia, desde las flores, pasando por la música o el sobre para el párroco.
Echado en el ataúd sin mover un músculo, escuchó los llantos de su familia y amigos, se deleitó con el sentido sermón pronunciado por el comprensivo sacerdote, y a partir de ese día la muerte dejó de aterrorizarle y su funeral a jorobarle la existencia.
Joseph Ratzinger acaba de emular al falso muerto de Vic. Al sobrevolar ayer Roma dibujando círculos en el cielo mientras repicaban miles de campanas, estaba presenciando su muerte desde lo alto, desde el Más allá. “No soy más que un peregrino”, dijo antes de despegar, olvidándose de que los simples mortales como Joseph Ratzinger no deben hacer el camino en helicóptero papal, y mucho menos instalarse en el palacio de veraneo del Papa.
Repitió la frase desde el balcón de Castel Gandolfo”: “No soy más que un simple peregrino…”, para luego dar media vuelta y dar la espalda al mundo. Nada más cerrar las compuertas, cuesta poco imaginar a Joseph Ratzinger decir a su fiel secretario: “Jorg, corre, enciendo la tele, quieres”, para así visionar su propio funeral y oír los comentarios sentado al lado de la chimenea, mientras sorbe un consomé bien caliente.
Decía Beppe Grillo en su web, que Bersani es un “morto chi parla”. Pues bien, Berlosconi aparte, que es un muerto viviente, Italia ahora cuenta también con un “morto che non parla”: Joseph Ratzinger. Sí, dijo que no pronunciará palabra desde su retiro dorado, y que obedecerá a su sucesor. Pero la verdad es que su silencio se irá haciendo cada vez más ensordecedor.
Ahora está cansado y enfermo, pero apartado del mortal desgaste del poder, y receptor de los mejores cuidados imaginables, ¿cuántos años de vida le quedan? ¿Diez años?, ¿veinte? No sería nada excepcional. ¿Y si sobrevive a sus sucesor? ¿Seguiría guardando silencio? ¿Reclamaría volver a ocupar el trono de Pedro? Porque del sucesor de su sucesor nada ha dicho. Podría incluso enterrar a varios papas.
Uno imagina a Joseph Ratzinger rezando mucho, pero también siguiendo por la tele a la hora de cenar el interminable culebrón de la política italiana, vaticana y europea. Y lo hará desde el Más allá. Será un muerto que no renuncia a la vida. Sin embargo, por mucho que dijera Joseph Ratzinger antes de retirase, uno de los mensajes más nítidas de las enseñanzas de Jesucristo es precisamente que no se puede bajar de la cruz. El viacrusis y la crucifixión lo dejan bien claro.
Un jubilado de la edad de Ratzinger, que, pese al acumulo de enfermedades y dolores después de pasarse la vida entera trabajando de sol a sol como una mula, para ahora tener que compartir su exigua pensión con su esposa aquejada de Alzeimer, y con sus hijos parados y desesperados, y hasta con sus nietos y bisnietos perdidos sin remedio, pues a ese jubilado ni se le ocurriría bajarse de la cruz. Tampoco existe tal salida para los millones de hambrientos, enfermos y ancianos que pueblan la tierra por la que dice transitar el peregrino dorado Joseph Ratzinger. Los pobres también rezan y aman al prójimo, sin que sean el Papa de Roma. Eso sí es una bendición.
Pero tengan la certeza de que algún día el muerto que no habla hablará. Aunque sólo sea con su silencio.

Zara Home

En la esquina de la barcelonesa avenida de la Diagonal con la calle de Balmes, lado montaña Besós, se halla un comercio del poderoso grupo empresarial textil Inditex. Se llama ZARA HOME. Uno se extraña de que el nombre de una tienda de Amancio Ortega se rotule en catalán, es decir, “home” (en Barcelona, se pronuncia ‘oma’) en vez de ‘hombre’. ¿Será por qué había sido denunciado y multado por no rotular en catalán? ¿O acaso porque el empresario gallego haya abrazado la Causa catalana, probablemente con un ojo puesto en la venta patriótica local?

Unos enormes carteles anunciando rebajas de hasta un 50% cubren los escaparates, de modo que es imposible desde la calle ver la ropa de caballero ofertada. Nada más entrar en la tienda, al ver pilas de cojines, muebles diversos y una abultada selección de marcos para fotos de los tamaños y formas más inverosímiles, uno cae en la cuenta de que “home” no es ‘hombre’ en catalán sino ‘casa, hogar’ en inglés.
Para que el lector no caiga en la misma trampa, sepa que la pronunciación correcta de “home”, al menos en este caso, es ‘jóum’, o sea, ZARA JÓUM. Y que hay unos marcos muy monos tirados de precio. De nada.

Ha dicho Obama

Barack Obama acaba de inaugurar su segundo mandato con un sentido discurso de poco más de 20 minutos de duración. Un zapeo por las principales cadenas de televisión españolas ha sido inútil: a diferencia de hace cuatro años, ninguna ha cubierto el acontecimiento en directo. Ni siquiera las públicas, que cuentan con corresponsales en Washington, a quienes pagamos con nuestros impuestos. Será porque dichas cadenas no ven más allá de los últimos casos de corrupción de una clase política que brilla por su incompetencia, mediocridad y falta de escrúpulos. Qué le vamos a hacer.
Lo da el directo el “New York Times”, felizmente sin doblaje. Obama aboga por un sistema público de sanidad y educación que se asemeja en todo punto al que aquí se está desmantelando a marchas forzadas. Exige atajar las causas del cambio climático, al tiempo que exhorta a sus compatriotas liderar en los años venideros los adelantos tecnológicos.
Sin olvidar de sus “hermanos y hermanas gay”, pide igualdad de derechos y oportunidades. Revindica derechos y valores en el largo viaje hacia la libertad y felicidad, tanto a título individual como colectiva.
A medio discurso, pronunció unas palabras de perturbadoras resonancias. Habló de “peace in our time”, una ominosa frase anunciada por Neville Chamberlain en 1938, meses antes de que Hitler invadiera Polonia. ¿Lo sabía Obama?
También pidió no permitir que el espectáculo reemplace la política. (¡Si viera el circo mediático español!). En fin, queda claro que no son estos tiempos para melíferos discursos, sino para arrimar el hombro en un enorme esfuerzo colectivo, con todos empujando en la misma dirección.
En resumidas cuentas, ¡a trabajar!

Siempre negativa, nunca positiva

Lo dijo en su día un más que harto Louis van Gaal, el inolvidable entrenador del FC Barcelona a finales de los años 90 y, de nuevo, en la temporada 2002-2003. Han pasado diez años y no pasa día sin que a uno le entren ganas de espetarle al alcalde Trias esta misma frase del míster holandés.
El alcalde sin mayoría ocupa su puesto sin gobernar. Lanza proyectos que nunca pasan de la categoría de meros castillos en el aire. Si Figueres cuenta con el burdel más grande de Europa, Trias anhelaba dotar a Barcelona con el Casino más grande, que seguramente iba a incluir unos cuantos servicios inconfesables. Le sale por la culata todo cuanto propugna. Puesto que no puede hacer nada de lo que realmente quisiera –es, al fin y al cabo, el alcalde neocon de las capas más favorecidas de la ciudad–, sea por inquina o simplemente para combatir el aburrimiento que conlleva ocupar un puesto sin poder, va a por los menos favorecidos, es decir, los pobres.
Guerra contra las prostitutas y no los proxenetas. A por los vendedores ambulantes, o cualquiera que tenga la desgracia de no tener trabajo ni medios de subsistencia. Sí al desalojo de chatarreros; sí a los desahucios. Barcelona se ha convertido en la capital de la profética frase de van Gaal.
En lugar de ir a por los chatarreros, por qué no considerar el lado positivo de las actividades de este colectivo. Su trabajo no sólo los aparta de posibles actividades delictivas, sino que es una labor cuya importancia en los próximos años debería ir en aumento. Y es que, además de rescatar de la basura ingentes cantidades de chatarra, son los reyes del reciclaje, una especialidad que ha permitido a miles de personas salir de la miseria en la que estaban sumidas en los “slums” de Bombay, Nairobi o Sao Paulo. En vez de perseguir a los chatarreros, haría bien el alcalde en tomarlos en serio, dotándoles con medios, no sólo para continuar realizando sus labores de reciclaje y limpieza (sin que le cueste ni un céntimo al Ayuntamiento), sino contratándolos para que eduquen a los autóctonos en los pormenores de su actividad. Todos saldríamos ganando. Seguramente más que con esa campaña tan ñoña de la Generalitat conocida como “Envàs, on vas?”.
Con cada día que pasa emigran más de nuestros jóvenes. Pertenecen a la generación mejor preparada de la historia. Se marchan los más listos, atrevidos y emprendedores, amén de los más hartos de tanto maniqueísmo, corrupción y mezquindad. Son como los chatarreros subsaharianos, que también son lo mejor de la juventud de Senegal, Gambia o Nigeria, y que bien merecen una actitud positiva por parte del Auntamiento.
Por esto pagos se habla mucho de trenes, incluso de choques de trenes. Pero si Barcelona sigue al ralentí en el que la metido el alcalde Trias, dentro de poco el único tren del que se hablará será el que se perdió. Este año Marsella es la capital europea de Cultura, y todo indica que esa maravillosa ciudad se ha despertado luego de varios decenios de letargo y dejadez. Valencia ha perdido en gran medida el empuje de los últimos años, pero lo más seguro es que salga de esta crisis con renovadas ganas de comerse el mundo. Poca broma con los valencianos. Tarragona y Palamós también esperan obtener su parte del pastel.
Si Barcelona se duerme, aunque sólo no sea más que una cabezada, desencadenará un declive tan rápido y pronunciado, que ni tres generaciones podrán recuperar el terreno perdido. De modo que, en vez del “todo negativa” de un alcalde que no gobierna, no estaría demás intentar pensar en positivo y ponerse a estudiar las maneras de sacar provecho de las labores de los chatarreros perseguidos, por no hablar de los otros colectivos marginados pero potencialmente beneficiosos para la comunidad. Todos saldríamos ganando.

El graduadio: un nuevo visionado

Desde que Artur Mas se cayó del caballo camino de Damasco, lo tenemos en la sopa. Parece poseer el don de la ubicuidad. Abres el Washington Post o The Economist, y ahí está. Sale entrevistado en la CNN, la BBC o Al Yazeera. Le Monde no habla de otra cosa; Telemadrid no tiene nada mejor de qué hablar. Su rostro llena páginas y más páginas de papel couché, y en los medios catalanes, ya se sabe.

