Cañizares y el Anticristo

Alex Vidal
Periodist

Está salido últimamente Monseñor. Que si hay que desobedecer las leyes basadas en la igualdad de género; que si los refugiados son el Caballo de Troya de Europa; que si toca denunciar la ofensiva laicista, reaccionar frente al feminismo destructor o el imperio gay… Básicamente, el problema de Cañizares es que confunde su manera de pensar con la ley.

elanticristoDice Nietzsche (1844-1900) en su Anticristo que el sacerdote vive, objetivamente, de auspiciar la desgracia de los demás. No le falta cierta razón. La idea de culpa y castigo, nos dice, se inventa contra la liberación del hombre respecto al sacerdote. Desde la lógica religiosa, sólo el hombre culpable, pecador en origen, desgraciado, puede apelar a los fundamentos que justifican la actuación sacerdotal: “El instrumento del poder del sacerdote es el pecado. Dios perdona a quien hace penitencia, o por decirlo con claridad, a quien se somete al sacerdote. El sacerdote necesita que se peque; precisa y desea también el sufrimiento de los demás. Se erige en legítimo intérprete de la voluntad de Dios. Llama reino de Dios a una situación en la que es él, quien determina el valor de las cosas. Con un frío cinismo, valora a los pueblos y a los individuos tomando como medida el grado en que favorecen o perjudican su supremacía; la supremacía de los sacerdotes”.

Cabe también que algún sacerdote ya sólo aspire a amargar la vida a los demás. Tampoco a Nietzsche se le escapa esta posibilidad. Frente al miedo, el temor, la negación de la humanidad, de la vida misma, el bigotudo alemán defiende el nihilismo, el superhombre, el eterno retorno de nuestra afirmación: “El sacerdote busca hacer al hombre desgraciado. Cuando el hombre no sitúa en la vida su centro de gravedad, sino en el más allá, en la nada, se le despoja de todo cuanto es. La inmortalidad personal le quita al instinto todo lo que tiene de razón, de naturaleza. Desde ese momento, todo lo que hay en los instintos de beneficioso, de favorecedor de la vida, despierta desconfianza. El sentido de la vida se convierte entonces en vivir de manera que ya no tenga sentido vivir”.

Sin duda, el siglo de Nietzsche fue un tiempo convulso. La religión, el feudalismo, las monarquías absolutas, llevaban gobernado el mundo durante siglos y en menos de una centuria, la filosofía, el relativismo y la ciencia se abrieron camino. Perfiles como los de Cañizares, y otros insignes prelados peninsulares, sintieron de pronto perder su influencia. Desde entonces viven, si cabe, más enojados.

Es lógico que quienes se autoproclaman intérpretes de Dios se enojen. Hace falta mucha cara dura para hacerse acreedor a una verdad revelada. La desfachatez se presenta cuando además, se dicen capacitados para interpretarla. Incluso para un creyente honesto consigo mismo, ¿quién podría proclamar conocer a Dios de tú a tú, sino un farsante? Pues Cañizares está convencido de conocer a Dios mejor que usted. Nos lo advertía Lutero: por mucho que se disfrace un sacerdote no sabe más de la divinidad que los demás.

Si pudieran, quién sabe si seguirían quemando a la gente en la hoguera. Su problema es que ya no pueden; por eso hacen los conciertos para jóvenes, las acampadas y todas estas cosas… Pero hemos de mostrarnos comprensivos; condescendientes. No es que esta tipología de personas haya perdido el juicio. Siempre han existido; siguen siendo los mismos que en tiempos siniestros. Son incógnitas psicológicas. Personalidades sin resolver. Salen poco. Cuando lo hacen miran a los lados con afán escrutador; todo lo observan. Al tiempo sienten que se están perdiendo algo pero no saben qué. Sólo buscan amar. Seguir amando al prójimo sin descanso. ¡Tienen tanto por dar!

