Carta a los clientes del BBVA

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

¿Alguno de ustedes tiene depósitos a plazo fijo en el banco citado procedentes de la casi desaparecida Catalunya Caixa (CX)? En caso afirmativo les interesa prestar atención a este texto. Es probable que, sin comerlo ni beberlo, se hayan integrado ustedes en el listado de clientes del BBVA, es decir que sus ahorrillos nunca decidieron por si mismos ir a parar a esa entidad bancaria sino que fue un cúmulo de despropósitos los que tomaron esa iniciativa, despropósitos con nombre y apellido. Me explico.

Probablemente fueron ustedes clientes de CX durante años, recibieron un trato adecuado y la relación fue correcta hasta que hicieron acto de presencia los señores Narcís Serra y Adolf Todó, expresidente y exdirector general  de esa entidad. Del primero ya conocen su recorrido por Barcelona y Madrid, del segundo lo más probable es que ignoraran totalmente su existencia, y mejor hubiera sido que siguiera en el anonimato general. Pero no fue así. Los dos personajes volvieron a la actualidad hace poco más de tres meses, cuando se hizo público que la Audiencia Nacional había decidido sentarles en el banquillo de los acusados. ¿Los motivos? Poca cosa, irregularidades penales, administración desleal, abuso del cargo en perjuicio de la entidad a la que representaban, especialmente delicada en el periodo en el que esos señores decidieron un aumento desmesurado de sus retribuciones. Lo anterior no lo digo yo, la autoría de esas acusaciones corresponde a los jueces de la Audiencia Nacional que han decidido procesar a Serra y Todó. Será interesante ver a un exalcalde de Barcelona y exministro socialista del Ejército sentado en el mismo banquillo en el que tantas veces lo hicieron ladrones y chorizos varios. Pero es otra cuestión. Yo les quiero hablar del BBVA.

Narcís Serra y Adolf Todó

El caso es que los desmanes de Serra y Todó llevaron a que el Estado interviniera Catalunya Caixa, operación que costó al contribuyente unos 12.000 millones de euros, y a la posterior subasta pública que permitió al BBVA a hacerse con los despojos de la entidad. Y así es como los ahorros de miles de clientes de la antigua caja de ahorros aterrizaron en el banco vasco con la seguridad de que, pasado el sobresalto provocado por Serra y Todó, la tranquilidad volvería a las cartillas de ahorro. Pero la historia de este país demuestra que las relaciones del ciudadano de a pie con los bancos siempre debe estar bajo la sombra de la duda. Y la luz roja se encendió cuando un mes después de que se produjera la integración total de las dos entidades, el BBVA decidió modificar por su cuenta y riesgo, y sin aviso previo a sus clientes, las condiciones contractuales de los depósitos a plazo fijo que había formalizado Catalunya Caixa y que debían ser respetadas. Por supuesto, el nuevo pago de intereses fue a la baja porque lo que intentó el banco fue adaptar el pago de intereses a sus condiciones, inferiores a las que había garantizado CX y que tras la integración debía respetar.

Los clientes que detectaron la anomalía debieron dar explicaciones, presentar documentos firmados con anterioridad, desmontar justificaciones absurdas de incumplimiento contractual, rechazar errores informáticos y esperar a que la alta dirección se aviniera a reconocer que, efectivamente, se les había pagado de menos. Con todo, la devolución de esa deuda, mayor o menos según los casos, pero deuda a fin de cuentas, se ha efectuado de forma complicada con lo que los clientes tienen un tanto difícil saber qué cobran y a qué corresponde.

¿Qué ha pasado con aquellos ahorradores que no han comprobado si hay diferencias entre lo que les paga BBVA y lo que les garantizó CX? Pues no lo sé, pero ese es el objetivo de esta carta. Coja usted un papel, un boli, ármese de paciencia y empiece a sumar y restar. Si los números no le cuadran, si los intereses de hoy son menores que los de hace meses, no lo dude, reclame. Ya sabemos que es pura casualidad e infortunio, que los bancos nunca actúan con mala intención, pero lo cierto es que los supuestos errores informáticos siempre van en la misma dirección. Y no son ellos los perjudicados, somos nosotros.

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