El fenómeno ha llegado a tal extremo, que uno empieza a verlo en los sitios y situaciones más inverosímiles. En <i>El graduado</i>, por ejemplo, aquella película de Mike Nichols de 1967, en la que el joven Ben (Dustin Hoffman) vuelve a casa con la licenciatura bajo el brazo. Sus padres, orgullosos, organizan una gran fiesta, a la que sólo invitan a amigos suyos, es decir, a ninguno del flamante graduado, que contempla con horror cuanto lo rodea. Sin querer, uno se fija en el tupé de Dustin Hoffman, y de repente se parece al de Artur Mas. Acto seguido, Dustijn Hoffman “es” el president, al que uno de los invitados ha apartado del rebaño para decirle algo importante, algo que se puede resumir en un sola palabra: “plásticos”, por ser la industria del futuro, pero uno ya no oye “plásticos” sino “independencia”, y al joven Artur-Ben, que está cada vez más aturdido, le preguntan qué le pasa, y contesta que quiere estar solo, que está preocupado por su futuro, que quisiera ser diferente. Queda claro que no quiere ingresar en el mundo adulto que le espera, en esa inmunda existencia hacia la que lo empujan. El chico es inmaduro; se siete indeciso, confundido. Todo le asquea. Cuanto se parece al Artur-Artur en el tren con el príncipe, Rajoy y la ministra. Se le nota en la cara, en el lenguaje corporal. No quiere estar con ellos; sólo piensa en reunirse con sus amigos de la facultad, con gente que piensa como él. Quiere irse a casita.

Al poco de la fiesta por su licenciatura, Artur-Ben cumple 21 años y está vez viene gente de su edad para celebrarlo. Artur-Ben se enfunda en un traje de hombre rana y se mete en la piscina, donde permanece sin moverse bajo el agua, ajeno al mundo real. Es en este momento cunado la imaginación de uno se dispara y imagina a otros hombres rana metiéndose en el agua con él. Son los Orioles, los Quicos y los Felips. Un señor calvo que luce un Maeba a topitos se bascula sobre el trampolín… ¡es Duran!

En la peli, Ben finalmente sale de la piscina, conoce (en sentido bíblico) a la sublime Mrs Robinson (Anne Bancroft), se mete en líos y se enamora de Elaine, la hija de Mrs Robison; al final, se escapa con ella. Es decir, abandona el mundo de universitario inmaduro inmerso en interminables discusiones subacuáticas, para adentrarse en el mundo de los mayores. Artur-Artur y sus amigotes, en cambio, no quieren salir del agua, pero lo harán en cuanto se queden sin oxígeno.

La cosa no acaba aquí. Hacia el final, cuando Ben va por la autopista en su Alfa Romeo descapotable rojo, uno no da crédito, pero es que de repente se transforma en … ¡Messi! Palabra. Háganse con la película y compruébenlo. Pero no se lo digan a nadie del New York Times, ¿vale?

Boss

“Boss” es una de las mejores de las muchas excelentes series de televisión norteamericanas. Gracias a Bruce Springsteen, el título no precisa de traducción. Relata los tejemanejes del despiadado alcalde de Chicago, Tom Kane (Kelsey Grammer) y cuantos lo rodean. Sin nada de la odiosa cultura del ¡ji,ji,ji!, ¡ja,ja,ja!, o de supuestas críticas televisivas (subvencionadas y supervisadas, por no utilizar otra palabra) que nos echan aquí. Es un retrato sin concesiones de cómo se las gastan en el Chicago de ahora. El poder, la corrupción, el crimen…

La segunda temporada terminó el último mes de septiembre, pero no antes de que una periodista viera los temblores de la mano del alcalde Kane, lo que le da la pista que la llevará a averiguar que padece un desorden neurológico que, además de los temblores, le produce alucinaciones.

Por enésima vez Kane parece acabado, pero de repente se saca de la manga un monumental proyecto urbanístico ¡que incluye un casino que ríanse ustedes de los de Sheldon Adelson! En fin, si usted es residente de Barcelona, ¿a que le suena esta historia? Por lo de los temblores, claro. Ojalá alguien hiciera (sin subvenciones) una serie por el estilo sobre cómo se las gastan por estos pagos. Material hay de sobra.

Bertolt Brecht (1932)

“Se embisten brutalmente,
pelean por el botín.
Los demás, para ellos, son tipos avariciosos
y a sí mismos se consideran buena gente.
Sin cesar los vemos enfurecerse
y combatirse entre sí. Tan sólo
cuando ya no queremos seguir alimentándolos
se ponen de pronto todos de acuerdo.”
Pronto se producirá un  acuerdo entre
las fuerzas (es un decir) catalanas.

El telón

“Todas las artes europeas, cada una a su hora, levantaron el vuelo de la misma manera, transformadas todas en su propia historia. Éste fue el gran milagro de Europa: no su arte, sino su arte convertido en historia.
¡Ay!, los milagros son poco duraderos. Quien levanta el vuelo un día aterrizará. Presa de la angustia, imagino el día en que el arte dejará de buscar lo nunca dicho y volverá, dócilmente, a ponerse al servicio de la vida colectiva, que exigirá de él que embellezca la repetición y ayude al individuo a confundirse, alegre y en paz, con la uniformidad del ser.
Pues la historia del arte es perecedera. La palabrería del arte es eterna.”

Son estos los últimos párrafos de El telón (2005), un ensayo que el escritor checo Milan Kundera redactó en francés. Ojalá los leyesen los talibanes de acá y acullá.

El saludo de Artur UI

Lo que no fue más que una sospecha es ahora una realidad. Los independentistas catalanes ya cuentan con un saludo propio. Es el mismo que el de la Falange Española de las JONS, pero con el pulgar pegado a la palma de la mano derecha. Lo estrenó Artur Mas en una plaza Sant Jaume repleta de creyentes y fervorosos conversos nada más regresar de su última visita a La Moncloa.
Desde entonces, Mas ha repetido el saludo en varias ocasiones, y ya lo van ensayando en público –y se supone en la intimidad- otros destacados independentistas. Que se sepa, este saludo aún no cuenta con un nombre que lo identifique, por lo que propongo que se conozca como el saludo de Artur Ui.

Tsunami

Una minuciosa y exhaustiva investigación llevada a cabo por un equipo especial de los Mossos d’Esquadra ha establecido que, según las declaraciones de testigos presenciales, el inicio del extraño caso tuvo lugar en la Rambla de Santa Mónica. Al parecer, sobre las 10.00 horas, alguien –no se sabe si extranjero o nativo, hombre o mujer, adrede o sin querer- desencadenó al grito de “¡¡¡¡tsunami, tsunami!!!!” una estampida humana, Rambla arriba.

Los más espabilados, al llegar al Liceu bajaron al metro en tropel, deseosos de alejarse cuanto antes de la costa. El andén, atestado, no tardó en convertirse en el escenario de cruentas peleas entre los supuestos pasajeros, todos dispuestos a cometer cualquier vileza a fin de asegurarse un puesto en el primer convoy que se detuviese en la estación. Tamaño derroche de ruindad colectiva sirvió de bien poco: no paró ningún tren, ya que la línea estaba colapsada.

Viendo que no había nada que hacer, y sabedores por experiencia de que nadie nunca les iba a informar de nada, muchos de los primeros en llegar se lanzaron a luchar contra la marea humana que bajaba por las escaleras, repartiendo empujones y amenazas a diestro y siniestro, con la esperanza de recuperar la calle y de ese modo poder seguir huyendo raudos a pie hacia la parte alta de la ciudad.

La plaza de Catalunya no era más que un caos. Vista desde el aire, debía de tener el aspecto de un cacho de queso de Cabrales examinado bajo la lente de un microscopio. Las calles adyacentes estaban llenas de vehículos estacionados de cualquier manera en medio de la calzada, tal como los había abandonado -algunos con el motor en marcha y las puertas abiertas como si fuesen las alas de unos enormes insectos metálicos- los conductores y conductoras a fin de juntarse sin demora al gentío que corría despavorido calle arriba. Móvil en mano, todo el mundo enviaba o recibía el mismo mensaje: “¡Tsunami! ¡Sal corriendo! Pásalo.”

Al filo de las 13.00 horas, la gran mayoría de los barceloneses, salvo un zagal que permanecía en la destrozada terraza del Zurich enfrascado en la lectura de un cuento de James Thurber, se hallaba encumbrada en el Tibidabo o bien remontando sus faldas infestadas de piaras de jabalíes salvajes. Miles de los creyentes recién arrepentidos que no cabían en la abarrotado templo expiatorio –no pierdan esta palabra de vista- del Sagrado Corazón de Jesús, rezaban arrodillados al aire libre. Desde un helicóptero que sobrevolaba la multitud , un hombre valiéndose de un megáfono amarillo pedía a grito pelado al sumiso rebaño que no perdieran la calma, que toso estaba bajo control. Una avioneta cruzó el cielo arrastrando un anuncio que proclamaba: “Catalonia is not Spain”.

Un verdadero río humano inundó el parque de atracciones sin pagar la entrada o cualquier otro tipo de peaje, algunos buscando refugio en la sala de los Espejos Mágicos o en el Castillo de las Brujas, mientras otros guardaban cola para hacerse con un cucurucho de grasientas palomitas. Varios equipos de televisión abrieron paso a codazos entre la multitud para captar las mejores imágenes del parque de atracciones ocupado por la población de Barcelona al completo, y, cómo no, de la ciudad desierta a sus pies.

Un grupo de periodistas extranjeros acreditados improvisaron una sala de prensa en el avioncito que, muy a su pesar, no paraba de dar vueltas y más vueltas sobre la muchedumbre. Aunque mareados como un pato, todos soñaban secretamente con el Pulitzer. Por desgracia, como en los vuelos “low-cost”, no había disponibles bolsas de papel ni un triste vaso de agua.

Ahora bien, no eran pocos entre el gentío los que, apartando de sus pensamientos por unos instantes el temor a ser engullidos por una ola gigantesca, volvieron a sentir ese orgullo, ese subidón de vanidad delirante que da el saberse ante la mirada del mundo mundial. ¡Un tsunami en Barcelona! Era realmente la repera.

De pronto, recorrió el monte una pregunta que ninguno de los presentes supo o quiso contestar: “¿Quién ha sido?”; y una retahíla de comentarios desagradables tipo “¡qué tsunami ni qué niño muerto¡” o “mecachis en la mar salada”, entre los más repetibles.
Entonces, como por ensalmo, todos se giraron hacia el mar, que se veía de un bellísimo y nítido azul… y tan plano como un plato. Los que disfrutaban de buena vista podían divisar en el agua tocando la orilla unas figuritas no más grandes que una lentejuela, que eran surfistas que, inmóviles, practicaban con absoluta convicción y abandono zen su deporte sin olas.

Conscientes de que se avecinaba peligrosamente la hora de comer y de que era inútil esperar que alguien obrara desinteresadamente el milagros de los panes y los peces, avergonzada, hambrienta y un tanto perpleja, la grey bajó del monte y cada hijo de vecino se dirigió a su morada en silencio.
Tras revisar con lupa el informe elaborado por los Mossos, las autoridades competentes decidieron correr un tupido velo sobre el lamentable suceso, hasta que un subalterno inspirado propuso que, en vez de considerar lo ocurrido como un atropello absurdo, convocasen de inmediato una rueda de prensa (también con los reporteros extranjeros ya felizmente rescatados del avioncito), en la que se explicaría urbe et orbi que los barceloneses acababan de realizar de forma ejemplar el mayor simulacro de evacuación de la historia. Y así se hizo.

