Arxiu de la categoria: Vides contades

García Marquez fotografiado por Colita

García Márquez en cuatro apuntes

Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Muñoz Suaz, en casa de Carmen Balcells, en Barcelona (1974)

Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Muñoz Suaz, en casa de Carmen Balcells, en Barcelona (1974)


José Martí Gómez
Periodista

1: La entrevista: hablando de la luna

Un día, a mediados de la década de los setenta, Camen Balcells colocó en una habitación de su oficina unos búcaros con preciosas rosas amarillas y en aquella habitación me senté junto a Josep Ramoneda para entrevistar a García Márquez, en la que creo era su primera entrevista en España tras haber dejado Barcelona. Lo de las rosas amarillas tenía su razón de ser. García Márquez siempre creyó que le traían suerte.
De entrada dijo.
-Estoy acojonado: no me gustan nada las entrevistas. Continua llegint

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Albaigès y la anonetología

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Josep Maria Albaigès

Vidas contadas
José Martí Gómez
Periodista

A los 73 años ha muerto este ingeniero de caminos, escritor, economista, ex presidente de la Societat Catalana d’Ónomàstica y presidente honorario de Mensa-España, según la esquela que daba cuenta del óbito. Faltaba añadir hombre entrañable, tipo inmerso en las investigaciones más atípicas de las que he tenido nunca noticia. Esto es lo que un día, de los varios en los que nos vimos siempre acompañado de su esposa, que no perdía nunca el hilo de lo que él decía y en ocasiones apuntaba datos.

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Ava Gardner y Mario Cabré

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La actriz Ava Gardner junto al torero, poeta y actor Mario Cabré

Vides Contades
José Martí Gómez
Periodista

Hasta la noche del 8 de mayo de 1976 Mario Cabré vivió en technicolor.

Esa noche, en el transcurso de una cena en un homenaje a un personaje del mundo taurino, Mario Cabré se levantó en uno de los salones del viejo hotel Oriente que tanto gustaba a Tennesse Williams porque la balconada de su habitación le ofrecía el cotidiano espectáculo de la Rambla de Barcelona, abigarrada de día, tirando a canalla en la madrugada. Esa noche de 1976, en el momento preciso en el que Mario Cabré se levantó sonriente de su silla para pronunciar las palabras que iban a cerrar el acto su vida volvió al blanco y negro. Muchos años después sólo recordaba que entre gritos de deprisa, deprisa, lo tumbaron en una camilla, que lo introdujeron en una ambulancia y que a partir de entonces se iniciaron los años del vacío. De un inmenso vacío que recordaba como un tiempo en el que pareció haber dormido largamente sin tener un solo sueño.

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Bandrés en años de plomo

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Juan Mari Bandrés. Foto: EFE/Antonio Alonso

Vides contades
José Martí Gómez
Periodista

Acababa de entrevistar a Juan Mari Bandrés en su despacho, por entonces en el centro de Donostia. Antes de despedirme le  pregunté si tenía a mano algún poli-mili en vías de reinserción al que pudiera presentarme. Negó con la cabeza. Abría la puerta un joven de aspecto a mí me las den todas que me alcanzó en la puerta de la calle tras bajar corriendo la escalera supongo que tras recibir el santo y seña de Bandrés.

-He oído lo del poli-mili. A lo mejor te pudo conseguir uno. ¿Dónde estás hospedado?

-En el Maria Cristina. Habitación 317.

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Xavier Cugat y Rita Hayworth

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Rita Hayworth y Xavier Cugat

Vidas contadas
José Martí Gómez
Periodista

Me dijo Xavier Cugat que si hubiese vivido frente a una fábrica de butifarras  hubiese sido el butifarrero más importante del mundo pero como de niño vivió frente a una casa en la que se fabricaban violines terminó siendo un gran músico.

-Las casualidades marcan el destino de las personas.

-¿Y dónde se dio esa casualidad?

-En la Habana vieja, donde vivía con mis padres frente a la casa del único fabricante cubano de violines y guitarras, un tipo valenciano llamado Salvador Iglesias, que me veía pasmado ante la puerta de su establecimiento y un día, cuando cumplí seis años, me regaló un violincito. Mi padre ya dijo entonces “este va a ser músico”, y para que lo fuese me puso un profesor, al tiempo que ordenó que dejase de asistir a la escuela. “Si Mozart hubiese perdido el tiempo en la escuela no habría tenido tiempo para escribir música”, dijo mi padre, que era un hombre sabio. “Tú estudia música por el día, que ya te enseñaré yo por las noches a escribir y contar”,añadió. A los doce años ya era primer violín de la Filarmónica de Cuba. Con pantalón corto, oiga. Poco después viajé a Nueva York por primera vez.

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El profesor Morris y la ambigüedad

Koestler y Cynthia, unas semanas antes de su suicidio

Koestler y Cynthia, unas semanas antes de su suicidio

Vidas contadas
José Martí Gómez
Periodista

1: perfil del padre de la idea. Nacido en Hungría en 1905, Arthur Koestler, uno de los escritores más brillantes y polémicos del siglo, se suicidó en Londres en 1993 junto a su esposa Cynthia. Los cuerpos de ambos fueron encontrados en la sala de estar de su casa en Montpellier Square. Koestler estaba sentado en su sillón, con una copa de coñac al alcance de su mano. Cynthia estaba reclinada en el sofá con un vaso de whisky sobre la mesita cercana. Los dos habían ingerido, junto con el alcohol, una sobredosis de barbitúricos. Ella tenía 55 años. Él, 77. Ella gozaba de buena salud. Él estaba aquejado por el parkinson y la leucemia. El autor de El cero y el infinito, obra que le dio renombre internacional, fue un intelectual comprometido con su tiempo. Defensor acérrimo del derecho a una muerte digna, era vicepresidente  de la Sociedad de Eutanasia voluntaria. La noticia de su suicidio no fue una sorpresa.
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Cien años de Antoni Clavé

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José Martí Gómez
Periodista

En 1961 el museo Rath organizó en Ginebra una antológica de Antoni Clavé. El pintor vio uno de sus cuadros expuestos, cedido por un médico, y le dio un par de nuevas pinceladas considerando que lo mejoraba. El día de la inauguración el propietario del cuadro rugía.
-Ahora está mejor –le decía Clavé.
-¡Quiero mi cuadro, el mismo que le regalé a mi esposa! –seguía rugiendo el propietario.
Clavé fue a una droguería, compró dos litros de petróleo y cuando el museo cerró se dedicó a restaurar el cuadro que acaba de restaurar a su gusto. Siempre contaba anécdotas sobre sus cuadros:
-Cuando vivía en Montparnasse un médico, vecino de casa, vino a visitar a mi madre y al acabar la visita se entretuvo mirando algunos de mis cuadros. ¿Esto qué es?, preguntó delante de uno de ellos. Son tres personajes, le dije. Volvió a mirar el cuadro atentamente. Yo solo veo un zapato, dijo. Se despidió de mí con unas palabras que no olvidaré nunca: “El día que tenga tiempo pase por mi consulta y hablaremos. No es normal que a su edad vea tres personajes en esa tela”.
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