Arxiu de la categoria: Ellas y ellos

Una sección de José Martí Gómez

Narcís Serra

Por José Martí Gómez

En los últimos años de la dictadura Narcís Serra y Roca Junyent trabajaron para Pere Duran. Cuando llegó la democracia y Serra y Roca optaron por siglas distintas, Duran comentó: “Yo que creía que Roca era el de izquierda y Serra el de derechas…”. Ahora la fiscalía pide para el licenciado en Economía Narcís Serra cuatro años de prisión por subirse el sueldo como presidente de Caixa Catalunya cuando la institución ya estaba en bancarrota. Luego vendrán más peticiones de condena por mala gestión.

Con la democracia el primer cargo político que tuvo Serra fue el de conseller de Política Territorial y Obras Públicas en el gobierno provisional de Josep Tarradellas. En ese cargo conoció a Juan María Bandrés, responsable de los ferrocarriles y cosas similares en el gobierno vasco.

-Está muy bien eso de militar en un partido como el PSC -le dijo Bandrés, que ya tenía en la cabeza crear Euskadiko Ezquerra.

-Me sobra el partido;  es un lata -le respondió Serra, dejando a Bandrés traspuesto.

Luego sería alcalde. A mediados de 1979 estalló el escándalo de la estafa en el Consorcio de la Zona Franca. Serra me contó que una noche llegó a su casa en Sant Cugat y después de cenar se estiró en el sofá, puso en el tocadiscos una ópera de Mozart  y mientras la escuchaba revisó papeles de la Zona Franca y se dio cuenta de que los terreno que se daban por vendidos no existían. Convocó de urgencia al consejo de administración y el presidente, Antonio de la Rosa, autor de la estafa, se olió lo que se le venía encima y antes de poner tierra de por medio dijo que no se sentaría a mesa con un rojo, sin saber que Serra ya había ordenado que retiraran de la mesa el cubierto del delincuente.

En diciembre del 81 el Ayuntamiento organizó un acto en el Escorxador en el que, como cierre, caía desde lo alto un misíl de papel. Uno de los que más aplaudía era Lluís Reverter. Eran los tiempos socialistas del mensaje OTAN de entrada, no. El acto se presentó como una protesta contra la carrera de armamentos pero un policía de la secreta que andaba por allí vigilando que se decía  y al que yo conocía desde hacia años me lo dejó bien claro:

-Macho: que esto va contra la OTAN y lo demás es excusa – y tenía razón.

En el 82 el PSOE llegó al poder y en octubre del 86 plateó un referéndum en el que pedía el sí para el ingreso en la OTAN. Narcís Serra era ministro de Defensa y tenía al fiel Reverter como mano derecha. Fueron tiempos difíciles para ambos. Basta el dato de que cuando entraban en el pabellón militar en el que vivían en la sala de estar se hacia un silencio glacial entre los militares allí reunidos. Serra/Reverter desactivaron las tendencias golpistas de un amplio sector del ejército pero no se ha explicado cuanto dinero, en forma de cargos adicionales bien pagados en la sociedad civil, costó la reforma.

Tras ser vicepresidente del gobierno, diputado y secretario general del PSC-PSOE Serra llegó a la presidencia de Caixa Catalunya y cayó en la tentación en la que han caído políticos de este país y de otros muchos: el servicio que había prestado a la sociedad no había sido recompensado con mucho dinero, así que había que recuperar el tiempo perdido.

Qué manera más idiota de ensuciar una biografía.

Empapelar

Por José Martí Gómez

La palabra empapelar tiene varias acepciones. Una de ellas es la de poner tu destino en manos de la Justicia. Esa acepción es la que tenía presente Macià Alavedra desde que se la escuchó repetir muchas veces a Ramón Trías Fargas.

Según Alavedra, Trías Fargas, ex conseller de Economía con Jordi Pujol, liberal, culto, bibliófilo, hombre del Banco Urquijo en Cataluña, lo tenía claro: “Parece que no hace nada pero un día el Estado se despierta y te empapela”. Hace un año, cuando todavía no se sabía la fecha del juicio que ahora le ha sentado en el banquillo, Alavedra me repitió esa frase: “El Estado empapela”.

Según Salvador Paniker, Alavedra tiene cabeza de procónsul romano. Yo añado que tiene un sentido de la ironía muy acusado. Durante muchos años fue “la sonrisa del régimen” de Jordi Pujol y confieso que siempre me he sentido fascinado por el cinismo elegante, la cultura y el humor de este hombre. Verlo en el banquillo me ha causado pesar, lo cual no quiere decir que justifique los delitos que le han empapelado.

Me dolería que en el curso del juicio se revelara que el lenguaje de Alavedra es en la intimidad tan zafio, tan machista, tan impresentable como el de dos de sus socios en negocios fraudulentos.

Se habla mucho del machismo de esta sociedad, de la necesidad de erradicarlo, y  te cae el alma a los pies (Alavedra no cree en la existencia del alma) cuando lees la transcripción de las conversaciones grabadas a dos de los capitostes del sucio tinglado: hija de puta, puta interventora, imbécil asquerosa… refiriéndose a la mujer que puso en duda tejemanejes  que los delincuentes  con cargo político iban pergeñando.