El pulgar de Mar

El día 19 por la noche. Al coger el AVE, Artur Mas se despide en el andén de los fotógrafos con la mano abierta, el pulgar tan extendido como los otro cuatro dedos de la mano derecha. En cuanto a lo que pasará al día siguiente, todo es posible.

El día 20 por la mañana. A su llegada a la Moncloa, Rajoy no baja los escalones a recibirlo. Mas sube y, con cara de póker, estrecha la mano de Rajoy. En todas las imágenes se ve que lo hace con el pulgar alzado, es decir, a Rajoy no le aprieta la mano, sino que le ofrece, en un gesto muy poco caballeresco, algo así como un manojo de bledos hervidos.

El día 20 por la noche. A su regreso a Barcelona, Mas es recibido por sus fans. Alza el brazo derecho, al final del cual el pulgar está plegado sobre la palma, y los otro cuatro dedos enhiestas forman, ay, las “cuatre barres”. ¡Qué emoción! Al patriota Xavier Rupert de Ventós se le cae la baba; intenta una y otra vez estrechar esa mano que va camino de convertirse en incorrupta, pero, al menos en las imágenes, se le esquiva. Todo se ponen a cantar “Els segadors”.
Ese lenguaje pulgar tan obvio y pueril no parece propio de un hombre serio como Artur Mas. Lo cual demuestra que sigue las órdenes de un hatajo de inmaduros que acabarán haciendo daño a propios y extraños.

 

El colmo

Uno que hace tiempo no vive en sí ni duerme pensando en qué se dirán Rajoy y Mas en la Moncloa el día 20, enciende la radio a primera hora de la mañana, sin otro fin que el de distraerse un rato. La locutora refiere espeluznantes historias de los cientos de miles de niños de doce años que en EE. UU. trabajan de sol a sol en la recolecta de algodón y otras cosechas. Caray.
Nada, para despejar las musarañas no hay nada como bajar a la calle, comprar un periódico en el quiosco y enterarse de lo que pasa en el mundo mundial, por no hablar de Vic o Palamós, mientras vas tomando el cortado a sorbitos -todo un lujo hoy en día, puesto que la broma te cuesta un ojo de la cara-. Antes, cuando éramos pobres, también te habrías fumado un pitillo y pedido una copita de sol y sombra, e invitado a la pobre lotera a un café con leche.
Te llama poderosamente un reportaje sobre una gente que paga por vendimiar. ¡Anda ya! ¿Será verdad? En un país que va camino de crear nada menos de seis millones de parados, ¿la vendimia la hace gente que paga para hacerlo?  ¡Por todos los santos! Y resulta que esta nueva modalidad de turismo incluso tiene nombre bien cursi: enoturismo.
¿Y qué pasaría si a los desocupados –que no parados- y aburridos rentistas y jubilados de gama alta decidiesen que les daría un no sé qué trabajar de camarero sin cobrar durante un verano? ¿O de periodista? Bueno, eso ya se hace; llámese blog u otra cosa. Las posibilidades son infinitas.
Hay una película norteamericana de los años 30 en la que, en plena Depresión y con la prohibición en su momento álgido, el Gobierno decide que lo que nadie ni puede ni debe hacer bajo ningún pretexto es trabajar. Enseguida se forman clubes clandestinos, normalmente en oscuros sótanos, a los que acuden a hurtadillas los socio con unas ganas locas de cavar un agujero con una pala, reparar la suela de un zapato o cualquier otra cosa por el estilo.
Aquella película era una parodia que ahora se ha convertido en una despreciable realidad. El turismo es la única industria que nos queda, y ahora resulta que vendrán los turistas a recibirse a sí mismos en la recepción del hotel, luego se acompañarán a si mismos a la habitación, harán la cama, limpiarán el baño y, ya hambrientos, bajarán al restaurante a prepararse una cenita con hortalizas que ellos mismos han recogido, pescado que ellos mismos han sacado del mar, y todo bien regado con unos caldos hechos con las uvas que ellos han vendimiado, prensado y embotellado.
A continuación, se cobrarán a sí mismos – “Pero qué dice…¡invita la casa!”, se dirán, y se irán al casino más cercano –propiedad de un gángster de vete tú a saber dónde- antes de coger un avión sin apenas suficiente keroseno para depositarlos sanos y salvos en casita, donde durante meses darán la lata a cualquiera que se les acerque, contándoles que Barcelona es la rehóstia, tú.

Vías de agua

Ha llegado el mes de septiembre, y el calor ya no aprieta tanto. Pronto acabará un verano de incendios y puñetazos al hígado -y al cerebro y la cartera- mal disimulados. Además del dentista, el abogado o el lampista, ahora son las cadenas de electrodomésticos o las peluquerías quienes te dicen que te cobran sin IVA. Los cursis decían que menos era más, pero ahora resulta que pagamos más por menos. Tal vez siempre ha sido así.
Se habla mucho de rescates, aunque acaben utilizando otro nombre, los muy pillos. Al parecer, la nave hace agua y las ratas se apresuran para tirarse al mar. La mezquindad está a la orden del día. Y no anda a la zaga la codicia.
Pronto habrá pasado un verano cuyas vergüenzas han sido tapadas por incendios, las manos de un príncipe inglés en Las Vegas, las arengas desde un balcón londinense de Jullian Assange o la terrible condena a las chicas de Pussy Riot. Pero de Millet y Montull ni mu. ¿Se acordará de ellos algún patriota el día 11? O tal vez lideran ellos la ¿protesta?

Una y grande

¿En qué estaría pensando Franco cuando soltó aquello de que lo dejaba todo atado y bien atado? Pues seguramente en un lugar en el que el pueblo acepta sin rechistar la preponderancia de la nación, la Iglesia, la lengua y las familias que cortan el bacalao de toda la vida; es decir: la Cataluña –Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona- de Artur Mas, que, una vez más, cogida de la mano del PP y bate de béisbol y pelotas de goma siempre a punto, demuestra su inquebrantable ardor patriotero. Esta semana, con las fronteras cerradas y los incondicionales del régimen haciendo cola para delatar a sus vecinos, Franco no podría sino sentirse orgulloso de sus hijitos catalanes.

 

Jordi Pujol que está en el firmamento…
¡Nobel súbito!

Como no podía ser de otra manera, el tercer tomo de las Memorias del Molt Honorable encabezó el día de Sant Jordi, la lista de no ficción mas vendida en catalán. Nada nuevo. Durante sus 23 años en el Palau, con la inestimable ayuda de la corporación audiovisual de Cataluña, que se creó a su imagen y semejanza, por no hablar de la prensa en la que se permitía entrevistarse a sí mismo, eso cuando no estaba sobrevolando el país en helicóptero o inaugurando por cuarta o quinta vez el mismo tramo de una mísera carretera, o bien volando por el mundo en compañía de un nutrido grupo de empresarios de constatadas inclinaciones patrióticas y religiosos, sin olvidar los viajes a Madrid, o una escalada por la falda este de Canigó, pues en su tiempo escasos ratos libres del peso del cargo, el president Pujol escribía.
Vaya si escribía: sus obras completas, que también incluye todos sus discursos en volúmenes ricamente encuadernados, sobrepasa con creces la producción de un Pla o un Porcel.
No es ningún secreto que Cataluña ha invertido ingentes cantidades de dinero a fin de “conseguir” que el Nobel de literatura recaiga en un autor catalán de expresión catalana. Hasta la fecha sin éxito, y eso que el premio internacional ese de Catalunya nos cuesta cada año un ojo de la cara.
Pues nada, basta ya de tanto despilfarro de dinero público: a ninguno de los candidatos oficiales propuestos le van a dar nada. Que todo el mundo entienda de una vez que el único autor capaz de hacerse con el Nobel es el prolífico e incansable Jordi Pujol. Se lo dieron a Churchill, ¿no? Bueno, pero él era un estadista que acababa de ganar la guerra contra Hitler. No importa; si Catalunya ha de tener un Noble, que sea Pujol. Faltaría más.
Y es que desde 2008 brilla en el firmamento una estrella que atiende por Jordi Pujol i Soley. No es broma. Lo pueden comprobar en el registro Star Live Astronomic, catálogo internacional integrado en Space Services Inc. La estrella de marras, técnicamente denominada TYC 1186-1151-1, pertenece a la constelación Enterprise y tiene un indicador visual de magnitud 10,5. El astro fue regalado al futuro Nobel por la agrupación de CDC de Ripoll. Qué majos.
Que el conseller Mascarell se ponga manos a la obra; que Cataluña entera se movilice. Esta vez no puede fallar. Estocolmo no sabe lo que le espera. ¡Pujol, Nobel súbito!

Ítaca

“Ten siempre a Ítaca en la memoria. /
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino, /
sin esperar que Ítaca te enriquezca.”

Estos bellos renglones son del poema “Itaca”, de Konstantino Kavafis. La traducción es de José María Alvarez.
(¿No falta una coma? Decida el lector dónde.)

No pienses en un elefante

Seleccionamos esta descripción de un elefante de Embajada a Tamorlán (Sevilla, 1582) que es, en palabras del editor, Antonio Argote de Molina, “historia del gran Tamorlan, e itinerario del viaje, y relación de la embajada que Ruy González de Clavijo le hizo por mandado del muy poderoso señor Rey don Enrique el Tercero de Castilla.”

“Ante el Señor había unos maderos y cuerdas de que trepaban y hacían juegos hombres, y los marfiles que el Señor tenía, eran catorce, y traían cada uno un castillo de madera encima, que eran cubiertos de un paño de seda, y en cado uno cuatro pendones amarillos y verdes, y en cada castillo cinco o seis hombres, y en el pescuezo de cado uno un hombre con un forcino en la mano, que les hacía correr y hacer juegos: y los dichosos marfiles eran negros, y no han pelo ninguno salvo en la cola, la cual han como camello, con unas pocas de sedas, y eran grandes de cuerpo, que podían ser como cuatro o cinco toros grandes; y el cuerpo han mal hecho, sin talle como un gran costal que estuviese lleno, y las cintas han derrocadas hacia ayuso como búfalo, y las piernas muy gruesas y parejas, y el pie redondo todo carne, y tienen cinco dedos en cada uno con sus uñas como de hombre negras, y no han pescuezo ninguno, salvo luego de las agujas, que las ha muy grandes; tiene la cabeza apegada, y no puede bajar la cabeza ayuso, ni puede llegar la boca a tierra: y han las orejas muy grandes y redondas y farpadas, y los ojos pequeños: y tras las orejas va un hombre caballero que lo guía con un forcino en la mano, y le hace andar a do quiere: y la cabeza la ha muy grande, hecha como una albarda de asno pequeña, y encima de la cabeza hay un hoyo, y de la cabeza se sigue ayuso, do ha de tener la nariz, una como trompa, que es muy ancha arriba, y angosta ayuso todavía, más como manga que le llegaba hasta el suelo; y esta trompa es horadada, y por ella bebe; cuando ha gana, métela en el agua y bebe con ella, y valé el agua a la boca como si fuese por las narices: otrosí con esta trompa pace, ca no puede con la boca, que no se puede bajar… y no deja lugar en todo su cuerpo donde no llega con ella…”

No pienses en el rey.

