¿Tiene futuro la verdad?

Casi nadie con dos dedos de frente niega a estas altura que el calentamiento global del planeta sea una realidad científica, demostrable estadísticamente. Como casi nadie niega las acciones humanas que lo causan, y que nos llevan a una situación catastrófica si no se toman medidas urgentes como las pactadas en la última cumbre de París. Nadie menos el presidente de Estados Unidos, que niega una verdad que la ciencia y el resto del mundo aceptan.

«¿A qué distancia tiene que estar una fecha [la de la destrucción del planeta, en este caso] para que empecemos a preocuparnos?» se preguntaba George Steiner en 1974. «¿En qué punto la imaginación humana tendría de súbito esa percepción supremamente terrorífica de que el tiempo futuro choca contra un muro, de que hay una realidad a la que el tiempo futuro de nuestro verbo ‘ser’ no puede aplicarse, en la que no tendremos ningún significado?»

Cuarenta y tres años antes de que Donald Trump presidiera la primera potencia mundial y negara la verdad, Steiner advertía y sentenciaba a propósito de la verdad: «Los abanderados de la ecología nos dicen que somos huéspedes en esta Tierra. Sin duda ésta es la situación. Y seguramente somos huéspedes en un universo vastísimo e incomprensiblemente poderoso cuyos hechos, cuyas relaciones, no fueron cortadas a nuestro tamaño o a la medida de nuestras necesidades. Sin embargo, pertenece a la eminente dignidad de nuestra especie ir tras la verdad de forma desinteresada. Y no hay desinterés mayor que el que arriesga y quizás sacrifica la supervivencia humana. La verdad, creo, tiene futuro; que lo tenga también el hombre está mucho menos claro.»

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