Carlos Fabra, al final de la escapada

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Fabra, el Berlusconi de aquí

La sala de los pasos perdidos
José Martí Gómez
Periodista

Carlos Fabra es el prototipo de político caciquil, chulo y corrupto, según la sospecha de hacienda y de los jueces que han llevado su casa a lo largo de los años. Refleja lo peor del populismo valenciano, con gusto por la dentellada verbal en la yugular del rival político. No es de extrañar que Fabra llamase hijo de puta a un opositor socialista. Es un lenguaje descarnado que se usa mucho por esas tierras.
Me contaron un día que en un pleno municipal un concejal llamó maricón de mierda a un colega de la oposición. El pleno se está grabando, le recordó la joven secretaria municipal, recién llegada al pueblo. El maricón de mierda tomó la palabra y pidió a la secretaria que constase en acta el insulto de su oponente y que por su parte añadía que se cagaba en su puta madre.

Los asistentes al pleno gritaron entusiasmados ¡qué conste en acta! y la secretaria pensó en pedir el traslado, cosa que hizo tan pronto como pudo.

Desayunando con Manuel Fraga contó que en los años veinte un político conservador daba un mitin asomado al balcón de un ayuntamiento de Galicia. Hablaba del futuro y desde la calle llegó una voz que preguntaba qué hacía por los jóvenes.

Le dijo el del mitin:

-A tu sobrino lo coloqué esta mañana.

El clientelismo de la vieja España sigue vivo en la actual. Biznieto, nieto e hijo de caciques, Carlos Fabra forjó en el clientelismo su largo liderazgo. Fabra es simpático si quiere serlo. Y divertido, pese a ese aspecto de mafioso, de Padrino, que le dan sus gafas oscuras, una imagen que cultiva. A Aznar siempre le contaba chistes cuando el presidente veraneaba en Oropesa. Los juglares de Fabra siempre han cantado por las esquinas que Aznar se reía tanto que los grabó para seguir escuchándolos en La Moncloa.

Fabra ha basado su poder en el clientelismo. El “ves a ver a Carlos, que te lo solucionará”, ha sido una frase repetida en Castellón a lo largo de los años en los que Fabra ha tejido su red clientelar que le ha hecho ser a un mismo tiempo un político adulado, despreciado y temido.

El heredero de la monarquía familiar que han sido los Fabra desde el siglo XIX se sienta ahora en el banquillo. Se le acusa de corrupción pero lo más grave son sus años de desprecio a la democracia real, sus gestos altaneros, esa forma grosera de ser dicharachero, sus alocados sueños de grandeza con un aeropuerto inservible, un campo de golf en la miseria, un paro que se extiende por toda una provincia que casi nunca lo tuvo, un modelo urbanístico corrupto y caótico. Y todo es con él presidiendo la todopoderosa Diputación mientras le seguía tocando el gordo de la lotería de Navidad.

Al gran vividor, el gran relaciones públicas, el gran hacedor, le pasa cuentas la Justicia. Le será duro atravesar la sala de los pasos perdidos no como el cacique que ha sido sino como un procesado en la cuerda floja. Él, que dominó a una burguesía decadente y ha sido desde 1991 el gran organizador y catalizador primero de Alianza Popular y más tarde del Partido Popular, vinculándose económicamente a grandes grupos, como Lubasa, Facsa o Pamesa.

Fabra es un populista. Diría que, y no solo porque en las fiestas le gusta cantar en italiano, su sueño hubiese sido ser un Berlusconi.

 

 

 

 

2 pensaments a “Carlos Fabra, al final de la escapada”

  1. I encara diria més: “Los gays en Castelló votan al PP porque son los dueños de los puticlubs y nosotros, los mejores clientes” Carlos Fabra. Jo penso, “pobres putes!”

  2. Bona tarda Josep: Em complau coincidir plenament amb tu en aquesta recobrada secció “de la sala de los pasos perdidos” Com anècdota, t’explicaré que, aquest migdia, mentre dinàvem sortia per la tele l’arribada de Fabra als jutjats i le he comentat a la meva dona: “Mira aquest individu, fa quatre dies tots aquests guardies civils se li quadraven i ara han d’escortar-lo fins al jutje. Sembla el Corleone de “El Padrino”. Déu meu, senyor, quin país i quin personal! Què haurem fet per mereixer això?
    Salutacions:
    Gonçal Évole

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