Arxiu de la categoria: Inventario

Una secció de Fabricio Caivano

El método de mi amigo, el de la pipa

Fabricio Caivano
Periodista

Una manada de menores le propina una paliza a una niña en el patio de su colegio. La niña pateada es hospitalizada con “policontusiones”. Los adultos escrutamos con ansiedad a diversos expertos, que proponen gravemente nuevos protocolos administrativos contra semejantes hechos. El mismísimo ministro del Interior tranquiliza los ánimos, inefable, asegurando que “el hecho” es una conducta esporádica no tipificable como acoso escolar continuado. La policía blinda el centro escolar y se “abre una amplia investigación”. Familia, municipio y sindicato echan humo. Pero el hecho caerá en el olvido mediático en pocos días. Hasta el siguiente. Continua la lectura de El método de mi amigo, el de la pipa

Ya lo día yo…

Fabricio Caivano
Periodista

Los jubilados somos muy dados a recordar. Y, lo que es peor, creemos tener razón por acumular lo que llamamos “experiencia”, o sea el relato amable de nuestros errores. Pero hay ocasiones en que la memoria trae con acertada tozudez los ecos de indignaciones pasadas. “Ya lo decía yo…” es el inicio de un discurso lamentable que los ancianos activamos a menudo.

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Sentarse en una mesa

Los queridos cabezones de Antonio, profesor de instituto

La gente suele llamar a la radio para dar su opinión sobre la agenda de temas que les dictan los regidores mediáticos de esa ficción construida que llamamos “actualidad”:  el último gol histórico, sus preferencias culinarias, el sexo de los ángeles, o el titular político del día. Tendencias comunicacionales,  trending topic en el idioma pedantés.

Otros, los menos, llaman para compartir el dolor o la alegría de sus circunstancias, sus sentimientos o sus sueños. Las unas son palabras prescindibles que olvidaremos nada más dichas; las otras son verdaderas, nos alcanzan y nos resonará su testimonio por un tiempo.

En este enlace pueden escuchar el testimonio verbal de Antonio, profesor en un instituto de formación profesional. Hay en su voz el cansancio del fin de curso, la herida de los recortes y del constate agobio administrativo. Pero tiembla en ella también la emoción de dejar al borde de la vida adulta a sus  “cabezones”, sus queridos alumnos cargados de ilusión, entusiasmo, desconcierto y de rabia también. Vitalidad contra toxicidad. Merece los setenta y nueve segundos de escucha. Voces como la suya, las de miles de docentes anónimos que han volcado con pasión toda su vida en la educación,  son urgentes, imprescindibles, hoy para saber dónde estamos en verdad y qué nos hace falta para dar a la vida algo de sustancia humana. Compromiso, dignidad y compasión, por ejemplo. Gracias, maestro.

Aventis

Recordaré siempre el acerado brillo en los ojos de Miguel de la Quadra Salcedo sobrevolando el Parque Nacional de Canaima en una precaria avioneta bimotor. Repentinamente el piloto nos dejó petrificados con una interminable caída en picado sobre la espumosa vertical del Salto Ángel, una prodigiosa caída de agua de 1.283 metros. Esa inolvidable mirada infantil, plena de asombro, alegría y exaltación vital, me reveló la clave de su personalidad: una curiosidad ilimitada por el milagro del mundo y de sus gentes.

Humo de metáfora

Fabricio Caivano
Periodista

Ahí tienen una metáfora facilona: el incendio del cementerio de neumáticos de Seseña y el estado moral de la nación. Una metáfora suele sugerir la analogía de dos territorios conceptuales alejados. Un enorme vertedero ilegal pegadito a los bloques que construyó aquél albañil sagaz apelado El Pocero, uno de los sumos sacerdote de aquél ceremonial mafioso del ladrillo. El fuego ilumina el escenario. La codicia, el chollo y el sálvese quien pueda. La previsible corruptibilidad de las variadas administraciones implicadas. La opacidad en los trámites que amparan cualquier desaguisado. Si llega el escándalo, se pone en marcha el ventilador del y tú más entre los políticos locales. Y rematando metafóricamente la chapuza, esa sólida habilidad tan española de barrer la basura, o sea todo lo sobrante del festín capitalista, bajo la alfombra. Si hay un incendio ya lo apagarán. Que arreen los que vengan.

Hay decenas de vertederos similares en la nómina conocida pero furtiva del estercolero nacional, el más grande en un entorno como Lanzarote. Con la humareda negra de Seseña se disipirá también el olor mediático, y en días volverá el color azul en el cielo informativo. ¡Viva la Liga y la Blanca Paloma! Con un poco de suerte en unos añitos se instruirá judicialmente el asunto, si acaso no llega prescribir o se reabre por la confesión de un quinqui que pasaba por ahí. Menos mal que, según insisten hoy fuentes acreditadamente fiables, ese humo negro apestoso es ‘benigno’. Y que nadie tosa.

¿Día de Europa?

Cada sueño humano tiene su día en el calendario, aunque sea para levantar acta fugaz de su inexorable mutación; sólo aquellos que engrasan los grandes almacenes obligando al regalo con lazo sobreviven, o se convierten en un festivo medio maratón. Hoy 9 de mayo es el Día de Europa, en Bruselas “Saint Schuman”. Ese día del año 1950 el ministro francés de exteriores, monsieur Robert Schuman, blanqueó la acobardada conciencia de una Europa posbélica con un bello discurso sobre el futuro de una Europa nueva unida bajo las ideales fundacionales de paz, igualdad y justicia. Amén del carbón y acero.

En esa misma fecha, pero de hace treinta años, España entró a formar parte de la Unión Europea. De aquél ambicioso sueño humanista de una Europa solidaria, parece que, salvo el regalo de las becas Erasmus, poco queda. Echen un vistazo optimista y ya me dirán. Un macro campo de futbol, un espantoso festival de canciones clónicas y, eso sí, una moneda común. Para colmo está al caer sobre lo que queda de aquella Europa anhelada ese contubernio autodenominado ‘tratado ITTP’, un furtivo golpe de estado friendly del Mercado sobre la Democracia. Mal pinta la cosa: vuelven los muros, resuenan tambores de guerra y se oyen de nuevo los himnos tribales.

¡Y encima, este 9 de mayo llueve!

Perro come perro

Fabricio Caivano
Periodista

Atrapado en el tiempo por una banda de traumatólogos, vivo en una nube antibiótica sin televisión ni fútbol, valga la redundancia. Me entero por la radio que el señor Cebrián “despide fulminantemente” al periodista Ignacio Escolar. Tras el merecido plante que la tribu periodística le dio a un desatado Pablo Iglesias, se puso de relieve la compacta solidaridad entre los sufridos trabajadores de los medios de, digamos, comunicación.

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