2 pensaments a “Cañizares y el Anticristo”

  1. La Iglesia y la Palabra.
    La Iglesia, Mons. Cañizares y todos los obispos y cardenales de España, nunca fue un lugar donde se empleara la palabra, todo y la etimologia griega de asamblea. Como mucho era una palabra dirigida y acatada. Nos habían enseñado desde pequeños que la parroquia era un sitio donde se iba los domingos a escuchar al capellán, a contestar protocolariamente a lo que se decía y a comulgar, tal vez encender una vela y rezar un poquito, pero nada más. Pero los fieles nunca éramos protagonistas, no teníamos la palabra. Cuantas iniciativas de los católicos de base se estampaban contra una jerarquia que no las veía con buenos ojos, preocupadas, quizás con miedo, que no saltaran la regla o la solemnidad debida al altar. No es cuestión de convertir la parroquia en un espectáculo ni mucho menos, pero ahí estabáis vosotros, con vuestro platonismo y, a veces, irrealidad.
    Pero si queremos que la parroquia vuelva a florecer hay que defender otro tipo de familia, la familia abierta, en contra de la familia nuclear que es la que se ha impuesto estos días. Una familia donde la palabra sea libre y su uso igualitario entre sus miembros. Si se predica unas relaciones justas e igualitarias en la familia, entonces la realidad de la misma es de compromiso con los demás. Si las familias están comprometidas con los demás, la parroquia será un lugar de encuentro y de diálogo más en el barrio. Pero además si la Iglesia quiere reformarse de verdad, la mujer debe ser protagonista de la misma, no como mero sujeto orante y pasivo, sino activo en la Eucaristia e intelectual. Dar la palabra a la mujer enriquecerá la humanidad de la misma y le dará una mejor perspectiva sobre los temas que le preocupan a ellas dentro de la sociedad. Esa es la verdadera reforma, porqué al fin y al cabo es criatura de Dios y de quien se cumple la perfección de la vida humana.
    Si la jerarquia se vuelve más flexible, si los fieles somos más activos, o sea, se nos concede la palabra y la mujer tiene mayor protagonismo en esa concesión, entonces, quizás la barca de San Pedro pueda durar más de un milenio. En fin espero que si lee esto, Mons. Cañizares no me acuse de demagogia.

  2. Supongo…
    Hay algunos eclesiásticos que saben decir misa pero o bien no se enteran o no saben de ella la mitad. Quiero pensar que Mons. Cañizares sabe de lo que habla, que tiene información del estado actual de muchas familias, sobretodo en los barrios populares de las ciudades, donde las familias perdedoras de un sistema capitalista injusto e insolidario viven, cuando no son desahuciadas, supongo que está bien informado cuando los párrocos de esos barrios le explican el drama que viven muchas de esas familia que reciben la ayuda de Cáritas. Sí, supongo que cuando se reune con gente importante les aconseja que inviertan su riqueza en la economia productiva, que utilicen métodos de gestión laboral donde a menos horas mayor productividad y que puedan ayudar a la conciliación laboral y familiar, en vez de establecer un sistema de precariedad y de terror laboral que es más un sistema de sujección que de crecimiento y riqueza… Todo eso Mons. Cañizares debe saberlo muy bien desde su cátedra, porqué sino no diria eso, que es más de un ser desconectado de la realidad, que busca chivos expiatorios como los nazis hacian con los judíos, los franquistas con los masones y comunistas y los estalinistas con los enemigos de clase, para explicar porqué las parroquias se quedan medio vacías los domingos y días de guardar. Supongo que lo debe saber muy bien el arzobispo de Valencia.

    Además supongo que cuando de habla de la familia sabe qué defiende o que valores debe encarnar la familia. Supongo que para él el feminismo, debe ser una forma de narcisismo e individualismo que excluye al hombre del universo femenino, cuando lo que pretende no sólo reivindicar respeto sino el protagonismo de la mujer en la evolución biológica y cultural del ser humano. Ser protagonista de la Historia, la más de las veces escrita por los hombres. Supongo que el reivindica la familia como entidad comprometida con su tiempo y las circumstancias que la rodea. Que para construir una sociedad más justa y solidaria, la familia debe practicar esos valores entre sus miembros. Supongo que Mons. Cañizares ve que es el capitalismo y la sociedad de consumo la que destruye la familia, la que fomenta el narcismo, el egoismo y la incomunicación, que en el fondo es la causa que muchas familias fracasen, los padres se divorcien e incluso que haya violencia familiar.

    Sí, Mons. de todo eso eres consciente pero sólo un venerable anciano ignorante, que no sabe de que habla.

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