Los verdaderos antisistema

La candidata de la ultraderecha a la presidencia de Francia, Marine Le Pen, se ha declarado antisistema. En Catalunya, –y vaya por delante nuestro rechazo a la violencia, venga de donde venga- para el gobierno de els millors de Artur Mas, empezando por su lugarteniente, Felip Puig, los antisistema son aquellas personas que -ciudadanos de esta monarquía parlamentaria que nos debe garantizar nuestros derechos democráticos y constitucionales- salen a la calle a defender sus derechos.
¿Es más antisistema el sufrido contribuyente que clama contra el cierre de centros médicos, o acaso lo es el consejero Boi Ruiz, de dudosa procedencia, que se dedica a bajar la persiana entre risitas? ¿Son antisistema los estudiantes que se manifiestan con toda la razón del mundo a fin de conservar el sistema educativo que tanto ha costado crear? ¿Son antisistema los médicos, empleados de enfermaría, maestros, funcionarios, jubilados, enfermos, parados, etcétera y etcétera?
Que nadie se llame a engaño: en Catalunya no lo dicen en voz alta como la candidata Le Pen, pero los verdaderos antisistema aquí son los que están desmontando a porrazo limpio el fruto de generaciones de esfuerzo y sufrimiento. Es decir, los que ganaron las elecciones y gobiernan, encantados, una vez más, con el PP de toda la vida. Más antisistema, imposible. Y todavía no han hecho más que calentar los motores.

Günter Grass

El Nobel alemán Günter Grass ha publicado en la prensa un poema titulado “Lo que hay que decir” que, además de levantar muchas ampollas, ha conseguido que Israel le declare persona no grata.
Grass es conocido principalmente como novelista y artista, pero su vocación poética viene de lejos.
Traducimos un poema suyo de hace más de medio siglo.

BATALLA NAVAL
Un portaviones norteamericano
y una catedral gótica
se hundieron simultáneamente
en medio del Pacífico.
Hasta el final
no dejó de tocar el órgano el joven coadjutor.
Ahora aviones y ángeles cuelgan en el aire
y no tienen dónde aterrizar.

 

Jean de La Bruyère

“Ce gran malheur, de no pourvoir être seul”

Io ti assolvo

Al primer ministro italiano, Mario Monti, se le ha ocurrido la temeridad de intentar cambiar la mentalidad de sus conciudadanos. Dicho de otra manera, lo que pretende es que suba a la superficie la vasta economía sumergida que campa a sus anchas hasta en el rincón más remoto y olvidado de su país.
El señor Monti haría bien en echar un vistazo a “Io ti assolvo”, un interesante libro que publicó en 1993 el periodista Giordano Bruno Guerri. Para documentarse, Guerri, de intachable formación católica, pasó de confesionario en confesionario explayando a los abnegados sacerdotes una serie de pecados que incluía el de la evasión de impuestos. Más de un confesor le sugirió que la mejor manera de liberarse del insoportable peso de tamaña falta consistía en entregar a la Santa Madre Iglesia parte del botín.
Casi veinte años después de la publicación del libro de Guerri, muchos italianos siguen pensando que lo que no se da a César, si al menos se destina a un partido político, un sindicato o a la propia familia, pues que todo queda justificado y más que justificado, y no hay que preocuparse de nada. Faltaría más.
Sería interesante llevar a cabo ahora un estudio similar en Cataluña, que cada vez se parece más a la Italia de Berlusconi, pero con Umberto Bossi ejerciendo de primer ministro. Duran y sus secuaces bien pueden acogerse a eso de “Io ti assolvo”. Pero ¿cuántos más, y a cambio de qué?
¿Se confiesa el señor Millet?

 Patrick Leigh Fermor

“En Bizancio, una actitud imparcial exaltaba tanto a los virtuosos como a los inicuos, y unía sus manos en una abstracción.
Aquí interviene una actitud contraria. El bien y el mal, amasados con el mismo pan sin levadura, conviven en la sordidez
hasta que ambos se vuelven igualmente viles, y esta igualdad en al abyección ahuyenta a la piedad. La desigualdad y la
tragedia emprenden juntas el vuelo, y uno contempla las escenas perplejo. ¿Se trata de santos martirizados o de criminales
a los que ejecutan lentamente?

Peter Carey

“Yo ya sabia que la palabra japonesa “gaijin”, que suele traducirse amablemente por <<extranjero>>, literalmente significaba <<bárbaro>>.”

“Equivocado sobre Japón”, Peter Carey (Random House Mondadori, 2008)

Jean Nicolas Arthur Rimbaud

Rostro: Ovalado
Frente: Normal
Ojos: Azules
Nariz: Normal
Boca: Ídem
Cabello: Castaño
Cejas: Ídem
Señales distintivas: Ninguna
Estatura: 1.77 m

Con esta descripción el Departamento de Guerra de Holanda apuntó que Jean Nicolas Arthur Rimbaud, nacido el 20 de octubre de 1854 en Charleville, Francia,hijo de Fédéric Ribaud y Marie Catherine Viatalie Cuif, con domicilio en Charlesville, se había alistado a su servicio. Desertó a poco de llegar a Java.

Antonio Gramsci

“Cuando era director de un periódico de California, Mark Twain publicó un dibujo que representaba a un asno muerto en el fondo de un pozo, con la leyenda siguiente  <<Este asno murió por no haber rebuznado.>> Twain quería demostrar la utilidad del anuncio periodístico, pero la frase se presta también a otras interpretaciones.”

Cela en Londres

“Corría 1953 por mis veintiséis años: la edad arrogante del futuro indefinido.
Salió del avión con enorme tripa y sombrero de cowboy:
-Jesusín, estoy cachondo.
-¿Y qué quieres que le haga yo?
-Quiero joder.
-Mira, yo no soy mamporrero, pero, si quieres, te organizo mañana un guateque, y si te las apañas bien, pues follas.
[Dicho guateque tuvo lugar. A los cinco minutos de empezar la música, Cela se metió en el baño con una inglesa, del que salió ella al momento, con cara de circunstancias:
-Tu amigo es una bestia, ¿creerás que lo primero que hizo fue ponerme la polla en la mano?
A la mañana siguiente Cela me llamó por teléfono:
-Me has decepcionado, Jesusín, tu amiga no es una señora.
¡Pero, Camilo, no jodas, si le pusiste la polla en la mano en cuanto os visteis solos!
-Pues, justo, a una señora le pones la polla en la mano y cuando menos te la choca.”

“Autorretrato sin retoques” Jesús Pardo

Hace reír, pero es una escena que merece una reflexión el Día de la Mujer.

Gilbert K. Chesterton, en traducción de Alfonso Reyes

"¿Qué disfraz debo adoptar? ¿Dónde encontrar personajes más respetables que los obispos y los comandantes?" Él me miró con su cara enorme, indescifrable. "¿Quieres un disfraz seguro? ¿Un traje que te haga aparecer como inofensivo? ¿Un traje en el que nadie pueda adivinar que llevas escondida una bomba?" Asentí. Entonces, exaltando su voz de león: "¡Pues disfrázate de anarquista, torpe!", rugió haciendo retemblar la estancia. "Y no habrá quien tenga miedo de ti." Y sin decirme nada, me volvió la espalda corpulenta. Seguí su consejo, y nunca tuve que arrepentirme."

 Eugenio Trías

“Hölderlin, en el último tramo lúcido de su trayectoria poético-espiritual, el que corresponde a sus grandes himnos últimos, comprende que a Occidente le corresponde efectuar un giro correlativo, aunque inverso, al que hizo Grecia. Occidente, si no quiere agotarse en la mera repetición de su destino, si quiere, de algún modo, abrir un espacio nuevo y  transformador en relación a sus propias carencias y limitaciones, debe retroceder, en y desde su lugar natural, o histórico-natural, que es la subjetividad y la técnica, en dirección a ese Oriente del cual procede, y cuyos signos y señales ha olvidado.”

Lo malo es que Oriente también se ha olvidado de sus signos y señales, y abraza fervorosamente la subjetividad y la técnica que amenazan con dejar a Occidente en la más absoluta ruina, empezando por Grecia.

Claro que hay que efectuar un giro, pero ¿hacia dónde? De seguir así, la repetición nos agotará.

W. H. Auden

"En las comedias clásicas los personajes son desenmascarados y castigados: cuando cae el telón, el público está riendo y los personajes lloran.

En las comedias cristianas los personajes son desenmascarados y perdonados: cuando cae el telón, tanto el público como los personajes ríen."

A esta observación de W. H. Auden podríamos añadir que en las comedias actuales los personajes se ríen a carcajadas del público al que acaban de atracar.

 

En memoria de Ronald Fraser, que falleció el 10 de febrero en Valencia

El señor Frase y el topo

Se publicó en 1977 Los topos, un gran libro firmado por Jesús Torbado y Manuel Legineche, que sacaba a la luz del día la vida subterránea –en algunos casos durante más de treinta años- de una veintena de cargos públicos y simpatizantes del gobierno republicano que, a partir del 39, se vieron obligados a esconderse de la opresión y represalias del nuevo régimen. Fueron éstos algunos de los “topos” que salieron de sus zulos a finales de los años sesenta, tras firmar el dictador un decreto de amnistía.
Uno de estos “topos” se llamaba Manuel Cortés y había sido alcalde de Mijas. El escritor inglés Ronald Fraser ya había publicado en 1972 In hiding, que relata cómo vivió escondido Cortés todos esos años, sin que los supiera nadie fuera del entorno familiar. ¡En Mijas!
Una reseña en el Times Literary Supplement de la reciente reedición de In hiding ha animado a Jeffery Meyers –biógrafo, entre otros muchos, de Hemingway y Scott Fitzgerald- a remitir al editor una carta (13 de mayo) en la que cuenta que en 1972 él estaba viviendo en un pueblo cerca de Mijas y conoció al viejo “topo” a través de una recomendación de Fraser. Resulta que el antiguo alcalde estaba muy enfadado con el señor Frase (así lo llamaba malagueñosamente Cortés). Dijo que no le había enviado ni un duro de los royalties que había generado el libro. Mayers le dijo que sí que le había enviado algún dinero. Cortés le explicó que nada más había recibido un pedacito de papel sin valor, y acto seguido enseñó a Mayers una bolita de papel arrugado, que era nada menos que un talón de Random House por valor de $500.
Ni corto no perezoso, Manuel Cortés se metió en el banco que más a mano había y reapareció con los bolsillos y manos llenos de billetes (38.000 pelas de la época). A Mayers le invitó a un coñac, largueza de “topo”.