-¿Todavía eres cristiano? -me preguntó Alavedra la última vez que nos vimos.

-Sí – respondí.

-¡Qué  raro eres! -dijo.

Más raro él, que por afán de amasar una fortuna se metió en negocios que han destruido su biografía pese a la advertencia de Trías Fargas de que a la postre el Estado empapela.

Un tal Xarles

Era un hombre tranquilo, fumador compulsivo de cigarrillos de tabaco negro. Un hombre de orden que estuvo metido en todos lo fregados del tardofranquismo y la transición. “Persona de misa, ex monaguillo, padre de familia y cargo de rsponsabilidad en un banco oficial. Políticamente neutro”, decia la biografía de Josep Xarles que el Centre Social de Sants presentó en el Gobierno Civil para solictar que fuese legalizado con el tal Xarles como presidente. Ha muerto a los 84 años.

Xarles, a la izquierda, con el micro, en la inauguración de una residencia de personas mayores en la plaza de Málaga. Barcelona, 1990.

Le traté bastante y puedo decir que el perfil biográfico se corresponde con la realidad, con excepción de lo políticamente neutro salvo que haber militado en el Felipe y haber sido responsable de imprimir en ciclostil los documentos de la organización sea ser neutro.

Siempre le conocí con bigote. Ignoro si en el pasado no lo llevaba. Era un hombre cordial que reía recordando las artimañas del pasado para burlar la burocracia del viejo régimen. Cuando cumplidos los 66 años aceptó ser vicepresidente de la Federació d’Associacions de Veïns y Veïnes de Barcelona su amigo Miquel Botella, otro histórico metido en mil fregados, le dijo que estaba loco: “A tu edad, meterte en otro lio….”.

Era un hombre práctico. Su discurso se alejaba de las elucubraciones teóricas. Iba a la cosa concreta y le preocupaba el hoy y el futuro de la juventud, a la que veía con pocas esperanzas.

Con él y media docena de personas más almorcé hace un año, aproximadamente. Estaba pletórico, como siempre. O cuando menos lo parecía. El hombre de mil citas que nunca llevó una agenda seguía activo y fiel a su mundo: Sants, la calle Olzinelles, la parroquia de San Medir, el geriátrico para la gente del barrio…

Recuerdo como algo inolvidable la visión de las paredes del centro social con la propaganda clandestina de los años de censura y represión. Parecía que más que Sants estabamos en Petrogrado, 1917. Años con un mundo obrero combativo. Con mucha gente dedicando muchas horas del día a día a organizar actos en defensa de los barrios, de la libertad.

Al saber que ha muerto he sentido no haber podido hablar con él los últimos meses, cuando supongo que sabía que iba a morir.

Mujeres

DIA DE LA DONA 2017

José Martí Gómez
Periodistas

Yo estaba allí aquel día de 1966 en el que un joven director general de empleo, de visita a la fábrica de calzados Sagarra, preguntó al portavoz de la familia, procurador en las Cortes por designación directa de Franco, por qué las mujeres que trabajaban en la empresa cobraban menos que los hombres, haciendo lo mismo. Porque así lo hemos decidido lo dueños, fue la respuesta.

El joven director de empleo calló. Era el hoy empresario Villar Mir. Algunos derechos se han ganado pero sigue sin conseguirse la paridad con el hombre en temas laborales, domésticos, emancitipativos. La reivindicación  femenina todavía tiene mucho camino por recorrer.  La política circunscribe el relato a la paridad electoral. Filfa.

 

Fármacos y médicos

La palabra tarugo tiene varias acepciones. Entre ellas, dice el diccionario de Manuel Seco y Gabino Ramos, la comisión pagada por un laboratorio farmacéutico a los médicos que receten sus productos.

En las décadas 60/70/80 el tema fue tan escandaloso que los laboratorios cambiaron de  táctica: el tarugo puro y duro fue sustituido por un sistema más sofisticado:  pagar viajes a congresos a los médicos que receten sus fármacos.

Viene esto a cuento de que me llega un runrún: los de Ciudadanos, gente liberal, ya se sabe,  piden que esté libre de impuestos  el dinero que las farmacéuticas pagan a los médicos que asistan a fiestas sociales.

Perdón: quería decir congresos y seminarios.

¿En qué estaría yo pensando?

López Facal

Por José Martí Gómez

Leí de un tirón La hoja del olmo no es perfecta, de Javier López Facal, y me he tirado una semana preguntándome como debería definir ese libro que trata de tantos temas de forma inhabitual en los ensayos con mensaje inequívoco: la perfección es un engorro.

Lo escribe López Facal en el párrafo final de su libro:

“Me quedaré satisfecho y ufano  de haber alertado al lector de los riesgos y peligros de la perfección al poner en aborrecimiento de los hombres las consecuencias ocasionalmente perniciosas del perfeccionismo, del orden y de la simetría”.

