Cameron Julia Margaret, la fotógrafa que no sabía usar la cámara

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Julia Margaret Cameron

Viejas colegas. Fotógrafas pioneras nacidas en el siglo XIX
Colita
Fotógrafa

Si en algo está de acuerdo la Historia de la fotografía, es en que J.M. Cameron es la mujer pionera más famosa. Y sus biografías, en que era una mujer de fuerte personalidad. Además, su obra  ha sobrevivido a todas las modas y a todos los estilos. Nació en Ceilán, Calcuta, India, en 1815, de padre escocés oficial en la Compañía East Indias, y madre francesa, Adeline de L’Etang, descendiente de aristócratas. Frecuentaban a la sociedad bengalí. Tuvo 10 hermanos.

Fue educada en Francia hasta los 19 años, y regresó de nuevo a la India. Se casó con un hombre viudo y 20 años mayor que ella, Charles Hay Cameron, jurista y dueño de plantaciones de té, que le proporcionaron  una vida más que desahogada. En 1860, cumplidos los 33 años, Julia y toda la familia se trasladaron a Inglaterra, instalándose en la Isla de Wight. Vivían en un gran caserón, ya que Julia tuvo seis hijos, a los que había que sumarle algunos niños adoptados. La casa era punto de reunión de intelectuales, artistas y científicos de la época Victoriana.

A los 48 años, con motivo de un viaje que la alejó de su marido y que la sumió en la melancolía, su hija le regaló una cámara fotográfica con su equipo de revelado, para entretenerla en su soledad. Fue la mejor medicina, que la curó de la depresión provocada por su falta de motivación en la vida y un aburrimiento mortal.

Resultó un flechazo. Tan fuerte fue el impacto del nuevo conocimiento, que decidió dedicarse plenamente a la fotografía. Julia era una aristócrata ociosa, y en este contexto, tener un hobby resultaba harto extravagante.

images (2)Transformó la vieja carbonera en laboratorio, y el cuarto de los niños en estudio. Como venía siendo habitual, sus primeras fotos tuvieron por modelos a su familia, amigos y criados. Retratos casi siempre, en que los obligaba a soportar largas poses y repeticiones, ya que al principio, faltándole rodaje y conocimiento, los resultados eran desastrosos. Todos temían sus sesiones fotográficas. Los niños del pueblo, daban un rodeo para no pasar por delante de su puerta, so pena de ser secuestrados y acabar vestidos de angelitos por la enérgica Julia y… su benévola tiranía. Se llegó a comentar que seleccionaba a sus criados según sus dotes fotogénicas. Mary Hiller, una de sus camareras, fue modelo y ayudante de laboratorio. Pero aquella dama excéntrica era popular entre los jóvenes, los niños la querían, era buena y generosa. Siempre estaba rodeada de amigos que la adoraban. Otra de sus modelos favoritas fue Mary Ryan, una mendiga que adoptó, y que ya adulta, se casó y acabó convirtiéndose en Lady Cotton.

Entre su producción, encontramos varias fotos con el tema de los angelitos, y es que, providencialmente, apareció un artículo titulado “Retratos de Ángeles” (Angel Pictures) en el que se daban las instrucciones precisas para disecar y preparar  alas de ángeles para los fotógrafos. (Paul Hasluck, Book of Photography, 1895).

La alegría de Julia fue inenarrable, y la suerte de los blancos plumíferos de la isla, dramática. (“El ángel acurrucado”,” Venus regañando a Cupido y quitándole las alas”, “La muerte coronando a la inocencia”…) Fueron la contribución al arte de los desventurados cisnes y ocas de Wight. Y es que Julia era profundamente religiosa.

Sus conocimientos aumentaron gracias a los consejos de su amigo Jhon Herchell, fotógrafo y astrónomo, (inventor  de la palabra fotografía, “Positivo y Negativo”, y del fijador para las fotografías), y en pocos meses dominó el proceso del “colodión”. Parece ser que Oscar Gustav Rejlander y Lewis Carroll (el autor de Alicia en el País de las Maravillas, y consumado fotógrafo), pudieran haberla instruido durante sus visitas a la isla. La primera fotografía “presentable” la obtuvo  al cabo de un año. La llamó “Mi primer éxito”.

julia_margaret_cameron__ophelia__study_no_2_(1867)1351026173901Sus fuentes de inspiración fueron Dante, la Leyenda Artúrica, la Biblia y el Renacimiento. Su ídolo, el pintor prerrafaelita Dante Daniel Rossetti. Y destacados miembros del mundo de las artes posaron para ella. Rossetti, Browning, Ruskin, Millais, Tackeray, Watss, Darwin…  y sobre todo su querido y admirado vecino el poeta Tenyson, y su “gurú”, el pintor y escultor simbolista G.F Watts.

Practicó el retrato y  la fotografía alegórica  y academicista, (“El Beso de la Paz”, “Ruega por Nosotros”o “El Aroma de los lirios”),  también disfrazaba a sus amigos en “Fray Lawrance”, “Próspero” de La Tempestad de Shakespeare, “El rey Lear”. “El profeta Jeremias” o “El  Monje Mendigo”. Su modelo masculino favorito fue Sir Henry Taylor, a quien llamaba “Philip”, como el héroe de su drama en verso. Ilustró un libro de poemas de Alfred Tenysón, “Idyls of the King”, su proyecto más ambicioso para el que realizó 200 fotografías. Pero fue también uno de sus fracasos más sonados. El resultado fue pretencioso y solemne, y a veces, cómico.

