#CastellónDespega       

e-Mail del País Valencià
Javier Andrés Beltrán
Periodista

No hubo fiesta, pero sí alegría y en algunos casos muy poco contenida. No era para menos: Cuatro años y medio después de la pomposa inauguración del aeropuerto de Castellón aterrizó allí el primer avión. Bueno, para ser más exactos, el primero con pasajeros más allá del que Fernando Roig usa para mover a su equipo de futbol. Que esa era la verdadera noticia: El aeropuerto deja de ser peatonal casi mil setecientos días después de que los presidentes Francisco Camps y Carlos Fabra cortaran a dúo la cinta.

 

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Ryanair estrenó el aeropuerto de Castellón al aterrizar en la instalación un Boeing 737 procedente de Londres Stansted

Y claro, en todo ese tiempo -que es mucho- han cambiado muchas cosas. Por ejemplo: Camps ya no es nadie en el complejo ecosistema político valenciano donde sobrevive de incógnito pero muy bien acomodado gracias a su estatus de ex presidente. Y quien le acompañó en el corte de aquella esperpéntica cinta ultima sus memorias en la celda 114 de la cárcel de Aranjuez donde cumple condena por fraude fiscal y donde recibió la noticia de que su azote desde la oposición, el socialista Francesc Colomer, blanco de sus insultos y descalificaciones, preside hoy Aerocas (la empresa que Fabra creó -y presidió- para gestionar a su modo y manera un aeropuerto que siempre consideró suyo). Es un buen epílogo, o una acertada moraleja, para cerrar las memorias de quien fue amo y señor de la política provincial durante décadas.

Ni Camps, ni ninguno de los dos Fabra, estuvieron invitados a la llegada del primer vuelo comercial. Una jornada que transcurrió con normalidad, alejada de los fastos y los canapés de aquella lejana y falsa inauguración. Todos llegaron bien, que era lo importante, y todos se mostraron felices. Sobre todo un eufórico Javier Moliner, actual presidente  de la diputación, que colgó en su cuenta de Facebook un video con el bautismo de agua con el que sus bomberos recibieron en la pista al Boeing 737 y al que añadió un mensaje: ¡Objetivo conseguido. #CastellónDespega”. Hombre, pues sí, se pueda entender la alegría del presidente, por supuesto; pero se hace difícil compartir su euforia. Hablar de objetivo conseguido con sólo cinco vuelos semanales parece un pelín exagerado, a no ser que el objetivo a conseguir fuera que llegara ese primero vuelo… Porque más allá de un deseo puntual en la red, lo realmente importante es que ese eslogan se haga realidad y la provincia de Castelló acabe por despegar. Y no sólo su aeropuerto, que también.

Para ello además de más aviones hará falta la unidad de los partidos para defender ante Madrid una mejor y más justa financiación que permita disponer de los recursos y  las inversiones necesarias para afrontar los retos de futuro que tiene planteados esta provincia: empleo, infraestructuras, turismo, medio ambiente, competitividad, cambio de modelo productivo, etc.. Cada euro de menos que nos corresponde a los valencianos, también a los de Castelló, y que no llegan a esta Comunidad es un freno para lograr tan deseado despegue. Cada euro robado y no recuperado en los múltiples casos de corrupción, y cada euro que se ha despilfarrado y dilapidado en obras inútiles, también. Hay quien piensa que el aeropuerto de Castelló es una de ellas. Pero ahora ese es un debate inútil superado por la realidad de una infraestructura que está operativa y que hay que empezar a rentabilizar, social y económicamente. Cuanto más pronto mejor, para que no siga siendo un pozo sin fondo para las maltrechas arcas de la Generalitat.

Por ejemplo, revisando los términos de la concesión a la empresa que lo explota para saber sí, cómo apunta la Comisión Europea, el canon que el Consell de Alberto Fabra acordó pagar a la concesionaria incumple las normativas comunitarias al tratarse de una ayuda encubierta. La canadiense Lavalin invertirá siete millones de euros en el mantenimiento de las instalaciones durante los 20 años de la concesión, pero recibirá de la Generalitat 24,5 millones en los primeros nueve años y no pagará ningún canon por su explotación mientras no supere la barrera de 1,2 millones de pasajeros/año. Una cantidad que, en el mejor de los casos, no prevé alcanzar hasta el año 2029.

Lo dicho, así va a costar mucho despegar.

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