José María Blanco White

“Lo que necesita gran miramiento y tino son los principios constitucionales del Poder Judicial; de ese poder del que depende cuánto es y cuánto tiene el ciudadano; de ese poder que es el origen, el propagador y la defensa del espíritu público; el conservador de las leyes que constituyen la verdadera “patria”; ese poder que bien establecido corrige o hace insensibles las faltas de constitución de los otros; y mal organizado se convierte en instrumento de opresión y tiranía, en propagador de la corrupción pública.”

José María Blanco White

Juan Goytisolo incluye esta cita en su artículo “El juicio no es un Sainte” en El País del lunes 13/2/2012.

Al Capone

“Soy un hombre de negocios y nada
más. Gané dinero satisfaciendo las
necesidades de la nación. Si al obrar de
este modo infringí la ley, en tal caso mis
clientes son tan culpables como yo…
En realidad quisiera saber porque me
llaman un enemigo público… Yo sirvo
los intereses de la comunidad. Hago
esto tan bien como puedo y procuro que
los daños sean tan pequeños como sea
posible. No puedo cambiar la situación
del país. La afronto. Eso es todo.”

                                               Al Capone

Es lo que en su día dijo un hombre fuera
de la ley; y es el mismo argumento de
los que ahora están dentro.

El marsical MacMahon

“El mariscal MacMahon, al ser preguntado por su estado de salud en una entrevista cedida a la prensa poco después de ser elegido presidente de la República en 1873, contestó de esta manera:
-No me encuentro nada bien. Es preferible que muera cualquier victima de meningitis cerebral. O te mata o te deja convertido en un idiota desahuciado. Lo sabré yo – la he padecido tres veces-.”

Anécdota recogida por Brendan Behan en <i>Confesiones de un rebelde irlandés</i>.

 Ante la muerte

"...en las trincheras, diez minutos antes de saltar y enfrentarme con la muerte, yo era capaz de darle una paliza a un hijo de puta que afirmaba no tener tabaco cuando sí tenía. El fin del mundo es una cosa, el hijoputa, otra. No puedes excusar al hijo de puta aduciéndole circunstancias adversas. Él es cosa aparte."

Joseph Roth

 What's in a name?

Se suele traducir esta pregunta que William Shakespeare pone en boca de la protagonista de “Romeo y Julieta” como “¿Qué hay en un nombre?”, mas dicho así resulta un tanto simplista; y puesto que a continuación Julieta exclama: “¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquier otra denominación!”, viene a expresar más bien la idea de: “¿qué encierra un nombre, qué importancia tiene?”, esto es, únicamente la que el que lo pronuncia desea que tenga.

Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch son, a nivel mundial, las principales agencias de calificación de riesgo crediticio (“credit rating agencies”). Constituyen un poderosísimo cartel opaco al servicio de la economía de la especulación. De hecho, mantuvieron una calificación de notable para la deuda de Lehman Brothers hasta el día de su quiebra. Tampoco acertaron con Enron. ¿Y qué? Actuando como unos matones que amenazan con sus notas de solvencia la supervivencia de la economía de países enteros, han logrado componer más tragedias que el bardo inglés.

What’s in a name?” Standard (norma, pauta, patrón); Poor (pobre, de poco valor, ineficaz); Moody (caprichoso, irritable, caviloso); Fitch (si se deja la te sin tilde, se convierte en “filch”: birlar, mangar, sisar, hurtar). Claro que nadie debe ser responsable de su nombre, llámese Montesco o Capuleto. Pero en el caso de estas todopoderosas  agencias, quizá habría que preguntarles “What’s in a rating?”

Mariano, Piatkov y la Merkel

Olvídense ustedes de los perdedores: ha ganado Mariano. Por KO. Han ganado Mariano y Artur Mas; la pareja de baile que se llevará todos los trofeos . En realidad, ya estaba cantado. La derecha es así. Ahora y siempre. A partir de su respectivas victorias, arrasarán, cada uno a su manera, sin contemplaciones ni escrúpulos. Pero que nadie se llame a engaño: ellos son los adalides de la democracia. Siempre según sus reglas. Faltaría más.
Eso sí, es, como mínimo, curioso que la victoria aplastante del bueno de Mariano coincidiera con el estreno de “Habemus Papam”, la última película de Nanni Moretti, que reza sobre el cardinal Melville (Michel Piccoli) que, una vez elegido Papa, duda y huye del peso de los deberes que le esperan. Y es que Mariano, digan lo que digan, después de pegar un bote y haberle atestado a su señora esposa lo que se podría interpretar, quizá equivocadamente, un beso en el balcón de la calle Génova, no ha vuelto a aparecer.
Hay banqueros y miembros de su partido que aseguran haber despachado con el presidente electo. Dicen que ha dicho que España no está para fiestas. Dicen que dice que se lo está pensando. Y así pasan los días; y España se hunde un poco más.
A Mariano no le habrá pasado lo del cardinal Melville, ¿verdad? En vista del panorama, ¿no le habrá entrado ganas de ir a por tabaco para, al cabo de varios lustros, enviar a los suyos una escueta postal desde Buenos Aires o las islas Azores, diciéndoles que todo ha sido un malentendido y que se encuentra muy bien?
Aunque quizá lo de Mariano tenga más que ver con Gregori Potemkin, el amante y hombre fuerte de Catalina II, zarina de las Rusias.
Potemkin, como el buen ruso que era, padecía, al igual que Boris Yeltsin, terribles depresiones que podían durar semanas e incluso meses enteros. Durante esos ataques, se encerraba en sus aposentos, dejando órdenes a sus criados a que no dejasen pasar a nadie. Permanecía las veinticuatro horas del día en la penumbra, sin medir palabra con otro ser humano que no fuera sus fantasmas. Se descuidaba, olía mal.
En los ministerios se amontonaban los documentos que precisaban de su firma. La burocracia imperial, que solía avanzar, incluso en condiciones óptimas, a paso de buey, quedaba atascada, parada, congelada. Los ministros y petimetres más atrevidos intentaban por todos los medios que el deprimido valido de la zarina estampara su nombre al pie de los documentos imprescindibles para el buen funcionamiento del emperio. Pero no había nada que hacer.
Un buen día, en medio de uno de las interminables reuniones de ministros y embajadores desesperados, se presentó ante ellos un tal Piatkov, un casposo y feúcho funcionario de poca monta. Les aseguró que, si le entregasen los documentos que más urgentemente requerían la firma del valido, la conseguiría con la mayor brevedad. Asombrados, le entregaron un buen fajo de legajos.
Tras caminar por interminables pasillos y subir y bajar infinitas escaleras, Piatkov vino a parar delante de la puerta de los aposentos de Potemkin. Golpeó tres veces con los nudillas para, acto seguido, penetrar en la penumbra. El conde Potempkin, despeinado y vistiendo un maloliente camisón, estaba sentado en el borde de cama. Estaba ido. Piatkov se presentó, puso los documentos sobre el regazo del valido y, colocando con destreza un pluma de ave entre sus dedos, le invitó a firmarlos.
Una leve sonrisa iluminó el rostro del Gran Hombre. Y, aleluya, se puso a estampar su firma sin parar durante un buen rato. Una vez acabado, Piatkov agarró los documentos y se despidió del afligido estadista. Le esperaba en el pasillo un tumulto de excitados y al mismo tiempo aliviados dignatarios que le arrebataron de las manos los legajos. La euforia duró bien poco: todos los documentos llevaba, en vez de la firma del valido, un solo nombre: Piatkov.
Así que, no se extrañen si, una vez haya superado Mariano (Melville) el sopor del que se ha sentido prisionero desde el día de su aplastante victoria, muestr ante las cámaras unos documentos que lleven la siguiente firma… ¡Merkel!

Vergüenzas

Hace un par de años salió en la televisión la nostra Oriol Pujol, el hijo del padrecito de la nación, acompañado de un simpático joven subsahariano de Senegal, o tal vez de Gambia. Formaban una pareja lingüística y estaban allí para fomentar esta práctica entre abnegados catalanohablantes e inmigrantes deseosos de perfeccionar su dominio de la lengua de Verdaguer con un nativo. Es decir, el importantísimo y ajetreado político nacionalista catalán prestaba parte de su valioso tiempo a conversar en catalán con el aplicado y entusiasta africano. Aparecidos así en pantalla, se veía con toda claridad cómo les sonreía a estos dos moradores del mejor de los mundos un futuro lleno de alegría y prosperidad; cada uno en su sitio, eso sí.

En un momento dado, Pujol hijo, dirigiéndose a la cámara, soltó que lo que intentaba hacer era ayudar a su pareja a perder la vergüenza. Al oír tamaño arrebato de prepotencia, más de un incrédulo entre los telespectadores –aún queda alguno- no podía sino sentir un fervoroso deseo de que fuera capaz el negrito de Pujol de enseñarle, a su vez, en ese intercambio lingüístico, el significado de la palabra vergüenza y lo que es tenerla.
Viene a la memoria esta nadaría catódica al leer el otro día en la prensa la declaración del candidato a la presidencia de España por CiU Josep Antoni Duran Lleida: “Hay que recuperar la verdad, el esfuerzo y la vergüenza”. Pero para recuperar estas virtudes o valores, primero hay que tenerlos.
En vista de la virtuosidad percusionista exhibida por este crispado candidato tan deseoso de darles una lección -y no precisamente lingüística- a los infames Mojameds que no se integran, que lleve su baqueteo a Mariano, que seguro que le hará caso, y acabarán formando, en Madrid y, ay, Catalunya, una pareja la mar de feliz. Como las de antes, vaya. Hablando la gente se entiende, ¿no?

Ceceo del esperpento

Ricardo Caro Baroja dejo escrita esta descripción de la representación que con motivo de la fiesta de Todos los Santos se celebró del “Don Juan Tenorio” de Zorrilla, en la que participó y asumió la dirección don Ramón del Valle-Inclán.
“La persona que interpretaba a doña Brígida lo empezó tan mal que Valle no pudo aguantar la actuación torpe y pidió una capa negra, larga, que se colocó a modo de mantón rebozado, con las barbas recogidas y sin gafas. Y empezó el papel con todos los dengues, requilorios, inflexiones de voz y convenciones de la característica más experimentada. (…) Pero luego siguió, infatigable, e hizo el papel de escultor, de capitán Centellas, de botones con aquel ceceo suyo particular, tan distante del ceceo andaluz, claro es.”
¿No será el ceceo de Mariano Rajoy el del esperpento?

Un pequeño Cervantes

“En su tiempo la burguesía revolucionaria ha llevado a cabo una enérgica lucha por la causa de su clase, y la ha realizado con todos los medios, también el de la literatura. ¿Qué es lo que ha hecho de los restos de la caballería un objeto de burla universal? El Don Quijote de Cervantes. El Don Quijote ha sido el arma más sólida en las manos de la burguesía en su lucha contra el feudalismo, contra la aristocracia. El proletariado revolucionario necesita por lo menos un pequeño Cervantes (risas) capaz de darle un arma semejante “risas, aplausos).”

