La causa de la lengua es imperfecta

Movistar, es decir, Telefónica, se ha cargado el catalán y el gallego de su página web. Ahora sólo es posible leerlas en castellano. Cuando lo he comentado con mis conocidos, nadie se ha llevado las manos a la cabeza. “Tienen visión –me han dicho–. Ya actúan como si fuéramos independientes”.

Alguna conclusión política se ha de sacar, claro. Telefónica desanda lo andado durante el período ‘autonomista’ –había ido mucho más allá que cualquier otro operador telefónico– y lleva a la práctica el lingüicismo oficial imperante: solo una lengua, solo un pueblo, solo una nación.

Dos amigos tramitan estos días la compra de un coche. Uno ha comprado un Dacia, filial de Renault. El otro un Volskwagen. Los dos han recibido todo tipo de comunicaciones e invitaciones a entrar en su sector de clientes de sus respectivas páginas webs. Ninguna contempla la posibilidad de que se haga en catalán. Ni siquiera en el caso de VW, que tiene su fábrica en Martorell. Pero la cosa ha ido un poquito más allá. En las comunicaciones, en los documentos, en las facturas que les han emitido, en todas partes les han castellanizado el nombre –Jorge por Jordi; Enrique por Enric– a pesar de que en el DNI de ambos figuran inscritos en catalán.

Los dos ejemplos de lingüicismo justifican que les recomiende el libro de Javier López Facal La hoja del olmo no es perfecta. En el capítulo “Analogía y anomalía en el lenguaje”, Facal reflexiona sobre el lingüicismo, esa manía o visceralidad que provocan las lenguas minoritarias, su rechazo y negación. “El lingüicismo es en realidad una ideología”, dice. Las diatribas entre lingüistas y gramáticos no son la causa del odio al otro: “la causa es política y está relacionada con luchas de poder, sean estas luchas de clase o enfrentamintos étnicos”. Ser anticatalán da vostos (esto lo digo yo, no Facal).

He subrayado más cosas:

“La lengua es la excusa para la discriminación no solo cuando se sacraliza en una norma determinada, como si fuera un canon intocable, sino también y sobre todo cuando se eleva a categoría de bien absoluto el cultivo de una lengua nacional.

“En Europa no existe quizá ningún país estrictamente monolingüe, con la excepción de Islandia cuya producción cultural no ha sido muy destacada; por lo contrario, áras geográficas muy dialectalizadas como la antigua Grecia o la Italia del Renacimiento han sobresalido por su creatividad cultural, intelectual o artística”.

Y la última antes de recomendarles encarecidamente que compren el libro (un ameno ensayo en favor de la  imperfección):

“Generaciones y generaciones de creyentes han sido educados en la idea de que la multiplicidad de lenguas es un castigo de Dios y por tanto es algo intrísicamnte malo, hasta el punto de que hoy muchos acérrimos defensores de la biodiversidad, capaces de nobles y notables sacrificios para salvar nidadas de aves en riesgo de extinción, no muestran ninguna inquietud algunas lenguas que se encuentran en una situación igualmente frágil.”

P.S. 1. Espero que Parlem, la telefónica catalana, eche a volar como ya lo hace Euskaltel. Y que Som Energia siga creciendo hasta que pueda ofrecer un servicio eléctrico capaz de desplazar al de Endesa (antes italiana que catalana). Y así…

P.S. 2. López Facal expone el caso de su sobrino Alexo, médico, a quien le dijo una de sus pacientes: “Con lo guapo que eres, ¡qué lástima que hables gallego!”

Cosas del pasado

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Foto superior: los presidentes del Real Madrid y de Telefónica, en una foto reciente

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