Camino hacia ninguna parte

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Ximo Puig
Secretario general del PSV

Rajoy y los dirigentes del PP valenciano

30-4-2012 (12:00)
El gobierno valenciano lleva mucho tiempo desnortado. Las andaduras de Camps en el fango y entre sus quiméricos despilfarros de grandeza fueron el prólogo del peor dislate de esta etapa que aparenta gestionar Fabra. De hecho, este es un país intervenido económica y políticamente. La pesada deuda que se eleva al 20 por ciento del PIB, la incapacidad para poder pagar a los acreedores y la ausencia de cualquier pulso político han determinado que ahora el Consell sólo se dedique a aplicar las medidas que desde la calle Génova o desde la Moncloa -que viene a ser lo mismo- se le ordenan.

La penúltima decisión ha cruzado todas las líneas rojas. La privatización del sistema sanitario sitúa la salud de los valencianos en el espacio del negocio. La sanidad deja de ser un derecho universal y gratuito para dejarse en manos de las empresas las decisiones trascendentales para millones de personas. El problema de la economía pública valenciana no es el gasto sanitario. De hecho, es una de las últimas comunidades autónomas con menor inversión per cápita en este capítulo y el modelo Alzira que ya implantó Zaplana, no ha servido para conseguir ahorros en la prestación del servicio.
La catástrofe social que vivimos con un paro cercano al 30 por ciento, con la destrucción del modelo productivo que arruina a miles de empresas o con la insoportable cifra del 40 por ciento de fracaso escolar responde a las políticas aplicadas por la derecha valenciana durante 17 años en los que se engañó a propios y extraños revendiendo el levante feliz.
La gestión de la propia herencia -aquí no se puede dar la culpa a los antecesores- se traduce en el desmantelamiento del estado del bienestar bajo múltiples eufemismos. Cuando hablan de modernización de la administración quieren decir que laminarán los derechos sociales, cuando proponen la austeridad no hacen autocrítica de los múltiples despilfarros sino apología del recorte de salarios y cuando proclaman la colaboración público-privada sólo abren definitivamente la brecha de la desigualdad.
Más catecismo ultraliberal es la respuesta a su fracaso concebido por la misma ideología. Adoptan el recetario ordenado que nos convierte a los valencianos como cobayas de Rajoy en el nuevo experimento mientras los dirigentes de la derecha valenciana campan como pollos sin cabeza.
La esperanza es la ciudadanía comprometida porque todo lo que se consiguió nunca se obtuvo sin combate. No, no se trata de una catástrofe natural. Esta catástrofe social tiene un origen y unos responsables y no pueden pretender que los dividendos de la crisis los liquiden quienes nada decidieron en esta historia.

2 pensaments a “Camino hacia ninguna parte”

  1. La descripción de la degradación valenciana por parte del PP es evidente. Pero viniendo el análisis de Puig, cabría completarlo con un análisis serio de la atonía del PSPV-PSOE en éste y pasados tiempos. Partido que ha carecido por ahora de capacidad de movilización alguna y que parece seguir también ahora más preocupado en el reparto endogámico (cada vez más exigüo) que en otras cosas. Así, es elocuente que cuando la nueva vuelta de tuerca sanitaria en el País Valenciá se producía, recibiendo enfoque de todos los medios nacionales, el PSPV-PSOE prácticamente no hacía oir voz alguna. Al fin y al cabo, como muchos dicen con ironía, el 69 (número de miembros en la macroejecutiva del PSPV), no deja de ser sino una postura sexo-pornográfica que solo deja contento al director de la película (o a los actores si consiguen darse placer …. que a lo mejor ¡ni eso!)

  2. Todo lo que se dice en el articulo es cierto, pero Ximo Puig nos debería explicar porqué el socialismo valenciano se ha hundido y no ha tenido capacidad de respuesta al PP a lo largo de estos años.

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