Arxiu de la categoria: Vivir para ver

Adiós a Gonzalo Puente Ojea

Por Alex Vidal

“Pablo no perseguía sólo un fin espiritual, sino un fin político. Pablo es súbdito del imperio romano. El Imperio significaba la garantía de la protección de la religión y aseguraba, al mismo tiempo, un pacto civil entre el propio imperio y todos sus territorios. Pablo lanza una ideología de carácter universal; de tipo pacifista y prerromana. La tradición mesiánica de Jesús es justamente la contraria: rebelión contra el imperio romano y el establecimiento del reino mesiánico en Jerusalén en virtud de las promesas míticas de la antigua iglesia judía, desaparecida tras la guerra judía (70 d.c). Pablo funda el cristianismo desde los fundamentos de la tradición mitraica, osiríaca y helénica”.

Gonzalo Puente Ojea / Debate Universidad Francisco de Vitoria de Madrid

Nos deja Gonzalo Puente Ojea a la edad de 92 años. Diplomático, ensayista y potente divulgador con una treintena de libros a sus espaldas.

En 1974 Puente Ojea publicaba un excepcional ensayo de investigación, Ideología e Historia -La Formación del Cristianismo como Fenómeno Ideológico-. No era su primera obra, pero sí quizás, aquella en la que plasmaría alguno de los ejes principales en torno a los cuales iba a desarrollar su gran proyección intelectual.

Ideología e Historia ofrece una aguda aproximación al materialismo histórico, para posteriormente, diseccionar, con penetrante lucidez, la meritoria labor paulina de conversión que discurre desde el Jesús histórico al Jesús de la teología. Fe cristiana, Iglesia y Poder; Ateísmo y Religiosidad, el estudio del Evangelio de Marcos desde un espíritu crítico, Elogio del Ateísmo o el más reciente La Cruz y la Corona, son algunas referencias de una obra inestimable que escruta los distintos fundamentos del fenómeno religioso, y del cristianismo en particular.

Puente Ojea no se andaba por las ramas. Intransigente frente a la tergiversación, zarandeaba sin remilgos a catequistas, magos o fabulistas desde una lucidez privilegiada. Pero al igual que Sócrates, no era él quien proclamaba verdades absolutas; le bastaba con esperar y limitarse a refutar pregones ajenos, y de paso, a desenmascarar sus carencias. Lo despedimos con la honda tristeza del profano que no olvida las lecciones de tan privilegiada instrucción.

El despertar del avestruz

Por Ánder Gurrutxaga

No hay elecciones sin vencedores y derrotados. El análisis de los rostros indica bien este hecho. Rajoy, recogido, en silencio en los últimos meses, meditando en su particular santuario, está “que se sale”. Vuelve a hablar como si fuese propietario de la razón. Los promontorios vecinos lo han notado.

Los problemas sobre los que se discutió en las elecciones parecen, en su voz y en la mirada, que han pasado a mejor vida. Cesen las dudas. Paren las críticas. La corrupción, por ejemplo, es un mal episodio, encauzado, al menos hasta que reaparezca, no tardará por que nunca se fue ¿Cómo se consigue? Sin hacer preguntas incómodas.

¿Qué se sabe del déficit o la deuda? Ya poco, ganó el PP y “ellos lo arreglan”. La economía vuelve a crear empleos ¿desde el domingo 26 de junio? ¿Qué tipo de empleo? ¿En qué sectores? ¿Con qué salario? Qué cesen preguntas incómodas, por favor ¿Europa? ¿ El Brexit? Rajoy sabe, esperen y vean. ¿Educación, sanidad? Hay experiencia, todo se arreglará.

Ganar elecciones es perder menos que el otro. Al que pierde se le nota, pero el que gana… cambia el rostro. Vuelve “la confianza”, Rajoy “cabalga de nuevo”, regresa de su retiro. Definitivamente, hay que empezar otra vez ¿De verdad, hay que volver a ver esta película de nuevo? Estoy despierto. Se acabó el sueño.

Las decisiones del avestruz

Por Ánder Gurrutxaga

Es probable que el día después del 26 de junio se parezca al del 20 de diciembre. Los cuatro partidos más votados, sin mayoría suficiente, deben aclarar con quién, cómo y sobre qué gobernar.

 

aa1Disputarse el primero, segundo, tercero o cuarto puesto puede ser una demostración simbólica y efectista más que efectiva, si no desarrollan oportunidades para asociarse. España es un país donde los partidos pactan poco, lo hacen por necesidad –cuando no queda otro remedio- o a regañadientes. La incultura del pacto es el rasgo estructural, si se puede no pactar mejor que hacerlo. Si se puede imponer mejor que convencer. La vorágine de las campañas -y ésta dura mucho- proclaman el culto al ruido, el exceso, la promesa con o sin fundamento, la frivolidad y la banalización.

El peligro es no saber diferenciar la campaña del buen gobierno. La estrategia del avestruz -esconder la cabeza debajo del ala- dura un suspiro, luego hay que gobernar y tomar decisiones. El dilema es cómo, con quién, para qué y sobre qué. Las posibilidades no son infinitas. Los “cuatro reinos” tienen límites, las fronteras están definidas. A muchos ciudadanos les interesa saber, antes de ir a votar, qué se  quiere  hacer con su voto o qué decisiones se toman con él. Digo esto, porque no es lo mismo la “gran coalición” -PP, PSOE y C´s-, que la alianza de izquierdas-PSOE+ Unidos Podemos-, o centro derecha -PP+C´s-, el gobierno en mayoría que en minoría, la concentración que la repetición de elecciones.