G. Dimitroff, Discurso en la velada antifascista de la Casa de Los Escritores de Moscú.

¿Quién será el pequeño Cervantes de los indignados?

La Santa Inquisición vive

“La Santa Inquisición ordenó un día, según dicen, que se cortasen las alas de los ángeles de El Greco, porque sus medidas no eran ortodoxas. Es decir, ordenó a cuantos tuviesen la intención de crear ángeles hermosos de grandes alas, que sacrificasen al dogma cristiano lo que les gustaba y que aceptasen lo que no les gustaba. La postura de la Santa Inquisición que hoy nos parecería, no sin alguna ligereza, fuera de toda cordura, no es un fenómeno que se perdió indefinidamente con una época sombría y remota. Al contrario, quienes han seguido con atención los diferentes juicios que aparecen sobre el arte (o el nacionalismo), en nuestros tiempos "ortodoxos", hallarán fácilmente, mirando sus experiencias personales, ejemplos análogos al de aquella decisión.”

Yorgos Serefis, Dogmas y arte, Ediciones Júcar ,1989
(La traducción es de José Antonio Moreno Jurado)

La calle Pandrossou

“Bienamadas imágenes de Atenas.

En el barrio de Plaka,
junto a Monastiraki,
una calle vulgar con muchas tiendas.

Si alguno que me quiere
alguna vez va a Grecia
y pasa por allí, sobre todo en verano,
que me encomienda a ella.

Era un lunes de agosto
después de un año atroz, recién llegado.
Me acuerdo que de pronto amé la vida,
porque la calle olía
a cocina y a cuero de zapatos.”
Jaime Gil de Biedma


San Chesterton

Acaban de publicarse en Inglaterra un par de libros sobre Gilbert Keith Chesterton. Uno es una nueva biografía del corpulento converso al catolicismo y afamado autor de los cuentos del padre Brown; el otro, La santidad de G. K. Chesterton, editado por William Oddie, reúne una serie de ensayos que, en su conjunto, vienen a pedir la canonización del escritor que se declaraba “inexcusablemente feliz” durante la mayor parte de su vida. (Sería como mínimo prudente ocultar la publicación de esta obra al flamante alcalde de Barcelona.)
Haciendo caso omiso -entre otras debilidades inconfesables- del antisemitismo de Chesterton, Sheridan Gilley, por ejemplo, sopesa la posibilidad de proclamarle, una vez autorizado por el Vaticano, santo patrón de los periodistas, en reconocimiento de su “fe democrática” (que no se entere Pujol “père”).
Se diría que los ingleses ignoran la existencia de san Francisco de Sales quien, gracias al patrocinio de la Coca-Cola, bendecía cada 24 de enero las redacciones de los diarios españoles con unas señoritas la mar de simpáticas, a fin de colmar a los abnegados y puteados redactores con gin-tonics, cubalibres y cigarrillos. Que Dios las tenga en la gloria.
Pero vaya, si Escribá de Balaguer puede ser santo, ¡por qué iba a ser menos el escritor inglés que tan a gusto se encontraba en Sitges? Además, son muchos los que promueven la beatificación de Gaudí; algunos incluso juran y perjuran la santidad de Baltasar Porcel.
Claro que siempre quedará el detalle de los milagros, pero la fuerza de la fe ya se sabe… Todo se andará.

Tiempos de batallitas y Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer avanza que es una barbaridad. Si no lo remedian los científicos, se perfila como una de las mayores lacras del siglo XXI. Ahora bien, si es alarmante el incremento de ciudadanos desmemoriados en una sociedad como la nuestra en pleno proceso de envejecimiento, ¿qué hay que hacer con el avance a marchas forzadas de las huestes de memoriosos que se creen interesantes?
En Estados Unidos se calcula que hay unos setenta y seis millones de baby boomers a punto de jubilarse. Este dato no tendría nada en particular si no fuera por el hecho de que casi todos estos futuros ociosos surfean en Internet y todos y cada uno cree que su vida ha sido (y es) tan extraordinaria que merece ser contado largamente y colgado en la red para la mayor admiración de millones de ávidos ciberlectores. Incluso las editoriales tradicionales no dan abasto a la hora de publicar gruesos tomos de las memorias de algún ex banquero o acaso una actriz de tres al cuarto.
Lo que realmente causa pavor es que hasta reciente fecha eso de publicar uno sus memores era una costumbre muy arraigado en tierras anglosajonas pero de escasa aceptación en la católica España, pero ya ha dejado de ser así.
Para hacerse una idea de la magnitud de la inminente catástrofe, apunte usted los nombres de todas las personas que sospecha serían capaces de escribir y publicar sus memorias; ponga un asterisco al lado de los nombres de las personas que conoce personalmente. Si al terminar este divertido ejercicio resulta que hay más de cinco asteriscos, compre usted un billete para la Conchimbamba y no vuela. En el caso de hubiera más de diez, hágase astronauta o chino.

Sobrio

"La auténtica sobriedad es la cosa más rara y más difícilmente hallable." Igor Stravinsky

Hablando la gente se entiende

(más si es por megáfono)
Uno ya empieza a sospechar que todo quisque guardaba en casa un megáfono. De no ser así, ¿de dónde salen tantos aparatos como por arte de magia? ¿Acaso los venden en los comercios chinos?
-Papá ¿aún guardas el megáfono de la mani a favor de Boadella?
-Creo que sí. Mira si está en el garaje detrás de los palos de golf y los rifles.
Y el chaval lo encuentra, le pone unas pilas nuevas y funciona de coña.
-¡A laaaaaa plazaaaaaa!, le dice al taxista.
Tanto hablar de las redes sociales, y resulta que aquí no se entiende nadie como no sea a grito pelado a través de un megáfono.
Este verano, para que no desfallezca el movimiento 15-M, pues que salgan de los bares y tomen las calles la legión de fumadores indignados que hay, eso sí, con una birra en una mano y un megáfono en la otra. Imaginen la cantidad de nuevos indignados que sería capaces de crear.
Las posibilidades son infinitas. Como bien dice la consellera Rigau, ¿para qué tanto ordenador? Que cada niño y cada niña tenga su propio megáfono. Y cada diputat, claro. Menuda inyección de fuerza dentro del Parlament. ¿Iban a ser ellos menos que los perroflautas allá fuera? Llegarían por fin a los oídos de los eurodiputados en Bruselas las reivindicaciones de los catalanes y, ay, a los deeeeeellllll paaaaaapaaaaa deee Roooooomaaaaaaaa.
A ver si se acuerda usted dónde diablos dejó (un momento…hay que apretar el botón…) eeeeellllll suuuuuuyooooooo.

Egipto y Túnez como destinol

Mañana 21 de junio llega el verano. Abundan en los medios y la red ofertas de viajes a destinos tan diversos como Vietnam, Kenya o el Imperio inca (sic). A diferencia de otros años, Egipto y Túnez no aparecen ni por asomo. ¿Será porque sin sus dictadores ya no interesan? ¿Será porque conviene que vengan cuanto más turistas a España?
Aquí lo estamos pasando mal; en estos países árabes también. Seamos generosos con ellos y su lucha, que también es nuestra. Las pirámides nos contemplan.

Orwell

"La división real no es entre conservadores y revolucionarios sino entre autoritarios y libertarios."

George Orwell, en carta a Malcolm Muggeridge.

Carlos Barral

"“[…] He preguntado, he visto, las familias
ricas venden sus casas con jardín.
Parece
que tienen muchos hijos que estudian Bellas Artes,
cerámica o diseño, y que así aprenden
la lengua prohibida de sus padres.
Luego son comerciantes, gente seria
fiel a la ley de cada grupo. En tanto
defienden con fiereza sus derechos
de pueblo sojuzgado que fue grande
en tiempos de sus reyes de góticas insignias
y aun después que inventaron una industria
mediocre que los hizo esclavos
de un orden diminuto. Mas los chicos
lo ignoran o lo fingen. Y es hermoso
como es hermosa la ciudad y el campo
que la viste.
Belleza sin tamaño.

Una ciudad discreta, noble, hospitalaria.
Rectilínea y sin plazas. Tal vez interesante.
Un ciudad, querida, en que tú y yo
no viviríamos a gusto. Y, sin embargo,
por la que no me importa haber pasado”

Parque de Montjuich, Carlos Barral

Salinger

“-Muy bien -dijo. Tapó el frasco de bronceador-. Ahora vete a jugar, cariño. Mamaita va a ir al hotel a tomar un martini con la señora Hubbel. Te traeré la aceituna.”

J.D. Salinger, “Un día perfecto para el pez plátano”

Visca la llibertat Eslavona!

“Era la época en que Léon Daudet mandó su famosa carta a los seiscientos diputados franceses, un texto lleno de patetismo en el que pedía el apoyo de “los mejores de entre ellos” para la nación eslavona, noble, perseguida y desmembrada, y solicitaba que enviasen sus repuestas al centro del “movimiento nacional eslavón” de Ginebra. Casi todos los diputados contestaron asegurando la mayor simpatía por la nación eslavona, pero a ninguno se le ocurrió comprobar en una enciclopedia si tal nación existía de verdad, y en tal caso, dónde se encontraba… Lo más sorprendente de la anécdota es que es verídica.”
Sándor Márai , Confesiones de un burgués

Coetzee

“La vida cerrada del político típico es muy parecida a la vida de una casta militar o de la Mafia o de los grupos de bandidos de Kurosawa.”
J.M. Coetzee, Diario de un mal año

La psicología del pedo

Cuando el conde de Oxford fue presentado a Isabel I de Inglaterra, al ejecutar la reverencia de rigor, se le escapó un cuesco de campeonato. Horrorizado y herido en su propia vanidad, el bueno del conde partió de inmediato al extranjero, donde permaneció durante siete largos años.
A su regreso a la corte, se presentó de nuevo en palacio. Confiado en que nadie se acordaría del vergonzoso incidente, volvió el conde a inclinarse con gran teatralidad ante la reina. A ésta no se ocurrió otra cosa que espetarle, magnánimamente, al cortesano dado por perdido: “Señor, ya nos hemos olvidado del pedo”.
La exiliada (de la prensa) vicepresidenta Joana Ortega se parece al conde de Oxford. Pese a guardar silencio tanto o incluso mejor que la rubia muda de Jordi Portabella en la reciente compaña electoral municipal, la política unionista que llegó al cargo con ganas de comerse el mundo, no levanta cabeza desde que se supo que su currículo estaba trucado: ella de psicóloga, nada de nada.
Cualquier día de éstos pretenderá volver a pintar en el govern del millors; cuando lo haga, que sea recibida como el conde de Oxford por Isabel I.

