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Una secció d’Eugeni Madueño

¿Tiene futuro la verdad?

Casi nadie con dos dedos de frente niega a estas altura que el calentamiento global del planeta sea una realidad científica, demostrable estadísticamente. Como casi nadie niega las acciones humanas que lo causan, y que nos llevan a una situación catastrófica si no se toman medidas urgentes como las pactadas en la última cumbre de París. Nadie menos el presidente de Estados Unidos, que niega una verdad que la ciencia y el resto del mundo aceptan.

«¿A qué distancia tiene que estar una fecha [la de la destrucción del planeta, en este caso] para que empecemos a preocuparnos?» se preguntaba George Steiner en 1974. «¿En qué punto la imaginación humana tendría de súbito esa percepción supremamente terrorífica de que el tiempo futuro choca contra un muro, de que hay una realidad a la que el tiempo futuro de nuestro verbo ‘ser’ no puede aplicarse, en la que no tendremos ningún significado?»

Cuarenta y tres años antes de que Donald Trump presidiera la primera potencia mundial y negara la verdad, Steiner advertía y sentenciaba a propósito de la verdad: «Los abanderados de la ecología nos dicen que somos huéspedes en esta Tierra. Sin duda ésta es la situación. Y seguramente somos huéspedes en un universo vastísimo e incomprensiblemente poderoso cuyos hechos, cuyas relaciones, no fueron cortadas a nuestro tamaño o a la medida de nuestras necesidades. Sin embargo, pertenece a la eminente dignidad de nuestra especie ir tras la verdad de forma desinteresada. Y no hay desinterés mayor que el que arriesga y quizás sacrifica la supervivencia humana. La verdad, creo, tiene futuro; que lo tenga también el hombre está mucho menos claro.»

Rics altruistes

Rics altruistes
El conseller de Sanitat, Comín, i el president de la Generalitat, Puigdemont, y Flora Pérez, esposa de l’amo d’Inditex i vicepresidenta de la fundació que porta el seu nom

Llegeixo que la Fundació Amancio Ortega, l’amo del Grupo Inditex, donarà 47 milions d’euros per renovar els equips oncològics de la sanitat pública de Catalunya. A la mateixa pàgina del diari hi ha un altre breu en el que s’informa que la Fundació Bill i Melinda Gates han finançat un informe d’abast mundial sobre l’impact global de les malalties. Sempre m’he preguntat què porta a la filantropia als multimilionaris, a banda de la brillantor que afegeix a les seves marques aquestes accions caritatives i l’alleugeriment que deuen sentir a les seves consciències.

Peter Buffet –el fill petit de Warren– va publicar un article en el que definia aquesta activitat com a colonialisme filantròpic. “Com més vides i comunitats destrueixen [els rics, el capitalisme actual] mitjançant el sistema que crea enormes quantitats de riquesa per a uns pocs, més heroica sona l’expressió compensar. És el que jo anomenaria rentat de consciència: repartir un pessic del que tens per a sentir-te millor per acumular més del que qualsevol persona necessita per viure. Però això és justament el que manté l’estructura existent de la desigualtat. Els rics dormen millor a la nit, mentre que altres amb prou feines tenen prou per fer bullir l’olla”.

Buffet no va anar més enllà d’una estirada d’orelles al sistema, al que voldria més humá. No fa la crítica ideològica que sí plantegen Peter Sloterdijk – “el capitalisme arriba a la seva culminació quan crea a partir de si mateix el seu oposat més radical”– i Slavoj Žižek –aquests gestos caritatius són una “autonegació de la infinita acumulació de riquesa, i consisteixen en gastar aquesta riquesa en coses que no tenen preu, i que estan fora de la circulació del mercat: bens públics, arts i ciència, salut, etc.”–.

Aquestes donacions altruistes permeten als donants –a més de beneficis fiscals, i per això ho fan a través de les seves fundacions– tenir la sensació de que es poden situar fora del cercle viciós del sistema de reproducció infinita que és el capitalisme: guanyar més diners amb l’objectiu de guanyar més diners. Quan el capitalista trenca momentàniament aquest cercle infinit sent que no és part de l’engranatge i que la seva vida té sentit.

Els immensos donatius al benestar públic dels Ortega, Botín, Gates o Soros no tenen perquè ser una expressió de la seva idiosincràsia personal, sinó una autonegació de la seva contribució decisiva al capitalisme devastador actual, i, en certa manera, una necessitat de justificar-lo per, així, posposar la seva crisi.

 

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A la foto superior, Amancio Ortega i Flora Pérez

Churro, mediamanga, mangotero

Vuelvo sobre Žižek y su ensayo Problemas en el paraíso con un spoiler: finalmente reivindica el ‘bien común’ –como los seguidores de Ada Colau– y el comunismo. Bien, esto último se lo hace decir al escritor y exguerrillero Álvaro García Linera: «nuestro horizonte ha de seguir siendo comunista: un horizonte no en el sentido de ideal inaccesible, sino como espacio de ideas dentro del cual nos movemos».

El ‘malttukbakgi’ del Museo de los Niños de Seúl

Slavoj Žižek (filósofo, sociólogo, psicoanalista y teórico cultural) llega a esa conclusión después de analizar los tumores del capitalismo actual, al que describe y piscoanaliza valiéndose de una metáfora construida con la estatua de la foto, situada en el Museo de los Niños de Seúl. En coreano, ese juego que practican se llama malttukbakgi.  Aquí, cavall fort o ‘Churro mediamanga mangotero’. Para jugar se necesitan dos equipos. El equipo A coloca un jugador de pie contra la pared y el resto de jugadores forman agachados poniendo la cabeza en el culo/entrepierna del otro formando un ‘caballo’. Los jugadores del equipo B saltan uno a uno y con toda la fuerza sobre el ‘caballo’ A. «Cuando un miembro de cualquier equipo cae al suelo, ese equipo pierde».