“Mis aspiraciones son ennoblecer la fotografía y alzarla a la categoría de arte, combinando la realidad con la poesía y la belleza ideal”.

Gracias a su holgada situación económica, Julia pudo permanecer fiel a sus principios estéticos. Repetía las copias una y otra vez, hasta sentirse satisfecha con el resultado, no retocaba ni ampliaba sus negativos, sacaba copias de contacto de las grandes placas húmedas. Tardó en controlar la iluminación. Era genial y descuidada.

Y fue celebre también por sus excentricidades, su carácter resuelto, su modernidad que desafiaba los convencionalismos de la época. Brillaba por su conversación y oratoria en las tertulias literarias. Su genio era apasionado.

Con su fotografía se construyó un mundo propio. Desconocía la timidez. Un día se postro a los pies del militar y político italiano Garibaldi, para rogarle que se dejara fotografiar. Garibaldi la confundió con una mendiga.

images (5)Era una ermitaña en su laboratorio, descuidada en su forma de vestir en su trabajo.  Sus retratos eran muy peculiares, se cree que el flou (ese cierto desenfoque) que caracteriza sus fotos, fue un hallazgo fortuito, despreciaba la técnica y por eso utilizaba objetivos inadecuados, las fotografías estaban realizadas con un objetivo que no cubría el formato de las placas húmedas de 20×25 y 30×40. Además estaban sucias y arañadas, por lo que los miembros de la “London Photographic Society” no la admitieron entre ellos. Criticaban a Julia porque consideraban su trabajo de muy baja calidad, sin nitidez. No sabía utilizar la cámara. Y ella presumía al firmar sus fotos , añadiendo, “sin retocar”.

Julia no cedía. Para ella primaba antes lo estético que lo técnico, antes la expresión poética que la realista, para Julia la cámara no debía documentar, si no crear arte. Los críticos continúan debatiendo hasta hoy sobre sus desenfoques, y si eran o no eran deliberados. Según Julia relata en sus memorias (que nunca concluyó) Annals of my Glass House, eran  absolutamente voluntarios. En todo caso, este efecto poético es lo que resulta más admirable y personal  en sus retratos. Se la considera una pictorialista temprana.

descargaLa premiaron en Berlín con la medalla de Bronce y al año siguiente, con la de oro por su fotografía religiosa “Madonna”, y el Instituto Hartley le concedió la medalla de plata. Su marido y su familia siempre la apoyaron, y se mostraban entusiasmados con sus fotos.

Una de sus modelos favoritas fue Julia Jackson, su sobrina, que mas tarde sería por matrimonio Mrs. Herbert Duckworth, madre de la famosa escritora Virginia Wolf .

En 1868 expuso 240 fotografías en la German Gallery en Bond Street, en Londres.

En 1875 decidió volver a Oriente, a visitar a sus hijos que seguían regentando el negocio de las plantaciones. Realizó pocas fotografías de los indígenas, que sorprendentemente rompen con su estilo anterior para encuadrarse mejor en el género documental. Pero tenía muchas dificultades para obtener productos químicos, y de sus fotos de esta etapa, muy pocas sobrevivieron.

Pero la historia termina aquí, porque Julia murió en Ceilán,(hoy Sri-Lanka) en 1879, a consecuencia de una gripe en casa de su hijo Henry.  Una carreta de bueyes transportó su cadáver envuelto en una tela blanca hasta la iglesia de St. Mary, en Bogawantalawa, donde reposan sus restos junto a los de su marido, que la siguió seis meses más tarde.

En 1927  “La royal Photographic Society” organizó una gran retrospectiva con su obra, y Stieglitz publicó cinco fotografías en Camera Work. Los pictorialistas la revindicaron como suya.

No es hasta 1948, con motivo de la publicación de su biografía escrita por Helmunt Gernsheim, que su figura recobró la popularidad y el interés del público. Esta fotógrafa excepcional, cuya carrera duró solo once años, fue una de las artistas más prolíficas de su tiempo.

Su casa, “Diambola Lodge”, en la isla, permanece abierta al público. Su obra figura depositada en varios museos: “El Diambola Lodge Museum”, Isla de Wight, en la “Eastman House  Museum of Photography and Films”, Rochester, N.Y., en el “Metropolitan Museum of Art, Timetable of Art History” , San Francisco Museum of Art”, en la “Biblioteque National de France”, “National Portrait Gallery”, Londres…y una larga lista de museos y coleccionistas.

 

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA.

Julia Margaret Cameron de Julia Margaret Cameron et Pamela Glasson Roberts (Poche – 1 décembre 2009)

Julia Margaret Cameron de Joanne Lukitsh. Phaidon.

Julia Margaret Cameron  de Helmunt Gernsheim

Julia Margaret Cameron: Photographs from the J. Paul Getty Museum de Julian Coxm,  octubre de 1996

Julia Margaret Cameron: A Critical Biography de Colin Ford, Amanda Nevill, et Deborah Ann Gribbon  mars 2003

 

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