Entiendo que son cuestiones difíciles de responder, pero qué quiere que les diga, los votantes quieren saber. La estrategia del avestruz o la del que mira el cielo esperando el “santo advenimiento” no son opciones deseadas.

El poder la influencia

Estamos rodeados de procesos electorales. Austria se pronuncia sobre quién debe ser el Presidente de la República. El crecimiento de la extrema derecha es el dato objetivo y el síntoma. El Brexit en el Reino Unido es la incógnita. Ni en uno ni en otro caso, Europa sale beneficiada. Mientras tanto, en España, las “cartas” están echadas.

Captura de pantalla 2016-05-23 a las 10.23.25

En el PP, como era de prever -eso indican las encuestas conocidas hasta el momento- la caída electoral se ha detenido. La abstención puede ayudarle. Ha engullido la corrupción, las consecuencias de la gestión de la crisis y se presta a “no seguir haciendo nada”: le ha ido bien así. El discurso es similar, casi idéntico al de los últimos años, afirmar en público lo que niega en privado y lo que hace en las instituciones que gestiona. Decir una cosa en Europa y hacer otra en España. Su fuerza es el suelo electoral, a la baja, pero aún estable. Algo pasa entre los votantes españoles para que la impostura y la sinergia de la corrupción no generen consecuencias más rotundas.

El PSOE no crece por el centro -Ciudadanos le ocupa ese espacio-; tampoco por la izquierda -Unidos Podemos se hace cargo de él-, perdió voto de las grandes ciudades y se va retirando hacia el Sur de España, con el peligro de ser un partido bien implantado en esas regiones, pero con apoyos débiles en el resto. La entente IU+Podemos recoge los frutos de su acuerdo. Influye pero –por sí misma- no puede gobernar. Ciudadanos parece que se asienta, pero con las limitaciones conocidas.

La cuestión clave de las elecciones en España es “la revelación” que, paradójicamente, ya se conocía, los cuatro grandes partidos tienen influencia pero ninguno -por sí mismo- puede gobernar. Las cuestiones abiertas son: quiénes pueden, cómo pueden, sobre qué y para qué. Me temo que no es la política de bloques la que define el curso  de las elecciones, sino los pactos del día después. Los que no estén en los “cuatro reinos” a mantener posiciones. No es poco. Tendrán tiempo y espacio para exhibir su influencia.

El eterno retorno

Volvemos a elecciones. Las segundas después de las primeras ¿Habrá terceras? Mismas palabras, idénticos ajustes de cuentas, discursos sin contenido, “peleas de gallos” -a no ser que la falta de contenido sea el contenido de los nuevos discursos-. Primera piedra de toque: el coste de la campaña.

No pasa nada -para eso siempre hay dinero-. España -se sabe-, es un país generoso. Los demás, ya se sabe….El PP a esperar y a decir que son los mejores. El PSOE a clarificar su campo de dudas: no crece por el centro, tampoco por la izquierda y los propietarios de la derecha están en otra parte. Queda mantener -en el mejor de los casos-, lo que tiene. La regionalización del voto mirando al Sur, seguramente, se lo permitirá. El único problema es que no es suficiente. Resultados menguantes, pero es lo que hay. Ciudadanos a no perder lo que ganó, el centro derecha es un espacio muy alargado, lleno de gentes y siglas. Podemos ha pactado -no se sabe si con IU o con Alberto Garzón-, sus otras alianzas territoriales serán decisivas para saber hacia donde puede llegar. Crecer es difícil, pero no imposible, los viejos militantes son fieles, la izquierda del PSOE está “que arde” y la ilusión del movimiento, de momento, se mantiene. Nacionalistas y regionalistas quedan supeditados al juego de los “cuatro reinos”. No hay margen para más. Mientras, los contenidos, las diferencias, la ideología, deben estar en algún sitio. No desesperen, igual aparecen. Y sino, ya saben, siempre hay terceras oportunidades, luego están las autonómicas, las municipales…Que no decaiga la esperanza.

Destinos y política

Ander Gurrutxaga 
Catedrático de Sociología

Vamos a nuevas elecciones. Las segundas después de las primeras. Somos una sociedad democrática que dirime de esa manera las limitaciones de la inteligencia práctica de las elites políticas. Sí, las mismas que vuelven a reclamar la presencia en las urnas. En seis meses ¿qué cambia?

Menos de lo que sería de desear. La pregunta es: ¿qué han aprendido de este tiempo -6 meses largos, que suceden a una campaña que duraba más de un año- de exhibiciones vacías, amores interesados, narcisismos desatados, incapacidad de respuesta o pragmatismo ramplón? Dónde queda la primavera política que anunciaron unos, el cambio que pronosticaron otros o el buen hacer de los que se decían saber cómo redimir el destino colectivo. Las grandes cuestiones: corrupción, crisis económica, paro, organización del Estado, ubicación en el mundo, papel en Europa, etc., siguen esperando. La política tiene limitaciones, las elites demuestran un grado de ineficacia y oportunismo a partes iguales. Si fuesen directivos de una empresa -no lo son- diría que la cuenta de resultados indica balances cercanos a la quiebra técnica. Lo relevante es que son los votos ciudadanos los que deciden quienes bajan la persiana, cambian de oficio, se expanden o se quedan como están.