El señor Frase y el topo

Se publicó en 1977 Los topos, un gran libro firmado por Jesús Torbado y Manuel Legineche, que sacaba a la luz del día la vida subterránea –en algunos casos durante más de treinta años- de una veintena de cargos públicos y simpatizantes del gobierno republicano que, a partir del 39, se vieron obligados a esconderse de la opresión y represalias del nuevo régimen. Fueron éstos algunos de los topos que salieron de sus zulos a finales de los años sesenta, tras firmar el dictador un decreto de amnistía.
Uno de estos topos se llamaba Manuel Cortés y había sido alcalde de Mijas. El escritor inglés Ronald Fraser ya había publicado en 1972 In hiding, que relata cómo vivió escondido Cortés todos esos años, sin que lo supiera nadie fuera del entorno familiar. ¡En Mijas!
Una reseña en el Times Literary Supplement de la reciente reedición de In hiding ha animado a Jeffery Meyers –biógrafo, entre otros muchos, de Hemingway y Scott Fitzgerald- a remitir al editor una carta (13 de mayo) en la que cuenta que en 1972 él estaba viviendo en un pueblo cerca de Mijas y conoció al viejo topo a través de una recomendación de Fraser. Resulta que el antiguo alcalde estaba muy enfadado con el señor Frase (así lo llamaba malagueñosamente Cortés). Dijo que no le había enviado ni un duro de los royalties que había generado el libro. Mayers le dijo que sí que le había enviado algún dinero. Cortés le explicó que nada más había recibido un pedacito de papel sin valor, y acto seguido enseñó a Mayers una bolita de papel arrugado, que era nada menos que un talón de Random House por valor de $500.
Ni corto no perezoso, Manuel Cortés se metió en el banco que más a mano había y reapareció con los bolsillos y manos llenos de billetes (38.000 pelas de la época). A Mayers le invitó a un coñac, largueza de topo.

Cercas vs. Montilla

Javier Cercas acaba su columna Palos de ciego en El País Semanal del último domingo (29.05.11), con una anécdota que encontró en Els mandarins (L’Arquer), un libro que acaba de publicar Rafael Nadal, el ex director de El Periódico de Catalunya. No tiene desperdicio.
“Un día, la secretaria de Nadal [cuando aún era director] le pasa una llamada de Montilla. Es el president, le dice. Nadal coge el teléfono. ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo?, dice Montilla. Muy bien, presidente, dice Nadal. ¿Y tú? Muy bien, dice Montilla, y se queda en silencio. Una duda asalta a Nadal, que tapa el micro del teléfono y le pregunta a su secretaria: ¿Llama él o llamamos nosotros? Él, él, contesta la secretaria. Llama él. Ah, dice Nadal, apartando la mano del micro. Pasan seis o siete segundos más: perplejo, inquieto Nadal acaba diciendo: Bueno, presidente, no te robo más tiempo, que debes de estar muy ocupado. Sí, contesta Montilla. Estos días sí. De acuerdo, dice Nadal. Pues a ver si nos vemos un día de estos, que me gustaría ver cómo ves las cosas. Sí, sí, dice Montilla. Cuando quieras. De acuerdo, presidente, dice Nadal. Adiós. Adiós, dice Montilla, Y cuelgan.”
Extendemos nuestra gratitud eterna por esta anécdota a Rafael Nadal, Javier Cercas y, sobre todo, a José Montilla.

El eterno retorno

“Además están todas las mentiras, el disimulo asqueroso con que se ocultan los verdaderos motivos, que se relegan al aparato de lo inofensivo o bien se reacciona frente a ellos con fantasmagorías de enlace sangriento. Francamente, es insoportable. Lo sorprendente –y lo que hoy en día puede notarse- es que gran parte del pueblo lo sabe. Aunque el pueblo no rige su propio destino, es como si se encontrara demasiado cómodo como para intentar hacerlo, demasiado cansado, demasiado extenuado.
[…]
Ha aumentado el caos general, de forma tal que uno se pregunta cómo les resulta posible a las personas vivir así. La depresión, la abulia, la resignación, se han generalizado en tal grado que uno cree ahogarse. El debilitamiento general que se deriva de la constante obligación de buscar compromisos con la realidad se ha convertido en el rasgo de la idiosincrasia [nacional]. Uno encuentra compromisos hasta donde no hacen falta y se ha creado un estado donde la mentira es habitual, mentira que llega a atrapar también a los mejores si no encuentran el valor para aislarse. No cabe juzgar moralmente tal estado, ya que, por lo demás, hay actos positivos tras el hábito real de la mentira aunque éstos no sean la regla.”
Karl Löwith, Mi vida en Alemania antes y después de 1933 Visor, 19992

(Esta cita forma parte del relato que en 1937 le contó al filósofo Löwith sobre Alemania un amigo ario que sólo identifica como K.)

 

Mamíferos superiores

Jordi Portabella propugnó durante la campaña electoral nada menos que un zoo terrestre especializado en las 40 especies catalanas en peligro de extinción. También habló de la posibilidad de montar un zoológico virtual. Y, ya puesto, podía haber añadido un parlament virtual, una independencia virtual, una nación virtual, un Joan Laporta virtual e incluso una sonriente rubia muda virtual.
No teman: en el futuro virtual de Portabella hasta tiene cabida la pobre elefanta Susy. “No es tolerable tenerla en el zoo. Hay que llevarla a un sitio donde disfrute la vida social que los elefantes requieren. Hay poco respeto a los mamíferos superiores.”
Es de esperar que algún día no demasiado lejano se entere Jordi Portabella de la existencia real, que no virtual, de otra especie de mamífero superior (al menos en algunos casos) en peligro de extinción: el ser humano.

La señora Merkel: operación desbrozo

Sostiene la canciller Merkel que los sureños europeos son unos gandules de mucho cuidado. Habiéndose formado en la República Demócrata Alemana y siendo como es hija de un pastor protestante, ella sabrá.
Su actitud me trae a la memoria una anécdota que me contó en una ocasión un divertido gentleman inglés felizmente afincado en Andorra.
Se había comprado unos años antes a precio de ganga un terreno en una de las islas Bahamas, al lado mismo de una playa tropical de ensueño; pero antes de lanzarse a construir una hermosa casa colonial, era menester desbrozarlo. Contrató por dos chavos a una cuadrilla de trabajadores locales. Éstos, todos negros, se presentaron con sus machetes y se pusieron manos a la obras. El trabajo avanzó con tal lentitud, que al cabo de unos días, el inglés, harto y muy cabreado, le arrebató de le mano a uno de los hombres el machete y se puso a cortar la maleza como Dios manda… hac, hac, hac… Poco más de media hora bastó para dejarle reventado y bañado en sudor.
Tan preocupante estaba su estado -incluso llegó a desmayarse-, que los hombres lo acercaron al hospital, donde permaneció recuperándose durante una semana. Al volver a su finca, descubrió que la cuadrilla había terminado a su ritmo los trabajos de desbrozo de forma más que satisfactoria.
¡Que se ponga la señora Merkel a desbrozar sus ideas en tierras sureñas!

Viridiana, 50 años

Se cumplen hoy 50 años de la Palma de Oro a Viridiana. En su libro de memorias, Mi último suspiro, deja Buñuel que sea su hermana Conchita quien hable de este filme.
“En Viridiana se ve a un pobre perro atado debajo de un carro, que avanza por una larga carretera. Cuando buscaba ideas para su película, Luis fue testigo de esta situación real e hizo todo cuanto pudo por remediarla; pero es una costumbre tan arraigada en el campesino español que tratar de desterrarla sería como luchar contra los molinos de viento. Durante el rodaje, yo compraba todos los días, por encargo de mi hermano, un kilo de carne para los perros de la película, y para cualquier otro perro que anduviera por allí.”
En una escena, Jorge (Paco Rabal), el sobrino de don Jaime (Fernando Rey), siente tanta lástima por un perro que corretea debajo de un carro atado al eje, que se lo compra al carretero. Encantado de la vida por haber liberado al chucho, se aleja de la carretera por la que nos enseña Buñuel a modo de guiño malicioso que todos los carros circulan con un perro atado al eje.
Esta práctica no es exclusivamente española. El filósofo de la escuela estoica Cleantes de Asos (300 a.C. – 232 a.C.), que al igual que el propio Buñuel también fue púgil, es recordado por haber dicho que “la vida es como un carro que baja por una carretera y nosotros somos un perro atado a ese carro.”
Así que nuestras gracias al maestro Luis Buñel por su impulso liberador en el 50º aniversario de Viridiana.

Democracia real o verdadera?

El pliegue tamaño tabloide de cuatro páginas impresas distribuido hoy (18 de mayo) en la plaza de Catalunya por Democracia Real Ya insiste una y otra vez en que el movimiento es apartidista, asindical, pero de ninguna manera apolítico. Vale, de acuerdo, nada que objetar. Ahora bien, hay un par de puntos que creemos requieren de una modificación o rectificación.
En el “Manifiesto” afirman estar hartos de “reformas antisociales, de que nos dejan en paro, de que los bancos que han provocado las crisis nos suban las hipotecas o se quedan con nuestras viviendas…” ¿Mande? ¿Todos estos jóvenes están pagando hipotecas? ¿Qué hay de los alquileres o cualquier otra manera de apañárselas para ir tirando con un techo sobre la cabeza?
El e-mail sin firma que ocupa la contraportada, pese a expresar muchas ideas muy sensatas, dice lo siguiente: “Os escribo porque si no lo hiciera estaría traicionando todo esto (léase escuelas, universidades, sanidad). Porque quiero que en el futuro los jóvenes puedan ir a la universidad, porque no quiero que el hijo de nadie muera porque sus padres no tienen dinero para pagar un médico.” ¿Tanta importancia tiene la universidad, caldo de cultivo de esta crisis sin fin? Piensen lo. Que lo pensemos todos. Algo huele mal, y no sólo en Dinamarca, aunque también.

Pegatinas burbujeantes

Apareció un buen día en la fachada de un edificio en Londres una pintada que rezaba así: Dios ha muerto – Nietzsche.
Como era de esperar, la respuesta a semejante atrevimiento dialéctico no tardó en aparecer: Nietzsche ha muerto – Dios.
Después de que estallara en 2000 la burbuja de Internet, algunos cochazos circulaban por Silicon Valley con una pegatina en el parachoques que rezaba: Dios, que haya otra burbuja, por favor.
Bueno, pero es que entonces aquello sólo era cosa de cuatro jovencitos al frente de un negocio que cualquier persona sensata veía a la legua que no era más que flor de un día.
Un decenio después, un descalabro financiero parecido ya no afectaría tan sólo a un sector aislado en un lugar concreto, sino que arrastraría a la bancarrota a mogollón de pequeños inversores, por mor de los efectos de la dichosa globalización.
¿Se avecina otro estallido? The Economist, una publicación seria que a la hora de prever desastres no suele andar muy equivocada, advierte que, en vista del nefasto panorama actual en cuanto al sector tecnológico, pues que los inversores se hagan con una pegatina que diga: Gracias, Dios. Dame sabiduría para vender antes de que sea demasiado tarde.
O sea, ¡al loro!