Antes, López Facal habrá hecho un elogio de la imperfección de la hoja del olmo, recordado la frase de Willy Brandt sobre el perfeccionismo, “ese vicio terrible, no solo alemán” y habrá reflexionado sobre lo que hay de subjetividad en la belleza en una obra artística. ¿Qué es la belleza  sino aquello a quien uno ama, en palabras de la poetisa Safo hace 2.500 años, aunque esa belleza esté llena de imperfecciones?

Si el olmo tiene hojas imperfectas, las hojas del fresno también se las traen y no digamos sus troncos desmochados para aprovechar su madera. A partir de esa reflexión dendrofílica (amor por los árboles)  López Facal nos explica que también las religiones monoteístas, en especial el cristianismo, desmocharon del tronco común las ramas que brotaban de forma natural por considerarlas herejías, no para aprovecharlas, como se hace con la madera de los fresnos que han servido, según las épocas y culturas, para construir armas, herramientas, bates de béisbol, guitarras eléctricas e incluso la estructura del Morgan, ese deportivo coche inglés del cual se van tus ojos cuando le ves circular.

Del número Pí y otros desconciertos. De la la poda de las discrepancias y de persecuciones políticas más serias. Sobre el injustificado prestigio el monolingüismo  y un elogio del número cero va el libro, entre otras muchas cosas, entre ellas el sucinto perfil de Constantino, el primer  emperador cristiano, definido por López Facal como “cruel, egocéntrico, vanidoso, megalómano y presumido hasta la comicidad”.

En resumen: un libro perfecto elogiando la imperfección. A veces se dan estas paradojas.

Los árbitros y los regalos

Por José Martí Gómez

A partir de un penalti de los que unas veces se pita y otras no y de unas bolsas con regalos al trío arbitral, obsequio del club al que favoreció el penalti, se ha montado un sidral que hubiesen dado material al Once, aquella entrañable revista satírica del deporte que conforme se esta poniendo el negocio tendría que volver a salir aunque fuese en versión digital. 

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Armas y dinero

Por José Martí Gómez

Jordi Évole afrontó en su último programa un tema difícil: Arabia Saudita y la industria militar española a partir del contrato para construir doce fragatas con destino a la monarquía saudita, uno de los regímenes más autocráticos del mundo.

Ni derechos humanos ni leches, sería la síntesis de lo que vinieron a decir los entrevistados. El dinero es el dinero y se saca de donde se puede sin formular muchas preguntas sobre el destino -en este caso armas- de lo que el país comprador hará con las armas que se le venden.

España es exportador de armas. Lo fue con el franquismo y lo sigue siendo con la democracia. Escuchar en el programa de Évole los equilibrios semánticos que hacia el alcalde de Cádiz para justificar que en los astilleros de la localidad se construyan las doce fragatas era para sonrojarse. Y escuchar como la construcción de esas fragatas era apoyada por trabajadores que esperaban en las puertas de la factoría la oportunidad de un puesto de trabajo venía a confirmar la frase de barra de bar de que llegado el caso por dinero se es capaz de hacer cualquier cosa.

El tema se arrastra de lejos. El año 1985, en el número  592 de la revista Información Comercial Española, editada por el Ministerio de Economía y Comercio, el teniente coronel de artillería, diplomado de Estado Mayor, José Maria Vera Fernández escribía:

“La potenciación de la industria  militar española creará puestos de trabajo llevando la paz a cientos de hogares que verán  afirmada su economía doméstica y, por tanto, sus posibilidades de vida digna”.

Qué bonito, oiga.

Foto de portada: Jordi Évole y el alcalde de Cádiz, ‘Kichi’

Justicia igual para todos

¿Quién es el último imbécil que ha dicho que en este país la justicia es igual para todos? Debería ser lapidado lanzándole los folios de la última y sorprendente resolución del caso Noos. No entro a considerar si se ajusta a Derecho. Es posible que sí. Lo que afirmo, apoyado por el 90% de la opinion pública, es que hay algo que chirría. Que siga teniendo escolta el delicnuente Urdangarin, y que esa escolta supongo la paguemos todos, es una de las cosas que chirría.

El escritor Joan Perucho era juez. Decidió jubilarse tras un juicio que le dejó secuelas.

–Su nombre, por favor –le preguntó al acusado.

–No me da la gana decirselo –respondió este.

Perucho, siempre educado, trató de convencer al acusado de que debía dar su nombre porque en caso de no darlo tendría que amonestarlo, a lo que el acusado le respondió que podía hacer lo que le diese la gana, que a él, plim.

Perucho le dijo, y cito de memoria:

–Si sigue comportándose así tendré que expulsarle de la sala.

–Anda y vete a tomar por culo –vino a ser la respuesta.

Si ahora existiese la COPEL, aquella organización de presos que se sublevó al llegar la democracia, tendría buenos motivos para armar jarana en las salas de justicia, emulando al contestatario delincuente que se descaró con el educado Perucho.

Los robagallinas que cumplen condenas son buena gente. Lo demuestra que las cárceles están tranquilas aunque no entren ni Urdangarín ni su socio, delincuentes de cuello blanco.