Niños jugando al Churro en un cuadro de Bruegel

«¿No es esa estatua –se pregunta Žižek– una metáfora de la gente corriente, de la situación en que nos encontramos en el capitalismo global actual? Nuestra visión se ve constreñida a lo que nos dejan ver con la cabeza metida en el culo de un tipo que está delante de nosotros, y nuestra idea de quién es nuestro Amo [en el sentido del amo-esclavo de Lacan] es el que está enfrente, cuyo pene y/o pelotas parece estar chupando el primero que está agachado; pero el Amo real, invisible para nosotros, es el que salta libremente sobre nuestra espalda, el moviminto autónomo del Capital».

 

La causa de la lengua es imperfecta

Movistar, es decir, Telefónica, se ha cargado el catalán y el gallego de su página web. Ahora sólo es posible leerlas en castellano. Cuando lo he comentado con mis conocidos, nadie se ha llevado las manos a la cabeza. “Tienen visión –me han dicho–. Ya actúan como si fuéramos independientes”.

Alguna conclusión política se ha de sacar, claro. Telefónica desanda lo andado durante el período ‘autonomista’ –había ido mucho más allá que cualquier otro operador telefónico– y lleva a la práctica el lingüicismo oficial imperante: solo una lengua, solo un pueblo, solo una nación.

Dos amigos tramitan estos días la compra de un coche. Uno ha comprado un Dacia, filial de Renault. El otro un Volskwagen. Los dos han recibido todo tipo de comunicaciones e invitaciones a entrar en su sector de clientes de sus respectivas páginas webs. Ninguna contempla la posibilidad de que se haga en catalán. Ni siquiera en el caso de VW, que tiene su fábrica en Martorell. Pero la cosa ha ido un poquito más allá. En las comunicaciones, en los documentos, en las facturas que les han emitido, en todas partes les han castellanizado el nombre –Jorge por Jordi; Enrique por Enric– a pesar de que en el DNI de ambos figuran inscritos en catalán.

Los dos ejemplos de lingüicismo justifican que les recomiende el libro de Javier López Facal La hoja del olmo no es perfecta. En el capítulo “Analogía y anomalía en el lenguaje”, Facal reflexiona sobre el lingüicismo, esa manía o visceralidad que provocan las lenguas minoritarias, su rechazo y negación. “El lingüicismo es en realidad una ideología”, dice. Las diatribas entre lingüistas y gramáticos no son la causa del odio al otro: “la causa es política y está relacionada con luchas de poder, sean estas luchas de clase o enfrentamintos étnicos”. Ser anticatalán da vostos (esto lo digo yo, no Facal).

He subrayado más cosas:

“La lengua es la excusa para la discriminación no solo cuando se sacraliza en una norma determinada, como si fuera un canon intocable, sino también y sobre todo cuando se eleva a categoría de bien absoluto el cultivo de una lengua nacional.

“En Europa no existe quizá ningún país estrictamente monolingüe, con la excepción de Islandia cuya producción cultural no ha sido muy destacada; por lo contrario, áras geográficas muy dialectalizadas como la antigua Grecia o la Italia del Renacimiento han sobresalido por su creatividad cultural, intelectual o artística”.

Y la última antes de recomendarles encarecidamente que compren el libro (un ameno ensayo en favor de la  imperfección):

“Generaciones y generaciones de creyentes han sido educados en la idea de que la multiplicidad de lenguas es un castigo de Dios y por tanto es algo intrísicamnte malo, hasta el punto de que hoy muchos acérrimos defensores de la biodiversidad, capaces de nobles y notables sacrificios para salvar nidadas de aves en riesgo de extinción, no muestran ninguna inquietud algunas lenguas que se encuentran en una situación igualmente frágil.”

P.S. 1. Espero que Parlem, la telefónica catalana, eche a volar como ya lo hace Euskaltel. Y que Som Energia siga creciendo hasta que pueda ofrecer un servicio eléctrico capaz de desplazar al de Endesa (antes italiana que catalana). Y así…

P.S. 2. López Facal expone el caso de su sobrino Alexo, médico, a quien le dijo una de sus pacientes: “Con lo guapo que eres, ¡qué lástima que hables gallego!”

Cosas del pasado

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Foto superior: los presidentes del Real Madrid y de Telefónica, en una foto reciente

Vivim millor que mai

Slavoj Žižek explica al seu llibre Problemas en el paraíso (Anagrama) que la percepció catastrofista que vivim a l’actualitat no es correspon amb la realitat. Que no és pas veritat que visquem en un “món cruel i perillós on les coses van malament i empitjoren”. I, per demostrar-ho, entre altres exemples, recupera l’editorial que la revista The Spectator va publicar el Nadal del 2012. Es titulava “Perquè 2012 ha estat el millor any de la història?”:
Potser no es percebi així, però 2012 ha estat l’any més extraordinari en la història mundial. Pot semblar una afirmació extravagant, però les dades ho corroboren. Mai hi ha hagut menys gana, menys malaltia ni més prosperitat. Occident segueix en el seu mal moment econòmic, però gairebé tots els països en vies de desenvolupament progressen ràpidament, i la gent surt de la pobresa a un ritme com mai es recorda. Les víctimes mortals de la guerra i dels desastres naturals feliçment també han estat baixes. Vivim en una edat d’or.