 

Un tema inagotable

“-Es muy malo eso de comerse uno solo sus corajes- afirma, muy serio, uno de sombrero de petate como cobertizo de jacal-. Yo, en Torreón, maté a una vieja que no quiso venderme un plato de enchiladas. Estaban de pleito. No cumplí mi antojo, pero siquiera descansé. -Yo maté a un tendajonero en el Parral porque me metió en un cambio dos billetes de Huerta –dijo otro de estrellita, mostrando, en sus dedos negros y callosos, piedras de luces refulgentes. -Yo, en Chihuahua, maté a un tío porque me lo topaba siempre en la mesma mesa y a la mesma hora, cuando yo iba a almorzar… ¡Me chocaba mucho!… ¡Qué quieren ustedes! -¡Hum!… Yo maté…El tema es inagotable.”
Los de abajo Mariano Azuela (Cátedra, 2001)

 

Lo que vale un peine, o el secreto del tupé de Donald Trump

Aunque continua acusando a Obama de ser un extranjero indigno de ocupar la presidencia de Estados Unidos, el inefable Donald Trump ha revelado a la revista Rolling Stone el secreto de su peinado. Empieza la entrevista negando que sea un comb-over. Un… ¿qué? Puesto que el español carece de un término equivalente, a falta de otra fuente, no hay más remedio que echar mano a la definición que esbozó en su día de su propio peinado Iñaki Anasagasti. Es ésta: “Técnica de ingeniería capilar para ocultar una calvicie incipiente”. Caramba. ¡Con lo fácil que es emplear sin complejos el anglicismo comb-over! Bueno, pero aún queda por desvelar el secreto del peinado del señor Trump. Éste ha contado a Rolling Stone que se lava la cabeza con Head & shoulders, o sea, H&S, un conocido champú anticaspa. A continuación, deja que su cabello se seque por sí solo durante una hora, tiempo que dedica a leer la prensa o ver la televisión, faltaría más. Por desgracia, no explica la importancia de estas actividades en cuanto al moldeado de la escultura capilar resultante. ¿Es posible ver Els matins de Cuní en Nueva York? Una vez seco el pelo por medios naturales, el señor Trump se peina con un peine -¡nada de cepillos!-, logrando de este modo darle la forma alucinante a su tupé que todos conocemos.

 

Lo que nos espera

Palabras dirigidas por el poeta irlandés W. B. Yeats en una fiesta mundana, allá por los anos treinta, a un bisoño Stephen Spender.
“Estamos entrando en la era política, dominada por consideraciones de necesidad políticas que pertenecen a tu gente. Pinta bastante mal, pero lo que vendrá después será peor. Porque a continuación habrá una época dominada por los psicólogos, que se basará en la comprensión universal de los motivos de cada quisque en cualquier instante de su existencia. A continuación, llegará la peor era de todas; la era de nuestra gente, los espiritualistas. Serán tiempos en los que lo que separa los vivos de los muertos, y los muertos de los vivos, se quebrará por completo, y el mundo de los vivos se llenará de comunicaciones procedentes del de los muertos.”

World within worlds (1951) Stephen Spender Faber, 1977.
[La traducción es nuestra]

 

El tenedor diapasón

“Mi experiencia de gastronomía napolitana se amplió con la invitación a una cena cuya principal característica consistía en un concurso de comer espaguetis.[…] Participantes: hombres serios y pudientes, incluido un vice questore, un director del Banco di Roma y varios abogados importantes; pero ninguna mujer. Pesaban en una balanza las raciones de espaguetis antes de servirlos en los platos. El método de ingestión era el clásico, que según cuentan lo introdujo Fernando IV, que hizo una demostración ante el público extasiado en su palco de la Ópera de Nápoles. Se alza en el aire el tenedor lleno de espaguetis, se deja oscilar y luego se va bajando e introduciendo los espaguetis en la boca abierta, aguantando la cabeza hacia atrás.”
Nápoles 1944 Norman Lewis. Muchnik Editores, 2000.
¿Para cuándo en el Liceu de tots (sic)?

 

Un tema inagotable

“-Es muy malo eso de comerse uno solo sus corajes- afirma, muy serio, uno de sombrero de petate como cobertizo de jacal-. Yo, en Torreón, maté a una vieja que no quiso venderme un plato de enchiladas. Estaban de pleito. No cumplí mi antojo, pero siquiera descansé.
-Yo maté a un tendajonero en el Parral porque me metió en un cambio dos billetes de Huerta –dijo otro de estrellita, mostrando, en sus dedos negros y callosos, piedras de luces refulgentes.
-Yo, en Chihuahua, maté a un tío porque me lo topaba siempre en la mesma mesa y a la mesma hora, cuando yo iba a almorzar… ¡Me chocaba mucho!… ¡Qué quieren ustedes!
-¡Hum!… Yo maté…
El tema es inagotable.”

Los de abajo. Mariano Azuela. (Cátedra, 2001)


HENRY JAMES

“Uno puede fácilmente imaginar a Stendhal o a Tolstoi o a Dostoievski dejarse involucrar en una reyerta de bar, pero a James, jamás. He leído en alguna parte una historia que cuenta que, en una ocasión, estando James de invitado en la casa de un amigo francés, la amante de éste, sin que nadie la viera, llenó la chistera del invitado con champán, mas no me lo creo porque, por mucho que me esfuerzo, me es imposible imaginar lo que James hubiera dicho y hecho al calarse el sombrero.”

The dryer’s hand, W. H. Auden. Faber, 1948.

(La traducción es nuestra)

 

PERONISMO, PUJOLISMO

“El peronismo no es una ideología sino una religión: se nace en una casa peronista y se es peronista toda la vida, sin preguntas. Como en las religiones, el creyente no se da en apostasía: el peronista puede enfadarse, puede cambiar de parroquia si no le gusta el cura (léase dirigente), criticar a la jerarquía o quedarse pasivo.
[...]
El peronismo es una identidad indeleble que el Partido expresa: un peronista no se siente representado por ninguna otra opción y por eso no hay izquierda en Argentina. Nadie le habla al pueblo con ese lenguaje que inventó Perón con su intuición casi imbatible.
[…]
Así, la doctrina suma demagogia, resentimiento y promisión. Y, por supuesto, nacionalismo (al ser sentimental, el argentino es patriota), enemigos específicos y corrupción.[…]

La frontera entre lo que es público y lo que es privado no existe si el pueblo tiene la sensación de que el gobierno es “suyo”. La corrupción es, pues, estructural.”

 

Las lágrimas de Cristina, artículo de Patricia Gabacho publicado enCultura/s, La Vanguardia, el 30 de marzo 2011.

Si el lector tiene la bondad de volver a leer este texto cambiando “peronismo” por “pujolismo”, entenderá muchas cosas.

 

EHRENBURG

“Se abrió la exposición internacional de las colonias. El bosque de Vincennes estaba lleno de visitantes. Se construyeron pagodas, palacios, aldeas de decorado. Los negros tenían que trabajar, comer y dormir a la vista de todo el mundo; las mujeres amamantaban a los niños. Los mirones se congregaban a su alrededor como en un zoológico.

El pabellón holandés me impresionó por su sinceridad práctica. En las paredes había unos diagramas: los indonesios trabajaban y el dinero fluía hacia la ventanilla de una caja de ahorros sobre la que se leía “Holanda”. Otro mapa mostraba cómo los colonizadores tenían sometida a Indonesia: unas lamparillas rojas indicaban los puestos militares, otras verdes los puestos de la policía.
Los franceses se jactaban de Indochina, Túnez, Marruecos, Senegal.

Escribí un articulo proponiendo que se construyera una “ciudad blanca” en decorado, y que en ella los europeos vivieran su vida natural […] Luego supe que por este artículo se disponía a expulsarme de Francia.”

MemoriasIliá Ehrenburg. Planeta, 1985.

 

DUCHAMP

P.C. – Cuando era joven, ¿no experimentó el deseo de tener una cultura artística?

M.D. – Tal vez, pero era un deseo muy mediocre. Me hubiera gustado trabajar, pero había en mí un fondo enorme de pereza. Me gusta más vivir y respirar que trabajar. No considero que el trabajo que he realizado pueda tener en el futuro ninguna importancia desde el punto de vista social. Así pues, si usted quiere, mi arte consistiría en vivir; cada segundo, cada respiración es una obra que no está escrita en ninguna parte, que no es ni visual ni cerebral, y sin embargo, existe. Es una especie de constante euforia.”

Conversaciones con Marcel Duchamp Pierre Cabanne (Anagrama, 1984)

 

DOCTOR SPOCK

“Por qué muerde a la gente. Es asimismo muy normal que el niño de un año intente morder en la mejilla a su padre o a su madre.
[…]
Algunas mamás que han sido mordidas por sus hijos se preguntan si el medio de corregirlos sería adoptar medidas enérgicas. Creemos que las madres pueden dominar a su hijo conservando su posición de guía amistoso, mejor que descendiendo a su nivel y tratando de lograrlo con bofetadas y gritos. Aparte de que, si abofeteáis a un niño de un año, es posible que él quiera continuar la lucha, en serio o como un juego. Por otra parte, si le miráis con gesto de excesivo reproche no haréis más que excitar su malicia. Lo que mejor podéis hacer para que no os muerda es apartarlos al ver su acción.”

Tu hijo, Dr. Spock. (Primera edición: enero 1954)

Al cabo de medio siglo, eso de morder a sus progenitores le debe de resultar al niño una simpleza, sumido como está -según un estudio publicado hace poco- en la tristeza y agobiado por el estrés.

 

¿Qué diría el bueno del doctor Spock sobre la puericultura de la madre del siglo XXI?

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Manolo go
interiormente za
cuando su mujer dice
fornica por formica

Ángel González

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“En el hall, R., el famoso historiador del arte, corto, sonriente, de buen peso, y su mujer, gran poeta; alemanes. Sorpresa, sentimiento, abrazos: se van. Cuentan cómo al pasar por Úbeda preguntaron al sacristán que les guiaba, en la iglesia, dónde y cómo murió San Juan de la Cruz.

El joven, sin titubeo, al instante, contesta:

-Lo fusilaron los rojos.

Inconcebiblemente, reímos.”

La gallina ciega, Max Aub.

 

Un pensament a “Citaciones y apartes”

  1. Como parece que soplan vientos de tempestad, qué no daríamos por encontrarnos con un gobernante que dijera:

    “El món de la cultura en què ens movíem tenia un fons comú trist, patètic. El de les privacions amb què havien de lluitar aquells que s’ hi dedicaven. Encara els ocupats en funcions de l’ ensenyament tenien el recurs del seu sou, migrat certament, però que tanmateix era quelcom amb què poder comptar. Però per als intel·lectuals, els escriptors, els artistes, la situació era molt més greu. Sovint desesperada. El sol fet de poder viure era per a ells un problema angoixós. I una de les meves preocupacions a la Conselleria era fer per ells tot allò que fos possible. El mitjà més adient era encarregar-los tasques a acomplir, abonant-les a l’ avançada o periòdicament; i el més difícil era fer-ho sense ferir la seva sensibilitat”.
    MEMORIAS DE CARLES PI I SUNYER

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